26-12-2025, 01:51 AM
Narrador / María Merlot
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Un perro…
Una concha marina…
Uh, difícil, una zapatilla…
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Un perro…
Una concha marina…
Uh, difícil, una zapatilla…
Formas al azar iban cruzando sus orbes ámbar. ¡Si, formas! Se trataba de algunas nubes que surcaban el cielo celeste, y por esas formaciones gaseosas es que empezó a ver… objetos, o quizás solo su mente los moldeaba a cosas conocidas. ¿Siquiera importaba? No, no lo hacía. Con los brazos estirados, con el sol abrazándola con calidez, se quedó ahí sobre la arena disfrutando de la armonía que la soledad le otorgaba, tal vez debería volver a su celda, y disfrutar de ese día solitario en su lugar favorito: detrás de aquellos barrotes de hierro.
¡Hey!
Una voz se filtró por sus oídos y retumbo contra su cerebro, su cabeza se giro hacia el dueño de ese “Hey”. Lo primero que vio fue su vestimenta, un pantalón holgado blanco y una camisa negra que se ceñía a su cuerpo revelando unos paquetes que un hombre perezoso no tendría. Luego su mirada viajo hasta su cabello, albino como la nieve misma… ¿un viejito? A medida que se acercaba esa idea fue erradicándose, porque el rostro fresco lo hacia pensar en su Hermano Jensen Valentin, y que rondaría más o menos esa edad.
— ¡Ey! — le correspondió imitando su mano levantada con una sonrisa encantadora que acompaño su voz suave.
Cuando él empezó a hablar, ella dejo su posición inicial, levantándose para quedar sentada en la arena mientras lo escuchaba recitar lo que estaba atorado en su garganta. Los orbes ámbar continuaron detallándolo, sin duda era un hombre “apuesto” y su voz tenía un matiz “seductor” que reforzaba con sus gestos masculinos. Por supuesto, María estaba acostumbrada a la belleza más allá de lo normal, ella misma era un ejemplo perfecto de esto; como semi sirena su sola estampa causaba suspiros, envidia y emociones lascivas; por ese mismo magnetismo tan irreal es que siempre fue comercializada como una esclava de cama, cuidada como una joya invaluable y vendida a precios exorbitantes.
El encogimiento de hombros no le resto a la seguridad que transmitía (el hombre), tal vez proveniente de saberse apuesto y quizás capaz, muy capaz… y debería serlo, porque ese cuerpo… bien trabajado, solo podía traducirse en alguien que se tomaba en serio sus desafíos; entonces, ¿no eran todos los hombres que ahora conocía y llamaba nakamas, así de bien formados? Si, por eso, la atracción en la dama paso rápido, perdiendo su mirada en el romper de las olas, después de todo él había señalado el mar antes, y así distrajo su atención.
— ¡Ey! — le correspondió imitando su mano levantada con una sonrisa encantadora que acompaño su voz suave.
Cuando él empezó a hablar, ella dejo su posición inicial, levantándose para quedar sentada en la arena mientras lo escuchaba recitar lo que estaba atorado en su garganta. Los orbes ámbar continuaron detallándolo, sin duda era un hombre “apuesto” y su voz tenía un matiz “seductor” que reforzaba con sus gestos masculinos. Por supuesto, María estaba acostumbrada a la belleza más allá de lo normal, ella misma era un ejemplo perfecto de esto; como semi sirena su sola estampa causaba suspiros, envidia y emociones lascivas; por ese mismo magnetismo tan irreal es que siempre fue comercializada como una esclava de cama, cuidada como una joya invaluable y vendida a precios exorbitantes.
El encogimiento de hombros no le resto a la seguridad que transmitía (el hombre), tal vez proveniente de saberse apuesto y quizás capaz, muy capaz… y debería serlo, porque ese cuerpo… bien trabajado, solo podía traducirse en alguien que se tomaba en serio sus desafíos; entonces, ¿no eran todos los hombres que ahora conocía y llamaba nakamas, así de bien formados? Si, por eso, la atracción en la dama paso rápido, perdiendo su mirada en el romper de las olas, después de todo él había señalado el mar antes, y así distrajo su atención.
No pude evitar el deseo de intentar conocerte cuando te vi.
María parpadeo una, dos, tres veces. ¡Qué hombre tan directo! Y eso la hizo reír, una delicada risa dejo sus finos labios rosados, tan efímera y etérea como su misma belleza. Una persona normal, en el medio de la nada, se hubiera asustado si un hombre que claramente tenía buena condición física le dijera algo tan… medio acosador, pero ella no estaba cuerda, su mente no giraba a las revoluciones “normales”. Le mostró su perfil… ¿Lo hacía apropósito sabiéndose guapo o solo era casualidad? Cuando se disculpo formando con sus palmas la disculpa, ella lo supo… tenía que jugar con él, envolverlo en la irresistible seducción del mar, en las escamas de una traviesa sirena.
— ¿De verdad esas cosas te funcionan? — le comento tendiéndole la mano para que la ayudará a levantarse. Aunque con esa cara cualquier cosa que le dijera a la media de la sociedad, seguramente caería rendida ante él — ¿Vas a matarme. secuestrarme, venderme, dañarme? — pregunto con genuino interés, como él fue directo ella también lo sería, solo necesitaba una negativa suya para que su lado extrovertido adoptara a un nuevo amigo, y uno muy apuesto si al caso vamos — Hay algo en ti que me impide quitar los ojos de encima. ¿Será tu cabello de princesa? ¿Será tu sonrisa de casanova? ¿Serán tus ojos hipnotizantes? ¿Qué será? — comento al aire rodeando al hombre, hasta regresar al punto inicial — … Préstame atención, Malvavisco. He hecho los cálculos anatómicos, botánicos y astrológicos, aquí en mi cabecita… Si nos reproducimos, tú y yo… el resultado sería criminal… CRIMINAL. Tendríamos hijos increíblemente guapos e irresistibles que romperían los cánones de belleza de la tierra, mar, aire y espacio exterior. Los espejos se suicidarían al captar tan inimaginable hermosura. Pufff… — no lo pensó, solo lo soltó y luego lo acompaño con una risa encantadora y femenina como si se hubiera imaginado perritos en una caja de cartón, perfectos perritos blancos y celestes.
