Stick to the status quo :: Privado :: Pasado
#1
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Narrador / María Merlot

MUSIQUITA


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Había sol…
Había brisa…
Había un cielo despejado…

Otro día más, o menos, en aquella isla que parecía que emergió de las profundidades, con sus picos, acantilados y arenas doradas. La mujer estaba encerrada en su camarote, desde que sucedió lo de Cara Melo, había estado algo cabizbaja, después de todo perder a un amigo no era fácil, y al animal le había cogido cariño sobre manera; esperaba algún día, regresar por él… y tendría esa meta en la vida, se lo había prometido, que lo buscaría, pagaría el precio de su cabeza y volverían a ser una familia; por ahora, solo tenía que confiar en que el gigante había tomado la mejor decisión, y que ahora el komashika estaba en buenas manos, unas manos que le darían abrigo, alimento y amor.

En la pared de su camarote, más allá de la jaula de oro, veía la foto de su Peluche. Descubrir que era un pirata, había sido irrelevante… descubrir su nombre (Varo Ganchin) le había alegrado el día. No sabía que había sido de él, más allá que lo vio  correr hacia un barco lejano, esperaba en el fondo de su corazón que estuviera bien, y lograra encontrar la paz y tranquilidad que la fosa de paredes falsas le arrebato. En la cabeza de la joven semi sirena, el mink era un individuo débil que tenia que ser protegido, por eso lo cuido tanto, y porque también le recordaba a Helena y Paavo, sus queridos amigos lobos; a los que no veía desde hacía mucho tiempo ya. Ahora su vista se posaba sobre los papeles pergaminos y lápices que había comprado. Tenía este deseo latente de escribir, escribir y ser leída… la información le gustaba, aunque no podía recordarla en su totalidad; en cambio, los chismes mientras más jugosos mejor se establecían en su cabeza. Ella quería contar como el vecino era infiel, o el elevado precio de la leche de vaca impedía la compra de pasteles, o tal vez entrevistar a alguien, que le contara cosas sobre su vida… ¡El periódico! Ella quería algo así pero ya era mucho soñar, por ahora se levanto y tomo la caja dónde tenía cuatro postales de Whisky Peak… con fechas y mensajes diferentes pero el mismo destinario “Esposo Rojo Granate, el mejor Marine de mi Corazón”…

¿Te diste cuenta? Como el sol brilla mucho más luego de la tormenta. Siento que el cielo tiene un azul más hermoso estos días… juraría que me robó el tinte del cabello. Con cariño, tu Esposa Azul Celeste.

Hoy estoy feliz, mis nakamas lograron sobrevivir a la tormenta. Algún día te presentare a mi Unnie, ella nos ayudará a convencer a mi hermano de nuestro falso matrimonio. Con cariño, tu Esposa Azul Celeste.

Hoy comí brochetas de fruta, estaban coloridas y había una roja como tu cabello. Quizás no lo sepas pero soy vegana. Ahora lo sabes, tenlo presente para cuando me invites a comer. Con cariño, tu Esposa Azul Celeste.

¿Sabes? Me niego a repudiar a toda una facción por las acciones de pocos. Tus ojos y los míos no son tan diferentes. Con cariño, tu Esposa Azul Celeste.

Con un suspiro se las metió en su bolsillo con cierre y que tenía un revestimiento antimojadas. ¿Y si intentaba enviarla a alguna base de la marina? ¿Cuántos pelirrojos podrían existir? Considerando que en su tripulación había uno, y en la del Cocinero había otro, seguro eran muchos… pero ella había hecho una promesa, iba a enviarle postales a su Esposo de Mentiras. Sin perder tiempo, y sin supervisión alguna. Dejo el barco y nado hasta la orilla. Ahí se seco con el sol, y comenzó a caminar hacia ningún lado en particular, total orientación y ella en la misma frase nunca coincidían, solo dejaría que el destino la guiara hacia dónde podía enviar las postales al arquero que conoció en aquel foso del averno…

Tres horas después…
Algo muy gracioso había sucedido...
Peco de ingenua, y termino en un pequeño gran problema…

En algún lugar inhóspito de la isla.

