01-01-2026, 03:16 AM
Una vena se marcó en la frente del rubio al escuchar las palabras del pelirrojo y; sin embargo, no podía simplemente dejarse llevar y arrancar de cuajo aquella amabilidad falsa con la que él mismo se había presentado, más que nada porque siendo que el joven estaba armado, debía considerar que, dentro de las posibilidades del chico, estaría escapar si él decidía atacarlo aquí y ahora para eliminarlo.
No, no podía arriesgarse. Estaba entre la espada y la pared, después de todo, de por si el sitio lucía sospechoso y nadie descartaba que el muchacho no hablara de nada de esto cuando saliera, pero, por otro lado, si llegaba a atacarlo y las cosas no salían bien, llamaría la atención mucho más de lo que deseaba.
—Tal vez tengas razón, puede que sea un dueño nefasto que tenga que amaestrar mejor a sus perros, pero ahora que lo sé voy a tenerlo en cuenta para el futuro —. Volvió a sonreír con falsedad mientras que sus helados ojos celestes no se apartaban del intruso. —A final de cuentas que un viajero perdido haya venido hasta aquí sirvió para que aprendiera algo nuevo.
En ese momento el guardia que no estaba herido se inclinó para ayudar a su compañero, quien refunfuñaba en medio del dolor causado por la herida e intentaba contener los descontrolados espasmos de su pierna. Rafael solo los ignoró por el momento, aun cuando sabía bien que el médico del otro lado de la habitación seguro podía encargarse de lo que sea que provocara aquella reacción en la pierna ajena, a fin de cuentas, no estaba en sus planes revelar que había más gente en el lugar, eso sería contraproducente y, mientras que el pelirrojo no mencionara nada sobre haber visto al médico de cabellos chicle, todo debería estar bien o, al menos eso creyó.
—¡Oh! No me malentiendas, muchacho, no me burlaba de tu manera de hablar, simplemente me pareció interesante ¿Tiene algo de malo que haya querido destacarlo? —A pesar del peligro de las flechas, el rubio decidió jugar un rato, no perdía nada con hacerlo, eso sí, inmediatamente dejó que el otro siguiera con su explicación, esa que él mismo le había pedido y, al final, como sospechó…no le creyó nada. Todo parecía conveniente, demasiado conveniente.
Sin embargo, ahí estaba de nuevo la duda, esa decisión de si dejarlo ir por las buenas o no, después de todo, la petición del muchacho no era descabellada y el rubio podía no darle la dirección de una sola posada si no de muchas, aun así… ¿Quién le podía asegurar que no empezaría con habladurías por ahí? Habladurías que pudieran delatar su ubicación a gente que pudiera ponerlo en aprietos. Es verdad que el muchacho no parecía haber visto nada ilegal por ahora…pero, la gente habla y eso no es bueno en estos casos.
—¿Jmmm? ¿En verdad? ¿Nunca se te ocurrió que podía entrar aquí porque es mi casa o una propiedad privada? No deberías arriesgarte entrando a sitios que ni siquiera tienen un letrero afuera, no todos tienen guardias ineptos, alguna de esas incursiones siguiendo a desconocidos podría salir mal —Tragó saliva, no por nervios, si no por fastidio, a pesar de que el tono de su voz parecía bastante relajado. La noche no estaba saliendo como la planeó. —, pero, como sea, considerando que solo quieres irte de aquí, puedo anotarte en un papel los nombres de posadas reales, con precios desde los más baratos hasta los más caros, ahí puedes decidir a cuál quieres ir.
El rubio se movió para intentar entrar a la habitación detrás de si, pero ni siquiera pudo entrar cuando un llanto lastimero se escuchó desde el interior, seguido de inmediato por una voz quebrada que, aunque era baja, debido a lo cerrado del lugar, se escuchó con más claridad de la que Rafael hubiera esperado. El hombre chasqueó la lengua y miró con cautela al pelirrojo… ¿Lo habría escuchado? Y, de haberlo hecho ¿Intentaría algo?
Mientras tanto, dentro de la habitación en donde estaba la “mercancía”, el médico miró con horror como a uno de esos que estaba casi dormido, empezó a pasársele el efecto de la anestesia en el peor momento posible.
Normalmente, no se habría movido o, en su defecto, habría buscado un lugar donde esconderse o una apertura para escapar en caso de que, quien sea que estuviera afuera, decidiera hacérselas de héroe, pero en este caso ninguna de las opciones era viable, a fin de cuentas, no había muchas cosas en la habitación que pudieran esconderlo de la vista, tampoco había más salida que la puerta que estaba detrás de él y, por supuesto, si se quedaba quieto, no podría callar al “ganado” que había decidido despertar.
Sus pies se movieron con rapidez para alcanzar la celda que, lamentablemente, se abrió con un chirrido que lo hizo fruncir el ceño antes de entrar y lanzarse sobre el chico que estaba dentro de la misma.
Una inyección, similar a la que usó antes con el otro muchacho, se clavó sin mayor resistencia en el cuello del que recién despertaba. Tuvo que agradecer que, a pesar de que se quejó con voz bastante alta para su gusto, al menos no podía moverse con naturalidad, por lo que no le costó nada volver a aplicarle un sedante…pero…algo le decía que el daño ya estaba hecho, algo en su interior sabía que las cosas no se iban a quedar así…tal vez los habían descubierto.
—Tsk…debiste mantener la boca cerrada —. Una advertencia que no sabía si llegó o no a los oídos del chico anestesiado, pero que susurró con rabia suficiente para saber que, si las cosas salían bien, se iba a olvidar de su “profesionalismo” y se encargaría de “desmantelarlo” sin usar ningún tipo de sedante.
El médico miró hacia la puerta, apenas podía ver algo entre la rendija abierta que quedaba…por eso tragó saliva y se puso de pie adelantándose a cualquier hecho, mientras arrastraba el cuerpo del chico a su lado. Bien…si por algún motivo Rafel no podía contener a quien estaba afuera y este entraba para hacerse el valiente, al menos podría usar un escudo humano si las cosas se salían de control.
