25-12-2025, 10:16 PM
Ser tan prepotente igual me había jugado una mala pasada... Luego de transformarme, en un instante, Diosdado acortó distancias conmigo y volvió a golpearme en la cara. Ese bstardo era demasiado rápido para mí, ni siquiera era capaz de ver el ataque, antes de darme cuenta tenía su puño en mi rostro. Este golpe no fue tan duro como el anterior, por lo que pude mantenerme sereno y ver como Akira le atacaba por la espalda con una rapidísima ráfaga de golpes.
Intenté reaccionar rápidamente para agarrar al criminal de poco pelo, pero este rápidamente dio un gran salto hacia la salida, ese bastardo pretendía huir, y a mi casi no me quedaban fuerzas para ello, después de recibir aquellos golpes y de pelear con tanta gente, la verdad era que estaba en mi límite. Por si fuera poco, aquel hombre llamó refuerzos para que le cubrieran el escape —Maldito cobarde...— Dije, haciendo ver mi rabia al ver que no había nada que pudiésemos hacer para evitarlo.
Ahora teníamos a cuarenta criminales encima, iban a destrozar el bar, lo que sería ciertamente una pena... Afortunadamente ahora Akira estaba conmigo. A estas alturas ya había enfrentado a unas ¿Setenta personas? No sabía la cifra exacta pero eran muchas, no podía más, era tarde, tenía sueño y mañana mis superiores me iban a gritar por lo ocurrido en el bar, así que tomé la decisión más lógica en el momento —¡Akira!— dije en voz alta mientras le señalaba con el dedo —Encárgate tú por un momento porfa, que te ves fresco, estoy hecho polvo— Y antes de saber su respuesta, le di la espalda a la puertadonde estaban los rufianes, desactivé mi forma híbrida e, ignorando lo que pasaba a mis espaldas, me dirigí a la barra del bar (o lo que quedaba de ella). Una vez allí, agarré una botella de refresco, quité el tapón con mi pinza y me senté tranquilamente, ajeno al ruido de la multitud. —Que cansada puede ser la vida de Marine...— Susurré, mientras ahogaba mis penas en ese delicioso refresco de limón.
Una vez terminé de reposar y me acabé el refresco, me levanté para ayudar a mi compañero y cargué contra algunos de los bandidos que quedaban, derribando a tres de ellos con un placaje con mi hombro derecho y rematando la tarea golpeando cada vez con menos fuerza, intercalando golpes sucesivos con mi pinza y mi puño, hasta que ya no pude más y me tumbé en el suelo, sabiendo que Akira no tendría problemas en acabar el trabajo.
Intenté reaccionar rápidamente para agarrar al criminal de poco pelo, pero este rápidamente dio un gran salto hacia la salida, ese bastardo pretendía huir, y a mi casi no me quedaban fuerzas para ello, después de recibir aquellos golpes y de pelear con tanta gente, la verdad era que estaba en mi límite. Por si fuera poco, aquel hombre llamó refuerzos para que le cubrieran el escape —Maldito cobarde...— Dije, haciendo ver mi rabia al ver que no había nada que pudiésemos hacer para evitarlo.
Ahora teníamos a cuarenta criminales encima, iban a destrozar el bar, lo que sería ciertamente una pena... Afortunadamente ahora Akira estaba conmigo. A estas alturas ya había enfrentado a unas ¿Setenta personas? No sabía la cifra exacta pero eran muchas, no podía más, era tarde, tenía sueño y mañana mis superiores me iban a gritar por lo ocurrido en el bar, así que tomé la decisión más lógica en el momento —¡Akira!— dije en voz alta mientras le señalaba con el dedo —Encárgate tú por un momento porfa, que te ves fresco, estoy hecho polvo— Y antes de saber su respuesta, le di la espalda a la puertadonde estaban los rufianes, desactivé mi forma híbrida e, ignorando lo que pasaba a mis espaldas, me dirigí a la barra del bar (o lo que quedaba de ella). Una vez allí, agarré una botella de refresco, quité el tapón con mi pinza y me senté tranquilamente, ajeno al ruido de la multitud. —Que cansada puede ser la vida de Marine...— Susurré, mientras ahogaba mis penas en ese delicioso refresco de limón.
Una vez terminé de reposar y me acabé el refresco, me levanté para ayudar a mi compañero y cargué contra algunos de los bandidos que quedaban, derribando a tres de ellos con un placaje con mi hombro derecho y rematando la tarea golpeando cada vez con menos fuerza, intercalando golpes sucesivos con mi pinza y mi puño, hasta que ya no pude más y me tumbé en el suelo, sabiendo que Akira no tendría problemas en acabar el trabajo.
resumen
Bélico
off

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