[Presente Absoluto] Llegada a la isla, que la apuesta inicie.
#2

El constante y acostumbrado mecer de las olas acurruca a la perezosa fémina de largas hebras azabaches, quien se mueve ligeramente en la cama al percibir el rozar de la sábana contra su piel desnuda. La cálida sensación provoca una adormilada sonrisa que no abandona su rostro, como si estuviera soñando con algo menos mundano y más fantasioso; el cuerpo parece flotar, a veces no lo siente en absoluto, a veces da una impresión extraña de pesadez que fuera de resultar desesperante, se nota amena, peculiar, placentera.

El repentino movimiento agita la cómoda nube en la que parece flotar, esta se disipa cuando la fémina abre los ojos, demostrando confusión hasta que la realidad acaricia su conciencia. El mar, el crucero, el camarote, la cama, su desnudez y la de aquel que pasa por encima dándole los buenos días. Runin vuelve a acurrucarse, esta vez observando a Ryota. Parece estar a punto de contradecirlo hasta que una ligera sonrisa atontada por el despertar, escapa.

—Buen día, cariño. —Responde al fin, trata de quitarse la pereza, se estira exageradamente cual gato y sin pedir perdón ni permiso decide hacer lo que se le plazca, y lo que se le place es comenzar el día de la mejor manera posible. Las blancas sábanas se deslizan delineando la morena piel cuando decide eludir la comodidad de su lecho para encaminar sus gráciles pasos hacia el verdadero objetivo. La vergüenza no es sinónimo de belleza, la desnudez no amerita juicio, la intimidad no nace del pecado y una vez encendido el deseo, difícilmente logra extinguir la llama.

—Guárdame algo de espacio, cariño. —Susurra cual secreto, envuelto en una fina capa de dulzura disfrazada de insinuación, cuando su cuerpo presiona la espalda de aquel quien la ha despertado y acaricia cada ápice de piel expuesta…  todo está expuesto en ese momento.



—Hace frío, caliéntame…

¿Pide? ¿Exige? ¿Ruega? Todo es relativo cuando deja de querer entender en dónde inicia ella y dónde termina él, cuando el sonido del agua queda opacado ante el vibrar de la dulzura en su voz. La ducha fría se transforma en tibieza, en sensaciones de ligereza, en el aumento del calor antes de transformarse en la frescura del agua que limpia desde el último rastro de la noche anterior hasta eliminar cualquier indicio de actividad matutina.

Fresca, sonriente y después de bañarse en perfume, decide tener un ominoso desayuno acompañado de jugo de naranja fresco, un vaso grande de agua y una pequeña copa de vino que bebe cada tanto para sentir el sabor más que por la sensación de alcohol en vena. Todo es perfecto hasta que aquella pregunta ingresa por un oído y lamentablemente no sale por el otro.

¡¿Es que ese hijo de su hermosa madre no es capaz de vivir cinco segundos sin hacerle perder los estribos?! Empieza a creer que trata de romper algún tipo de récord mundial o que simplemente es un masoquista adicto a los golpes de la amazona. ¿Tendrá algún tipo de fetiche inspirado en el maltrato? No, sabe bien cuál es su gusto particular. Simplemente Ryota carece de sentido de supervivencia y Runin disfruta de ello y se enerva en igual medida.

—Exclamó el del boxer parchado con osos afelpados en el trasero. —Runin no es el tipo de personas que se avergüenzan aunque jugar con sus gustos particulares y poco sensuales ha logrado tocar una fibra en ella. —¡Dame eso acá! ¡No mereces tocino! —La risa del castaño se escucha más fuerte mientras Runin mastica el cárnico, cuando quiere darse cuenta, ella también se está carcajeando.



—Fufufufu, al menos mis bombachas son encantadoras, no como tus calzones ahuecados fufufufuf

Porque desde que se conocen se han visto en más de una forma. Desde la comodidad hasta la elegancia, de la casualidad al desencanto. Algunas veces el blanco de burlas es el castaño, otras veces la pelinegra, aunque esto último normalmente no sale bien si hay más personas presentes.

Con el estómago lleno, el cuerpo ligero, el plácido ambiente entre ellos y las voces del capitán del crucero dando nuevas indicaciones, ambos deciden que el encanto de su burbuja debe romperse para iniciar una nueva aventura. La emoción se transforma en sonrisas, en confianza, en esa faceta necesitada de atención, del mundo, de la vida.

¿Sorbet seguiría siendo tan dividida como siempre? ¿Realmente encontrarán algo de esparcimiento en aquella isla que huele a miseria y a vanidad por igual?

Los pasos de la fémina golpean la madera provocando el escándalo necesario como para capturar curiosas miradas. Cruza los brazos mientras ambos contemplan su destino desde la cubierta del navío. Runin se relame los labios con una lentitud calculada, saboreando el instante: los recuerdos, el presente, la compañía.



—La pregunta ofende, cariño. Yo siempre estoy lista.

La emoción bulle bajo la piel; los brazos se relajan y la mano izquierda de Runin se posa con naturalidad sobre el hombro de Ryota. Se inclina hacia él, ejerciendo el peso justo para que el calor de su cuerpo y el suave roce de su pecho, acaricien el abrigo de su compañero. El cálido hálito de la mujer acaricia el oído del castaño; seguramente Ryota es capaz de percibir la sonrisa en los labios de Runin cuando, por fin, le habla a él y solo a él.

—También averigüé que las peleas clandestinas no son exclusivas de la isla Karate, cariño… ¿Pensabas dejarme fuera de la diversión? —Las palabras quedan suspendidas en el aire cuando la nariz de la fémina desciende, capturando el aroma ajeno. Juega con la sensibilidad de su cuello, subiendo y bajando con lentitud deliberada, alternando cálidas respiraciones y el roce de labios carnosos que se convierten en caricias ambiguas: a veces parecen besos, otras la silenciosa promesa de morder o probar. Siempre se detiene antes de cruzar la línea, ascendiendo de nuevo, despacio, hacia su oído.

—No solo soy divertida en la cama o en la ducha, cariño. Déjame demostrártelo. —El roce de su labio inferior perdura tan solo un instante en el lóbulo de su oreja antes de retirarse, justo cuando Cardan aparece forcejeando con el equipaje.  —Me atrae más de un tipo de acción, además, soy fuerte, cariño. Salvaré tu trasero cuando empieces a perder en las peleas, fufufufu. —Le dedica un guiño cargado de intención y gracia, antes de tomar sus cosas, regalándole un beso en la cabeza a su serpiente.

—Ryota. —Casi no pronuncia su nombre a secas, pero lo hace cuando regresa a mirarlo y el crucero pide cuidado porque desembarcarán.



—Aprende a confiar un poco más en mí.

El característico sonido de la sirena de la embarcación llena el ambiente y ella vuelve a reír. Cardan repta hasta los hombros del castaño, haciéndole peso y apretándole con confianza, como si le estuviera animando. Claro, como si alguien pudiera patear el trasero de Ryota más de lo que suele hacerlo Runin. Imposible ¿O no?


Karmas
[Imagen: MQT49Lq.png]


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RE: [Presente Absoluto] Llegada a la isla, que la apuesta inicie. - por Runin D. Kitay - 26-12-2025, 07:58 PM

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