28-12-2025, 08:05 PM
Narrador / María Merlot
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¿Cuánto tiempo había pasado?
No lo sabía.
Solo podía estar quieta, esperando el fin…
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¿Cuánto tiempo había pasado?
No lo sabía.
Solo podía estar quieta, esperando el fin…
Sus ojos ámbar vieron hacia la superficie, jamás había añorado tanto algo como la luz del sol sobre su piel. Tal vez porque siempre dio por sentado que el astro rey brillaría para ella, pero ahora que estaba alejada de aquellos rayos luminosos entendía cuán importante eran para sí misma… y como las noches de luna llena, la harían pensar en quienes se había zampado en el fraguar de la supervivencia. Claro, su cabeza, un lienzo en blanco, aun tenía mucho por absorber, los últimos meses solo había estado rodeada de piratas malolientes y sin educación; algo en su interior le decía que ella no venia de un mundo así, y más cuando pudo leer el papel que tenía el Capitán Borracho entre sus manos… y aunque no lo intento, también lo supo, por instinto, que podía replicar aquellas letras o cualquier cosa que dijeran. Ahora, iba a perderse en las profundidades, encerrada en una jaula, sin nunca descubrir quién era… aunque, tampoco era importante… porque si fuera importante la hubieran buscado por tierra, mar y aire; quizás, y solo quizás, era una bastarda con una vida peor que la que llevaba ahora, porque ahora por lo menos era… libre de hacer lo que esos barrotes le permitieran.
Vio irse la luz, llegar la noche, y con ello su estómago empezó a rugir de nuevo. No quería seguir comiéndose al cadáver, su carne sabia peor y peor con el paso de los días; al principio si le supo muy bien pero ahora ya no. Solo quedaba una solución, atrapar a una nueva victima marina. Así que, continuando quieta como un coral, espero a que algo se acercará a la jaula, pero pasaron las horas, regreso la luz a la superficie y nada se acercaba, hasta que sus ojos captaron el lento andar de una estrella de mar. ¡Comida! Con un pedazo de carne del cadáver intento atraerla a la jaula, poco a poco, minuto a minuto, esa asteroidea iba a convertirse en su desayuno, almuerzo, cena, lo que fuera porque la noción del tiempo la perdió hacia muchos días. Su boca estaba haciéndose agua, y su estomago solo estaba expectante a la llegada del alimento, unos centímetros más, con un movimiento casi imperceptible saco el brazo por entre los barrotes, apenas estuviera a su alcance la atraparía y se la zamparía sin remordimiento, como hizo con los peces, como hizo con el cangrejo… ¡El cangrejo había estado delicioso! Aun podía saborear su carne, aun soñaba con un festín de branquiuras.
Vio irse la luz, llegar la noche, y con ello su estómago empezó a rugir de nuevo. No quería seguir comiéndose al cadáver, su carne sabia peor y peor con el paso de los días; al principio si le supo muy bien pero ahora ya no. Solo quedaba una solución, atrapar a una nueva victima marina. Así que, continuando quieta como un coral, espero a que algo se acercará a la jaula, pero pasaron las horas, regreso la luz a la superficie y nada se acercaba, hasta que sus ojos captaron el lento andar de una estrella de mar. ¡Comida! Con un pedazo de carne del cadáver intento atraerla a la jaula, poco a poco, minuto a minuto, esa asteroidea iba a convertirse en su desayuno, almuerzo, cena, lo que fuera porque la noción del tiempo la perdió hacia muchos días. Su boca estaba haciéndose agua, y su estomago solo estaba expectante a la llegada del alimento, unos centímetros más, con un movimiento casi imperceptible saco el brazo por entre los barrotes, apenas estuviera a su alcance la atraparía y se la zamparía sin remordimiento, como hizo con los peces, como hizo con el cangrejo… ¡El cangrejo había estado delicioso! Aun podía saborear su carne, aun soñaba con un festín de branquiuras.
Tranquila pequeña, te sacaré de aquí en un momento
La voz espanto a la estrella de mar, que inmediatamente se escapo de su alcance, y se alejo sin miramientos. Los ojos ámbar solo pudieron ver su comida irse, todo ese tiempo perdido para volver a pasar hambre… ¿Quién se atrevió a dañar su cacería? Con el ceño fruncido volteo en busca de aquella voz, y cual fue su sorpresa al encontrarse con la comida más deliciosa que había engullido hasta ahora: Un cangrejo, pero no uno cualquiera, UN CANGREJO GIGANTE. El ceño fruncido dio paso a una cara de sorpresa, y una perfecta “O” formada por sus labios. Comería por días, no... por semanas, con él comería por semanas. Si estuvieran en la superficie, el hilo de baba se hubiera visto salir de su boca pero en el fondo del mar, se perdió entre el agua, lo que no dejo de hacer fue el ademan de limpiarse la baba… una baba producto de lo delicioso que su cabeza conjugaba a su próximo festín.
