[Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social
#10
¡SHR! ¡SHL! ¡SH!

[Imagen: OPSiP6W.png]
-Cuestión que el tío es un papucho, si cara fue tallada por los mis-

Su oído, aquel órgano en el que destacaba su percepción en demasía, ni siquiera dudó en percatarse del subsecuente movimiento que yacía justo a espaldas. Fue progresivo. Primero el crujir de ramas y plantas, algo que interrumpió automáticamente el diálogo del pelirrojo que proseguía intentando dar explicaciones sobre la belleza de su propio capitán (Explicaciones que nadie le pidió), luego fue la alerta mayor que fue detectar el origen de aquellos sonidos tal palpables, es decir, la izquierda del propio Owen y podía prestarse atención a un detalle que alertó en demasía al muchacho, alzando el dedo índice hacia el frente de su rostro y justo por delante de ambos niñatos de alta cuna. Su mirada se volvió perdida, abriendo los ojos de par en par como si estuviese claramente enfocándose en una marabunta que, lenta y peligrosamente, parecía resonar muchísimo más explosiva que antes.

El sonido se vuelve tan palpable que la cabeza del pelirrojo, directamente hacia el origen del mismo, se gira, pudiendo divisar una parvada gigantesca de animalejos entre emplumados y aspecto de lagartija que venían en tropel -¡!- pero no llamaba tanto la atención su aspecto o su presencia, sino, la inmensísima cantidad de estos eran -¡JODER! ¡¿Y ESTO?!- porque Owen, pese a que los había detectado hacía ya varios segundos y advertido tanto a la rubia como al peliverde con su accionar, sus ojos se abrieron de par en par y se preocuparon de verdad al divisar VARIAS DECENAS de los emplumados. La reacción era evidente: La carnada había funcionado, pero, tal vez, no de la mejor manera posible, atrayendo a animalitos que escapaban con creces de lo que podría ser un verdadero objetivo grande y llamativo...para tratar de suplicar algún tipo de complejo de tamaño, posiblemente, con la familia del clan de mercaderes para las que el muchachito mentiroso y asalvajado trabajaba momentáneamente.
No hubo piedad ni clemencia en el accionar de los pajaritos-lagartos asesinos. Incontables, tantos que Owen no dudó en ponerse de pie automáticamente se abalanzaron directamente no sobre él, sino, directamente sobre la maleta en la que yacía justo debajo de sí mismo.

[Imagen: Az6NiNg.png]
-¡JODER! ¡SON DEMASIADOS!-

De los tres, evidentemente, el primero en reaccionar fue el muchacho el cual utilizaba sus brazos para intentar protegerse de la enorme bandada de animalitos que se abalanzaban hacia él, generando una especie de capa de plumas y patas de gallina que le destrozaban su característica chaquetita roja -¡COÑOOOO!- y, obvio, en el arañar de intentar treparle y mientras iban destrozándole la ropa, también, se devoraban aquello que yacía justo adentro de su prenda: El pan artesanal que se había robado con tanto ahínco. Sí, se lo había robado, completamente inesperado -¡MI PAN ARTESANAL! ¡HIJOS DE MIL PUTA!- Owen, comenzando a molestarse en lugar de estar impresionado por los animalitos y mientras mantenía una expresión de dolor producto de la inmensa marabunta de arañazos y capas de lagartos emplumados que le envolvían y, a su vez, depredaban todos y cada uno de los elementos de la pesadísima maleta, podía escuchar el inmenso caos provocado no solamente por el ruido de los artefactos metálicos que salían despedidos simplemente por la presión del empuje entre los cuerpos de los animales, sino, por los propios niños pijos que, automáticamente, reaccionaron de forma completamente aterrada ante lo evidente.

Owen, incapaz de poder ver del otro lado pero verdaderamente mosqueado por estar sufriendo el devore de los restos del pan artesanal del que antes se estaba comiendo un trozo, teniendo el sentido del tacto al rojo vivo producto de cada arañazo y acometida sufrida por los emplumados y con el oído atrofiado por el graznido mezclados con el caos, repentinamente, se encendió -No...les perdonaré...- la silueta del pelirrojo, envuelta en plumas, se redujo hasta volverse un pequeño montículo oscilante, como si fuesen cientos de hormigas sobre una fruta.

