31-12-2025, 01:46 AM
Desde que este viaje comenzó me había esforzado en conocer a todos los integrantes de la tripulación de la mano vacía, y era una tarea hercúlea debido a la velocidad con la gente iba y venía por nuestro barco. Al principio éramos ocho, aunque sabía de buena tinta que otros dos mas habían sido convocados a aquella reunión, el propio Cao me lo dijo en su momento; sin embargo, de aquella reunión alrededor del té, solo cinco nos manteníamos en la tripulación, avivando entre todos nuestro sueño de libertad. Dos nuevos se habían adherido a nosotros, cómo olvidar a la desquiciada de Alana y a la adorable Mahou, ambas fuertes y recias mujeres que buscaban viajar y cumplir sus sueños; otros tres se habían ido de distintas maneras: Li Yuan no se presentó en el puerto de la Isla Karate, algo triste, pero siempre pensé que había encontrado su propio camino ajeno a nosotros, Cao se perdió en el mar, los demás decían que su destino fue la muerte, pero viendo donde acabamos todos después de encallar, se me hace complicado que un hombre de su fisionomía hubiese muerte; Por último, pero no menos importante, Dong, que no había sobrevivido al postoperatorio de la extracción de su Fruta del Diablo.
Nunca entendí por qué nuestro gatuno y grosero amigo decidió perder sus felinas capacidades, yo nunca busqué el poder, pero si tuve la suerte de toparme con él, no había motivo para rechazarlo ¿No? quién sabe, tal vez estuviese buscando otra cosa, o quizás no pudiese agarrar bien su extraña lanza con esas adorables zarpas. En cualquier caso fue una decisión que le salió muy cara, no solo por el dinero que perdió, también por su vida, que llegó a su fin en trágica circunstancia, postrado en su cama mientras esbozaba sus últimas palabras entre dificultadas respiraciones, algo que tardaría bastante tiempo en olvidar, si es que lo hacía alguna vez en lo que esperaba que fuese una larga vida. Pero la persona mas afectada por su ida al mas allá fue Bai, ella estaba mas unida a él que nadie de toda la tripulación, aunque nunca supe muy bien que tipo de relación tenían, pero si que podía notar su animo caído, por encima del ambiente triste y pesimista de todos. Era cierto que todos habíamos perdido a gente en muy poco tiempo, pero ella y Kayseira fueron las que sacaron peor carta en el juego de azar que llamamos vida. Ese era el riesgo inevitable de apegarse a la gente, que algún día los perderás, ya sea tarde o temprano.
La mujer ya debía sentirse sola por no ser capaz de comunicarse con nadie mas que Lan, como para encima perder a... A lo que diantres fuesen esos dos. Por eso, y por el motivo de lo difícil que me resultó comunicarme con ella en una situación de riesgo mortal, decidí aprender su lengua ¿Y quien mejor para enseñarte un idioma que una persona que lo habla como lengua materna? Sin duda era la mejor forma de aprender, o eso pensaba yo. Sí, Bai conocía perfectamente su lengua, pero no la mía, por lo que era complejo sin un puente de unión, quizás Lan podía habernos ayudado , pero no quería molestar a la candente mujer.
La alada dama comenzó a hacer sonidos que yo imaginé que serían sílabas o letras, pero... ¿Qué significaba cada sonido? Era imposible saberlo sin que ella me lo dijese, y claro, ¿Cómo iba a decírmelo sin hablar mi idioma? Desde luego no nos pensamos esto demasiado. Miré la tablilla que ella señalaba con letras mientras ella las pronunciaba, pero... Si no conocía mi lengua... ¿Cómo sabía que era el signo correcto? ¿Acaso ella había pensado en eso? Mi rostro de incomprensión, con la boca abierta, viajaba entre la tabla y el rostro de la bronceada piel de Bai. Después de veinte minutos intentándolo, apenas entendí nada, pero... Quizás lo habíamos planteado de una forma corriente, tal vez era una cuestión de afinar el método de enseñanza. Negué con la cabeza mientras le cogía la mano que señalaba en la tablilla con gentileza, negué con la cabeza de manera derrotada, pero rápidamente encontré una forma de animar a la mujer.