Un grupo de maleantes, posiblemente piratas, la habían encontrado vagando sin rumbo. Su sentido común le dijo que huyera, pero su corazón confió en ellos, igual… ¿Qué podría salir mal? Tenía su daga escondida entre su ropa, y sus zapatos tenían esa punta de hierro que hacia tanto daño. Bueno, todo salió mal, los tipos eran unos contrabandistas, que, aunque su principal mercancía era el licor de mala calidad, ahora querían comercializar mujeres bellas para mercaderes con mucho dinero, y justo una muy hermosa paso por delante de sus narices… tan perdida como un turista sin mapa. Así fue como termino con las manos amordazadas, sentada en el medio de la nada. ¿Tenia miedo? La verdad es que no, porque parecían… a simple vista unos novatos. Así que solo se puso cómoda mientras intentaba soltar sus muñecas de la cuerda.

Cactus…
Arenas…
Aridez…
Acantilados...
Ese lugar le recordaba al foso…

— Es muy bonita… ¿vamos a venderla? — la voz del primer tipo, un tipo robusto se dejó escuchar.

— Claro que vamos a venderla. ¿Sabes cuanto pagaran por alguien con esa cara y cuerpo?  — afirmo otro de los tipos.

— … yo no haría eso si fuera ustedes — comento con su suave y alegre voz, mientras cruzaba las piernas. La sentaron, cabe destacar, en una roca muy cómoda.

— Claro que lo vamos a hacer… aunque, ¿por qué lo dices? — hablo el que parecía ser el líder, al que diremos número 1, no tenía la apariencia de alguien malo, le recordaba a Thrym.

— … porque mis nakamas se van a molestar, y entonces ustedes la van a pasar mal… tengo sed, denme algo de agua… — indico y luego les pidió algo de beber, el tipo numero 4, fue a buscarle algo de beber y se lo dio con mucha diligencia… ¿de verdad eran tipos malos?

— Tus nakamas nos dan igual…— respondió el tipo número 2, haciéndose el valiente.

— Bueno si Algodón de Azúcar no les asusta, esta también mi hermano… él tiene muy mal humor cuando se trata de mi y que me hagan daño… — recordó a Jensen Valentine, quien sin duda mataría a todos los de esa isla si algo le sucedía a ella.

— ¿Algodón de Azúcar? ¿Un hermano? No nos asusta… miedo nos dan los supuestos karoos carnívoros que anda rondando esta zona, Dah. — recalco el tipo número 5.

— ¿Qué es un Karoo? Aunque, también esta mi esposo… es un marine… — comento, quizás su mención si causaría miedo.

— Ha ha ha ¡Mientes! — rio nervios el tipo número 1, ignorando la pregunta sobre qué era un Karoo.

— Eeeeh, jefe… no miente, mire… — le mostró el tipo número 8. Habían sacado las postales que estaban en su bolso. Mal educados esos señores.

— No sé leer tonto… — refuto el tipo numero 1 mientras veía las postales.

— Son cartas de amor, jefe… dirigidas a un tal Esposo Rojo Granate, el mejor Marine de mi Corazón. Si es la esposa de un marine… — dijo chismoseando el contenido, que bueno que no había escrito nada picante… aun.

— Vendrán los marines por nosotros. Los almirantes, y lo que venga después de los almirantes. Nos van a matar a todos por tocar a la esposa de uno de ellos — la histeria fue colectiva, todos corrían de un lado a otro; era una escena refrescante, contrario a la que su hermano, Jensen Valentine, hacia cuando nombraban esa facción… al parecer, él más bien disfrutaba de esos encuentros que terminaban en hombres de ley muertos.

— ¡Basta, Cucarachas de Mar! — grito numero 1 poniendo orden al zafarrancho — … solo debemos devolverla a donde la encontramos e irnos… no nos pasara nada. ¿Verdad, Señorita? —  todos giraron a verla, con aquellos ojos suplicantes.