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-...QUE SE HAYAN COMIDO MI PAN!-

¡TUFM!, la silueta de Owen apareció de entre la inmensa cantidad de plumas, pliegues escamosos y piernas. No solamente tenía su chaqueta roja semi-destruida, raída con mayor profundidad desde su pecho donde su famoso pan artesanal yacía y que había sido consumido casi por completo, dejando entre migajas y trozos picoteados, sino, también, por la tierra seca que aún yacía en su cuerpo y, producto del sudor y del movimiento animal, parcialmente, se había caído y perdido, dando reemplazo a heridas y cicatrices de arañazos por doquier. Todos los animales que le envolvían salieron volando en direcciones aleatorias cuando levantó su cuerpo y brazos con fuerza, quedando con los mismos estirados al cielo y, el muchacho, con una expresión envuelta en esa ferocidad algo caricaturesca que tanto le caracteriza. Varios de los animalitos impactaron contra plantas, otros contra troncos de los árboles...pero aún habían demasiados, muchísimos, y la enorme mayoría jamás estuvo, siquiera, concentrado en el propio pelirrojo para poder realizar el "gankeo masivo" que le habían hecho -¡¿ASÍ QUE QUIEREN LA REPUTÍSIMA MALETA?!- el chico se había encendido y podía verse en esa fogosidad en su rostro, viendo todos esos picotazos descontrolados sobre el compartimiento gigante y marrón al igual que algunas "gallinas prehistóricas" se pisaban las unas con las otras en el fragante desespero por querer obtener una mínima porción.

No dudó, ya que antes estaba sentado sobre una de las partes que tenía una de las dos partes de la manija del compartimiento en tomarla -¡¿PORQUÉ NO MEJOR- y, alzándola con muchísima fuerza, se podían ver cómo, en lugar de caer agua en cascada, caían gallinitas prehistóricas que aún peleaban y escalaban entre sí para alcanzar cualquier trozo de ese alimento tentador. Owen no tuvo ni piedad, ni clemencia, y con la maleta abierta de par en par, haciendo que esta tenga el doble de longitud que ya tenía (Cuando ya de por si era enorme desde un principio) empezar a girar sobre su propio eje para realizar un barrido en escaneo que empezó a golpear a todos y cada uno de los bichitos alados -SE COMEN ESTA PUTA MIERDA?!- porque siempre que se envalentonaba, aparte de volverse nervioso, su excelso manejo del lenguaje salía a flote. ¡PLAS! ¡PLIS! ¡TUMB!, algunas quedaban aplastadas por el barrido, trozos de hojas se cortaban por el impacto y el sonido del corte del fuerte movimiento sobre el viento generaba un abanico inmenso y amarronado que hacía volar a las decenas de animalejos en direcciones aleatorias. Muchas de ellas, derrumbadas, golpeadas contra cualquier árbol y planta en sus cercanías, otras pegadas al suelo, y otras, simple y llanamente, huían por preservar su supervivencia. El caos estaba servido, el pelirrojo, algo sudado, hacía que la poca tierra faltante fuese desapareciendo progresivamente sobre su rostro y, aprovechando el giro que había estado realizando con su propio cuerpo, divisó a uno...uno muy puntual a exactamente cinco metros de su ubicación -¡¿QUÉ COJONES HACES- uno que tenía un trozo de pan, justamente, en su boca -CON MI PAN?!- y, sin siquiera dudarlo un segundo, aprovechando el giro de su propio cuerpo y con la inercia obtenida del mismo, lanzó el masivo objeto para que, luego de impactar, le aplastase contra el mismo hasta estamparse contra un selvático árbol que se sacudió con el impacto, manteniendo su posición inicial.

[Imagen: bb5f2389c8a00866d334684893b4def3.jpg]
-Ven aquí.-

Su mirada volteó, ya no tenía tierra en su rostro y su chaqueta estaba bastante maltratada. Justo delante de él quedó una de esas gallinitas peludas que parecía haber querido a jugar ser Dios más de la cuenta, puesto que aprovechó que el resto de sus aliadas en la parvada habían desistido para seguir alimentándose de los lujosos restos de aquella maleta. Tomándola del cuello, pudo escucharse un chirrido del mismo mientras el pelirrojo le apretujaba con un poco de fuerza, haciendo que se sacuda con intensidad, aleteando y defendiéndose de la maniobra del muchacho -Dónde se fueron esos dos energúmenos...- el chico, mirando en múltiples direcciones, intentó divisar una pista, por nimia que sea...hasta que sus ojos celestes, por suerte o por desgracia (Y mientras el aleteo desesperado del animalejo aparecía y desaparecía en escena), observó hilajos enredados y maltrechos dorados sobre varias de las ramas de un árbol a muy pocos metros de distancia de su posición inicial -...se habrá quedado pillada y siguió corriendo.- analizó fugazmente, mientras empezaba a caminar con bastante prisa, el ceño fruncido y decisión exactamente en la dirección donde las ramas parecían estar generando un pequeño sendero a lo "Hansel Y Grettel" pero del subdesarrollo, esperando que, si seguía en aquella dirección, tarde o temprano siguiese topándose con los cabellos de la muchachita hasta encontrar su melena parcialmente raída.

Sí, Owen no soltó a la gallina prehistórica de su mano izquierda. Así sufriese arañazos, aletazos y picotazos, la iba a tener capturada y usarla como guía, tal vez, para el alfa de su especie. Al menos esa era la idea inicial -Venga, llama al mejor de tu grupo, le partiré su mandarina en gajos.-.

Desactiva la bomba
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]


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RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - por Owen Yang - 29-12-2025, 01:37 AM

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