31-12-2025, 07:27 AM
El humor del espadachín podría cambiar conforme avanzara la noche, dado que en esta ocasión iba en un cometido un tanto más "divertido". Lo que ocurriría al llegar a donde está el supuesto barco, seria de lo más entretenido o eso imaginaba el Zar de ropajes negros. Se encontraba aun de pie, sin moverse mucho, realmente a veces podría parecer una estatua humana, aunque hoy estaba algo más concentrado, aun no estaba dispuesto a mostrarse tan abierto a la presencia de otra desconocida. A quien Kyo presento, su nombre no le era conocido, ni su apellido, pero particularmente había algo extraño en esa persona de largos y claros cabellos. Dharma no comprendía del todo que podría traer consigo además de una historia abrupta como muchos de los desdichados en este mundo. Sin embargo ahora conocía el nombre de dicha mujer y algunas de sus habilidades, lo cual le venía bien a la tripulación si es que podrían llamarla si ahora, puesto que primero tendrían que tener dicho emblema que les haga ser o sentirse parte de un grupo.
| Dharma... | Expreso de forma seca y un tanto fría, justo cuando su primo lo señalaba y no dijo nada más, le miro por unos segundos para luego llevar sus orbes hacia la salida del lugar. | Creo que tener a alguien con otro tipo de habilidades que no sean solo destruir, era algo necesario.|
Menciono el portador de la gran espada, sin duda era cierto, más lo comentado por Kyo era algo de mucha utilidad, quizá aquella pequeña mujer tenía otras habilidades, como ya lo había previsto el Zar en sus propios pensamientos, sino es útil para una batalla como tal, por alguna razón Kyo le había invitado, al menos que solo fuese un amiga o algo por el estilo, pero sabe que su nuevo capitán no es el tipo de hombre que se distrae en asuntos de sentimentalismos y menos en la víspera de una noche tan ocupada. La cual estaba por comenzar, el oriundo de estar tierras tan populares, sacaba unas monedas y daba el pago hacia el cantinero que los había atendido esa noche y quizá la última por un largo, largo rato, sin embargo fue un buen gesto por parte del samurái el pagar. Cosas que debe hacer un capitán, sin duda alguna.
...
Sin decir nada más comenzó su andar, en dirección a la salida, donde se podía escuchar que aun la lluvia se mantenía activa, quizá era mejor así, una noche oscura y lluviosa hacia perfecta armonía, para lo que se avecinaba. Dharma se acomodó justo a la izquierda de Kyo, ajustando su capa un poco y así mismo su espada, como cerciorándose que todo estuviera en su lugar, esperaba la salida de quienes seguramente ya venían detrás, solo faltaba alguno que otro detalle y tomarían camino, lo mejor sería no hacerlo juntos a decir verdad. Pero por ahora el Zar de los ojos marrones, dejaría las indicaciones a quien portaba el título de capitán, si había que mencionar algo más lo haría.
Una sensación de alivio le recorrió el cuerpo cuando los presentes se pusieron de pie, aceptando que su adorable presencia se encontraba | justamente a mitad de una fuga poco planeada. Sus mejillas se pintaron de carmín ante la forma en la que Kyo la presentó, pues no estaba acostumbrada a recibir elogios de ningún tipo. Por supuesto, el bello momento de aprecio hacia el muchacho se fue tan rápido como llegó al dejar al aire su visa dentro del puticlub.
|Kaizer y Dharma…|
Repitió en un susurro apenas audible. Aquellos nombres le resultaban familiares, como si los hubiese escuchado en algún sueño lejano que le brindaban una agradable sensación nostálgica. Asintió con cortesía a las presentaciones en un intento por reponerse de todas las emociones a las que no estaba acostumbrada. Necesitaba reponerse si no deseaba ser atrapada. Ya tendría tiempo de analizar la información en su fuente de la sabiduría.
