31-12-2025, 03:11 AM
Que gusto daba tener razón, ese sentimiento de orgullo extendiéndose desde mi corazón hasta el último lugar de mi cuerpo. Hinché el pecho y me puse erguido de nuevo. Mi rival no había soltado su arma, supuestamente por procesarle bastante cariño, pero si la guardó de nuevo en su cinturón, sin separarla de la cadena que utilizaba para tener más alcance.
En cuanto se disculpó levanté la cabeza, una sonrisa de oreja a oreja dibujada en mi rostro sintiéndome moralmente superior a él. -Eso, eso, el primer camino a la redención es aceptar tus errores. -Pese a parecer que mis palabras estaban destinadas a reconfortarle, era todo lo contrario. Mi oración estaba cargada de una pesada ironía, pues la situación de un pirata reprendiéndole a un agente del gobierno sobre hacer el bien era una situación hilarante en mi cabeza.
En cuanto se dio la vuelta y caminó a la taberna extendí mi mano derecha hacia mi arma la cual yacía en el suelo, pero esta ya no era la misma, la fina barra de hierro ahora estaba envuelta en una capa de galleta, otorgándole la forma de un bate de baseball más grande y todo recubierto de espinas. Sin apenas esfuerzo está voló a mi diestra, la agarré con fuerza, apretando mis dientes cubiertos en sangre con rabia.
Estaba dispuesto a golpearle y aprovechar ese momento para escapar, pero este volvió a hablar, girándose para mirarme, comentando que le ayudara, que si tenía un den den mushi se lo dejara para pedir refuerzos, pues cucarachaman no tenía conocimientos en medicina y podría empeorar las cosas. Pero lo más importante, lo único que quedó resonando en mi cabeza e hizo cambiar la expresión de mi rostro fue una palabra, una que sonaba más dulce que un coro de angelitos. Recompensa. Así si, ahora ya empezábamos a entendernos.
Miré mi arma la cual estaba apoyada en mi hombro y luego torné la vista al insecto escarlata. Hice este gesto unas tres veces y tras ello volví a lanzar el objeto contundente al suelo, esta vez cayendo justo debajo de mi. -No me lo tengas en cuenta. Solo era una Iggyherramienta que pensaba usar en el caso de que siguieras con la idea de querer arrestarme o que me aliste a la Marina. -Claro que esta oración era una mentira, si no hubiese mencionado nada de cobrar por ayudar, no lo hubiese hecho. No obstante no le di tiempo a reprocharme y continué hablando. -Por desgracia para ti, no tengo un caracol mágico con el que llamar a tus colegas. Pero si algo se me da bien… es hacer ruido. -Agarré mi guitarra la cual estaba colgada a mi espalda y comprobé que no había recibido ningún daño. Tenia alguna magulladura y la pintura había saltado en algunas zonas, pero por lo demás estaba bien, menos mal que la ostia la había tanqueado con el pecho y había podido amortiguarla.
-Voy a pedir ayuda dando un poco la nota. -La galleta sobre la que estaba subido se elevó siete metros y tras ello salté la misma cantidad, con un aplauso hice desaparecer tanto el primer dulce, como sobre el que estaba situado Mario, y uno nuevo se materializó bajo mis pies, dejándome a un total de catorce metros del suelo, por encima del tejado de los edificios. Sentía el viento soplar con más potencia que allí abajo, haciendo que se me pusiera la piel de gallina. Miré hacia arriba, contemplando el cielo cubierto de nubes que el día de hoy cubría la isla y con un par de palmadas hice aparecer dos galletas más, sacando la púa de la guitarra de mi bolsillo tras ello. El escenario estaba listo, era hora del show.
Las cuerdas comenzaron a vibrar y todo a mi alrededor tembló. Mi objetivo era llamar la atención todo lo posible y hacer que las personas de los alrededores miraran en mi dirección. Mi voz, casi rota debido al daño recibido, intentaba seguirle el ritmo a mis dedos que con una virtuosidad pasmosa se movían traduciendo mis emociones en música. Cerré los ojos, sintiendo todas y cada una de las notas que salían mi instrumento. Las galletas que había creado chocaban entre sí añadiendo percusión a la melodía.
