29-12-2025, 06:24 AM
Terminé de tomar el vaso, sintiendo mi sed saciarse cuando me enfoqué en la puerta. No estaba tan lejos, ni cerca, pero aparecía como una posibilidad ¿Debía irme? No. No debía, estaría traicionando a Jin, pero realmente tampoco podía decidir si quedarme: Quedarme era seguir hundiéndome en sus brazos, besarlo, confiar en el… quedarme era comprometerme a algo que… nunca funcionaba ¿no es así, Aleksei? No, aquí no importaba, había pasado hace tiempo ¿Por qué seguía pensando en eso? Rápidamente me serví otro vaso de agua, tomándolo rápidamente para soltar un suspiro y dejar el vaso sobre la mesa. Lo lavaría más tarde, si seguía pensando tanto me marearía, por eso no me gustaba pensar.
Decidido, subí las escaleras con cuidado, sosteniéndome del barandal hasta finalmente regresar a la habitación, mirando al hombre con el pijama preparado para mi a un costado. —No te preocupes, lo que sea está bien… gracias. — Murmuré lo último, quitándome la toalla para dejarla sobre la primera silla que viera para cambiar al pijama. Era cómoda, muy cómoda y me quedaba ligeramente grande; Al sentirla contra mi piel ya me sentía ligeramente adormilado, mientras me adueñaba de uno de los lados de la cama un tanto incomodo, mirando al techo. No estaba acostumbrado a dormir en un lugar tan… hogareño y cómodo, ni siquiera mi propia casa se sentía así, ni siquiera estoy tan seguro de haberme sentido así con él ¿Cómo fue esa vez? En esa isla que ni siquiera quiero recordar el nombre y que por suerte el señor Okiomi nunca se enteró. A veces pienso que fue febril, solo dos jóvenes siendo estúpidos y aún así, justo ahota tenía que recordarlo, no con ningún otro; solo con Jin. Era una tontería, no se parecían en nada. Aleksei era rubio, bronceado, delgado… demasiado inteligente para mí. Jin es más alto, pelinegro y… oh no. También es muy inteligente.
Comencé a sentirme cansado en el silencio, si había dicho algo realmente no lo hubiera escuchado, para finalmente cerrar los ojos. —Si, lo que tu digas está bien… ¿me entiendes? — Respondí adormilado, solo por si había dicho algo, no quería parecer ignorante a sus palabras. Lo esperé a mi lado, acurrucándome en su pecho para dejar un suave beso sobre su clavícula. — Intenta dormir, descansa, Alek… —Eso me despertó de golpe, separándome un poco con los ojos como platos, sintiendo como mi respiración se agitaba de la nada. Ese no era Aleksei y agradecía al mar que lo fuera. Mierda, mierda, mierda. — …Jin— Intenté corregir como si nada, si claro, como si el pelinegro no se diera cuenta. — Carajo. Estaba pensando en otra mierda. Me disculpo… Ha sido un día agitado. — Excusa.
Decidido, subí las escaleras con cuidado, sosteniéndome del barandal hasta finalmente regresar a la habitación, mirando al hombre con el pijama preparado para mi a un costado. —No te preocupes, lo que sea está bien… gracias. — Murmuré lo último, quitándome la toalla para dejarla sobre la primera silla que viera para cambiar al pijama. Era cómoda, muy cómoda y me quedaba ligeramente grande; Al sentirla contra mi piel ya me sentía ligeramente adormilado, mientras me adueñaba de uno de los lados de la cama un tanto incomodo, mirando al techo. No estaba acostumbrado a dormir en un lugar tan… hogareño y cómodo, ni siquiera mi propia casa se sentía así, ni siquiera estoy tan seguro de haberme sentido así con él ¿Cómo fue esa vez? En esa isla que ni siquiera quiero recordar el nombre y que por suerte el señor Okiomi nunca se enteró. A veces pienso que fue febril, solo dos jóvenes siendo estúpidos y aún así, justo ahota tenía que recordarlo, no con ningún otro; solo con Jin. Era una tontería, no se parecían en nada. Aleksei era rubio, bronceado, delgado… demasiado inteligente para mí. Jin es más alto, pelinegro y… oh no. También es muy inteligente.
Comencé a sentirme cansado en el silencio, si había dicho algo realmente no lo hubiera escuchado, para finalmente cerrar los ojos. —Si, lo que tu digas está bien… ¿me entiendes? — Respondí adormilado, solo por si había dicho algo, no quería parecer ignorante a sus palabras. Lo esperé a mi lado, acurrucándome en su pecho para dejar un suave beso sobre su clavícula. — Intenta dormir, descansa, Alek… —Eso me despertó de golpe, separándome un poco con los ojos como platos, sintiendo como mi respiración se agitaba de la nada. Ese no era Aleksei y agradecía al mar que lo fuera. Mierda, mierda, mierda. — …Jin— Intenté corregir como si nada, si claro, como si el pelinegro no se diera cuenta. — Carajo. Estaba pensando en otra mierda. Me disculpo… Ha sido un día agitado. — Excusa.

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