Los observó pagar y comenzó a andar detrás de ellos. Desde esa posición no parecían un trío bastante normal y sin ninguna característica particular; sin embargo, su fuente de la sabiduría ponderó la forma de comportarse y la extraña manía que tenían por toquetear sus katanas. Sin duda era demasiado pronto como para subestimarlos.
Su corazón se aceleraba con cada paso que daban a la salida del local y que poco a poco la acercaban de nuevo a las calles de Reino de Briss y la sensación de peligro fue cada vez más inminente. A pesar de la prenda que Kyo le había prestado, aún se encontraba tiritando de frío y su largo cabello rubio escurría pegándosele al cuerpo y al rostro. Era la primera vez que se encontraba verdaderamente aterrada.
Avanzó un par de pasos con la vista oculta en su húmedo flequillo y con dos de sus dedos sujetó la camisa de Kyo con suavidad, deteniéndolo antes de llegar a la salida.
|No dejes que me encuentre… |habló con voz temblorosa y suplicante|. Por favor…me matará…|
Nunca en su vida imaginó que podría dar aquella impresión tan lastimera, pero en estos momentos todo lo que su cerebro y su corazón podían procesar era que el ama Sybill la encontrara antes de, si quiera, haber logrado salir.
El grupo comenzó a movilizarse en dirección al objetivo; sin embargo, aún no habían abandonado el bar cuando el espadachín sintió un leve tirón en su blanca y pulcra camisa. Se detuvo y miró por encima de su hombro derecho, Evie se encontraba allí, parada y cabizbaja, con los ropajes y cabello cubriendo su rostro, el cual denotaba una mirada taciturna y sombría. Aquella muchacha que minutos atrás fuera bromista y segura de si misma, ahora se encontraba ante Kyo con una seria petición, la cual el espadachín cumpliría sin rechistar |Estás segura con nosotros, hoy esos días quedan atrás| Exclamó con seguridad el espadachín, con su mirada escarlata seria y fija frente de si, sin girar, sin mirar atrás, la joven Blackmore debería hacer lo mismo... podía, mejor dicho, hacer lo mismo |Reino de Briss ya es parte de nuestro pasado| Concluyó dedicándole aquellas últimas palabras, comenzando así su andar nuevamente ¿Seguiría la joven sosteniendo sus ropajes todo el camino? No prestaría atención a tales minucias, que hiciera como se sintiera más cómoda.
Salió del lugar a paso firme; la lluvia aún arreciaba fuera del bar y a las claras estaba que terminarían aún más empapados de lo que ya estaban. Ciertamente su cuerpo era resistente a las adversidades, como el que más, sin embargo ya casi podía sentir los mocos tapando sus fosas nasales... aunque fuera su imaginación, ya sabía que vendrían algunos días de resfrío.
|Bien, el objetivo de hoy es un navío mercante... mejor dicho de contrabando| Comenzó relatando el joven Ryushoku para sus, ahora, compañeros |No estamos hablando de los peores criminales del mundo, pero el navío pertenece a un mercader de aquí, que además de sus negocios "en blanco", tiene algún que otro contacto por debajo de las alfombras que le compra artículos robados sin hacer preguntas, y sin pedir recibo| La lluvia convenientemente cubría aquellas palabras, lo cual era conveniente toda vez que, aún a pesar de que las calles estuvieran vacías, nunca se sabía quien podría estar detrás de las paredes |Ayudé más de una vez al viejo Zephis a que hiciera mantenimiento de sus navíos; el de hoy será modesto... pero eso también lo hace asequible, no creo que necesitemos mucho más por ahora| Sentenció Kyo.
|El plan no tiene mayores complicaciones, somos tres personas... cuatro con Evie, que necesitan un aventón a donde sea, ni siquiera pregunté a donde vamos, solo que necesitamos salir de Reino de Briss | Empezó a hablar el pelinegro en relación al segundo tópico a tratar |Esperaremos a que estemos en alta mar y golpearemos... sus números son reducidos, no creo que nos generen mayores complicaciones| Simple y concisa, con aquellas palabras podía ser descrita la explicación del espadachín, sin embargo estaba claro que sus compañeros no tendrían inconvenientes para entender.