Una vez finalicé, y habiendo hecho que mi música se escuchara por el lugar, tomé aire y grité a los cuatro vientos. -¡EL AIRE DEL HURACÁN HA ARRASTRADO ESCOMBOROS Y HA DESTROZADO ALGUNOS EDIFICIOS! ¡ES PROBABLE QUE HAYA HERIDOS ASÍ QUE SI ALGUIEN ES MÉDICO QUE VENGA CAGANDO LECHES! -si un paso, dispuesto a bajar, pero en el último instante me acordé de recalcar un último detalle. -¡SI ALGUIEN TIENE UN DEN DEN MUSHI, QUE HAGA EL PUTO FAVOR DE PRESTÁRSELO AL AGENTE DEL GOBIERNO QUE VA VESTIDO DW ROJO CON UNAS ANTENITAS BASTANTE ADORABLES!
Ahora si me lancé al suelo de golpe, levantando una gran cantidad de polvo al aterrizar. Todas las galletas desaparecieron, y me llevé la “hija del trueno” a mi espalda. Dirigí el bate de baseball de nuevo a mi mano e hice un par de trucos con este, cual artista marcial antes de convertir la cobertura que cubría mi arma de nuevo en polvo, y ya con la palanca de nuevo en mi cinturón solté con un tono mucho más calmado que hasta ahora. -Ya he hecho todo lo que podía hacer… Espero que la gente me haya escuchado. -Suspiré y me llevé la mano al pecho según volví a toser. -No me seas gilipollas y aprovecha la mentira que he soltado sobre que ha sido un accidente metereológico. Puede que hayas sido un poco irresponsable al soltar un ataque tan devastador sin pensar, pero si un tipo como yo se merece una… -Me puse a contar con los dedos mientras entrecerraba los ojos tratando de concentrarme. -…¿ciento cuadragésima tercera oportunidad? Tú te mereces una segunda. -Acto seguido sin ningún tipo de pudor, me agaché para quedar a su altura y extendí la mano apoyándola en su hombro, sonriendo despreocupadamente. -Ahora… ¿cuál es esa recompensa de la que hablabas? -Podía sonar interesado pero un servidor no ofrecía su caridad y servicios como músico de forma altruista.
En cuanto se disculpó levanté la cabeza, una sonrisa de oreja a oreja dibujada en mi rostro sintiéndome moralmente superior a él. -Eso, eso, el primer camino a la redención es aceptar tus errores. -Pese a parecer que mis palabras estaban destinadas a reconfortarle, era todo lo contrario. Mi oración estaba cargada de una pesada ironía, pues la situación de un pirata reprendiéndole a un agente del gobierno sobre hacer el bien era una situación hilarante en mi cabeza.
En cuanto se dio la vuelta y caminó a la taberna extendí mi mano derecha hacia mi arma la cual yacía en el suelo, pero esta ya no era la misma, la fina barra de hierro ahora estaba envuelta en una capa de galleta, otorgándole la forma de un bate de baseball más grande y todo recubierto de espinas. Sin apenas esfuerzo está voló a mi diestra, la agarré con fuerza, apretando mis dientes cubiertos en sangre con rabia.
Estaba dispuesto a golpearle y aprovechar ese momento para escapar, pero este volvió a hablar, girándose para mirarme, comentando que le ayudara, que si tenía un den den mushi se lo dejara para pedir refuerzos, pues cucarachaman no tenía conocimientos en medicina y podría empeorar las cosas. Pero lo más importante, lo único que quedó resonando en mi cabeza e hizo cambiar la expresión de mi rostro fue una palabra, una que sonaba más dulce que un coro de angelitos. Recompensa. Así si, ahora ya empezábamos a entendernos.
