[Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social
#8
– “¿Tienes idea de cuánto vale esto? ¡Esta maleta cuesta más de lo que ganarás en toda tu miserable vida!” –

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-Coño, es cierto. Me dolió justo en la pobreza.-

Le resultó completamente inevitable no reaccionar ante el super-maletín que yacía delante de las narices de ambos y, pese a que Cassidy parecía tener cierto reproche (Y verse terriblemente agobiada por la desventura en la que Owen la estaba metiendo). Una sonrisa burlona se escapó del muchacho, una que le entrecerró los ojos mientras la mirada con una ceja arqueada -Bien que te has acercado a ver qué traía dentro, ¿Eh?- y de la misma manera, otro que parecía opinar de ello, era el peliverde que también rodeaba el escándalo provocado por el impacto del objeto sobre el suelo húmedo, terroso y selvático. Los ojos celeste brillante del chico veían una cantidad de productos de altísima calidad tan elevados que, en cuanto empezó a divisarlos, se le dispararon sus sentidos más primarios y propios de lo barriobajero que era: En el escaneo visual habían carnes curadas, quesos de altísima calidad, frutas preservadas, pan arte-...¿Dónde está el pan? -Aquí hay un hueco, ¿Se habrán olvidado algo?- Qué mentiroso que eres Owen; Su gran chaqueta roja, llamativa, característica y con cuello extenso, se había inflado repentinamente en un lateral en un abrir y cerrar de ojos. Para los jóvenes de nariz parada, ciertamente, habría ocurrido en un destello, como si de un fotograma apareciese aquel producto levado de tonalidades marrones para simplemente desaparecer. Sí, efectivamente, el asalvajado se lo había robado tan rápido que ni siquiera podrían haber visto que lo hizo.

– “Esta comida es gourmet. Importada. No vas a desperdiciarla atrayendo animales cuando ni siquiera sabes si eso funcionará.”

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-No sabía que preferías tu delicado cuerpo de princesa como carnada, y no cualquier cosa de aquí excepto pan. Pan nunca hubo.-

Porque encima, Owen, parecía querer evidenciar muchísimo más el robo al señalar como único producto ese mismo, declarando la inexistencia de algo y fingiendo demencia tal y como lo había estado haciendo hasta límites estratosféricos. Sí, parece que cuando Gwen no está cerca, el muchacho lenta y progresivamente vuelve a todos esos malísimos hábitos que tanto le identificaban en un pasado, pero bueno, tiene un pase al estar robando algo tan sencillo y barato como pan y no carnes curadas que valdrían más que su propia vida.

Ellos parecían agotados, exhaustos, como si haber estado caminando por horas en un clima levemente caluroso como este los tuviese en un mal humor perpetuo, uno que estaba influenciado por esa actitud caprichosa y mimada de ambos dos, tal vez podría ser el momento perfecto para detenerse un poco...y, posiblemente, obtener un poquito de información -Qué par de nenitas que son. En la maleta no hay falditas, por las dudas.- entrecerró los ojos mientras estiraba su cuerpo un poco hacia adelante, con ambos brazos en jarra aunque comprendiendo que para gente mucho más ordinaria y menos habituada a vivir en un estado perpetuo de supervivencia y locura como lo hacía Owen, probablemente, estar durante horas andando por la selva mucho no podrían hacer. Una queja sobre "sed de la mala" y, bueno, la demanda de la rubia para traer aquella maleta excepcionalmente pesada hacia el pelirrojo. El chico, por primera vez en mucho tiempo, estaba viviendo de lo que se trataba el nepotismo puro y duro -Así que esto se siente- y mientras iba a buscarla, sin siquiera rechistar, pensaba en voz alta -que la hija del jefe de te órdenes y no tu jefe.- porque encima, mientras se escuchaba el ¡SSSSSSSSSH! de la super maleta siendo arrastrada y destruyendo buena parte del terreno húmedo y verde para dejar, a su paso, un camino de tierra mojada, ella seguía dando demandas a diestra y siniestra, como si fuese un simple trámite, como si fuese "la diaria" tener a un séquito de personas a su disposición y servicio y no tener que valerse por sí misma.

