29-12-2025, 07:03 PM
La pequeña que se alejó al otro lado de la jaula, visiblemente aterrada, dudó en aceptar la bolsa de manzanas. La pobre estaba peligrosamente desnutrida, sus huesos se podían notar claramente bajo su piel y ,aún así, el miedo parecía vencer al hambre, quien sabe las penurias que la pobre habrá tenido que pasar para ser tan desconfiada. La situación pedía calma de mi parte, si quería ayudarle, primero tenía que ganarme su confianza, aunque no sabía como lo haría, no tenía experiencia con niños.
Me senté mientras la chica de cabellos celestes se planteaba coger o no la bolsa para intentar no parecer tan grande a sus ojos, era complicado lograrlo teniendo en cuenta la diferencia de tamaño, si trataba de acercarme podría espantarla y en su estado no sobreviviría mucho tiempo en el fondo del mar, tan lejos de la costa.
Al cabo de unos minutos de intriga y silencio, la niña afirmó y negó repetidas veces con su cabeza antes de mover su escuálido pie para acercar la bolsa a ella. Por fin algo de progreso, no sabía que significaban esos gestos con la cabeza, seguramente se estaba debatiendo sobre si aceptar o no la comida. Durante la espera una idea cruzó mi mente ¿Y si se mantenía callada, no porque no quisiese hablar, sino porque no podía hacerlo? Tenía todo el sentido del mundo, pobre criatura, aprisionado, desnutrida y muda... Con esto mi convicción de ayudarla se hacía más fuerte, no podía dejar a ese pequeño ser a merced de las profundidades.
Observé con atención como agarraba la bolsa y... ¿La lanzó? Un lanzamiento sin apenas fuerza, que desplazó la bolsa apenas unos centímetros en mi dirección. Quizás no le gustaban las manzanas, y eso que eran de las mejores. Tras esto, vi como la chica se levantó, y con una mirada llena de determinación, empezó a convulsionar en el agua. Me dispuse a acercarme a ella para ayudarla, pero antes de que diese un paso, la pequeña se volteó y por primera vez palabras salieron de su boca —Yo... Yo...— Eso eran grandes noticias, no era muda, pero seguramente estaba muy débil para hablar.
—¿Piedras pómez?— Ciertamente las había usado en alguna ocasión, el mantenimiento de la coraza de un crustáceo no es nada sencillo después de todo, alguna vez al mes me tocaba rasparme con una para mantenerla suavidad de mi piel. Señor Leviatan me dijo, mientras hacía ver sus similitudes con las piedras pómez, como pude observar anteriormente, la pobre estaba en un severo estado de desnutrición, pero ahora al menos se comunicaba. Cuando se apartó el cabello de la cara pude observar bien su rostro, especialmente sus ojos dorados que tenían claras muestras de cansancio.
Sugirió que me fuese a otro lugar a buscar comida, carne de ballena tal vez —Claro, como no he caído antes. Una chica que está desnutrida necesita carne, no frutas. Me está diciendo que le consiga carne de ballena— Cuando señaló en una dirección, afirmando que había una ballena, me giré rápidamente para intentar localizarla, pero no había nada. Tenía sentido, la pequeña estaba teniendo alucinaciones a causa de la desnutrición.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos al escucharla gritar —¡Soy libreeeeee!— Que ternura, la chica si que estaba realmente agrad‐ —¿Leviatán apestoso? ¿Comida?— Musité ¿Qué estaba pasando? Cuando dejó de gatear se lanzó hacia adelante, en un torpe intento de nadar, pero se volvió a hundir. Todo parecía indicar que, pese a ser una especie de gyojin, no sabía como nadar, quizás nunca tuvo la oportunidad de intentarlo, igual no era lo más oportuno, pero la escena me hizo mucha gracia y tuve que esforzarme por contener una carcajada.
Con un gesto de derrota, se limpió la arena de encima y, sentada, se volteó de nuevo hacia mi. Me dijo que apestaba y que me la comiese en la superficie. —No te preocupes, te subiré a la superficie en un momento— Quería decirle que no me la iba a comer, pero parecía estar muy consternada como para hacerme caso, así que tomé la decisión de hablar con mis actos. Rápidamente, capturé un pulpo que estaba escondido entre los restos del barco y lo até al exterior de la bolsa con una cuerda, con esto no tendría problemas para alimentarse.