No hablé en ningún momento, era absurdo realmente, no iba a entenderme de todas maneras, y saqué una fruta roja y jugosa se la mostré con una sonrisa. -Manzana.- Dije mientras señalaba la fruta y se la enseñaba a Bai como si hubiese descubierto el origen de todas las cosas. Tras ese extraño momento le di la fruta, poniéndola en la misma mano que usó de puntero. Le miré con ilusión, esperando a que nombrase a la fruta como ella la conocía.
Nunca entendí por qué nuestro gatuno y grosero amigo decidió perder sus felinas capacidades, yo nunca busqué el poder, pero si tuve la suerte de toparme con él, no había motivo para rechazarlo ¿No? quién sabe, tal vez estuviese buscando otra cosa, o quizás no pudiese agarrar bien su extraña lanza con esas adorables zarpas. En cualquier caso fue una decisión que le salió muy cara, no solo por el dinero que perdió, también por su vida, que llegó a su fin en trágica circunstancia, postrado en su cama mientras esbozaba sus últimas palabras entre dificultadas respiraciones, algo que tardaría bastante tiempo en olvidar, si es que lo hacía alguna vez en lo que esperaba que fuese una larga vida. Pero la persona mas afectada por su ida al mas allá fue Bai, ella estaba mas unida a él que nadie de toda la tripulación, aunque nunca supe muy bien que tipo de relación tenían, pero si que podía notar su animo caído, por encima del ambiente triste y pesimista de todos. Era cierto que todos habíamos perdido a gente en muy poco tiempo, pero ella y Kayseira fueron las que sacaron peor carta en el juego de azar que llamamos vida. Ese era el riesgo inevitable de apegarse a la gente, que algún día los perderás, ya sea tarde o temprano.
La mujer ya debía sentirse sola por no ser capaz de comunicarse con nadie mas que Lan, como para encima perder a... A lo que diantres fuesen esos dos. Por eso, y por el motivo de lo difícil que me resultó comunicarme con ella en una situación de riesgo mortal, decidí aprender su lengua ¿Y quien mejor para enseñarte un idioma que una persona que lo habla como lengua materna? Sin duda era la mejor forma de aprender, o eso pensaba yo. Sí, Bai conocía perfectamente su lengua, pero no la mía, por lo que era complejo sin un puente de unión, quizás Lan podía habernos ayudado , pero no quería molestar a la candente mujer.
La alada dama comenzó a hacer sonidos que yo imaginé que serían sílabas o letras, pero... ¿Qué significaba cada sonido? Era imposible saberlo sin que ella me lo dijese, y claro, ¿Cómo iba a decírmelo sin hablar mi idioma? Desde luego no nos pensamos esto demasiado. Miré la tablilla que ella señalaba con letras mientras ella las pronunciaba, pero... Si no conocía mi lengua... ¿Cómo sabía que era el signo correcto? ¿Acaso ella había pensado en eso? Mi rostro de incomprensión, con la boca abierta, viajaba entre la tabla y el rostro de la bronceada piel de Bai. Después de veinte minutos intentándolo, apenas entendí nada, pero... Quizás lo habíamos planteado de una forma corriente, tal vez era una cuestión de afinar el método de enseñanza. Negué con la cabeza mientras le cogía la mano que señalaba en la tablilla con gentileza, negué con la cabeza de manera derrotada, pero rápidamente encontré una forma de animar a la mujer.
No hablé en ningún momento, era absurdo realmente, no iba a entenderme de todas maneras, y saqué una fruta roja y jugosa se la mostré con una sonrisa. -Manzana.- Dije mientras señalaba la fruta y se la enseñaba a Bai como si hubiese descubierto el origen de todas las cosas. Tras ese extraño momento le di la fruta, poniéndola en la misma mano que usó de puntero. Le miré con ilusión, esperando a que nombrase a la fruta como ella la conocía.