Ellos decidieron acomodarse y el muchacho, sumiso como él solo, se las dejó justo delante de ellos.
Qué duro era ser asalariado.

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Empezando a comprender lo que tendría que lidiar el ciudadano común en el mundo terrenal, la cara de agobio del pelirrojo era cada vez mayor, ¿Por el calor? ¿Por no haber cumplido su objetivo todavía? En lo absoluto, por tener que someterse a unos individuos a los cuales solo debería ofrecerles protección, pero él, para evitar levantar sospechas ni generar conflictos sin intención, simplemente se sometía ante los deseos caprichosos de aquellos que parecían haber nacido con una suerte desaforada -Oighman,- los veía comer, mientras las palabras del chico parecían estarse distorcionando producto de que tenía la boca inflada, básicamente, por estar comiendo un trozo de un alimento levado producido con base de harina de trigo y agua. No era pan, no, nunca hubo pan en esa maleta -¿Gqieg ej ju padhre?- "Quién es su padre", se había entendido a medias. Sin tener ningún tipo de respeto por el maletón que tenía delante (Y seguido de querer seguir demostrando ese estado de salvajismo atronador), se sentó justo a medio metro tanto del chico como de la chica, los cuales parecían estar en un pícnic selvático. El muchacho, en lugar de elegir un lugar convencional, aprovechó la tremenda resistencia de la maleta para poder llevar tantísimo peso y, con sus insipientes sesenta y nueve kilos (Número chistoso) se apoyó justo en el compartimiento que se mantenía en el aire, sostenido por dos placas de metal y dejando el compartimiento abierto como si los niños ricos estuviesen delante de un negocio tan redondo que hasta les permitía descansar en pleno terrible, inhóspito y abandonado de la mano de cualquier Dios. Hablando con la boca llena, se quedó jorobado, un poco hacia adelante, apoyando ambos codos sobre las rodillas, orientado a ambos mientras le dedicaba una mirada y no mirando en lo absoluto a cualquier cosa que tuviese justo detrás de él. 

Era la oportunidad perfecta para obtener aquello que vale trillones de Berries: Información -Hayg un Tighpo qghe...- se interrumpió, tragando finalmente para poder hablar de aquello que vaya a saber que estaba comiendo, para seguir -...que nos trae constantemente víveres a cambio de nuestras mujeres. Se llama Uker Rackham y es un comerciante con el que hablo muy seguido.- una mentira gigantesca que, bueno, podría pasar desapercibida si desconocían el nombre del sujeto en cuestión -Él me habla una y otra vez de sus rutas comerciales, y tal.- gesticulaba mientras hablaba, agitando las manos -Suele hablarme de sus clientes y la gente con la que trabaja, ¿Será por eso que eligieron venir a esta isla?- Es impresionante la pantomima y el humo que se estaba inventando el pelirrojo, pero bueno, "si cuela, cuela" -Igual, una cosa:- levantó el dedo índice, como si quisiese explicarles algo profundo, poético y para su protección. Se mantuvo en silencio unos segundos, pesados, dedicándole una mirada a cada uno -si ese tipo se les acerca, el tal Uker, no lo vean a los ojos. Ese tipo es tan hermoso que no podrán pensar en otra cosa que no sea en cómo calienta más que el sol de verano.- y aquel comentario, que podría ser una clarísima declaración de intenciones homosexuales de parte del pelirrojo era, ciertamente, porque creía que el capitán de su tripulación (De la cual él seguía siendo un polizón) tenía una belleza envidiable, una que compartía siempre que tenía la oportunidad.

Desactiva la bomba
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]


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RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - por Owen Yang - 27-12-2025, 12:51 PM

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