31-12-2025, 06:18 PM
(Última modificación: 31-12-2025, 06:23 PM por Akira Raito.)
La noche había quedado espléndida. Trifulcas con maleantes por las calles del pueblo y en aquel bar, y para colmo Diosdado se había escapado. Pero los dos jóvenes reclutas habían completado con éxito aquello que venían a hacer: acabar con el núcleo de esa célula en la isla. Si bien se les había podido escapar el cabecilla, por lo menos ya le ponían cara, voz y nombre, y no solo eso, sino que sus hombres asentados en Baterilla habían sido noqueados por aquel par de marines novatos.
—Sí hombre... Te van a regañar a ti... Yo mira, no he roto nada, a todos los he dejado bien ordenaditos en la puerta —le respondió a su amigo con vacile. No le hacía tan malo como para que le vendiera de esa forma a sus superiores, pero la situación le causó demasiada gracia. No le llegaba a importara realmente que les cayera una bronca conjunta, a fin de cuentas eran un equipo y aquellos destrozos habían sido más que necesarios para conseguir ponerle cara a Diosdado y para terminar con la mayor cantidad posible de sus hombres. Y había sido todo un éxito, pero tenía que continuarle la gracia. Y con más motivo tenía que seguirle la gracia viendo el estado en el que se encontraba, que apenas podía levantarse sin ayuda.
En lo que estaba con su compañero Juan, uno de esos hombres se levantó como malamente pudo y quejándose de D.C., le entregó a Akira una dirección escrita en una servilleta. Akira la cogió y asintió con la cabeza mientras observaba como salía del bar. Las palabras de su amigo dejaron claro el resto, por lo que el rubio no añadió nada más. Simplemente se limitó a verlo abandonar el bar.
Se mantuvo unos minutos sin abrir la servilleta, la tenía en la mano mientras hacía muecas con el labio—. Si nos está mintiendo y siguen contando con nosotros para la captura de Diosdado, por lo menos visitaremos una nueva isla. ¿sabes? —levantó la vista a Juan con una sonrisa—. Próxima parada… Isla Karate.
Y con toda la alegría que podía caber en su pecho, ya que a esa isla tenía una cuestión pendiente, abandonó junto con su compañero aquel bar en dirección al cuartel. Los cuerpos del resto de delincuentes estaban todavía en el suelo, esperando a ser detenidos por sus compañeros de azul, que ya estaban próximos a la entrada del bar. Mientras, se iba contando batallitas con Juan, ya que por su parte, no sabía qué había pasado exactamente antes de que llegara al bar.
—Pues a mí me asaltaron desde una ventana y...
—Sí hombre... Te van a regañar a ti... Yo mira, no he roto nada, a todos los he dejado bien ordenaditos en la puerta —le respondió a su amigo con vacile. No le hacía tan malo como para que le vendiera de esa forma a sus superiores, pero la situación le causó demasiada gracia. No le llegaba a importara realmente que les cayera una bronca conjunta, a fin de cuentas eran un equipo y aquellos destrozos habían sido más que necesarios para conseguir ponerle cara a Diosdado y para terminar con la mayor cantidad posible de sus hombres. Y había sido todo un éxito, pero tenía que continuarle la gracia. Y con más motivo tenía que seguirle la gracia viendo el estado en el que se encontraba, que apenas podía levantarse sin ayuda.
En lo que estaba con su compañero Juan, uno de esos hombres se levantó como malamente pudo y quejándose de D.C., le entregó a Akira una dirección escrita en una servilleta. Akira la cogió y asintió con la cabeza mientras observaba como salía del bar. Las palabras de su amigo dejaron claro el resto, por lo que el rubio no añadió nada más. Simplemente se limitó a verlo abandonar el bar.
Se mantuvo unos minutos sin abrir la servilleta, la tenía en la mano mientras hacía muecas con el labio—. Si nos está mintiendo y siguen contando con nosotros para la captura de Diosdado, por lo menos visitaremos una nueva isla. ¿sabes? —levantó la vista a Juan con una sonrisa—. Próxima parada… Isla Karate.
Y con toda la alegría que podía caber en su pecho, ya que a esa isla tenía una cuestión pendiente, abandonó junto con su compañero aquel bar en dirección al cuartel. Los cuerpos del resto de delincuentes estaban todavía en el suelo, esperando a ser detenidos por sus compañeros de azul, que ya estaban próximos a la entrada del bar. Mientras, se iba contando batallitas con Juan, ya que por su parte, no sabía qué había pasado exactamente antes de que llegara al bar.
—Pues a mí me asaltaron desde una ventana y...
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Karmas
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