30-12-2025, 07:48 AM
Presión.
Eso fue lo que mi cerebro registró ante las palabras ajenas. Seguía en su cuarto, ahora sin el cigarrillo en la mano, pero con el amargo sabor en los labios por un minuto me pareció extremadamente asqueroso. No me preguntaba nada malo e incluso había compartido su historia: Quería regresarle la pregunta con ingenua curiosidad ¿Esa mierda se hacía? ¿Para qué? Pero no podía por la presión me estaba molestando en el oído. “Nunca le había dicho a nadie sobre Aleksei” Repetí en mi mente. Nadie tenía que saber de él. O de su cuerpo. O de como descubrí que no importa que tan horrible fuera la herida, las marcas nunca se quedarían en mi piel. O de como sabía cosas que no debería saber por su culpa… Porqué jamás tuve una pareja. No. No. No. ¿En eso iba a terminar?
Por el rabillo del ojo me pareció notar algunas figuras que avanzaban en mi dirección contraria… ¿a estas horas de la noche? El pensamiento apenas se formó cuando algo más antiguo y visceral se activó en mi interior. Mi instinto no pudo evitar encenderse, tenso, afilado, como si alguien hubiera encendido una alarma silenciosa bajo mi piel. No era simple desconfianza: era esa certeza incómoda que se instala en el estómago antes de que la mente alcance a comprenderla.
Parecían peligro. Olían como peligro. No en un sentido literal, sino en esa forma casi animal de reconocer la amenaza: el aire más denso, los pasos demasiado coordinados, la ausencia de voces innecesarias. Algo en su presencia no encajaba con la calma nocturna, como una nota falsa en una melodía lenta. Seguí avanzando sin girar la cabeza, fingiendo normalidad, pero cada músculo estaba listo, atento, esperando el momento exacto en que la noche confirmara mis sospechas. Y el tiempo parecía ir un poco más lento.
Eso fue lo que mi cerebro registró ante las palabras ajenas. Seguía en su cuarto, ahora sin el cigarrillo en la mano, pero con el amargo sabor en los labios por un minuto me pareció extremadamente asqueroso. No me preguntaba nada malo e incluso había compartido su historia: Quería regresarle la pregunta con ingenua curiosidad ¿Esa mierda se hacía? ¿Para qué? Pero no podía por la presión me estaba molestando en el oído. “Nunca le había dicho a nadie sobre Aleksei” Repetí en mi mente. Nadie tenía que saber de él. O de su cuerpo. O de como descubrí que no importa que tan horrible fuera la herida, las marcas nunca se quedarían en mi piel. O de como sabía cosas que no debería saber por su culpa… Porqué jamás tuve una pareja. No. No. No. ¿En eso iba a terminar?
“¿Le has recordado por algo que he hecho, quizás?”
Lo miré con horror, no, ese no podía ser el caso. Se parecían, no se parecían y por un segundo en lugar de ver a Jin… Lo vi a él. Ni puta mierda, le compartí demasiado, yo me voy. Esto no podía más. Si me quedaba un segundo… No, no. Era Jin. Pero aún así… Esto me había sobrepasado, sabía demasiado y solo tenía dos opciones: Irme, matarlo o matarme. —Mierda, esto está mal, tengo que irme, solo… entiéndeme ¿me entiendes? Esto está jodido. Está mal. —Me levanté de golpe mientras buscaba mi ropa, mierda no estaba aquí, estaba abajo.
Todo fue tan de prisa cuando estaba a media escalera, quitándome la camia del pijama como podía y casi tropezando mientras me retiraba los pantalones: Nunca había tenido que huir así, pero al parecer siempre hay una vez para todo ¿verdad? Finalmente encontré mi ropa en el sillón y me vestí tan rápido como si el esposo de mi amante estuviera en la puerta. Si Jin estaba hablando ni siquiera podía escucharlo. Tenía miedo que si lo miraba o escuchara. Me quedaría.
Dejando mis lentes atrás y completamente un desastre salí de su casa, todavía abrochándome con las manos temblorosas mientras esperaba no tropezarme en la calle ¿A dónde iba? Ni idea pero esperaba estar lo suficientemente lejos.
Parecían peligro. Olían como peligro. No en un sentido literal, sino en esa forma casi animal de reconocer la amenaza: el aire más denso, los pasos demasiado coordinados, la ausencia de voces innecesarias. Algo en su presencia no encajaba con la calma nocturna, como una nota falsa en una melodía lenta. Seguí avanzando sin girar la cabeza, fingiendo normalidad, pero cada músculo estaba listo, atento, esperando el momento exacto en que la noche confirmara mis sospechas. Y el tiempo parecía ir un poco más lento.

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