Y así pasaron de ser un grupo de tres personas a cuatro. Eran una banda, les falta el nombre y tal, pero se iba formando un grupo bastante interesante. El dueño del bar, no lo sabía, pero fue espectador de lujo en el destino de los nakamas que ahora buscan salir de Reino de Briss. Dos usuarios de espadas, un peleador cuerpo a cuerpo y una fémina con conocimientos amplios y bastos sobre muchas cosas. El ambiente es oscuro y la lluvia puede generar un ambiente poco apropiado, sin embargo, le daba ese toque preciso de misterio. Ellos, de ahora en adelante, serían los que se tracen objetivos a fin de ir cumpliendo sus objetivos.
Kaizer pudo escuchar las palabras de Evie, estaba claramente asustada. El Zar dibujó una sonrisa puesto que Kyo se encargaba perfectamente de alivianar el dolor de la muchacha. Palabras cargadas de seguridad y con ese tono de confianza que cualquiera podría confiar. Sin duda, sería un buen capitán. Las venas de cemento guían hasta el mar de alguna forma u otra. Mientras caminaban a buen paso Kyo explicaba el plan que tenía el cual consiste en subirse a un navío con la excusa de un aventón y dar un golpe una vez establecidos, no es mala idea, después de todo como lo narraba los sujetos tenían suficiente dinero ilícito para reponerse en poco tiempo ¿No? Así son los criminales, así serán ellos de algún modo | Entiendo, una vez más, parece que lo tienes todo calculado ¿Algún dato que debamos decir o subiremos de buenas a primeras? | Preguntaba a su capitán mientras le observaba de reojo| No quiero llegar al sitio y delatarnos por no decir nada o pasarme de lengua ¡Hahaha! | La risa era producto de que el plan estaba calculado y simple que no requería mayor esfuerzo.
La emoción invadía cada célula del cuerpo de Kaizer, para él no es cansino pensar que, por fin, después de tanto tiempo, este era el verdadero paso a dar en pro de su futuro. Dharma, su primo, también estaba en el mismo lugar con él pese a todo lo que significa ser parte de los Zar y las expectativas que carga en su hombre, ahí estaba, marchado a un destino para convertirse en pirata, a convertirse, como él diría “en un dios”. Esperaba que Evie, también se lograr sentir cómoda y adaptarse al trio ya que tienen distintas personalidades.
| Dharma... | Expreso de forma seca y un tanto fría, justo cuando su primo lo señalaba y no dijo nada más, le miro por unos segundos para luego llevar sus orbes hacia la salida del lugar. | Creo que tener a alguien con otro tipo de habilidades que no sean solo destruir, era algo necesario.|
Menciono el portador de la gran espada, sin duda era cierto, más lo comentado por Kyo era algo de mucha utilidad, quizá aquella pequeña mujer tenía otras habilidades, como ya lo había previsto el Zar en sus propios pensamientos, sino es útil para una batalla como tal, por alguna razón Kyo le había invitado, al menos que solo fuese un amiga o algo por el estilo, pero sabe que su nuevo capitán no es el tipo de hombre que se distrae en asuntos de sentimentalismos y menos en la víspera de una noche tan ocupada. La cual estaba por comenzar, el oriundo de estar tierras tan populares, sacaba unas monedas y daba el pago hacia el cantinero que los había atendido esa noche y quizá la última por un largo, largo rato, sin embargo fue un buen gesto por parte del samurái el pagar. Cosas que debe hacer un capitán, sin duda alguna.
