28-12-2025, 05:56 AM
Narrador / María Merlot
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Había quedado atrás…
El festival…
El jugo de caña de azúcar…
El beso que compartieron…
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Había quedado atrás…
El festival…
El jugo de caña de azúcar…
El beso que compartieron…
Ahora, frente a ella se extendió la selva de ese reino; un sitio que estaba dispuesta a explorar con el hombre de cabello morado, un hombre que minutos atrás había correspondido a su beso con igual pasión, y tocado su cuerpo como si fuera propiedad pública, aun ardían sus nalgas, ahí dónde la sujeto con fuerza. No podía negar, que, en el fondo, disfrutar del contacto físico con consentimiento se sentía muy bien, demasiado bien… ella que siempre tuvo que ceder su cuerpo, y refugiarse en su mente, ahora podía decidir quien la tocaba y quien no. Ese poder la tenía embriagada, la hacia sentir la reina del mundo, por lo menos, de su propio mundo.
Antes de que salgamos unas sencillas normas, si ataca algún bicho enorme que quiera comernos tú te pones delante para protegerme.
La voz del hombre la saco de sus cavilaciones. Por un segundo proceso sus palabras. ¿Así que no la iba a tratar como una princesita? Eso le gustaba, ella nunca había sido la protectora… entonces, era la oportunidad de serlo, defendería a su amo provisional — …. Claro, Capitán Tricky Grape, yo me encargo de los bichos enormes. Nadie va a tocar a mi amo mientras yo este presente — sentencio con alegría formando puños con sus manos y dando un par de golpes al aire, golpes que casi le dan al hombre pero que por suerte no lo alcanzaron — …. Hmmp — musito la celeste al verlo levantar el segundo dedo y dar la explicación. Ella solo pudo sonreírle, con su encanto característico. Si, su brújula interna estaba defectuosa y por supuesto que tomaba malas decisiones, estaba entrando con un desconocido con síntomas de perversión a una jungla peligrosa… cualquiera con sentido comun sabría que no era la más inteligente de las decisiones… — …. Mi amo toma las decisiones. Entendido, fuerte y claro, como la claridad de las mañanas cuando el sol despierta por el horizonte… ¿Por qué no se apaga si está saliendo del mar? Muy loooooocooooo… ¿Verdad? — pregunto solo para bromear, ella podía estar loca pero no era tan tonta, aunque una vez si hizo esa pregunta y el segundo al mando del barco pirata dónde se encontraba le dio un manotazo que la dejo viendo pajaritos; aquel tipo era un erudito que se tomaba muy enserio sus cosas de intelectuales.
El hombre paso su brazo entre la apertura que había dejado ella cuando puso sus brazos en jarra, a lo que ella correspondió el agarre mientras lo escuchaba con suma atención, como si de su boca salieran las verdades del universo — …. De puta madre. ¡YEAH! — estuvo de acuerdo con él, su frase vulgar y poco elegante le gustaba mucho, se sentía bien decirlo. María, después de todo, no era una mujer de palabras malsonantes, ella era una delicada flor, que siempre fue cuidada por sus amos cuando entendieron el valor de su cuerpo y belleza sin igual.
El hombre paso su brazo entre la apertura que había dejado ella cuando puso sus brazos en jarra, a lo que ella correspondió el agarre mientras lo escuchaba con suma atención, como si de su boca salieran las verdades del universo — …. De puta madre. ¡YEAH! — estuvo de acuerdo con él, su frase vulgar y poco elegante le gustaba mucho, se sentía bien decirlo. María, después de todo, no era una mujer de palabras malsonantes, ella era una delicada flor, que siempre fue cuidada por sus amos cuando entendieron el valor de su cuerpo y belleza sin igual.
¿Eso viene por Merluza Marinada? Yo te hubiese llamado más MP, Merluza Pervertida
Ante su juego de palabras, ella solo pudo reírse. Las suaves melodías salieron de su boca, tan fascinantes como su misma presencia — ¿Pervertida? — dijo entre risas cuando él también se coloco dicho adjetivo, sin duda le quedaba mejor a él que a ella — …. Oh… Travis el Travieso… ¿cómo su dueño? — pregunto buscando al ave con la mirada, ella también tenia una mascota, bueno no era suya sino del gigante Thrym pero la quería como si le perteneciera de verdad — …. Nosotros tenemos a Cara Melo, es grande… más grande que tu y yo juntos, y peludito; tiene con nosotros como… Hmmm… cinco eternos y maravillosos… días. Seguro se llevaría bien con Travis El Travieso — le comento recordando al enorme komashika y como el gigante pelirrojo se lo gano en el casino del crucero en el cual arribaron al Reino de Samba.
