28-12-2025, 12:38 PM
La situación está, aparentemente, bajo control. Aún así, la aparición y amenaza latente del maestro del grupo enemigo, era algo a tener en cuenta. No solo tenía el título de capitán y, por ende, era probablemente más fuerte que ambos adversarios, sino que su tamaño y musculatura demostraban que el rival estaría a la altura de las expectativas. Pero las prioridades eran evidentes. Un tres contra uno es una batalla asequible. Un tres contra tres, es una sentencia. Los piratas Sepultura lo saben.
El médico obedece a su nuevo capitán y se suma a Varo para formar una dupla de tiradores letal. El hurón evade el ataque de Atikot, que es puesto bajo control con una supresión de fuego y disparos. La piel del joven luchador resiste de forma super humana las balas, que se le clavan en la piel pero no merman su voluntad de seguir peleando. Sin embargo, el perro viejo del mink, que ya está acostumbrado a pelear con oponentes más formidables físicamente que él, opta por una estrategia que ya conoce, una que aprendió en sus días como Vicecapitán del Cabaret. Una bala de luz que, aunque no produce daño masivo, ciega a su adversario y lo pone en clara desventaja. Puede que este dueto no sea el más letal, pero si les das una apertura, la aprovechan a la perfección para dirigir el combate como directores de orquesta. Atikot, luchador fornido, se detiene en seco, no superado por el dolor, pero cegado por completo. Se cubre el rostro con ambas manos mientras se lamenta y grita desesperado, dando tumbos. Ni con esas cede, sigue en pié, dispuesto a morir por defender su barco.
Por su lado, Eros cumpliría con lo prometido. Decidido a tomar la victoria por su mano, volvería a atacar a su oponente con un ataque diminuto pero mortífero. Puede que su aspecto no sea intimidante o que su poder sea simple, pero el dominio del mismo lo han convertido en un asesino formidable y en un peleador de cortas distancias a tener en cuenta.
Las perforaciones consecutivas repercuten negativamente en el cuerpo de Setsu, que se va desangrando lentamente. Las puñaladas pesan y el muchacho de largos cabellos cede y cae derrotado, incapaz de seguir luchando. Siente como poco a poco se apaga, su cuerpo no responde como debería y se desploma. Aún con sus ojos entreabiertos se resiste a desmayarse o perder la vida, pero está completamente fuera de combate, ahora no es más que un saco de carne desinflándose, inútil.
Todo esto lo ha visto el Buccaneer, Kiroku. La montaña de músculos corre tan rápido como puede, dispuesto a impedir lo que ya es inevitable. Pero si no puede salvarlos, por lo menos vengará a sus alumnos. Eros lo encara con determinación, aunque su voz de pito y su nula envergadura consiguen lo opuesto a lo que pretende conseguir. Sus palabras se las lleva el viento y solo la muerte frenará esta guerra abierta. El monstruo se encuentra a escasos metros del roedor y la verdadera contienda está a punto de estallar.
El médico obedece a su nuevo capitán y se suma a Varo para formar una dupla de tiradores letal. El hurón evade el ataque de Atikot, que es puesto bajo control con una supresión de fuego y disparos. La piel del joven luchador resiste de forma super humana las balas, que se le clavan en la piel pero no merman su voluntad de seguir peleando. Sin embargo, el perro viejo del mink, que ya está acostumbrado a pelear con oponentes más formidables físicamente que él, opta por una estrategia que ya conoce, una que aprendió en sus días como Vicecapitán del Cabaret. Una bala de luz que, aunque no produce daño masivo, ciega a su adversario y lo pone en clara desventaja. Puede que este dueto no sea el más letal, pero si les das una apertura, la aprovechan a la perfección para dirigir el combate como directores de orquesta. Atikot, luchador fornido, se detiene en seco, no superado por el dolor, pero cegado por completo. Se cubre el rostro con ambas manos mientras se lamenta y grita desesperado, dando tumbos. Ni con esas cede, sigue en pié, dispuesto a morir por defender su barco.
Por su lado, Eros cumpliría con lo prometido. Decidido a tomar la victoria por su mano, volvería a atacar a su oponente con un ataque diminuto pero mortífero. Puede que su aspecto no sea intimidante o que su poder sea simple, pero el dominio del mismo lo han convertido en un asesino formidable y en un peleador de cortas distancias a tener en cuenta.
Las perforaciones consecutivas repercuten negativamente en el cuerpo de Setsu, que se va desangrando lentamente. Las puñaladas pesan y el muchacho de largos cabellos cede y cae derrotado, incapaz de seguir luchando. Siente como poco a poco se apaga, su cuerpo no responde como debería y se desploma. Aún con sus ojos entreabiertos se resiste a desmayarse o perder la vida, pero está completamente fuera de combate, ahora no es más que un saco de carne desinflándose, inútil.
Todo esto lo ha visto el Buccaneer, Kiroku. La montaña de músculos corre tan rápido como puede, dispuesto a impedir lo que ya es inevitable. Pero si no puede salvarlos, por lo menos vengará a sus alumnos. Eros lo encara con determinación, aunque su voz de pito y su nula envergadura consiguen lo opuesto a lo que pretende conseguir. Sus palabras se las lleva el viento y solo la muerte frenará esta guerra abierta. El monstruo se encuentra a escasos metros del roedor y la verdadera contienda está a punto de estallar.
En efecto, cajita feliz
