24-12-2025, 11:53 PM
Elara soltó una pequeña risa cuando él se llamó a sí mismo "pícaro carpintero". Era obvio que casi mete la pata o quizás decía algo que no debía de decir, y aunque ella no era la más lista, notó ese titubeo que en su mente simplemente le hizo reír internamente.
Decidió no decir nada; al fin y al cabo, ella no era nadie para juzgarlo ni mencionar algo relacionado a eso, no quería cometer ningún error que pueda ser peligroso para ellos. Se quedó observando cómo él se ponía el abrigo, ocultando de nuevo esos brazos que ella tanto había admirado. Una parte de ella se sintió un poco triste por dejar de ver ese "paisaje", pero la respuesta de Eros sobre su debilidad la dejó pensando un poquito, debido a que al menos para ella, el poder socializar con los demás, el poder entregar más que un mensaje, era algo que le hacía pensar muchísimo. O al menos, es lo que intuía.
— ¿Tu debilidad? nee~ —repitió ella en voz bajita, ya que ese (tic) que tenía, en muchas ocasiones le hacía sentirse un poco extraña. La respuesta fue tan rápida que le llegó al corazón, o al menos eso creía… quizás también era la idolatría que le tenía, aunque recién ambos se estaban conociendo, así que tenía que estar un poco más relajada, dentro de lo posible. — Sabes... ser fuerte para destruir a otros es fácil. Pero reconocer que eres tímido y querer mejorar por tus amigos... eso te hace más fuerte que cualquier otro monstruo de esta isla. — al menos Elara quería decir algo para poder hacerlo sentir cómodo. Debía de hacerlo, aunque también estaba un poco curiosa de saber qué otras cosas podrían pasar. Todo era un completo misterio, al menos para ella…
Cuando él desvió el tema hacia las flechas, Elara comprendió que se estaba poniendo nervioso. ¡Era tan tierno! Tomó su arco, sintiendo el peso de la madera, y colocó una de las flechas reparadas. Estaba algo entusiasmada por saber qué pasaría. Al menos quería ser una digna arquera para poder demostrar sus talentos. No por nada, Eros la había ayudado. Quería hacerlo sentir orgulloso también.
— ¡Claro que sí! nee~. Vamos a ver qué tal quedaron estas bellezas... —se posicionó con elegancia, estirando la cuerda. Sus ojos verdes se afilaron, buscando un tronco lejano. — Si vuelan recto, será gracias a tus manos. ¡Mira bien! — estiró sus alas, al menos en porte y elegancia, Elara era bastante angelical en aquello. Así que quería esforzarse por eso. No quería cometer ningún error… no se lo perdonaría.
Soltó la cuerda y la flecha salió disparada con una vibración perfecta, clavándose justo en el centro del objetivo... Elara dio un saltito de alegría, pero su emoción fue demasiada; al girarse rápido para presumir su éxito, su bota se enredó con una raíz traicionera. ¡Estaba casi que se caía! Quizás con el entusiasmo que tenía ella, de poder dar lo mejor de sí misma, para que el chico pueda de algún modo ver sus logros… ¡cometió un grave error de creer que sería capaz de hacer algo diferente! Estaba realmente confundida. Pero no podía hacer mucho más.
— ¡A-ah! ¡Nee~ ! —exclamó mientras perdía el equilibrio, tambaleándose peligrosamente hacia Eros. ¡Mierda, mierda, mierda! Estaba en un grave aprieto.
En un intento desesperado por no caer, terminó sujetándose con fuerza de la solapa de su abrigo, quedando a escasos centímetros de su pecho. El silencio que siguió fue sepulcral, quizás inclusive para un fúnebre como él, era algo de todos los días, pero Elara quería enterrarse viva, ahí mismo.
Elara podía sentir el rubor en sus mejillas, debido a que no quería, y ni mucho menos se atrevía a mirarlo a el sepulturero y… pero bueno, tenía que ser fuerte, por eso mismo al levantar la vista, se dio cuenta de que lo había dejado en una posición muy comprometida (nada fuera de lo normal, simplemente Elara invadiendo por error el espacio personal del contrario).
— L-lo siento... ¡el suelo se movió solo! —balbuceó, roja como un tomate, pero sin soltarlo todavía. — Creo que como arquera… tengo mucho que aprender aún… — soltó con temor, mientras que aun con sus alas aleteando del nerviosismo, más sus piernas temblando cual jalea, se separó un poquito. Desviando ahora completamente la atención, soltó — ¿Ves? ¡Lo logré! Las flechas quedaron de maravilla. — ella aún no podía mentir, así que sus alas delataban completamente el nerviosismo que ella tenía en estos instantes.