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Sin decir nada más comenzó su andar, en dirección a la salida, donde se podía escuchar que aun la lluvia se mantenía activa, quizá era mejor así, una noche oscura y lluviosa hacia perfecta armonía, para lo que se avecinaba. Dharma se acomodó justo a la izquierda de Kyo, ajustando su capa un poco y así mismo su espada, como cerciorándose que todo estuviera en su lugar, esperaba la salida de quienes seguramente ya venían detrás, solo faltaba alguno que otro detalle y tomarían camino, lo mejor sería no hacerlo juntos a decir verdad. Pero por ahora el Zar de los ojos marrones, dejaría las indicaciones a quien portaba el título de capitán, si había que mencionar algo más lo haría.
Una sensación de alivio le recorrió el cuerpo cuando los presentes se pusieron de pie, aceptando que su adorable presencia se encontraba | justamente a mitad de una fuga poco planeada. Sus mejillas se pintaron de carmín ante la forma en la que Kyo la presentó, pues no estaba acostumbrada a recibir elogios de ningún tipo. Por supuesto, el bello momento de aprecio hacia el muchacho se fue tan rápido como llegó al dejar al aire su visa dentro del puticlub.
|Kaizer y Dharma…|
Repitió en un susurro apenas audible. Aquellos nombres le resultaban familiares, como si los hubiese escuchado en algún sueño lejano que le brindaban una agradable sensación nostálgica. Asintió con cortesía a las presentaciones en un intento por reponerse de todas las emociones a las que no estaba acostumbrada. Necesitaba reponerse si no deseaba ser atrapada. Ya tendría tiempo de analizar la información en su fuente de la sabiduría.
Los observó pagar y comenzó a andar detrás de ellos. Desde esa posición no parecían un trío bastante normal y sin ninguna característica particular; sin embargo, su fuente de la sabiduría ponderó la forma de comportarse y la extraña manía que tenían por toquetear sus katanas. Sin duda era demasiado pronto como para subestimarlos.
Su corazón se aceleraba con cada paso que daban a la salida del local y que poco a poco la acercaban de nuevo a las calles de Reino de Briss y la sensación de peligro fue cada vez más inminente. A pesar de la prenda que Kyo le había prestado, aún se encontraba tiritando de frío y su largo cabello rubio escurría pegándosele al cuerpo y al rostro. Era la primera vez que se encontraba verdaderamente aterrada.
Avanzó un par de pasos con la vista oculta en su húmedo flequillo y con dos de sus dedos sujetó la camisa de Kyo con suavidad, deteniéndolo antes de llegar a la salida.
|No dejes que me encuentre… |habló con voz temblorosa y suplicante|. Por favor…me matará…|
Nunca en su vida imaginó que podría dar aquella impresión tan lastimera, pero en estos momentos todo lo que su cerebro y su corazón podían procesar era que el ama Sybill la encontrara antes de, si quiera, haber logrado salir.
El grupo comenzó a movilizarse en dirección al objetivo; sin embargo, aún no habían abandonado el bar cuando el espadachín sintió un leve tirón en su blanca y pulcra camisa. Se detuvo y miró por encima de su hombro derecho, Evie se encontraba allí, parada y cabizbaja, con los ropajes y cabello cubriendo su rostro, el cual denotaba una mirada taciturna y sombría. Aquella muchacha que minutos atrás fuera bromista y segura de si misma, ahora se encontraba ante Kyo con una seria petición, la cual el espadachín cumpliría sin rechistar |Estás segura con nosotros, hoy esos días quedan atrás| Exclamó con seguridad el espadachín, con su mirada escarlata seria y fija frente de si, sin girar, sin mirar atrás, la joven Blackmore debería hacer lo mismo... podía, mejor dicho, hacer lo mismo |Reino de Briss ya es parte de nuestro pasado| Concluyó dedicándole aquellas últimas palabras, comenzando así su andar nuevamente ¿Seguiría la joven sosteniendo sus ropajes todo el camino? No prestaría atención a tales minucias, que hiciera como se sintiera más cómoda.
