28-12-2025, 03:44 PM
Era dificil dividirse, sobre todo cuando por un lado, estaba la intriga a la puerta dando su llamado, y por el otro, la diversión hacía acto de presencia. Ambas situaciones tenían algo de irresistible e innegable. Claramente no podía ignorar la curiosidad e intriga que me daba aquella morena enorme y con alas frente a mí que vaya a saber uno de donde había salido y un regalo de una enana a son de qué traía... Y por otro lado, toda aquella situación de acción de aquella peliblanca, parecía ser algo super entretenido y sin dudas queria ver en que acababa. Lo mismo, la decisión había sido tomada ya, mi mano seguía erguida sosteniendo la pluma con dos dedos sobre la mesa, entre la morena y yo, aunque no podía dejar de estar al pendiente de que sucedía unos metros allí, la amenaza del tipo grandote ese era algo que sin dudas no queria perder como se resolvía...
—¿Eh? Una enana dices... Si... Ahora que lo mencionas...— respondí relajado para ahora dejarme echar hacia atrás al respaldo y con una mano rascarme la barbilla como hurgando en mis registros. Una sonrisa se dibujo en mi rostro y un breve brillo iluminaron mis ojos con emoción —¡Sí! Ya sé lo que dices...— solté con seguridad —No tengo idea de quien me estés hablando.— comenté entre risas para fijarme nuevamente con determinación en los ojos de aquella mujer grandota y oscura. —Pero si tiene sorpresas preparadas espero que sea un tesoro eh... No me vendría mal algo de oro— le dije con una sonrisa inocente y burlona, como a quien no le importa.
Mi atención nuevamente se tuvo que ver diezmada, puesto que el tipo grandote pegó un grito ahogado, y no pude evitar verlo con una mano clavada por un tenedor a la mesa y con la otra sujetando su cuerpo, con una expresión clara de dolor. ~Interesante... ¿Porqué habrá querido hacerse el héroe?~ pensé un poco extrañado observando al tipo siendo robado junto a sus acompañantes. Aunque más que esos, me llamaba la atención la albina que cometió el acto, dejando su botín como prueba de la hazaña en la mesa contigua a la nuestra y se ubicó plácidamente allí mostrando dominación y seguridad en el espacio. ¿Nos estaba mirando y sonriendo? ~Pensamiento¿Será que intentará eobarnos a nosotros también?~ divagué con curiosidad intentando descifrar a la joven. Ante la duda, yo siempre fui una persona sencilla, a sonrisa, con sonrisa se paga, así que al sonreír, un pequeño asentír con la cabeza levemente en señal de saludo.
Volviendo a mi curiosa y enorme compañía, la morena, me asomo a la mesa llamándola como quien llama a un gato en señal de secreto —¿Ya viste? Que divertido ¿No?— me interesaba saber que opinaba, mi pregunta salió disparada con naturalidad y ligereza, intentando guardar el tono bajo. —¿No fué genial lo que hizo aquella.— le pregunté sin señalar a la peliblanca ni apartar los ojos de los de la morena. —Nos está mirando... Que divertido... ¿Dices que intentará lo mismo con nosotros?— mi curiosa duda que no hacia mas que divertirme ya había volado al otro lado de la mesa. ¿El trago? Casi no había sido tocado por ninguno, habría que ver quien sería el primero en comenzar a beber realmente.
—Disculpe la demora señor... Dígame en que puedo ayudarle— dijo ni bien acercarse a la mesa una joven y apenada mesera que observaba con miedo y de refilón a la mesa de la muchacha. —Claro, no hay problema, trae un cenicero por favor— le dije mientras llevaba un cigarro a mi boca y lo encendía. Mientras la mesera se iba, viré mis ojos a ver que hacía la joven ladrona y luego a mi improvisada e inesperada compañía.
—¿Eh? Una enana dices... Si... Ahora que lo mencionas...— respondí relajado para ahora dejarme echar hacia atrás al respaldo y con una mano rascarme la barbilla como hurgando en mis registros. Una sonrisa se dibujo en mi rostro y un breve brillo iluminaron mis ojos con emoción —¡Sí! Ya sé lo que dices...— solté con seguridad —No tengo idea de quien me estés hablando.— comenté entre risas para fijarme nuevamente con determinación en los ojos de aquella mujer grandota y oscura. —Pero si tiene sorpresas preparadas espero que sea un tesoro eh... No me vendría mal algo de oro— le dije con una sonrisa inocente y burlona, como a quien no le importa.
Mi atención nuevamente se tuvo que ver diezmada, puesto que el tipo grandote pegó un grito ahogado, y no pude evitar verlo con una mano clavada por un tenedor a la mesa y con la otra sujetando su cuerpo, con una expresión clara de dolor. ~Interesante... ¿Porqué habrá querido hacerse el héroe?~ pensé un poco extrañado observando al tipo siendo robado junto a sus acompañantes. Aunque más que esos, me llamaba la atención la albina que cometió el acto, dejando su botín como prueba de la hazaña en la mesa contigua a la nuestra y se ubicó plácidamente allí mostrando dominación y seguridad en el espacio. ¿Nos estaba mirando y sonriendo? ~Pensamiento¿Será que intentará eobarnos a nosotros también?~ divagué con curiosidad intentando descifrar a la joven. Ante la duda, yo siempre fui una persona sencilla, a sonrisa, con sonrisa se paga, así que al sonreír, un pequeño asentír con la cabeza levemente en señal de saludo.
Volviendo a mi curiosa y enorme compañía, la morena, me asomo a la mesa llamándola como quien llama a un gato en señal de secreto —¿Ya viste? Que divertido ¿No?— me interesaba saber que opinaba, mi pregunta salió disparada con naturalidad y ligereza, intentando guardar el tono bajo. —¿No fué genial lo que hizo aquella.— le pregunté sin señalar a la peliblanca ni apartar los ojos de los de la morena. —Nos está mirando... Que divertido... ¿Dices que intentará lo mismo con nosotros?— mi curiosa duda que no hacia mas que divertirme ya había volado al otro lado de la mesa. ¿El trago? Casi no había sido tocado por ninguno, habría que ver quien sería el primero en comenzar a beber realmente.
—Disculpe la demora señor... Dígame en que puedo ayudarle— dijo ni bien acercarse a la mesa una joven y apenada mesera que observaba con miedo y de refilón a la mesa de la muchacha. —Claro, no hay problema, trae un cenicero por favor— le dije mientras llevaba un cigarro a mi boca y lo encendía. Mientras la mesera se iba, viré mis ojos a ver que hacía la joven ladrona y luego a mi improvisada e inesperada compañía.
