27-12-2025, 01:11 AM
Horas caminando bajo un sol abrasador no era lo mas beneficioso para la piel, aunque realmente hacía tiempo que no tenía problemas de ese tipo, ni un punto negro siquiera, parecía que la fruta que ingerí empezaba a regenerar mas que al principio de este viaje, pero... ¿Por qué? No es que yo hubiese hecho algo distinto, dormía, comía, tocaba música, en esas facetas mis hábitos se mantenían imperturbables. Aunque... De un tiempo a esta parte si que había cambiado algo, ahora viajaba entre islas y, mas importante aún, en cada isla parecía que me metía en problemas sistemáticamente: Peleas de bar, un combate que aún estaba demasiado cercano en mi memoria en un lugar cuanto menos extraño, huir de las autoridades... ¿El entrenamiento de mi cuerpo mejoraba también su curación? Parecía poco probable, pues esas capacidades físicas son inherentes a cualquier humano.
¿Podía ser que cuanto mas me curase mejor lo hacía mi cuerpo? Eso podría tener sentido, como cualquier músculo: Cuanto mas se usa, mas se fortalece, desde luego sonaba a respuesta satisfactoria. Aunque no es que lo tuviese claro, la verdad es que ni siquiera sabía cual era el límite de mi regeneración ¿Podría regenerar un brazo completo? ¿Qué pasaba si me aplastaban el corazón? La verdad es que me vendría bien saber ese tipo de cosas, conocer mis límites, pero me aterra tanto pensar el dolor de las pruebas que, sinceramente, prefiero no comprobar mis limitaciones nunca, cuanto menos tentase a la suerte mejor para mi.
¿Por donde iba? Ah si, ya recuerdo. En cualquier caso no es que pudiésemos librarnos del sol, ni yo, ni mi compañera Alana, que habíamos salido del barco para conocer un poco el pueblo de Whisky Peac. Ya de por si el camino desde el puerto hasta el pueblo es duro, parecía que las nubes evitaban enturbiar al astro rey y aquella esfera ardiente sobre nuestras cabezas parecía volcar toda su ira y frustración sobre aquel arenoso y dorado suelo. A mi hacía tiempo que mi garganta no me pedía beber agua, pero era sorprendente como Alana aguantaba la sed y el calor sin ninguna dificultad, desde luego estaba hecha de otra pasta, aunque seguramente ayudase el hecho de que ella no caminaba, viajaba sobre mis hombros.
En nuestra excursión La pequeña mujercita me señaló un edificio, creyendo que podía ser un hostal e indicando que hospedarse en ellos suele ser caro. Me detuve u momento a unos cuantos pasos de la puerta del lugar, mirándola con curiosidad y algo de decepción. -Soy un mendigo, Alana. Podría valer unas pocas monedas y seguir siendo una fortuna para mi.- Giré la cabeza para mirarle con una sonrisa inocente, habiendo encontrado una solución para el problema de la noche. -Sugiero que hagamos una acampada y contemos estrellas.- Podía ser la idea de un niño, mi sonrisa desde luego era la de un niño ilusionado, pero lejos del ridículo, era a lo que yo estaba acostumbrado, a dormir en callejones o subido a un árbol, para mi no era vergüenza alguna. -Sigamos caminando, seguro que hay lugares mas aptos a nuestra economía.- Desde luego, si no pagaba ella, lo mas apto era debajo de un puente o algo así.
Ella saltó de mi hombro, debía de dolerle el trasero de llevar tanto tiempo sentada sin moverse, sea como fuere intenté llevar su paso, lo cual era difícil por su reducida zancada, pero no imposible. así al menos tendría mas tiempo para deleitarme con la arquitectura, ya bastante distinta de lo que era Sobert: Aquí los edificios no se cubrían por las lluvias, al contrario, se cubrían y revestían de manera diferente para resguardarse del insufrible calor, por lo que la madera, algo mas fresco, al igual que la fría piedra, conformaban las casas, de un estilo muy distinto a lo que había visto antes. Aunque debía decir que en las montañas mas altas de la región si debía llover, pues algunos ríos había y todavía se veía escueta vegetación, agua tenía que haber en algún lado.
Comenzamos a alejarnos del centro del pueblo, y de los suburbios también, empezando ya a caminar por paseos de tierra y arena, ya no había calzada que señalase el camino, los edificios ya eran pocos, salteados cada tantos metros; y el paisaje natural empezaba a volverse el protagonista del cuadro. Sonreí maravillado por la impresionante obra de arte que el mundo ponía ante nuestros ojos. -Wow... Es precioso, ¿No crees Alana?.- Pregunté pensando que estaría prestando algo de atención, no obstante, cuando miré hacia abajo pude ver a la tontatta prestando demasiada atención a un huerto muy bien provisto de verduras y hortalizas. No solo estaba bien provisto de alimento, estaba cuidado, ordenado y parecía hasta contabilizado, ese huerto era de alguien, no cabía la menor duda de ello.
Estaba claro porque la pirata en miniatura había elegido esa vida, no tenía demasiado respeto por la propiedad ajena, pues quería robar el alimento que tanto le habría costado conseguir al agricultor dueño de esas tierras. No contenta con eso, quería meterme a mi en el ajo, recordándome mis labores como cocinero para conseguir alimento para la tripulación. -A ver... Si... Necesitamos comida..., Pero no creo que robarla sea buena idea.- Dije pensativo mientras me llevaba el índice al mentón. -Por otra parte... No tengo dinero, pero tengo la obligación de alimentarios...- Tras unos segundos de debate interno terminé suspirando. -No se, no se...- Entonces miré donde debía estar Alana, había desaparecido. Miré a los lados a ver si la encontraba, hallándola ya pegada a la cerca mirando a los lados como un mapache acercándose al cubo de la basura de alguien. Me acerqué a ella sigiloso, suspirando por la poca gracia que me hacía la idea, pero mi promesa fue seguir a los tripulantes de esta banda para cantar sus hazañas, aunque no fueran de mi agrado.