Ya dispuesto a llevarla a la superficie me acerqué a ella lo más rápido que pude y la cargué en mi hombro cual saco de patatas, no sin dificultades. Le di una de las manzanas que tenía en la bolsa para el camino y me preparé para salir al máximo de mi velocidad. —Agárrate fuerte— Y me propulsé a toda velocidad hacia el Reino de Samba. Durante el trayecto un pensamiento estaba clavado en mi como un astilla —¿De verdad apesto?— Le pregunté, Mi madre siempre me había dicho que era muy guapo y que olía genial, pero ahora que lo pensaba... Siempre que conocía a alguien parecía tener el efecto contrario. Otra cosa que estaba dificultando el viaje eran las travesuras de la niña, que no se dejaba salvar tranquilamente.
Una vez llegamos a la costa, la sostuve de la pierna cabeza abajo, como quien observa a un pez que acaba de pescar, mientras ella hacia gestos con sus dientes para morderme, como si fuese una piraña. La solté con cuidado en la arena y dije—Ya hemos llegado jeejeje— La playa estaba llena de restos del naufragio, las maderas de los barcos ya estaban secas, lo que sería oportuno para hacer una hoguera y cocinar el pulpo y no muy lejos de la playa estaba una de las plantaciones de azúcar, ella quería un terrón de azúcar pero yo no tenía ninguno, un poco de caña debería de ser suficiente, más tarde se lo pagaría al dueño.
Me puse a prepararlo todo mientras dejaba a la niña con la bolsa. Agrupé unos montones de madera para prenderlos, haciendo chispas con mi pinza y una roca de la playa y corté 2 cañas de azúcar para que las mascase. La pequeña estaba muy débil así que le pelé la caña para que fuese fácil de comer y se la ofrecí. Seguro que con una buena dosis de azúcar y el calor de la hoguera se recuperaría en poco tiempo. —Masca esto un poco, es como un terrón de azúcar, el pulpo estará listo pronto. Ahora que estamos en la superficie ¿Podrías decirme tu nombre? Así podremos hablar mejor—
—Hablo— —Pienso—
—Habla María—
Me senté mientras la chica de cabellos celestes se planteaba coger o no la bolsa para intentar no parecer tan grande a sus ojos, era complicado lograrlo teniendo en cuenta la diferencia de tamaño, si trataba de acercarme podría espantarla y en su estado no sobreviviría mucho tiempo en el fondo del mar, tan lejos de la costa.
Al cabo de unos minutos de intriga y silencio, la niña afirmó y negó repetidas veces con su cabeza antes de mover su escuálido pie para acercar la bolsa a ella. Por fin algo de progreso, no sabía que significaban esos gestos con la cabeza, seguramente se estaba debatiendo sobre si aceptar o no la comida. Durante la espera una idea cruzó mi mente ¿Y si se mantenía callada, no porque no quisiese hablar, sino porque no podía hacerlo? Tenía todo el sentido del mundo, pobre criatura, aprisionado, desnutrida y muda... Con esto mi convicción de ayudarla se hacía más fuerte, no podía dejar a ese pequeño ser a merced de las profundidades.
Observé con atención como agarraba la bolsa y... ¿La lanzó? Un lanzamiento sin apenas fuerza, que desplazó la bolsa apenas unos centímetros en mi dirección. Quizás no le gustaban las manzanas, y eso que eran de las mejores. Tras esto, vi como la chica se levantó, y con una mirada llena de determinación, empezó a convulsionar en el agua. Me dispuse a acercarme a ella para ayudarla, pero antes de que diese un paso, la pequeña se volteó y por primera vez palabras salieron de su boca —Yo... Yo...— Eso eran grandes noticias, no era muda, pero seguramente estaba muy débil para hablar.