La chica iba a continuar con su monologo lleno de locura cuando algo fue captado por el rabillo del ojo, a lo lejos una cabellera verde la hizo perder la atención sobre el hombre al tiempo que su boca formaba una perfecta “O”. Sus orbes ámbar antes lleno de locura y travesura, brillaron con evidente cariño. Dio un paso y luego otro, hasta que acorto la distancia con la quemada hermana que el destino le otorgó — ¡Unnie! — exclamo con alegría tirándose a sus brazos. Justo era la persona a la que tanto deseaba ver ese día. ¿Fantasma la había llamado después de todo? Su Capitán era el mejor, solo sabía consentirla (loca) — Unnie... ¿por qué no has venido a visitarme? Me aburro en mi celda, solo Algodón de Azúcar me visita por las noches, y hablamos de cosas. ¿Sabías que tiene un ungüento para curar cosas Cute-neas? Me lo regalo, es del color de su cabello. ¿Cómo está el Cocinero y el Pelirrojo? ¿Y mi hermano? ¿Le darías un mensaje de mi parte o mejor, me llevarías con él? También quiero verlo, lo extraño tanto — lo ultimo fue apenas un susurro salido del fondo de su corazón, porque su relación con el pirata pelinegro había escalado a algo más que simple nakamas, ellos eran más, mucho más… — Por cierto, Unnie, conoce a Malvavisco… — señalo al hombre que se encontraba a unos pasos de ella, mientras sonreía inocentemente para luego agregar — … estábamos hablando de la reproducción. ¿Debería reproducirme con él, Unnie? Esta guapo, guapo poco común no guapo común común, porque los común común son muy comunes… ¿Me entiendes? — bromeo soltando una risita mientras sujetaba su larga clineja y la usaba para señalarlo como maestra explicando una clase.
La semi sirena y los grillos en su cabeza, solo estaban brotando tan habitual como su belleza misma y tan desorganizados como para dar dolor de cabeza.
— ¿De verdad esas cosas te funcionan? — le comento tendiéndole la mano para que la ayudará a levantarse. Aunque con esa cara cualquier cosa que le dijera a la media de la sociedad, seguramente caería rendida ante él — ¿Vas a matarme. secuestrarme, venderme, dañarme? — pregunto con genuino interés, como él fue directo ella también lo sería, solo necesitaba una negativa suya para que su lado extrovertido adoptara a un nuevo amigo, y uno muy apuesto si al caso vamos — Hay algo en ti que me impide quitar los ojos de encima. ¿Será tu cabello de princesa? ¿Será tu sonrisa de casanova? ¿Serán tus ojos hipnotizantes? ¿Qué será? — comento al aire rodeando al hombre, hasta regresar al punto inicial — … Préstame atención, Malvavisco. He hecho los cálculos anatómicos, botánicos y astrológicos, aquí en mi cabecita… Si nos reproducimos, tú y yo… el resultado sería criminal… CRIMINAL. Tendríamos hijos increíblemente guapos e irresistibles que romperían los cánones de belleza de la tierra, mar, aire y espacio exterior. Los espejos se suicidarían al captar tan inimaginable hermosura. Pufff… — no lo pensó, solo lo soltó y luego lo acompaño con una risa encantadora y femenina como si se hubiera imaginado perritos en una caja de cartón, perfectos perritos blancos y celestes.
La chica iba a continuar con su monologo lleno de locura cuando algo fue captado por el rabillo del ojo, a lo lejos una cabellera verde la hizo perder la atención sobre el hombre al tiempo que su boca formaba una perfecta “O”. Sus orbes ámbar antes lleno de locura y travesura, brillaron con evidente cariño. Dio un paso y luego otro, hasta que acorto la distancia con la quemada hermana que el destino le otorgó — ¡Unnie! — exclamo con alegría tirándose a sus brazos. Justo era la persona a la que tanto deseaba ver ese día. ¿Fantasma la había llamado después de todo? Su Capitán era el mejor, solo sabía consentirla (loca) — Unnie... ¿por qué no has venido a visitarme? Me aburro en mi celda, solo Algodón de Azúcar me visita por las noches, y hablamos de cosas. ¿Sabías que tiene un ungüento para curar cosas Cute-neas? Me lo regalo, es del color de su cabello. ¿Cómo está el Cocinero y el Pelirrojo? ¿Y mi hermano? ¿Le darías un mensaje de mi parte o mejor, me llevarías con él? También quiero verlo, lo extraño tanto — lo ultimo fue apenas un susurro salido del fondo de su corazón, porque su relación con el pirata pelinegro había escalado a algo más que simple nakamas, ellos eran más, mucho más… — Por cierto, Unnie, conoce a Malvavisco… — señalo al hombre que se encontraba a unos pasos de ella, mientras sonreía inocentemente para luego agregar — … estábamos hablando de la reproducción. ¿Debería reproducirme con él, Unnie? Esta guapo, guapo poco común no guapo común común, porque los común común son muy comunes… ¿Me entiendes? — bromeo soltando una risita mientras sujetaba su larga clineja y la usaba para señalarlo como maestra explicando una clase.
La semi sirena y los grillos en su cabeza, solo estaban brotando tan habitual como su belleza misma y tan desorganizados como para dar dolor de cabeza.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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