29-12-2025, 05:46 AM
Poco a poco se separó, lo soltó, viendo cómo se iba alejando de él. Contempló la toalla que le extendía y la utilizó para terminar de secarse el cabello. —En realidad, suelo estar ocupado, pero no me importaría aplazar algunas cosas. — porque así había sido siempre. Aún así, sus ojos se volvieron más lejanos, cansados. Se tuvo que frotar los ojos. —No te recomiendo estar en mi posición, te lo dije la última vez. — No quería imaginarse la idea de ser perseguido eternamente, con el riesgo a ser asesinado. Mucho estaba arriesgando, de hecho, al tenerlo cerca de él.
Sus cejas se elevaron. ¿Pintor? Aquello fue inesperado. Dejó la toalla sobre sus hombros, buscando la cercanía de nuevo, queriendo volver a sentir su tacto. —Creo que… fueras lo que fueses, te quedaría, y con una obra de arte como tú… — su mano se elevó, acariciando su cabello con dulzura, dejando que la humedad del mismo se deslizara de entre sus dedos. —No sería imposible. Me pregunto qué cuadros harías. ¿Unos cargados de vida? ¿Atardeceres llenos de otoño? ¿O quizás el propio mar, las islas llenas de fauna…? — Sus ojos se suavizaron de nuevo, solo para sentir que se alejaba. Apretó los labios, viéndolo de espaldas. ¿Lo estaría agobiando, quizás?
Lo vio alejarse, la puerta abierta de par en par, la puerta abierta, los pasos ajenos los podía escuchar con claridad. ¿Habría tocado algún tema sensible? Ciertamente, ahora que lo pensaba, no le conocía lo suficiente lejos de lo que era su labor, y se podría decir casi lo mismo del contrario. Sus pasos lo llevaron a verse al espejo. Se veía como… si fuera otra persona. Una expresión que no se había visto nunca a sí mismo, con el cabello húmedo, en silencio, los ojos relajados, rostro casi sonrojado. ¿A quién diantres estaba viendo? ¿Realmente estaba siendo él? Elevó la toalla, pasándosela por encima de la cabeza, secándose el cabello lo más rápido que le fue posible hasta que, finalmente, salió del mismo modo que el contrario, con una rodeando su cintura.
Fue cuando pensó en el contrario. En su caso tenía pijamas de sobra, pero no de tallas que no fueran suyas o de su propio jefe. ¿Le cabría algo? La diferencia de alturas no era tan diferente entre ambos, posiblemente Jin era más alto por algunos centímetros de más. Tomó un pijama, solo de cintura para abajo, pero otro completo a un lado de la cama que preparó para Tezca y se lanzó sobre la cama, boca abajo. Su rostro, hundiéndose en su propia almohada y su mente, ahora, divagando entre el recuerdo de todo lo que había hecho. Ni siquiera estando Tezca en casa podía permitirse el lujo de olvidarlo, no como, casualmente, el mechero que le había reparado, el mismo mechero que ahora reposaba por el camino que Tezca debía recorrer. El mismo que ahora atesoraba, inconscientemente, por el pequeño detalle, pese al encuentro que tuvieron. El mismo que antes de la aparición del rubio dejó sobre la mesa, ahora siendo iluminado por los cristales de las grandes ventanas, con el brillo único con el que pasaba desapercibido.
Elevó la cabeza, volteando su cuerpo, ahora con los ojos clavados en el techo. ¿Cómo sería despertar de nuevo con él en brazos, pero en su propia cama? Ahora olería más a él, podría disfrutarlo, verlo cocinar. Soprendentemente, no le parecía tan mala idea. Se sentó, tenía que prepararle el lado de la cama a Tezca. ¿Qué era ahora? ¿Un niño? Ni siquiera de niño había tenido una amistad que pudiera compartir cama, no lo había hecho nunca y, por primera vez en su vida, se vio frustrado de no saber cómo hacerlo. Apretó sus labios, ahora sus ojos directos hacia el pijama que había retirado, perfectamente doblado a los pies de la cama. Suspiró, solo era… un momento, no tenía por qué verlo. Solo había ido a por agua.