Las palabras fueron fluyendo, era fácil conversar con el desconocido de extravagante personalidad, tal vez porque María Merlot era igual de extrovertida y estrambótica. Cuando el paisaje se hizo mas denso, el hombre guardo silencio… parecía que se tomaba enserio lo de encontrar el tesoro dentro de la selva. Así que ella lo imito, viendo a su alrededor y pegándose más y más a su brazo, porque no quería que ningún bicho o rama la tocara. A lo lejos escucho unos aullidos, y el zumbido de insectos le indicaban que no estaban solos, solo esperaba que, si salía una bestia, fuera una fea que no le doliera golpear, como por ejemplo… un mono.
— … ¿Amo? — lo llamo al ver como rompía en mil pedazos el mapa. ¿Sin mapa como llegarían a la taberna? Tal vez el hombre se había dado por vencido y volverían sobre sus pasos. Si la aventura se terminaba ahí, se sentiría muy decepcionada, ella aun tenía y quería, disfrutar de esa peculiar compañía — … ¿tu controlas? — repitió inclinado la cabeza algo desconcertada pero viendo la confianza exudar por cada poro no pudo más que sentirse igual; su cuerpo, mente y alma estaban en concordancia con su improvisado Capitán — …. Controlalo, amo, contrólalo — le animo abrazandose más a él mientras le dedicaba una sonrisa de cachorra viendo a su dueño, si fuera mink y tuviera cola, la estuviera moviendo al sujeto — …. Ooooooh — salió de los labios de la celeste al ver el agua, sus ojos brillaron con emoción. Ella amaba todo lo que fuera líquido, todo lo que hiciera un charco y aunque no se veía profundo era perfecto para chapotear. Si le preguntaban, era mejor tesoro que el licor de caña de azúcar. El sitio estaba rodeado por rocas que se veían algo babosas, pero de resto, todo parecía un buen claro para pasar el rato. El hombre se soltó de su agarre y empezó a lavarse, no era mala idea considerando que la humedad de la selva mezclado con la zambullida en el tanque de jugo dulce, había dejado su piel pegostosa.
Los orbes ámbar lo miraron... siguiendo sus movimientos varoniles y desgarbados. No era un tipo apuesto con una belleza como la suya, pero tenía algo magnético que contrarrestaba ese detalle. ¿La seguridad en sí mismo? Tal vez.
Las palabras fueron fluyendo, era fácil conversar con el desconocido de extravagante personalidad, tal vez porque María Merlot era igual de extrovertida y estrambótica. Cuando el paisaje se hizo mas denso, el hombre guardo silencio… parecía que se tomaba enserio lo de encontrar el tesoro dentro de la selva. Así que ella lo imito, viendo a su alrededor y pegándose más y más a su brazo, porque no quería que ningún bicho o rama la tocara. A lo lejos escucho unos aullidos, y el zumbido de insectos le indicaban que no estaban solos, solo esperaba que, si salía una bestia, fuera una fea que no le doliera golpear, como por ejemplo… un mono.
— … ¿Amo? — lo llamo al ver como rompía en mil pedazos el mapa. ¿Sin mapa como llegarían a la taberna? Tal vez el hombre se había dado por vencido y volverían sobre sus pasos. Si la aventura se terminaba ahí, se sentiría muy decepcionada, ella aun tenía y quería, disfrutar de esa peculiar compañía — … ¿tu controlas? — repitió inclinado la cabeza algo desconcertada pero viendo la confianza exudar por cada poro no pudo más que sentirse igual; su cuerpo, mente y alma estaban en concordancia con su improvisado Capitán — …. Controlalo, amo, contrólalo — le animo abrazandose más a él mientras le dedicaba una sonrisa de cachorra viendo a su dueño, si fuera mink y tuviera cola, la estuviera moviendo al sujeto — …. Ooooooh — salió de los labios de la celeste al ver el agua, sus ojos brillaron con emoción. Ella amaba todo lo que fuera líquido, todo lo que hiciera un charco y aunque no se veía profundo era perfecto para chapotear. Si le preguntaban, era mejor tesoro que el licor de caña de azúcar. El sitio estaba rodeado por rocas que se veían algo babosas, pero de resto, todo parecía un buen claro para pasar el rato. El hombre se soltó de su agarre y empezó a lavarse, no era mala idea considerando que la humedad de la selva mezclado con la zambullida en el tanque de jugo dulce, había dejado su piel pegostosa.
Los orbes ámbar lo miraron... siguiendo sus movimientos varoniles y desgarbados. No era un tipo apuesto con una belleza como la suya, pero tenía algo magnético que contrarrestaba ese detalle. ¿La seguridad en sí mismo? Tal vez.
Y una cosa, ¿las escamas de tu piel por qué son? ¿Tú madre se folló a un rodaballo y eres medio pez?
