26-12-2025, 02:15 PM
Invierno, Día 56, Año 16. 20:00
La joven guardaespaldas mantenía la postura y guardia alta, pues si bien el joven Barald no mostró intenciones hostiles ese último sonido no parecía ser buena señal, además de que no descartaba que pudiera haber más gente en la zona, y no podía saber cómo se comportarían los demás. Por su parte Muramasa se estiraba y bostezaba con total tranquilidad, ajeno a lo que escribió Selene pese a que se hacía una idea conociendo su carácter y lo sospechosamente oportuno que fue todo el encuentro. El misterioso sonido sigue sonando, y a pesar de mantener la distancia se percibe que se está incrementando en cantidad, siendo que parece que varias criaturas se están reuniendo, seguramente una manada de lo que sea que genere ese sonido para iniciar una cacería nocturna. Selene no confía del todo en el pelinegro, quién lo haría en una persona que aparece en mitad de la noche, sabe que uno de los presentes es un herrero y propone un acuerdo sin apenas conocerse.
El viento sigue soplando a pequeñas rachas, suaves y frescas, lo idóneo para hacer que sea una noche perfecta para una paseata o un entrenamiento, sin embargo, la situación en la fogata no parece inclinarse por ninguna de esas dos opciones, sino que más bien parece que va a ir por un camino intermedio aunque depende de cómo actúen los protagonistas de la escena. Barald parece no estar dispuesto a rendirse, responde a las palabras de la joven con calma y precisión, cómo alguien que está acostumbrado a negociar y llegar acuerdos en diferentes tipos de circunstancias. Sin embargo, sus capacidades pueden servir con otro tipo de personas, pero Selene y Muramasa tenían bien claros sus planes y no sería fácil convencerles de variarlos. Conforme Barald habla el sonido parece acercarse y nuestra querida guardaespaldas lleva automáticamente sus manos a la empuñadura de sus dagas, lista para actuar en cualquier momento.
La situación se vuelve peliaguda cuando la joven hace eso, al tener las manos en las dagas no tiene forma de responder a Barald, y no puede soltar las dagas, está lista para actuar en caso de que la fuente de esos sonidos termine por ser una amenaza, siendo que antes muere que dejar de hacer su trabajo voluntariamente por distraerse, confiarse o por miedo. El herrero se levanta y se estira tras guardar el dibujo en un bolsillo empezando a caminar con calma y parsimonia hacia la fogata, acercándose a Selene y Barald, no por miedo pues confía plenamente en la joven peliblanca para lidiar con los conflictos físicos, sino para sustituirla en la conversación ya que ahora mismo no podrá. Los ojos de Muramasa recorren totalmente la silueta de Barald, analizando sus capacidades aproximadamente en función de varios detalles, ya que si algo caracteriza a este herrero por encima de otros es que no hace simplemente armas, no fabrica en masa para vender a todo el que entre, prefiere tardar más en prosperar pero hacerlo con un nombre que signifique calidad, siendo que cada una de sus armas ya vendidas fueron hechas a medida.
Ciertamente, tiene algunas espadas sueltas que no tienen dueño y a veces forja armas por poner una idea que tiene a prueba, pero cada idea tiene un condicionante que debe cumplir aquél que quiera usarla por lo que no se la vende a cualquiera. Muramasa solo conoce la herrería, pero desde siempre tuvo una extraña capacidad de ver las capacidades de los guerreros que le pedían un arma y siempre hacía el arma más apropiada para cada uno, siempre que le dieran libertad y no exigieran un tipo de arma incompatible, aunque nunca obliga a nadie a hacerle caso. Tras escuchar las palabras de Barald Muramasa lo mira con calma y dice con una voz más fuerte y grave de lo que su aspecto da a ver
-Disculpe señor, no es que no veamos lo que ofrece y si fuera un herrero que busca vender en grandes cantidades ciertamente su propuesta es perfecta, quitando el hecho de que apenas nos conocemos y no puedo confiar plenamente en su buena voluntad solo basándome en el beneficio mutuo. Mi meta es crear armas personalizadas y a medida, que se adapten a las capacidades del cliente, siendo que muchas veces ellos mismos no saben qué tipo de arma les sacaría más potencial. Mira la joven que me acompaña, sus antiguos maestros insistían en un arma pesada, destinada a soldados con fuerza, sin embargo todo en ella la hace una peleadora veloz, quien aprovecha mejor armas más ligeras para aprovechar mejor su velocidad. En su caso aún está muy al principio de su camino con la espada, en cuyo caso una katana no es una mala elección, sin embargo debería estar atento a cómo evoluciona y buscar un arma apropiada. Mi negativa es mayormente porque mi objetivo es llevar mi arte a todo el mundo, no quedarme en un sitio y que vengan a verme, tómelo como que seré un herrero errante, kupo.-
En ese momento se escucha como la manada de bestias que se escuchaba empieza a avanzar hacia el campamento por lo que Muramasa con calma se acerca a su carro y saca una katana del mismo, prácticamente recién forjada y esperando un dueño. No es de los trabajos que menciona Muramasa que son hechos a medida para un tipo de espadachín, es una katana versátil que se adapta a varios estilos. Tras eso le tiende la katana al joven y dice
-Si ayudas a Selene a pelear con esas bestias puedes quedarte esa espada, está hecha de manera especial para que se adapte y evolucione con su dueño, kupo.-
Notas Narrador
NPCs

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