Decidió no decir nada; al fin y al cabo, ella no era nadie para juzgarlo ni mencionar algo relacionado a eso, no quería cometer ningún error que pueda ser peligroso para ellos. Se quedó observando cómo él se ponía el abrigo, ocultando de nuevo esos brazos que ella tanto había admirado. Una parte de ella se sintió un poco triste por dejar de ver ese "paisaje", pero la respuesta de Eros sobre su debilidad la dejó pensando un poquito, debido a que al menos para ella, el poder socializar con los demás, el poder entregar más que un mensaje, era algo que le hacía pensar muchísimo. O al menos, es lo que intuía.
— ¿Tu debilidad? nee~ —repitió ella en voz bajita, ya que ese (tic) que tenía, en muchas ocasiones le hacía sentirse un poco extraña. La respuesta fue tan rápida que le llegó al corazón, o al menos eso creía… quizás también era la idolatría que le tenía, aunque recién ambos se estaban conociendo, así que tenía que estar un poco más relajada, dentro de lo posible. — Sabes... ser fuerte para destruir a otros es fácil. Pero reconocer que eres tímido y querer mejorar por tus amigos... eso te hace más fuerte que cualquier otro monstruo de esta isla. — al menos Elara quería decir algo para poder hacerlo sentir cómodo. Debía de hacerlo, aunque también estaba un poco curiosa de saber qué otras cosas podrían pasar. Todo era un completo misterio, al menos para ella…
Cuando él desvió el tema hacia las flechas, Elara comprendió que se estaba poniendo nervioso. ¡Era tan tierno! Tomó su arco, sintiendo el peso de la madera, y colocó una de las flechas reparadas. Estaba algo entusiasmada por saber qué pasaría. Al menos quería ser una digna arquera para poder demostrar sus talentos. No por nada, Eros la había ayudado. Quería hacerlo sentir orgulloso también.
— ¡Claro que sí! nee~. Vamos a ver qué tal quedaron estas bellezas... —se posicionó con elegancia, estirando la cuerda. Sus ojos verdes se afilaron, buscando un tronco lejano. — Si vuelan recto, será gracias a tus manos. ¡Mira bien! — estiró sus alas, al menos en porte y elegancia, Elara era bastante angelical en aquello. Así que quería esforzarse por eso. No quería cometer ningún error… no se lo perdonaría.
Soltó la cuerda y la flecha salió disparada con una vibración perfecta, clavándose justo en el centro del objetivo... Elara dio un saltito de alegría, pero su emoción fue demasiada; al girarse rápido para presumir su éxito, su bota se enredó con una raíz traicionera. ¡Estaba casi que se caía! Quizás con el entusiasmo que tenía ella, de poder dar lo mejor de sí misma, para que el chico pueda de algún modo ver sus logros… ¡cometió un grave error de creer que sería capaz de hacer algo diferente! Estaba realmente confundida. Pero no podía hacer mucho más.
— ¡A-ah! ¡Nee~ ! —exclamó mientras perdía el equilibrio, tambaleándose peligrosamente hacia Eros. ¡Mierda, mierda, mierda! Estaba en un grave aprieto.
En un intento desesperado por no caer, terminó sujetándose con fuerza de la solapa de su abrigo, quedando a escasos centímetros de su pecho. El silencio que siguió fue sepulcral, quizás inclusive para un fúnebre como él, era algo de todos los días, pero Elara quería enterrarse viva, ahí mismo.
Elara podía sentir el rubor en sus mejillas, debido a que no quería, y ni mucho menos se atrevía a mirarlo a el sepulturero y… pero bueno, tenía que ser fuerte, por eso mismo al levantar la vista, se dio cuenta de que lo había dejado en una posición muy comprometida (nada fuera de lo normal, simplemente Elara invadiendo por error el espacio personal del contrario).
— L-lo siento... ¡el suelo se movió solo! —balbuceó, roja como un tomate, pero sin soltarlo todavía. — Creo que como arquera… tengo mucho que aprender aún… — soltó con temor, mientras que aun con sus alas aleteando del nerviosismo, más sus piernas temblando cual jalea, se separó un poquito. Desviando ahora completamente la atención, soltó — ¿Ves? ¡Lo logré! Las flechas quedaron de maravilla. — ella aún no podía mentir, así que sus alas delataban completamente el nerviosismo que ella tenía en estos instantes.
Era horrible. Completamente horrible.