Sus preguntas, la hicieron sonreír de nuevo, trayéndola a la realidad de su tan exótica compañía. No la dejo responder, porque se tiro de inmediato al agua. Salió un poco más allá, el agua le llegaba a la cintura, considerando que le saca unos buenos centímetros, su cintura seria casi el cuello de la mujer. Lo vio lavarse el cabello, tan violetas como sus ojos. Si, sin miedo a equivocarse podría decir que no era apuesto… la etiqueta perfecta para él era atractivo y magnético. Era alguien que posiblemente no volvería a ver en su vida, alguien que sería un recuerdo de Samba y esa selva… ese pensamiento la entristeció un poco, nunca había conocido a alguien como él, por eso pensar en perderlo le estrujaba el corazón… sin embargo, lo descarto con rapidez, ella disfrutaba de un día a la vez, y se regocijaría de este momento y del divertido hombre. Después de todo, solo lo sabrían ellos y nadie más, un recuerdo efímero de la Glu Glu Glu Glucosa.
— ¿Te gusta esa palabra? — le comento, saltando de una piedra a otra y manteniendo el equilibrio para no caerse, iba a entrar al agua pero aún no — Follar, follar, follar, follar, follar… como debes follar, tu madre se follo a un pez… follar follar follar follar — lo imito entre risas, porque a pesar de que evidentemente era un pervertido, no podía evitar verlo también como un payaso que la hacía reír con locuras iguales a las suyas… ¿De verdad ahora que encontraba a su alma gemela, iba a irse lejos? Parecía que sí, todo fuera por Fantasma, pero atesoraría esta interacción… y el día aún era joven — …. No sé si fue mi madre o mi padre quien se follo un pez, pero si... uno de los dos lo hizo. Y heme aquí — le respondió guiñándole un ojo con picardía, luego salto a otra roca, en la cual le costo más mantener el equilibrio pero lo logro — …. No te preocupes Travis el Travieso, lo de follar animales se quedó en mis padres. Estas a salvo amiguito emplumado — bromeo buscando al águila con la mirada y saludándola como si la entendiera — …. se ve delicioso — miro al hombre en el agua… ¿se refería a él o al rio? Nunca lo sabrían.
Sin decir nada más, la mujer se quito el chaleco tejido y lo tiro a la roca más cercana. Luego tomo la parte de abajo del vestido y fue subiéndoselo poco a poco, revelando sus piernas, luego su panty, siguió subiendo con lentitud pasmosa, dejando ver su cintura, llegando al borde de su brassier y terminando por quitarse toda la tela rojiza, que tuvo el mismo destino que el chaleco, una roca más allá de ella. Debajo de su vestimenta tenía un juego de lencería muy sencillo y unicolor (vinotinto) igual que el vestido — …. me gusta mucho mojarme, amo Tricky Grape — le sonrió con doble sentido al tiempo que metía los dedos de su diestra entre su cabello para llevarlo hacia atrás, encontrándose con su otra mano intentando hacer un moño alto, pero sin nada con que sostenerlo fue en vano; ese simple gesto, dejo aun más al descubierto cada curva de su cuerpo y su nívea piel. La fémina salto de la roca, se quitó los zapatos, y las medias dándole la espalda al hombre que seguramente lo que vería, además de su larga melena celeste, era su bien formado trasero. Luego se giro y lo miro — …. ¡Allá voy amo! — le advirtiendo tomando impulso para acortar la distancia con la resbaladiza roca de antes, en la que pretendía posicionarse y saltar… todo bien calculado, exacto porque descalza su agarre fue menor y termino resbalándose y cayendo de frente sobre la superficie del rio…
— ¿Te gusta esa palabra? — le comento, saltando de una piedra a otra y manteniendo el equilibrio para no caerse, iba a entrar al agua pero aún no — Follar, follar, follar, follar, follar… como debes follar, tu madre se follo a un pez… follar follar follar follar — lo imito entre risas, porque a pesar de que evidentemente era un pervertido, no podía evitar verlo también como un payaso que la hacía reír con locuras iguales a las suyas… ¿De verdad ahora que encontraba a su alma gemela, iba a irse lejos? Parecía que sí, todo fuera por Fantasma, pero atesoraría esta interacción… y el día aún era joven — …. No sé si fue mi madre o mi padre quien se follo un pez, pero si... uno de los dos lo hizo. Y heme aquí — le respondió guiñándole un ojo con picardía, luego salto a otra roca, en la cual le costo más mantener el equilibrio pero lo logro — …. No te preocupes Travis el Travieso, lo de follar animales se quedó en mis padres. Estas a salvo amiguito emplumado — bromeo buscando al águila con la mirada y saludándola como si la entendiera — …. se ve delicioso — miro al hombre en el agua… ¿se refería a él o al rio? Nunca lo sabrían.
