Rememorando y regateando [T1 Autonarración]
#1
Día 58 de invierno, Año 16

El regreso a isla Samba Era algo que había echo sonreir durante todo su viaje a Hiiragi, una vez más se encontraría en la isla que la vio ser libre por primera vez hace más de dos años atras. Se encontraba llevando el pequeño bote de remos una vez más, aquella pequeña enbarcación que le permitia transitar por el rio que dividia la isla del Reino Samba con cierta facilidad adicional, tan pronto como llego a la altura de la zona residencial donde planeaba desenbarcar y arrastrar su bote para que estuviera seguro en caso de una subida del rio, aunque no era necesario la mujer conejo había aprendido a ser precavida incluso cuando no era necesario a ojos de otros.

-Muy bien, lo primero será recorrer un poco la zona baja como la ultima vez, veré de vender algunas baratijas si es posible y dejaré para más tarde ir de nuevo al salon de baile o la casa de aquel amable señor que me ayudo tanoto la ultima vez.- Con lo habladora que era la oji rubi era normal que hablace para si misma sin cesar una y otra vez, los viajes largos la mantenian bastante sola y eso solo empeoraba sus ganas de parlotear incesantemente. Finalmente terminó de arrastar el bote a un lugar suficientemente seguro para que robarlo fuera una molestia y con seguridad una subida del rio no pudiera causarle daño alguno. Entonces llegó la hora de revisarse a sí misma, para aquel día Hiiragi llevaba su cabello algo dañado y sucio por el largo viaje entre mar y rio, su atuendo estaba compuesto por un poncho que cubría la mayor parte de su cuerpo, al menos hasta la altura de los muslos como haría una falda corta pero no tan corta, por calzado llevaba unas punteras muy practicas.

Todos los que la miracen podrían verel poncho complicarse para ocultar un par de grandes atributos en frente de la muchahca con orejas de conejo, ella traia a su espalda dos paquetes, una mochila al aprecer llena de diversas cosas reunidas a lo largo de sus viajes y un objeto envuelto en harpillera que a simple vista podía suponerse eran un puñado de cañas de azucar resguardadas o simplemente algun objeto largo como un instrumento musical, los más atrevidos podrían pensar en un arma, pero solo aquellos que no confiacen en la sonriente y agradable expresión de la Humink que sonreia y saludaba a quienes tenían la fortuna de camino permitiendole aparentar ser una persona de lo más infoensiva y agradable a los ojos de quienes por primera vez la veian.

El tiempo pasó mientras ella recorria las calles de la zona menos favorecida del Reino Samba hasta que llegó a un pequeño establecimiento de variedades pero que se especializaba en cuchillos, armas de filo y su mantenimiento -Hola, muy buenas tardes señor- comenzó saludando la jovencita al hombre de nos cuarenta y largos que estaba detras del mostrador en el edificio de madera lleno de objetos filosos, piedras de afilar y herramientas para dar mantenmiento de toda clase de formas al equipamento en que se especializaba -Buenas tardes para usted tambien jovencita.- contesto de forma breve pero cordíal mientras hacia un gesto a la coneja para que se acercase al mostrador donde él se encontraba -Encantada de conocerlo, soy Hiiragi y espero que sea un gusto hacer negocios con usted.- respondio por su parte la humink mientras dejaba de lado su carga tanto en mochila y carga. El hombre la miro con curiosidad mientras la joven sacaba cuchillos de cocina, de carne y algunos machetes sencillos pero bien frabricados, todos acompañados de las fundas correspondientes -En el pasado estuve en el Reino Torino y tuve la oportunidad e obtener algunas herramientas de trabajo muy bienas, recordé que aquí se usaban muchos machetes o incluso cuchillas de cocina grandes cuando la persona no podía costear un machete para cortar la caña de azucar en los coampos.- el hombre de cabello negro interrumpido por algunas canas comenzó a revisar uno a uno los cuchillos y machetes separandolos de un lado a otro para revisar la calidad de los diversos objetos.