No…
¿El festín había dicho algo…?
¿Con una voz muy amable…?
¿Eh?
¿El festín había dicho algo…?
¿Con una voz muy amable…?
¿Eh?
La joven se pego a los barrotes de la jaula cuando lo vio atacar… a la jaula. Golpeo aquí, y allá… ¿Que tenia contra la pobre jaula? La jaula solo estaba ahí existiendo… ¿Acaso era un malvado Cangrejo? Venia para vengar a su amiguito de hace días, el que ella se comió sin remordimientos ¡Que lindo que alguien te vengara! No, no era lindo cuando ella sería la víctima. Tenia que escapar, si esa pinza la agarraba la partiría en dos. La puerta dejo de existir, ahora había una salida solo obstaculizada por un cangrejo vengador. Mentiría si dijera que no tenía miedo, tenia y mucho… jamás había visto nada tan… grotesco como él.
Había una pinza saliendo de uno de sus brazos y una mano garrosa en la otra, en su piel protuberancias en forma de picos, y sus pies terminaban en dos pezuñas (no cinco, no seis, no cuatro, sino dos), sin contar que era rojo… muy rojo, como una rosa, pero una rosa muy fea.
Pegada de los barrotes, esperando lo peor del monstruo marino, lo vio buscar algo en su espalda. Un bolso… un bolso que empujo hacia ella, no se acercó, solo le envió esa cosa… con ¿frutas? María lo vio, miro el bolso, lo volvió a mirar a él. Dejo que sus palabras quedaran flotando en el agua. No sé movió, tampoco hizo gesto de ir a por la fruta, aunque su estomago estaba con ganas de esa comida y mucha más. ¿Y si era una trampa? ¿Y si cuando se acercará la partiría en dos con esa pinzota como hizo con la puerta? Desconfiada y recelosa, intento idear un plan en su cabecita inmadura… tal vez, si tomaba la bolsa, se la lanzaba a la cara, y con la distracción aprovechaba para salir nadando lejos…
Luego de unos minutos de silencio tácito, la chica afirmo con su cabeza tres veces, luego negó con su cabeza otras tres veces, su descolorido cabello se movió con ella. ¿Por qué lo hizo? Respondió a las preguntas de su posible asesino.
Había una pinza saliendo de uno de sus brazos y una mano garrosa en la otra, en su piel protuberancias en forma de picos, y sus pies terminaban en dos pezuñas (no cinco, no seis, no cuatro, sino dos), sin contar que era rojo… muy rojo, como una rosa, pero una rosa muy fea.
Pegada de los barrotes, esperando lo peor del monstruo marino, lo vio buscar algo en su espalda. Un bolso… un bolso que empujo hacia ella, no se acercó, solo le envió esa cosa… con ¿frutas? María lo vio, miro el bolso, lo volvió a mirar a él. Dejo que sus palabras quedaran flotando en el agua. No sé movió, tampoco hizo gesto de ir a por la fruta, aunque su estomago estaba con ganas de esa comida y mucha más. ¿Y si era una trampa? ¿Y si cuando se acercará la partiría en dos con esa pinzota como hizo con la puerta? Desconfiada y recelosa, intento idear un plan en su cabecita inmadura… tal vez, si tomaba la bolsa, se la lanzaba a la cara, y con la distracción aprovechaba para salir nadando lejos…
Luego de unos minutos de silencio tácito, la chica afirmo con su cabeza tres veces, luego negó con su cabeza otras tres veces, su descolorido cabello se movió con ella. ¿Por qué lo hizo? Respondió a las preguntas de su posible asesino.
Si a que tenía hambre.
No a que le diría su nombre.
No a que le diría su nombre.
Estirando su escuálida pierna tomo la bolsa y la atrajo hacia ella, era cierto… habían frutas, pero debía sobrevivir, así que por ahora se ceñiría al plan. Con una mirada determinada, y lista para hacer su lanzamiento y huir, la chica ejecuto lo pensando… aunque lo pensado no contaba con que, a diferencia del cangrejo, su lanzamiento no fue más allá de ella, por su poca fuerza. Así que con una mirada desconcertada vio hundirse la fruta… No salió como esperaba, pero era una distracción, así que era su turno de salir nadando de esa jaula y lo intento… se lanzó al frente…
Y…
...
...
...
