29-12-2025, 03:28 PM
El camarote estaba lejos de parecer un lugar tranquilo. Sobre la mesa reforzada había piezas metálicas, placas dobladas, tornillos de distintos grosores y un par de herramientas claramente modificadas para manos demasiado grandes.
Ubbe trabajaba con calma, concentrado, limando un fragmento de metal mientras comprobaba encajes y resistencias con la yema de los dedos. No construía nada concreto todavía. Trasteaba. Probaba. Aprendía.
Le gustaba entender cómo reaccionaban los materiales bajo presión.
El metal, como el cuerpo, también tenía límites… y puntos donde podía mejorar.
Las heridas ya no eran gran cosa. Quemaduras superficiales, moratones en retirada, músculos aún resentidos pero funcionales. Ubbe se movía con normalidad, como si aquello de que un edificio se te viniera encima fuera poco más que una anécdota incómoda.
- Bah… -murmuró para sí, pensado en el almacén, mientras dejaba una pieza a un lado- Si no te aplasta del todo, no cuenta.
La puerta se abrió sin demasiada ceremonia. Ubbe alzó la vista cuando Sigurd entró, limpiándose las manos en un trapo antes de girarse del todo.
- Sigo entero, baby -dijo con naturalidad- siempre ready para otro round
Aceptó la cola sin azúcar con una sonrisa sincera. Dio un trago largo y, antes de devolver la lata a su hermano, le dio un golpecito suave en el costado con el dorso de la mano, gesto cercano, agradecido.
- Thank you bro, El azúcar es veneno tío, ¡mata más que nosotros!
Escuchó las novedades en silencio, apoyándose en la mesa mientras Sigurd hablaba del “marcado”, de los rumores, de Drum. Ubbe no interrumpió. Solo asintió despacio, procesando.
- Si alguien ha subido así…no es casualidad. Y si es un novato… peor todavía. Los novatos peligrosos son los que no saben cuándo parar.
Cuando Sigurd anunció que partían, Ubbe no dudó. La chispa volvió a prenderle en los ojos. Estiró el cuello y los hombros con un leve crujido.
Salió a cubierta justo a tiempo para escuchar la orden.
- A la orden, Capitán! -respondió con una sonrisa ladeada, más orgullosa que irónica.
Fue directo al ancla. Hundió los pies, agarró la cadena y tiró con fuerza controlada, sin alardes. El hierro respondió. Siempre respondía.
Mientras trabajaba, alzó la vista hacia Sigurd un segundo. No hacía falta decir nada. Ubbe lo veía claro: su hermano lideraba. Siempre lo había hecho. Y aun así, sabía que cuando llegara el momento, hablarían. Como en el casino. Como siempre.
- El Ragnarok se mueve… y yo voy contigo hasta donde haga falta.
El Veðrfölnir respondió al viento.
Ubbe apoyó una mano enorme en la barandilla, mirando al horizonte.
Ubbe trabajaba con calma, concentrado, limando un fragmento de metal mientras comprobaba encajes y resistencias con la yema de los dedos. No construía nada concreto todavía. Trasteaba. Probaba. Aprendía.
Le gustaba entender cómo reaccionaban los materiales bajo presión.
El metal, como el cuerpo, también tenía límites… y puntos donde podía mejorar.
Las heridas ya no eran gran cosa. Quemaduras superficiales, moratones en retirada, músculos aún resentidos pero funcionales. Ubbe se movía con normalidad, como si aquello de que un edificio se te viniera encima fuera poco más que una anécdota incómoda.
- Bah… -murmuró para sí, pensado en el almacén, mientras dejaba una pieza a un lado- Si no te aplasta del todo, no cuenta.
La puerta se abrió sin demasiada ceremonia. Ubbe alzó la vista cuando Sigurd entró, limpiándose las manos en un trapo antes de girarse del todo.
- Sigo entero, baby -dijo con naturalidad- siempre ready para otro round
Aceptó la cola sin azúcar con una sonrisa sincera. Dio un trago largo y, antes de devolver la lata a su hermano, le dio un golpecito suave en el costado con el dorso de la mano, gesto cercano, agradecido.
- Thank you bro, El azúcar es veneno tío, ¡mata más que nosotros!
Escuchó las novedades en silencio, apoyándose en la mesa mientras Sigurd hablaba del “marcado”, de los rumores, de Drum. Ubbe no interrumpió. Solo asintió despacio, procesando.
- Si alguien ha subido así…no es casualidad. Y si es un novato… peor todavía. Los novatos peligrosos son los que no saben cuándo parar.
Cuando Sigurd anunció que partían, Ubbe no dudó. La chispa volvió a prenderle en los ojos. Estiró el cuello y los hombros con un leve crujido.
Salió a cubierta justo a tiempo para escuchar la orden.
- A la orden, Capitán! -respondió con una sonrisa ladeada, más orgullosa que irónica.
Fue directo al ancla. Hundió los pies, agarró la cadena y tiró con fuerza controlada, sin alardes. El hierro respondió. Siempre respondía.
Mientras trabajaba, alzó la vista hacia Sigurd un segundo. No hacía falta decir nada. Ubbe lo veía claro: su hermano lideraba. Siempre lo había hecho. Y aun así, sabía que cuando llegara el momento, hablarían. Como en el casino. Como siempre.
- El Ragnarok se mueve… y yo voy contigo hasta donde haga falta.
El Veðrfölnir respondió al viento.
Ubbe apoyó una mano enorme en la barandilla, mirando al horizonte.