— No lo sé… mi esposo parece tener malas pulgas, siempre esta serio… aunque lo comprendo no debe ser fácil ser un uniformado, siempre luchando contra el mal y esas cosas que hacen los marines… — suspiro, negando con la cabeza, lo que le dio la imagen de una esposa… incomprendida.

— ¿Es serio con usted señorita? — pregunto el cotilla del número 7.

— Si, mucho. Aunque lo entiendo, nuestro matrimonio fue algo apresurado, pero no es como que uno se case todos los días… ¿Saben? — bueno, solo lo conoció por… 60 minutos, o menos.

— Marine tenía que ser… son los malos — farfullo el tipo número 5.

— … ni siquiera tienes un anillo en tu anular — agrego el tipo número 3.

— … ¿es tan importante el anillo? — cuestiono la joven inclinando la cabeza, la respuesta le interesaba porque si estaba casada y ese era un requisito debía ir ya mismo a comprarse un aro de oro.

— ¡Claro que son importante! Simbolizan amor eterno, constante, que no se interrumpe con nada… — exclamo con emoción el tipo número 1, parecía todo un romántico.

— … ya veo, entonces, tendré que conseguir dos anillos, uno para mi esposo y otro para mi —  musito pensativamente… no sabía donde podría conseguirlos pero iba a buscarlos hasta hallarlos, y luego se lo enviaría en una de las postales.

— ¿Tu? Pobrecita, por eso dicen que las bonitas lo tienen más difícil. ¿Por qué entregaste tu corazón a un hombre tan cruel? — entre lagrimas número 7, se acerco y la abrazo a modo de consuelo.

— Ustedes no parecen malos… — cuestiono, porque viendo ese interactuar parecían más blandos que un flan.

— … no lo somos, Señorita… pero últimamente han pasado cosas, el valor del licor bajo, y tenemos que rebuscarnos. Hay familias que mantener, y la verdad es que usted es la primera mujer que secuestramos, antes de usted… nunca se nos hubiera ocurrido… el dinero mueve al mundo, Jusep tiene una hermana enferma, y Carles debe a sus acreedores… y así todos, necesitamos subsistir… — explico el tipo número 1, a lo que María solo asentía con su cabeza. Ciertamente, la vida no era negra ni blanca, tenía sus matices. Tal vez Thrym tenia problemas económicos, por eso vendió a Cara Melo.

— Lamento escuchar eso, espero pueden solventar sus problemas — les comento con bondad y una sonrisa encantadora que los escandilo, al punto de sonrojarlos y hacerles salir corazones de sus ojos. Ella era naturalmente hermosa.

Luego de esa interacción la soltaron, hablaron un rato más de la vida haciéndose amigos. Como lo imagino, y siempre confiando en su corazón, no eran tipos malos, solo… hacían lo que debían hacer para sobrevivir.  Ella se despidió, guardando sus postales en el bolsito, mientras se daba cuenta que… no sabía dónde estaba. Tenía que haberse ido con ellos, pero ya era tarde, así que empezó a caminar de nuevo, sin sentido o dirección…

Hasta que de la nada salto un animal emplumado a su camino, se parecía a un pato. Así que ella solo se agacho y lo llamo, pero cuando le mostró los dientes afilados ocultos en el pico, supo que era mejor no meterse con él — Adivinaré, eres el Karoo carnivoro… — dijo, dando un paso hacia atrás, a lo que el animal dio un paso hacia delante  — … porque no sigues tu camino, y yo sigo el mío, soy vegana, nunca funcionara lo nuestro... — dio dos pasos hacia atrás, el pato dientón dio dos pasos hacia adelante… ¿acaso la estaba viendo como su presa? Esto parecía más peligroso que los ocho piratas de papel.


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Stick to the status quo :: Privado :: Pasado - por Maria Merlot - 29-12-2025, 12:05 AM

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