Nada sucedió, al igual que la fruta, cómo una roca se hundió. Chocando con suavidad contra el piso de la celda mientras sus extremidades se movían como si le estuviera dando un ataque de epilepsia. ¿Qué había sucedido? Sencillo, la chica no sabia nadar, así que, sin ninguna habilidad en el agua, no podía ir más allá de donde estaba. Cuando dejo de retorcerse se volteo boca arriba, mirando al revés al monstruo rojizo…
— Yo… yo… — intento decir, pero ningún pensamiento lógico se formaba en su cabeza llena de pulgas marinas; después de todo, había pasado un buen rato sola… algún tornillo tuvo que zafársele… — ¿Conoces las piedras pómez? — le pregunto, girándose hacia la derecha para quedar boca abajo en la celda, y luego sentarse sobre sus piernas como si fuera a tomar el té con su… futuro comensal — … eso soy… solo calcio, poros… nada de proteína… mire mire, Señor Leviatán — levanto un brazo, dejando ver que era más huesos que otra cosa, también se quitó el cabello de la cara para que viera su aspecto demacrado y sin carne — … quizás en el siguiente acantilado, a la derecha de la pradera marina, pueda encontrar ballenas con más carnitas — recomendó como si de verdad ella supiera algo de esas aguas y pudiera dar direcciones — … Como esa que esta allá — señalo algo detrás de él, y sin detenerse a ver si este caía o no, empezó a gatear con la rapidez que la pesadez del agua le permitía para pasar por debajo de sus piernas y salir de la jaula — … ¡Soy libreeeee! — grito con emoción cuando toco el suelo arenoso, estirando las manos al cielo — … libertaaaaaaaaaaaaaaad, no seré tu comida Leviatán apestoso… — volvió a lanzarse hacia delante con la alegría que caracteriza a los niños, agito sus manos como desquiciada, y… volvió a caer de nuevo al suelo; con el vaivén del mar, como si fuera una hoja seca cayendo en cámara lenta (una vergüenza para cualquier gyojin). Cuando toco el fondo se levanto la arena a su alrededor, la chica suspiro, se volteo y se sentó mirando al enorme cangrejo… que pensó había dejado a muchos metros atrás, pero no, no se había alejado nada de él… lo miro por un segundo; había sido revoltosa, ahora seguro si la mataba — … me gustaría decir que mentí para salvar mi pellejo, pero si apesta, Señor Leviatán… ¿Me puede comer en la superficie? Me gustaría ver el sol por ultima vez… ¿y aun puedo comerme las frutas? Algo de fruta me vendria bien como ultima cena... y sino es mucho pedir, un terrón de azúcar, como postre... — le propuso con una sonrisa de mona lisa como quien se rinde… o planea alguna travesura.
Y…
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Nada sucedió, al igual que la fruta, cómo una roca se hundió. Chocando con suavidad contra el piso de la celda mientras sus extremidades se movían como si le estuviera dando un ataque de epilepsia. ¿Qué había sucedido? Sencillo, la chica no sabia nadar, así que, sin ninguna habilidad en el agua, no podía ir más allá de donde estaba. Cuando dejo de retorcerse se volteo boca arriba, mirando al revés al monstruo rojizo…
— Yo… yo… — intento decir, pero ningún pensamiento lógico se formaba en su cabeza llena de pulgas marinas; después de todo, había pasado un buen rato sola… algún tornillo tuvo que zafársele… — ¿Conoces las piedras pómez? — le pregunto, girándose hacia la derecha para quedar boca abajo en la celda, y luego sentarse sobre sus piernas como si fuera a tomar el té con su… futuro comensal — … eso soy… solo calcio, poros… nada de proteína… mire mire, Señor Leviatán — levanto un brazo, dejando ver que era más huesos que otra cosa, también se quitó el cabello de la cara para que viera su aspecto demacrado y sin carne — … quizás en el siguiente acantilado, a la derecha de la pradera marina, pueda encontrar ballenas con más carnitas — recomendó como si de verdad ella supiera algo de esas aguas y pudiera dar direcciones — … Como esa que esta allá — señalo algo detrás de él, y sin detenerse a ver si este caía o no, empezó a gatear con la rapidez que la pesadez del agua le permitía para pasar por debajo de sus piernas y salir de la jaula — … ¡Soy libreeeee! — grito con emoción cuando toco el suelo arenoso, estirando las manos al cielo — … libertaaaaaaaaaaaaaaad, no seré tu comida Leviatán apestoso… — volvió a lanzarse hacia delante con la alegría que caracteriza a los niños, agito sus manos como desquiciada, y… volvió a caer de nuevo al suelo; con el vaivén del mar, como si fuera una hoja seca cayendo en cámara lenta (una vergüenza para cualquier gyojin). Cuando toco el fondo se levanto la arena a su alrededor, la chica suspiro, se volteo y se sentó mirando al enorme cangrejo… que pensó había dejado a muchos metros atrás, pero no, no se había alejado nada de él… lo miro por un segundo; había sido revoltosa, ahora seguro si la mataba — … me gustaría decir que mentí para salvar mi pellejo, pero si apesta, Señor Leviatán… ¿Me puede comer en la superficie? Me gustaría ver el sol por ultima vez… ¿y aun puedo comerme las frutas? Algo de fruta me vendria bien como ultima cena... y sino es mucho pedir, un terrón de azúcar, como postre... — le propuso con una sonrisa de mona lisa como quien se rinde… o planea alguna travesura.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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