26-12-2025, 02:55 AM
El típico aroma de esta tierra me entró por mi sensible nariz, ese olor a sudor de los cuerpos morenos con ese perfume barato que llevan algunos, es una fragancia que me hace recordar a mi isla salvaje, aunque aquí tienen un toque mucho más civilizado y asfixiante con sus caritas risueñas, aunque a veces se ponen un poco molestos cuando no entiendo lo que quieren decir, soy lenta para captar las palabras porque con suerte me enseñaron a leer y a escribir en esa iglesia que me estuvo cuidando. Pero de tanto estar encerrada aprendiendo cosas raras y aburridas que no se si sirven para algo, es que ahora me la paso más en las afueras, buscando cualquier cosa que me haga sentir genial.
Por eso es que esta noche me encontraba en el Jungle Rumble, plantada en la barra con mi bikini negro que sujeta mis tetas y con mis condones puestos en mis manos, que por suerte no me hacían sudar demasiado. Estaba totalmente despreocupada por la falta de monedas e ignoraba a cada alma que estuviese a mi alrededor, solo porque mi mente estaba pensando en una cosa: quitarme el calor demasiado encima con algún líquido fuerte en este inmenso y extraño sitio. Como pude me quedé viendo las botellas, a ver si podía elegir algo, pero no tenía ni la remota idea de cómo se llamaba cada una de esas. Sin embargo, el tipo que se encontraba detrás de la barra, limpiando un vaso, se me quedó mirando un unas sonrisa y actuó antes de que yo le pidiera algo, colocando un vaso pequeño frente y de una botella que sacó, le vertió un liquido transparente como el agua.
Ante ese gesto, mi reacción más rápida fue lanzarle un beso. La satisfacción de tener algo para tomar me animó a darle un trago largo a esa cosa y carajo, no era agua, el sabor se impregnaba en mi garganta y al rededor de mi boca, bajando hasta quemar mi estómago con intensidad, pero evité toser y me aguanté hasta que, con ese solo vaso, el alcohol empezó a hacerme efecto, calentándome la sangre y unas cosquillas recorrieran mi cuerpo que cada vez se volvía más liviano, dando la sensación de libertad que brotaba por mis poros, recordándome que en la vida las cosas pasan muy rápido, como la vez que perdí al hombre que amé.
Pero ya no tenía porqué distraerme con esos recuerdos fugaces, no tenía sentido perder más el tiempo en esas cosas, no me iba a quedar lamentándome dentro de ese cuarto en esas cosas iglesia, asi que el mareo que me daba el alcohol me servía para alimentar más mis ganas de hacer lo que quisiera. Entonces, con el cuerpo ya suelto, los músculos relajados y la mente toda mareada dando vueltas sin pensar en estupideces, noté que las luces del local bajaron de intensidad, dejando que el ambiente hiciera que las caras de los presentes fuesen difíciles de descifrar. Esa poca luz me dio la idea perfecta de liberar cierta energía que me estaba comenzando a quemar por dentro, sin alejarme tanto de la barra, caminé tranquila, lenta, balanceando las caderas de una manera tan natural que me salía sin siquiera haber aprendido a bailar antes, a un sector donde estaba vacío y había espacio para hacer un baile lento.
Por eso es que esta noche me encontraba en el Jungle Rumble, plantada en la barra con mi bikini negro que sujeta mis tetas y con mis condones puestos en mis manos, que por suerte no me hacían sudar demasiado. Estaba totalmente despreocupada por la falta de monedas e ignoraba a cada alma que estuviese a mi alrededor, solo porque mi mente estaba pensando en una cosa: quitarme el calor demasiado encima con algún líquido fuerte en este inmenso y extraño sitio. Como pude me quedé viendo las botellas, a ver si podía elegir algo, pero no tenía ni la remota idea de cómo se llamaba cada una de esas. Sin embargo, el tipo que se encontraba detrás de la barra, limpiando un vaso, se me quedó mirando un unas sonrisa y actuó antes de que yo le pidiera algo, colocando un vaso pequeño frente y de una botella que sacó, le vertió un liquido transparente como el agua.
—Cortesía de la casa, para la mujer más hermosa que ha pisado esta cueva—
Me dijo el muy tonto y me guiñó el ojo.
Ante ese gesto, mi reacción más rápida fue lanzarle un beso. La satisfacción de tener algo para tomar me animó a darle un trago largo a esa cosa y carajo, no era agua, el sabor se impregnaba en mi garganta y al rededor de mi boca, bajando hasta quemar mi estómago con intensidad, pero evité toser y me aguanté hasta que, con ese solo vaso, el alcohol empezó a hacerme efecto, calentándome la sangre y unas cosquillas recorrieran mi cuerpo que cada vez se volvía más liviano, dando la sensación de libertad que brotaba por mis poros, recordándome que en la vida las cosas pasan muy rápido, como la vez que perdí al hombre que amé.
Pero ya no tenía porqué distraerme con esos recuerdos fugaces, no tenía sentido perder más el tiempo en esas cosas, no me iba a quedar lamentándome dentro de ese cuarto en esas cosas iglesia, asi que el mareo que me daba el alcohol me servía para alimentar más mis ganas de hacer lo que quisiera. Entonces, con el cuerpo ya suelto, los músculos relajados y la mente toda mareada dando vueltas sin pensar en estupideces, noté que las luces del local bajaron de intensidad, dejando que el ambiente hiciera que las caras de los presentes fuesen difíciles de descifrar. Esa poca luz me dio la idea perfecta de liberar cierta energía que me estaba comenzando a quemar por dentro, sin alejarme tanto de la barra, caminé tranquila, lenta, balanceando las caderas de una manera tan natural que me salía sin siquiera haber aprendido a bailar antes, a un sector donde estaba vacío y había espacio para hacer un baile lento.