Hiiragi paso alrededor de una hora en esa tienda simplemente esperando a que el vendedor tazar los objetos y decidiera cuales quería o deseava agregar a su mercaderia, la mujer conejo no interrumpio la labor del comerciante más experimentado por respeto pero aprovecho la ocación para ir aprendiendo cuanto podía ella misma de los cuchillos, machetes, tipos de filos, el mantenimiento que necesitarían dichas herramientras entre tantas otras cosas como el nombre del vendedor que era "Quintus" al estilo de esas culturas que nombran a sus hijos por el numero en el orden de nacimientos antes de darles un segundo nombre que los represente más, sin embargo aquel vendedor parecia haber abrazado su nombre con cierto cariño que se reflejaba en el estado de la tienda donde varios articulos se encontraban en multiplos de cincos y habia artiuclos u ofertas relacionadas tambien con el numero cinco, una gimmik que hacia sonreir a la coneja pues le demostraba que incluso un vendedor curtido seguía siendo un hombre con hobbies.

El tiempo pasó si ninguna clase de inconveniente exceptuando un cliente que interrumpio el proceso de tasasión y se intereso en una de las cuchillas que había traido la coneja, que silenciosamente dejó a Quintus vender por el precio que él considerara apropiado. Una vez el lciente se retiró una gran sonrisa se dibujo en el rostro de la Humink -Parece que mis productos son de suficientemente buena calidad para que puedas venderlos rápidamente y no tengas que desperdiciar tu tiempo haciendoles mantenimiento Quintus, eso es bueno para el negocio- dijo felizmente la chica conejo mientrsa el hombre mayor se rascaba la nuca -En eso tienes razon Bunny girl, supongo que si no lo compro yo, habrá otros interesados, así que será mejor que aproveche la oportunidad de cerrar este negocio contigo... veamos los números finos.- dijo mientras hacia unn gesto a la peliblanca para que se acercara al mostrador y ponía una hoja de "papel" hecho con pulpa de caña de azucar bagamente cocinada, del tipo que despues de usarlas se vuelven a hacer pulpa para reutilizar el material la mayor cantidad de veces posibles, una forma de ahorro para la gente que no podía costear andar comprando grandes cantidades de papel y simplemente arrojarlo a la basura sin más.

La platica sobre el pago se extendió largo y tendido, las idas y vueltas entre los dos comerciantes parecian no tener interese en detenerse prontamente, pasaron otras dos horas durante las cuales lientes entraban al lugar atraidos por el serivicio que necesitacen pero aún más por el ruido de escuchar a Quintus discutir con una mujer, la curiosidad de los transeuntes era una buena forma de publicidad en un lugar como aquel -Sigue siendo demasiado, al menos dame uno de los cuchillos gratis para garantizar la ganacnia o busquemos otra alternativa, aquí no van a venir ricacochenes a los que les venda estas cosas a precio completo y lo sabes bien.- insistia el comerciante ya establecido en la isla mientras la viajera de orejas de conejor se cruzaba de brazos mirando los brazos de Quintus que parecia reflejar la misma postura de ella a modod de defensa contra lo que ella intentase comentar para resolver el asunto.

-En ese caso ¿Te parece que negociemos otro metodo de pago que no te cause tantos problemas?.- el comerciante de cuchillas de ojos café dedico un rato a ccontemplar lo dicho por la jovencita antes de acariciar su menton de forma pensativa, haicendo que la oji ruby notara la falta de joyeria en los dedos de vendedor -¿De casualidad tu no estas casado verdad? ¿Y vives solo?- el hombre la miró un poco confundido y luego nego con la cabeza -Nah, me divorcie hace años y mi hijo tuvo suerte de casarse en consiguiendo un trabajo con una familia ganadera así que vivo solo desde hace casi un a decada.- explicó sin terminar de entender a donde iba la pregunta de Hiiragi durante un momento antes de entre cerrar los ojos con desconfianza -¿Qué estas sugiriendo?- la Humink sonrio ampliamente antes de acercarse más al comerciante y empezar a hablarle en un tono seductor.