Tomó el pijama en una de sus manos, manteniendo el cuidado de que la doblez no se estropeara y, desde la zona superior de las escaleras, habló. —Tezca, tienes un pijama, pero no sé si te cabrá. Deberías probarlo por si acaso.
Sus cejas se elevaron. ¿Pintor? Aquello fue inesperado. Dejó la toalla sobre sus hombros, buscando la cercanía de nuevo, queriendo volver a sentir su tacto. —Creo que… fueras lo que fueses, te quedaría, y con una obra de arte como tú… — su mano se elevó, acariciando su cabello con dulzura, dejando que la humedad del mismo se deslizara de entre sus dedos. —No sería imposible. Me pregunto qué cuadros harías. ¿Unos cargados de vida? ¿Atardeceres llenos de otoño? ¿O quizás el propio mar, las islas llenas de fauna…? — Sus ojos se suavizaron de nuevo, solo para sentir que se alejaba. Apretó los labios, viéndolo de espaldas. ¿Lo estaría agobiando, quizás?
![[Imagen: Fa7m6Lo.png]](https://i.imgur.com/Fa7m6Lo.png)
—Claro… La cocina está abajo, no tiene pérdida.
Lo vio alejarse, la puerta abierta de par en par, la puerta abierta, los pasos ajenos los podía escuchar con claridad. ¿Habría tocado algún tema sensible? Ciertamente, ahora que lo pensaba, no le conocía lo suficiente lejos de lo que era su labor, y se podría decir casi lo mismo del contrario. Sus pasos lo llevaron a verse al espejo. Se veía como… si fuera otra persona. Una expresión que no se había visto nunca a sí mismo, con el cabello húmedo, en silencio, los ojos relajados, rostro casi sonrojado. ¿A quién diantres estaba viendo? ¿Realmente estaba siendo él? Elevó la toalla, pasándosela por encima de la cabeza, secándose el cabello lo más rápido que le fue posible hasta que, finalmente, salió del mismo modo que el contrario, con una rodeando su cintura.
Fue cuando pensó en el contrario. En su caso tenía pijamas de sobra, pero no de tallas que no fueran suyas o de su propio jefe. ¿Le cabría algo? La diferencia de alturas no era tan diferente entre ambos, posiblemente Jin era más alto por algunos centímetros de más. Tomó un pijama, solo de cintura para abajo, pero otro completo a un lado de la cama que preparó para Tezca y se lanzó sobre la cama, boca abajo. Su rostro, hundiéndose en su propia almohada y su mente, ahora, divagando entre el recuerdo de todo lo que había hecho. Ni siquiera estando Tezca en casa podía permitirse el lujo de olvidarlo, no como, casualmente, el mechero que le había reparado, el mismo mechero que ahora reposaba por el camino que Tezca debía recorrer. El mismo que ahora atesoraba, inconscientemente, por el pequeño detalle, pese al encuentro que tuvieron. El mismo que antes de la aparición del rubio dejó sobre la mesa, ahora siendo iluminado por los cristales de las grandes ventanas, con el brillo único con el que pasaba desapercibido.
Elevó la cabeza, volteando su cuerpo, ahora con los ojos clavados en el techo. ¿Cómo sería despertar de nuevo con él en brazos, pero en su propia cama? Ahora olería más a él, podría disfrutarlo, verlo cocinar. Soprendentemente, no le parecía tan mala idea. Se sentó, tenía que prepararle el lado de la cama a Tezca. ¿Qué era ahora? ¿Un niño? Ni siquiera de niño había tenido una amistad que pudiera compartir cama, no lo había hecho nunca y, por primera vez en su vida, se vio frustrado de no saber cómo hacerlo. Apretó sus labios, ahora sus ojos directos hacia el pijama que había retirado, perfectamente doblado a los pies de la cama. Suspiró, solo era… un momento, no tenía por qué verlo. Solo había ido a por agua.
Tomó el pijama en una de sus manos, manteniendo el cuidado de que la doblez no se estropeara y, desde la zona superior de las escaleras, habló. —Tezca, tienes un pijama, pero no sé si te cabrá. Deberías probarlo por si acaso.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
