24-12-2025, 09:26 PM
Corrimos y corrimos, callejeamos para evitar que nos siguieran, nos escondimos entre las sombras para no ser encontrados; todo con tal de que no llegase el caos a nosotros nuevamente. Mientras nos íbamos de allí, durante la primera calle que recorrimos podían escucharse cristales cayendo de mi cuerpo, nada que fuese reseñable para mi, pero para algunos que no me conocían sería extraño, casi milagroso incluso al apreciar que no había heridas en mi piel. -Uff... Menuda carrera mas tonta nos hemos pegado.- Me detuve en un callejón, apoyando mis manos sobre mis rodillas para tomar aire y que mi corazón no me explotase, debía relajar el número de pulsaciones.
Me fijé en Alana, sobre todo en su estado físico, preocupándome por no tener heridas o contusiones demasiado grandes. Ella en cambio se preocupaba por otras cosas, como saber si habíamos pagado la cuenta, algo en lo que no había caído, realmente había olvidado pagar desde el momento en que me llevé el primer puñetazo. Abrí los ojos de par en par al escuchar la pregunta de la tontatta, jadeante y agotada. -Pues... Ahora que lo dices... Yo no pagué nada.- Miré a Alana con un rostro de preocupación, aunque tampoco es que me preocupase demasiado. -Bueno...- Me encogí de hombros por un segundo. -Creo que el dueño del bar tiene mas preocupaciones que un par de platos y un par de copas.- Comencé a caminar mas tranquilo, pero aún mirando a los lados por si acaso alguien nos estaba buscando, no tenía demasiadas ganas de tener que volver a enfrentarme en ese momento a un grupo de marines.
No es que tuviese demasiados problemas con la autoridad, el problema lo tenía ella conmigo, que parecía que a cada lugar que iba alguien quería pegarme, lanzarme algo a la cabeza o romperme algún hueso, el mundo parecía confabular contra mi. Tal vez era mala suerte, no sabría explicar por qué, pero desde luego siempre acaba a tortas con algún personaje. -Parece que ya estamos a salvo.- Sonreí a Alana y le saqué un pulgar. -Te dije que siempre tengo fe.- Comencé a caminar por las calles, viendo que la gente ya se estaba recogiendo a sus casas, el frío empezaba a aumentar por la falta del sol, al ir creciendo la noche y la luna reinaba los cielos, con pocas estrellas debido a la luz de la regente de la oscuridad, la enemiga del astro rey. -Parece que la gente ya empieza a dispersarse, aunque todavía hay algunos bares abiertos.- Afirmé mientras señalaba a algunos locales. -Por mi ya hemos tenido suficiente fiesta, pero... Si quieres podemos tomarnos la última.-
Me fijé en Alana, sobre todo en su estado físico, preocupándome por no tener heridas o contusiones demasiado grandes. Ella en cambio se preocupaba por otras cosas, como saber si habíamos pagado la cuenta, algo en lo que no había caído, realmente había olvidado pagar desde el momento en que me llevé el primer puñetazo. Abrí los ojos de par en par al escuchar la pregunta de la tontatta, jadeante y agotada. -Pues... Ahora que lo dices... Yo no pagué nada.- Miré a Alana con un rostro de preocupación, aunque tampoco es que me preocupase demasiado. -Bueno...- Me encogí de hombros por un segundo. -Creo que el dueño del bar tiene mas preocupaciones que un par de platos y un par de copas.- Comencé a caminar mas tranquilo, pero aún mirando a los lados por si acaso alguien nos estaba buscando, no tenía demasiadas ganas de tener que volver a enfrentarme en ese momento a un grupo de marines.
No es que tuviese demasiados problemas con la autoridad, el problema lo tenía ella conmigo, que parecía que a cada lugar que iba alguien quería pegarme, lanzarme algo a la cabeza o romperme algún hueso, el mundo parecía confabular contra mi. Tal vez era mala suerte, no sabría explicar por qué, pero desde luego siempre acaba a tortas con algún personaje. -Parece que ya estamos a salvo.- Sonreí a Alana y le saqué un pulgar. -Te dije que siempre tengo fe.- Comencé a caminar por las calles, viendo que la gente ya se estaba recogiendo a sus casas, el frío empezaba a aumentar por la falta del sol, al ir creciendo la noche y la luna reinaba los cielos, con pocas estrellas debido a la luz de la regente de la oscuridad, la enemiga del astro rey. -Parece que la gente ya empieza a dispersarse, aunque todavía hay algunos bares abiertos.- Afirmé mientras señalaba a algunos locales. -Por mi ya hemos tenido suficiente fiesta, pero... Si quieres podemos tomarnos la última.-