Luego de un rato más conversando los dos llegaron a un acuerdo -Por los mares más bravos, eres un hueso duro de roer Quintus, pero acepto tus terminos, además trabajaré aquí dos días para llamar la atención de la gente... Al menos yo conseguí tambien lo que quería y necesitaba, así que no tengo derecho a quejarme, dinero, alojamiento y tiempo para acostumbrarme así como tratar de hacer algunos contactos en la isla, me hubiera gustado ganar más berries, pero supongo que es un trato razonable jeje- se rio la joven que había hecho sudar por cada moneda a Quintus, bueno cada berrie y cada beneficio para la estadía de la coneja en su hogar.

Así pues la chica conejo salió de la tienda con el compromiso de regresar antes del anochecer para acompañar al comerciante mayor a su hogar, habíen dejado al vendero de filos más de la mitad de la mercancia que había podido obtener en su estadía en el Reino Torino hacia ya un buen tiempo. Con aquello resuelto Hiiragui se dispuso a pasear por otros negocios, vender algun cuchillo particular o alguna herramienta en casos concretos, pero no quería liquidar aún toda su mercancia pues planeaba intentar visitar la zona más acaudalada del reino en un par de días para vender a precios exhorbitados aquellos produtos, su paseo por la zona menos agraciada economicamente del reino le permitio recordar de donde venia, a donde iba y sentirse una vez más en sintonia con su entorno, sin embargo el calor la estaba empezando a agobiar y deseaba liberarse de su poncho lo ates posible, pero mantuvo el autocontrol suficiente para quitarselo en publico sin razón.

Llegó el atardecer y tanto Quintus como Hiiragi se encontraban en la puerta ya cerrada del establecimiento tenía su tienda, recorrieron un buen puñado de calles apartandose de la avenida principal para llegr a una choza de madera que podría contener facilmente a una familia de tres pero dificilmente a más gente, el camino estaba lleno de tierra por la falta de mantenimiento y la entrada tenía algo de lodo seco que delataba cuan poco se preocupaba por ciertas cosas del lugar el vendedor de cuchillos y complementos -Bienvenida Hiiragi, sientente como en casa porque lo será por un par de días.- agrego el hombre mayor mientras entraba despreocupadamente a su hogar, dando la espalda al a joven escucho el golpe seco de la mochila cayendo al suelo y los supspiros agotados de la viajera que cerró la peurta tras de si -No podía aguantar más el calor- dijó la conejo antes de arrojar el poncho sobre una silla, quedando ella solo cubierta por un juego de ropa interior y las botas de combate que procedió a quitarse tambien con gran velocidad, tomando por sorpresa a Quintus cuando se diece la vuelta -Vaya, te habías estado quejando del calor pero no imagine que fuera para tanto.- comentó relajadamente mietnras sin discimulo aprovechaba la oportunidad para observar todas y cada una de las curvas de la humink, especialmente aquel enorme par de razones que arrastraban la mirada de los hombres al pecho de la peliblanca -¿Te molesta ir vestida a la tienda así? Estoy seguro de que atraeremos mucha más gente así.- dijo medio bromeando medio deseando poder apreciar aquellas curvas y piel tersa que la juventud de Hiiragi ayudaba a mantener -Creo que llevaré un traje de baño en lugar de ropa interior, pero si, lo agradeceria para poder trabajar mejor y no tener que cocinarme a lo largo de estos días.- dijó la joven aceptando la propuesta sin dudas ni miramientos.
Código:
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-Habla #BF5741- / -38A0C2 Piensa-
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Rememorando y regateando [T1 Autonarración] - por Hiiragi Kaminari - 29-12-2025, 02:33 AM

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