Sin decir nada más, la mujer se quito el chaleco tejido y lo tiro a la roca más cercana. Luego tomo la parte de abajo del vestido y fue subiéndoselo poco a poco, revelando sus piernas, luego su panty, siguió subiendo con lentitud pasmosa, dejando ver su cintura, llegando al borde de su brassier y terminando por quitarse toda la tela rojiza, que tuvo el mismo destino que el chaleco, una roca más allá de ella. Debajo de su vestimenta tenía un juego de lencería muy sencillo y unicolor (vinotinto) igual que el vestido — …. me gusta mucho mojarme, amo Tricky Grape — le sonrió con doble sentido al tiempo que metía los dedos de su diestra entre su cabello para llevarlo hacia atrás, encontrándose con su otra mano intentando hacer un moño alto, pero sin nada con que sostenerlo fue en vano; ese simple gesto, dejo aun más al descubierto cada curva de su cuerpo y su nívea piel. La fémina salto de la roca, se quitó los zapatos, y las medias dándole la espalda al hombre que seguramente lo que vería, además de su larga melena celeste, era su bien formado trasero. Luego se giro y lo miro — …. ¡Allá voy amo! — le advirtiendo tomando impulso para acortar la distancia con la resbaladiza roca de antes, en la que pretendía posicionarse y saltar… todo bien calculado, exacto porque descalza su agarre fue menor y termino resbalándose y cayendo de frente sobre la superficie del rio…
PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSH
Fue lo único que se escuchó, casi al mismo nivel que el dolor del latigazo sobre la piel blanca de la joven, que solo pudo quedarse ahí y dejar que la gravedad la hundiera, mientras aguantaba el dolor cuyo grito se perdió entre el agua del rio. Eso dejaría una marca, y vergüenza, aunque esto ultimo le importaba poco. Conociendo lo poco que ya conocía al masculino, seguro sus burlas no tardarían en llegar. ¡Qué mal momento para ser torpe! Cuando llego al fondo se volteo, viendo las piernas del hombre desde la profundidad que le permitía ese riachuelo… tenía dos opciones, quedarse a vivir ahí por siempre… o hacerlo pasar la misma pena, para burlarse en partes iguales. Si, estaba siendo traviesa, pero en su cabeza sonaba como la mejor idea del mundo… así que nado hasta él, sujetando el costado de su pantalón corto y tiró con todas sus fuerzas de este, tanto así que esperaba hacerlo perder el equilibrio para que se fuera de lado y pudiera robar el pantalón con mayor facilidad.
Cuando la tela estuvo en sus manos se impulsó hacia el lado contrario saliendo a la superficie, el agua recorría su piel como pequeños e hipnóticos diamantes — …. Amo, creo que se le perdió algo… — saco su botín y lo ondeo al viento, mientras se reía de su travesura, una estampa increíblemente hermosa, porque cuando el agua la cubría su encanto de sirena se magnificaba o eso solían decirle. Sin esperar respuesta fue hasta la roca más cercana, y con ayuda de sus manos salió del agua y sentó sobre esta como si fuera la reina de la jungla, una reina cuya corona fue colocada por si misma, si, el pantalón del chico se lo puso en la cabeza como si fuera un sombrero, con el elástico hacia abajo; quizás en cualquier otra mujer hubiera quedado ridículo pero en la semi sirena, quien era dueña de una belleza natural solo la hacía ver aún más única y especial; claro, ahora estaba colorada por el golpe contra la superficie, pero eran detalles que no restaban sino que sumaban — … ¿me tapo los ojos para darte privacidad mientras terminas de limpiarte? — bromeo colocando las palmas de sus manos en su cara pero con los dedos abiertos, obviamente estaba viéndolo sin pudor alguno y su jugarreta se notaba a leguas.
Cuando la tela estuvo en sus manos se impulsó hacia el lado contrario saliendo a la superficie, el agua recorría su piel como pequeños e hipnóticos diamantes — …. Amo, creo que se le perdió algo… — saco su botín y lo ondeo al viento, mientras se reía de su travesura, una estampa increíblemente hermosa, porque cuando el agua la cubría su encanto de sirena se magnificaba o eso solían decirle. Sin esperar respuesta fue hasta la roca más cercana, y con ayuda de sus manos salió del agua y sentó sobre esta como si fuera la reina de la jungla, una reina cuya corona fue colocada por si misma, si, el pantalón del chico se lo puso en la cabeza como si fuera un sombrero, con el elástico hacia abajo; quizás en cualquier otra mujer hubiera quedado ridículo pero en la semi sirena, quien era dueña de una belleza natural solo la hacía ver aún más única y especial; claro, ahora estaba colorada por el golpe contra la superficie, pero eran detalles que no restaban sino que sumaban — … ¿me tapo los ojos para darte privacidad mientras terminas de limpiarte? — bromeo colocando las palmas de sus manos en su cara pero con los dedos abiertos, obviamente estaba viéndolo sin pudor alguno y su jugarreta se notaba a leguas.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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