InDía 40 de Invierno, año 16
Es tarde, el sol ya se está escondiendo y caminar entre esa multitud siempre ha sido un poco fastidioso, me miran con una sonrisa y me saludan con un “Hola, cómo estás?” Y otros dicen “te acuerdas de la otra vez cuando…?” Pero no, no me acuerdo, al menos si me acuerdo de la vez que… pero no me acuerdo de este tipo, me hablan como si me conocieran, y ya me está entrando un poco de susto, se pone un poco raro que algunos me comenten cosas de las que si me acuerdo que hice, pero no sobre ellos, más me pone nerviosa algunas mujeres que hablan sobre habernos dado unos besos, pero eso no puede ser verdad, debería estar muy borracha para atreverme a hacer esas cochinadas, ni siquiera lo he hecho con el chico del que estaba locamente enamorada… soy toda una virgen, una monja.Mi caminata terminó hasta el final de la calle y al otro lado sería la selva, llena de árboles altos con frutos, vegetales verdes al rededor de los troncos y arbustos frondosos, pero también había un cartel con unas palabras escritas, que por lo menos pude entender al leer, que ponía “Bienvenidos a la cascada de…” ¿de qué carajos decía? ¿Eso es un nombre? No entiendo para nada lo que dice, hasta me costaba pronunciarlo, pero qué importaba saber, lo importante es que decía algo de una cascada, cosa que me animó a entrar, porque las gotas de sudor que emanaban de mi cuerpo era el claro efecto de que me estaba cagando se calor y el agua es lo que necesitaba. Esta parte de la selva tenía unas pequeñas cuerdas con unas luces, puestas a la altura de la cadera para ¿guiarme tal vez? por el camino sin perderme, pero claro, terminé tropezando casi de inmediato con algunas de estas mierdas decorativas. Malditas lucesitas, me enredé un par de veces, pero también saqué algunas frutas que encontraba en el camino, por si me moría de hambre.
Andaba muy quejona porque el calor me estaba jodiendo la mente y sentía que mis tetas, que normalmente son firmes y perfectas, se estaban volviendo débiles por culpa de este clima asqueroso, asi que necesitaba en serio del agua fría, todo por mis tetas, para que volvieran a ser las chicas hermosas de siempre. Miau. Por suerte el ruido del agua chocando contra las piedras empezó a ensordecer mis pensamientos mientras me abría paso entre las plantas y por fin llegué a un claro donde había una cascada pequeña que caía en una especie de piscina creada por la naturaleza, y la verdad es que ya era hora de haber llegado, sentía que me iba a derretir.
Lamentablemente no estaba sola, habían unas mujeres relajadas en la piscina, pero mi urgencia por refrescarme era taaanta que corría a la orilla… Pero… no, no salté de golpe, porque no soy tan estúpida como para no comprobar primero la profundidad de este hueco lleno de agua helada. Entonces, como una cobarde, metí un pie con mucho cuidado, hice una mueca de miedo que seguramente fue muy evidente, ya que una mujer que estaba metida en la piscina se puso a reir de forma descarada, y yo también me reir sin saber de qué se reía ella, pero entonces la mujer se levantó y se me quedó la boca abierta al ver que estaba totalmente desnuda… Ah no, no estaba desnuda, solo tenía un bikini tan delgadito y blanco que no se le veía. Pero se veía sus pechos grandes y todo hasta más abajo del ombligo, notando que a ella el agua le llegaba casi por las caderas. Caminó con delicadeza hacia mí y me puso su mano en su cadera para empujarme y guiarme. Me quedé como tonta y dejé que me jalara hacia otro extremo de la piscina y aunque normalmente habría insultado a cualquier desconocido que me tocara sin permiso, esta vez me quedé callada, hipnotizada con su boca.
Era una mujer morena y bonita, bastante desconocida, pero amable. La miré como empezaba a hundirse y la acompañé, las dos nos arrodillamos al mismo tiempo, mientras que también notaba que el agua me tapaba totalmente los pechos. —¿Ves? No hay nada que temer, tengo una hermana que no sabe nadar y entiendo que puedas estar pasando por lo mismo, no te preocupes— Decía, como si yo fuese valiosa, y lo era, me gustaba mucho que me cuidaran de esta forma, y por inercia le lancé un beso. Ella solo se rió y nos relajamos las dos en la orilla, cagadas de la risa. En ese entonces cuando la mujer llama a alguien, aparece un mesero junto con unas copas con liquido medio amarillo dentro y nos lo entrega a las dos. —Vamos, pruébalo, te gustara— Le hice caso, ¿como no hacerle caso a una hermosa mujer? Tomé un sorbo y sí, su sabor estaba delicioso, era dulce y frío.
