27-12-2025, 02:39 PM
Ubbe cruzó la pasarela sin mirar atrás.
Notaba el peso del botin tirando de los bolsillos; berries robados a gente que ni siquiera sabría decir cuándo los perdió. Miles. Suficientes como para justificar el desastre… y, aun así, completamente incapaces de arreglar cómo había acabado la noche.
El casino ardía a su espalda, literal y figuradamente, pero ya no le importaba. Pegasus, Kaiba, los gritos, el humo, las orgías, la violencia… todo aquello se había convertido en ruido de fondo. Un espectáculo que había empezado con risas, bebida y miradas prometedoras, y que había terminado como siempre terminaban los excesos: feo, sucio y cansado.
Caminó junto a Sigurd, firme, sincronizado, no habia reparado si quiera en el secuestro que había hecho su hermano, tenía la cabeza en otro sitio. Ravena.
La imagen le cruzó la mente de manera fugaz. El vestido rojo, la presencia aplastante, la chispa compartida entre apuestas y peligro. La noche había apuntado a algo distinto, a algo divertido… incluso interesante y sugerente. Y había acabado perdiéndola entre explosiones, fuego cruzado y locura.
Chasqueó los dedos con fastidio, su tic seco habitual resonando en el aire salado del puerto.
- Vaya shit de noche baby… -murmuró- Bueno, al menos nos hemos llevado some money's GAHAHAHA
Avanzó un par de pasos más y se ajustó el equipo, sintiendo el peso del botín.
Oyó los gritos del humano que Sigurd arrastraba, pero no reaccionó. No era su problema. Esta noche ya había tenido suficientes movidas como para cargar con alguna más.
No hubo despedidas.
No hubo promesas.
Solo dos buccaneers alejándose de un infierno flotante que había decidido devorarse a sí mismo.
Detrás de ellos, el Casino Pegaso siguió brillando, intacto en apariencia, como si nada hubiera pasado.
Pero Ubbe lo sabía.
Algunas noches empiezan bien…y aun así terminan siendo una absoluta locura.
Con el botín asegurado y la paciencia agotada, siguió caminando.
La aventura había terminado.
Notaba el peso del botin tirando de los bolsillos; berries robados a gente que ni siquiera sabría decir cuándo los perdió. Miles. Suficientes como para justificar el desastre… y, aun así, completamente incapaces de arreglar cómo había acabado la noche.
El casino ardía a su espalda, literal y figuradamente, pero ya no le importaba. Pegasus, Kaiba, los gritos, el humo, las orgías, la violencia… todo aquello se había convertido en ruido de fondo. Un espectáculo que había empezado con risas, bebida y miradas prometedoras, y que había terminado como siempre terminaban los excesos: feo, sucio y cansado.
Caminó junto a Sigurd, firme, sincronizado, no habia reparado si quiera en el secuestro que había hecho su hermano, tenía la cabeza en otro sitio. Ravena.
La imagen le cruzó la mente de manera fugaz. El vestido rojo, la presencia aplastante, la chispa compartida entre apuestas y peligro. La noche había apuntado a algo distinto, a algo divertido… incluso interesante y sugerente. Y había acabado perdiéndola entre explosiones, fuego cruzado y locura.
Chasqueó los dedos con fastidio, su tic seco habitual resonando en el aire salado del puerto.
- Vaya shit de noche baby… -murmuró- Bueno, al menos nos hemos llevado some money's GAHAHAHA
Avanzó un par de pasos más y se ajustó el equipo, sintiendo el peso del botín.
Oyó los gritos del humano que Sigurd arrastraba, pero no reaccionó. No era su problema. Esta noche ya había tenido suficientes movidas como para cargar con alguna más.
No hubo despedidas.
No hubo promesas.
Solo dos buccaneers alejándose de un infierno flotante que había decidido devorarse a sí mismo.
Detrás de ellos, el Casino Pegaso siguió brillando, intacto en apariencia, como si nada hubiera pasado.
Pero Ubbe lo sabía.
Algunas noches empiezan bien…y aun así terminan siendo una absoluta locura.
Con el botín asegurado y la paciencia agotada, siguió caminando.
La aventura había terminado.
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