—¿Piedras pómez?— Ciertamente las había usado en alguna ocasión, el mantenimiento de la coraza de un crustáceo no es nada sencillo después de todo, alguna vez al mes me tocaba rasparme con una para mantenerla suavidad de mi piel. Señor Leviatan me dijo, mientras hacía ver sus similitudes con las piedras pómez, como pude observar anteriormente, la pobre estaba en un severo estado de desnutrición, pero ahora al menos se comunicaba. Cuando se apartó el cabello de la cara pude observar bien su rostro, especialmente sus ojos dorados que tenían claras muestras de cansancio.
Sugirió que me fuese a otro lugar a buscar comida, carne de ballena tal vez —Claro, como no he caído antes. Una chica que está desnutrida necesita carne, no frutas. Me está diciendo que le consiga carne de ballena— Cuando señaló en una dirección, afirmando que había una ballena, me giré rápidamente para intentar localizarla, pero no había nada. Tenía sentido, la pequeña estaba teniendo alucinaciones a causa de la desnutrición.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos al escucharla gritar —¡Soy libreeeeee!— Que ternura, la chica si que estaba realmente agrad‐ —¿Leviatán apestoso? ¿Comida?— Musité ¿Qué estaba pasando? Cuando dejó de gatear se lanzó hacia adelante, en un torpe intento de nadar, pero se volvió a hundir. Todo parecía indicar que, pese a ser una especie de gyojin, no sabía como nadar, quizás nunca tuvo la oportunidad de intentarlo, igual no era lo más oportuno, pero la escena me hizo mucha gracia y tuve que esforzarme por contener una carcajada.
Con un gesto de derrota, se limpió la arena de encima y, sentada, se volteó de nuevo hacia mi. Me dijo que apestaba y que me la comiese en la superficie. —No te preocupes, te subiré a la superficie en un momento— Quería decirle que no me la iba a comer, pero parecía estar muy consternada como para hacerme caso, así que tomé la decisión de hablar con mis actos. Rápidamente, capturé un pulpo que estaba escondido entre los restos del barco y lo até al exterior de la bolsa con una cuerda, con esto no tendría problemas para alimentarse.
Ya dispuesto a llevarla a la superficie me acerqué a ella lo más rápido que pude y la cargué en mi hombro cual saco de patatas, no sin dificultades. Le di una de las manzanas que tenía en la bolsa para el camino y me preparé para salir al máximo de mi velocidad. —Agárrate fuerte— Y me propulsé a toda velocidad hacia el Reino de Samba. Durante el trayecto un pensamiento estaba clavado en mi como un astilla —¿De verdad apesto?— Le pregunté, Mi madre siempre me había dicho que era muy guapo y que olía genial, pero ahora que lo pensaba... Siempre que conocía a alguien parecía tener el efecto contrario. Otra cosa que estaba dificultando el viaje eran las travesuras de la niña, que no se dejaba salvar tranquilamente.
Una vez llegamos a la costa, la sostuve de la pierna cabeza abajo, como quien observa a un pez que acaba de pescar, mientras ella hacia gestos con sus dientes para morderme, como si fuese una piraña. La solté con cuidado en la arena y dije—Ya hemos llegado jeejeje— La playa estaba llena de restos del naufragio, las maderas de los barcos ya estaban secas, lo que sería oportuno para hacer una hoguera y cocinar el pulpo y no muy lejos de la playa estaba una de las plantaciones de azúcar, ella quería un terrón de azúcar pero yo no tenía ninguno, un poco de caña debería de ser suficiente, más tarde se lo pagaría al dueño.
Me puse a prepararlo todo mientras dejaba a la niña con la bolsa. Agrupé unos montones de madera para prenderlos, haciendo chispas con mi pinza y una roca de la playa y corté 2 cañas de azúcar para que las mascase. La pequeña estaba muy débil así que le pelé la caña para que fuese fácil de comer y se la ofrecí. Seguro que con una buena dosis de azúcar y el calor de la hoguera se recuperaría en poco tiempo. —Masca esto un poco, es como un terrón de azúcar, el pulpo estará listo pronto. Ahora que estamos en la superficie ¿Podrías decirme tu nombre? Así podremos hablar mejor—
—Hablo— —Pienso—
—Habla María—
Resumen
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