¿Crónica de un nunca jamás? :: Privado :: Pasado
#2
Me levanté en la mañana bastante tarde, como de costumbre, preparado para realizar mi entrenamiento matutino, lo correcto para personas disciplinadas sería madrugar para hacer ejercicio, algo admirable sin dudas, pero los crustáceos tenemos nuestro propio ritmo y en ese ritmo no entraba eso de levantarse a las seis de la mañana.

Lo primero que hice al salir de casa fue revisar el correo, hace tiempo mandé la solicitud para entrar en la etapa de formación de la Marina y estaba esperando la confirmación. No era algo que me quitase el sueño, no es como si tuviera prisa, si no era este año sería el siguiente, era cuestión de tiempo, lo único que podía hacer era mantenerme en forma para cuando llegase el momento.

El clima estaba emborregado por los restos nubosos de la tormenta de hace unos días, no podía evitar pensar en las dificultades que tuvieron que sortear los marineros aquel día —Debería visitar a Zheng cuando termine de entrenar— Musité mientras me dirigía al rincón de la playa que había estado usando para mis entrenamientos. Era un roqueo escarpado, y las olas chocaban ferozmente contra las paredes del acantilado, un lugar perfecto para entrenar el cuerpo y la mente de un guerrero. Mi filosofía siempre ha sido hacer las cosas sencillas, si quiero pegar más fuerte, debo golpear muchas veces las rocas con mi pinza, si quiero ser más resistente, debo dejar que las olas me golpeen.

El entreno terminaba cuando me entraba hambre, algunos días era más pronto y otros días más tarde, pero no se puede entrenar con el estómago vacío. Este día decidí pasarme por el puerto, para comprar algo de frutas que solían traer los mercantes de otras islas y ya de paso para visitar a mi amigo Zheng, un viejo marinero al que conocía desde que era un niño.

Al llegar al puerto pude distinguir su barco, no había muchos atracados, lo cual era raro en esta época del año. —Buenas señor Zheng, el muelle está casi desierto ¿Ha ocurrido algo?— El hombre anciano, con una piel bronceada y numerosas arrugas que hablaban de una vida trabajando en la mar se alegró al verme —¡Cada día estás más grande muchacho! Ya eres más grande de lo que era tu padre, que no es poca cosa. La tormenta ha hecho estragos hijo, muchos de los barcos que salieron estos días han quedado destrozados— El clima era verdaderamente implacable contra los marineros, era tranquilizador para mí saber lo buen marinero que era Zheng, tenía plena confianza en que estaría bien sea cual sea el temporal. 

Me invitó a comer con él mientras esperaba a que sus compañeros regresaran, las manzanas que traía eran deliciosas, la fruta que traía de algún modo siempre era la mejor. Mientras ambos comíamos me iba contando cosas que escuchaba, un buen marinero debe tener buenas orejas, todo el mundo lo sabe. *PAAAM* Con un fuerte manotazo sobre la caja que estábamos usando de mesa, llamó mi atención para decirme algo de suma importancia, narrando como quien cuenta una historia a un niño —Ha llegado información a mis oídos Juan, estos oídos que conoces bien... Nunca fallan, los vecinos han encontrado restos de barcos en la costa. Uno gordo Juan, hace poco más de una semana *Ssshhg BOOOM BOOOM* Exactamente Juan, una batalla naval, al suroeste por lo que dicen, no se que encontrarás, pero algo hay al suroeste...— 

Me despedí de mi viejo amigo y regresé a mi hogar, las paredes viejas seguían sintiéndose solitarias, habían pasado dos años desde la muerte de mis padres, pero aún se respiraba ese ambiente en el que un pequeño cangrejo hacia travesuras y era reñido por ello. Hacía tiempo que no hacía una de mis expediciones submarinas, y no me vendría mal un pequeño descanso de los entrenamientos así que hice los preparativos para ir a primera hora de la mañana, sin saber lo que iba a encontrar.

Para mi propia sorpresa, madrugué, estaba realmente emocionado por saber que iba a encontrar ¿Qué tesoros se esconderían en aquel lugar? Por lo que me dijo Zheng fue una batalla naval, si estás dispuesto a llegar a eso es porque tienes algo de valor. Me adentré al agua, con mi ropa casual y una bolsa de tela amarrada a la espalda, llena de frutas para el camino, después de todo no sabía cuanto iba a tardar en llegar, a pesar de ser un gyojin, no era el más rápido por decir algo, prefería caminar por el lecho marino antes que nadar como tal. 

El sol brillaba con fuerza, lo que me permitía ver bastante  bien a pesar de estar en las profundidades. El fondo marino era verdaderamente precioso si te parabas a apreciarlo, cientos de peces nadando en sintonía, los rayos de sol dibujando líneas danzantes en la arena y chocando con los corales que se aferraban a las grandes formaciones rocosas... Era triste pensar en la cantidad de personas que morían sin llegar a ver un escenario como este. Si había que tener cuidado con algo era con los reyes marinos, solo llegué a ver uno en una ocasión y no era algo que me apeteciese repetir. 

Por fin, después de medio día, fui capaz de avistar los restos de un barco hundido, seguro que era el que buscaba. Mi emoción duró poco, a medida que me acercaba se hizo evidente el desolador resultado de lo que fue la batalla de hace días, numerosos cadáveres esparcidos por el lecho, la mayoría de ellos a medio comer por las criaturas que habitaban el lugar. Como era costumbre, había sido un ingenuo al pensar que sería una divertida aventura para cazar tesoros, no me había parado a pensar las pérdidas humanas que conllevaba algo así, eso me hizo enfadarme conmigo mismo.

Cuando estaba a punto de irme, avergonzado por mi actitud, me percaté de algo de movimiento en una Jaula. De forma sigilosa me acerqué, para observar lo que estaba ocurriendo. —¿Una niña? ¿Cómo es posible que siga viva? No parece un gyojin— Pensé, pero eso carecía de importancia, aquella pobre niña estaba muy delgada y estaba estirando su brazo por fuera de la jaula para intentar agarrar una estrella de mar. No dude ni un instante y me acerqué a la celda donde se encontraba la pequeña, una niña de cabellos celestes, no hacía falta decir lo que había pasado dentro de esa prisión, la niña había hecho lo que debía para sobrevivir y no iba. Juzgarla por ello, si algo me enfadaba era pensar en la gente que la secuestró ¿Cómo podía haber gente capaz de hacer algo así? —Tranquila pequeña, te sacaré de aquí en un momento— le dije con el tono de voz más suave posible, debía hacerle saber que todo estaría bien ahora. Era el momento de hacer valer mi entrenamiento, con un golpe en las bisagras pude aflojar la puerta, y con mi pinza logré terminar de desencajarla. No quería asustar a la pequeña, así que lo primero que hice fue quitarme la bolsa de la espalda —¿Tienes hambre? Aquí tengo algo de fruta, toma, come lo que quieras— y le acerqué la bolsa abierta. —Mi nombre es Juan ¿Me dirías el tuyo? No tienes por que preocuparte ahora, estoy contigo—

Nunca había cuidado de una niña, ni siquiera tenía hermanos, pero si de verdad quería ser un héroe algún día no podía simplemente dejarla allí tirada, de todas formas ya era todo un adulto, no podía ser tan complicado... ¿Verdad? Además una niña que había logrado sobrevivir a todo aquello seguro que era súper responsable... ¡¿VERDAD?!

—Hablo— —Pienso—
—Habla Zheng—

Resumen
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RE: ¿Crónica de un nunca jamás? :: Privado :: Pasado - por Juan Sebastian - 27-12-2025, 01:32 AM

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