Salió del lugar a paso firme; la lluvia aún arreciaba fuera del bar y a las claras estaba que terminarían aún más empapados de lo que ya estaban. Ciertamente su cuerpo era resistente a las adversidades, como el que más, sin embargo ya casi podía sentir los mocos tapando sus fosas nasales... aunque fuera su imaginación, ya sabía que vendrían algunos días de resfrío.
|Bien, el objetivo de hoy es un navío mercante... mejor dicho de contrabando| Comenzó relatando el joven Ryushoku para sus, ahora, compañeros |No estamos hablando de los peores criminales del mundo, pero el navío pertenece a un mercader de aquí, que además de sus negocios "en blanco", tiene algún que otro contacto por debajo de las alfombras que le compra artículos robados sin hacer preguntas, y sin pedir recibo| La lluvia convenientemente cubría aquellas palabras, lo cual era conveniente toda vez que, aún a pesar de que las calles estuvieran vacías, nunca se sabía quien podría estar detrás de las paredes |Ayudé más de una vez al viejo Zephis a que hiciera mantenimiento de sus navíos; el de hoy será modesto... pero eso también lo hace asequible, no creo que necesitemos mucho más por ahora| Sentenció Kyo.
|El plan no tiene mayores complicaciones, somos tres personas... cuatro con Evie, que necesitan un aventón a donde sea, ni siquiera pregunté a donde vamos, solo que necesitamos salir de Reino de Briss | Empezó a hablar el pelinegro en relación al segundo tópico a tratar |Esperaremos a que estemos en alta mar y golpearemos... sus números son reducidos, no creo que nos generen mayores complicaciones| Simple y concisa, con aquellas palabras podía ser descrita la explicación del espadachín, sin embargo estaba claro que sus compañeros no tendrían inconvenientes para entender.
Y así pasaron de ser un grupo de tres personas a cuatro. Eran una banda, les falta el nombre y tal, pero se iba formando un grupo bastante interesante. El dueño del bar, no lo sabía, pero fue espectador de lujo en el destino de los nakamas que ahora buscan salir de Reino de Briss. Dos usuarios de espadas, un peleador cuerpo a cuerpo y una fémina con conocimientos amplios y bastos sobre muchas cosas. El ambiente es oscuro y la lluvia puede generar un ambiente poco apropiado, sin embargo, le daba ese toque preciso de misterio. Ellos, de ahora en adelante, serían los que se tracen objetivos a fin de ir cumpliendo sus objetivos.
Kaizer pudo escuchar las palabras de Evie, estaba claramente asustada. El Zar dibujó una sonrisa puesto que Kyo se encargaba perfectamente de alivianar el dolor de la muchacha. Palabras cargadas de seguridad y con ese tono de confianza que cualquiera podría confiar. Sin duda, sería un buen capitán. Las venas de cemento guían hasta el mar de alguna forma u otra. Mientras caminaban a buen paso Kyo explicaba el plan que tenía el cual consiste en subirse a un navío con la excusa de un aventón y dar un golpe una vez establecidos, no es mala idea, después de todo como lo narraba los sujetos tenían suficiente dinero ilícito para reponerse en poco tiempo ¿No? Así son los criminales, así serán ellos de algún modo | Entiendo, una vez más, parece que lo tienes todo calculado ¿Algún dato que debamos decir o subiremos de buenas a primeras? | Preguntaba a su capitán mientras le observaba de reojo| No quiero llegar al sitio y delatarnos por no decir nada o pasarme de lengua ¡Hahaha! | La risa era producto de que el plan estaba calculado y simple que no requería mayor esfuerzo.
La emoción invadía cada célula del cuerpo de Kaizer, para él no es cansino pensar que, por fin, después de tanto tiempo, este era el verdadero paso a dar en pro de su futuro. Dharma, su primo, también estaba en el mismo lugar con él pese a todo lo que significa ser parte de los Zar y las expectativas que carga en su hombre, ahí estaba, marchado a un destino para convertirse en pirata, a convertirse, como él diría “en un dios”. Esperaba que Evie, también se lograr sentir cómoda y adaptarse al trio ya que tienen distintas personalidades.
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