¿Podía ser que cuanto mas me curase mejor lo hacía mi cuerpo? Eso podría tener sentido, como cualquier músculo: Cuanto mas se usa, mas se fortalece, desde luego sonaba a respuesta satisfactoria. Aunque no es que lo tuviese claro, la verdad es que ni siquiera sabía cual era el límite de mi regeneración ¿Podría regenerar un brazo completo? ¿Qué pasaba si me aplastaban el corazón? La verdad es que me vendría bien saber ese tipo de cosas, conocer mis límites, pero me aterra tanto pensar el dolor de las pruebas que, sinceramente, prefiero no comprobar mis limitaciones nunca, cuanto menos tentase a la suerte mejor para mi.
¿Por donde iba? Ah si, ya recuerdo. En cualquier caso no es que pudiésemos librarnos del sol, ni yo, ni mi compañera Alana, que habíamos salido del barco para conocer un poco el pueblo de Whisky Peac. Ya de por si el camino desde el puerto hasta el pueblo es duro, parecía que las nubes evitaban enturbiar al astro rey y aquella esfera ardiente sobre nuestras cabezas parecía volcar toda su ira y frustración sobre aquel arenoso y dorado suelo. A mi hacía tiempo que mi garganta no me pedía beber agua, pero era sorprendente como Alana aguantaba la sed y el calor sin ninguna dificultad, desde luego estaba hecha de otra pasta, aunque seguramente ayudase el hecho de que ella no caminaba, viajaba sobre mis hombros.
En nuestra excursión La pequeña mujercita me señaló un edificio, creyendo que podía ser un hostal e indicando que hospedarse en ellos suele ser caro. Me detuve u momento a unos cuantos pasos de la puerta del lugar, mirándola con curiosidad y algo de decepción. -Soy un mendigo, Alana. Podría valer unas pocas monedas y seguir siendo una fortuna para mi.- Giré la cabeza para mirarle con una sonrisa inocente, habiendo encontrado una solución para el problema de la noche. -Sugiero que hagamos una acampada y contemos estrellas.- Podía ser la idea de un niño, mi sonrisa desde luego era la de un niño ilusionado, pero lejos del ridículo, era a lo que yo estaba acostumbrado, a dormir en callejones o subido a un árbol, para mi no era vergüenza alguna. -Sigamos caminando, seguro que hay lugares mas aptos a nuestra economía.- Desde luego, si no pagaba ella, lo mas apto era debajo de un puente o algo así.
Ella saltó de mi hombro, debía de dolerle el trasero de llevar tanto tiempo sentada sin moverse, sea como fuere intenté llevar su paso, lo cual era difícil por su reducida zancada, pero no imposible. así al menos tendría mas tiempo para deleitarme con la arquitectura, ya bastante distinta de lo que era Sobert: Aquí los edificios no se cubrían por las lluvias, al contrario, se cubrían y revestían de manera diferente para resguardarse del insufrible calor, por lo que la madera, algo mas fresco, al igual que la fría piedra, conformaban las casas, de un estilo muy distinto a lo que había visto antes. Aunque debía decir que en las montañas mas altas de la región si debía llover, pues algunos ríos había y todavía se veía escueta vegetación, agua tenía que haber en algún lado.
Comenzamos a alejarnos del centro del pueblo, y de los suburbios también, empezando ya a caminar por paseos de tierra y arena, ya no había calzada que señalase el camino, los edificios ya eran pocos, salteados cada tantos metros; y el paisaje natural empezaba a volverse el protagonista del cuadro. Sonreí maravillado por la impresionante obra de arte que el mundo ponía ante nuestros ojos. -Wow... Es precioso, ¿No crees Alana?.- Pregunté pensando que estaría prestando algo de atención, no obstante, cuando miré hacia abajo pude ver a la tontatta prestando demasiada atención a un huerto muy bien provisto de verduras y hortalizas. No solo estaba bien provisto de alimento, estaba cuidado, ordenado y parecía hasta contabilizado, ese huerto era de alguien, no cabía la menor duda de ello.
Estaba claro porque la pirata en miniatura había elegido esa vida, no tenía demasiado respeto por la propiedad ajena, pues quería robar el alimento que tanto le habría costado conseguir al agricultor dueño de esas tierras. No contenta con eso, quería meterme a mi en el ajo, recordándome mis labores como cocinero para conseguir alimento para la tripulación. -A ver... Si... Necesitamos comida..., Pero no creo que robarla sea buena idea.- Dije pensativo mientras me llevaba el índice al mentón. -Por otra parte... No tengo dinero, pero tengo la obligación de alimentarios...- Tras unos segundos de debate interno terminé suspirando. -No se, no se...- Entonces miré donde debía estar Alana, había desaparecido. Miré a los lados a ver si la encontraba, hallándola ya pegada a la cerca mirando a los lados como un mapache acercándose al cubo de la basura de alguien. Me acerqué a ella sigiloso, suspirando por la poca gracia que me hacía la idea, pero mi promesa fue seguir a los tripulantes de esta banda para cantar sus hazañas, aunque no fueran de mi agrado.