Miré mi arma la cual estaba apoyada en mi hombro y luego torné la vista al insecto escarlata. Hice este gesto unas tres veces y tras ello volví a lanzar el objeto contundente al suelo, esta vez cayendo justo debajo de mi. -No me lo tengas en cuenta. Solo era una Iggyherramienta que pensaba usar en el caso de que siguieras con la idea de querer arrestarme o que me aliste a la Marina. -Claro que esta oración era una mentira, si no hubiese mencionado nada de cobrar por ayudar, no lo hubiese hecho. No obstante no le di tiempo a reprocharme y continué hablando. -Por desgracia para ti, no tengo un caracol mágico con el que llamar a tus colegas. Pero si algo se me da bien… es hacer ruido. -Agarré mi guitarra la cual estaba colgada a mi espalda y comprobé que no había recibido ningún daño. Tenia alguna magulladura y la pintura había saltado en algunas zonas, pero por lo demás estaba bien, menos mal que la ostia la había tanqueado con el pecho y había podido amortiguarla.
-Voy a pedir ayuda dando un poco la nota. -La galleta sobre la que estaba subido se elevó siete metros y tras ello salté la misma cantidad, con un aplauso hice desaparecer tanto el primer dulce, como sobre el que estaba situado Mario, y uno nuevo se materializó bajo mis pies, dejándome a un total de catorce metros del suelo, por encima del tejado de los edificios. Sentía el viento soplar con más potencia que allí abajo, haciendo que se me pusiera la piel de gallina. Miré hacia arriba, contemplando el cielo cubierto de nubes que el día de hoy cubría la isla y con un par de palmadas hice aparecer dos galletas más, sacando la púa de la guitarra de mi bolsillo tras ello. El escenario estaba listo, era hora del show.
Canción que Iggy empieza a tocar
Las cuerdas comenzaron a vibrar y todo a mi alrededor tembló. Mi objetivo era llamar la atención todo lo posible y hacer que las personas de los alrededores miraran en mi dirección. Mi voz, casi rota debido al daño recibido, intentaba seguirle el ritmo a mis dedos que con una virtuosidad pasmosa se movían traduciendo mis emociones en música. Cerré los ojos, sintiendo todas y cada una de las notas que salían mi instrumento. Las galletas que había creado chocaban entre sí añadiendo percusión a la melodía.
Una vez finalicé, y habiendo hecho que mi música se escuchara por el lugar, tomé aire y grité a los cuatro vientos. -¡EL AIRE DEL HURACÁN HA ARRASTRADO ESCOMBOROS Y HA DESTROZADO ALGUNOS EDIFICIOS! ¡ES PROBABLE QUE HAYA HERIDOS ASÍ QUE SI ALGUIEN ES MÉDICO QUE VENGA CAGANDO LECHES! -si un paso, dispuesto a bajar, pero en el último instante me acordé de recalcar un último detalle. -¡SI ALGUIEN TIENE UN DEN DEN MUSHI, QUE HAGA EL PUTO FAVOR DE PRESTÁRSELO AL AGENTE DEL GOBIERNO QUE VA VESTIDO DW ROJO CON UNAS ANTENITAS BASTANTE ADORABLES!
Ahora si me lancé al suelo de golpe, levantando una gran cantidad de polvo al aterrizar. Todas las galletas desaparecieron, y me llevé la “hija del trueno” a mi espalda. Dirigí el bate de baseball de nuevo a mi mano e hice un par de trucos con este, cual artista marcial antes de convertir la cobertura que cubría mi arma de nuevo en polvo, y ya con la palanca de nuevo en mi cinturón solté con un tono mucho más calmado que hasta ahora. -Ya he hecho todo lo que podía hacer… Espero que la gente me haya escuchado. -Suspiré y me llevé la mano al pecho según volví a toser. -No me seas gilipollas y aprovecha la mentira que he soltado sobre que ha sido un accidente metereológico. Puede que hayas sido un poco irresponsable al soltar un ataque tan devastador sin pensar, pero si un tipo como yo se merece una… -Me puse a contar con los dedos mientras entrecerraba los ojos tratando de concentrarme. -…¿ciento cuadragésima tercera oportunidad? Tú te mereces una segunda. -Acto seguido sin ningún tipo de pudor, me agaché para quedar a su altura y extendí la mano apoyándola en su hombro, sonriendo despreocupadamente. -Ahora… ¿cuál es esa recompensa de la que hablabas? -Podía sonar interesado pero un servidor no ofrecía su caridad y servicios como músico de forma altruista.
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