[Social/Pasado] Zafarrancho en el huerto
#7
Desde mi posición privilegiada, es decir, agazapada entre dos enormes hojas que olían a tierra húmeda y a tentación gratuita, observé la nueva escena que se dibujó frente a mis ojos con los brazos cruzados y el ceño fruncido. ¿En qué momento había aparecido aquel hombre? ¿Sería un jornalero explotado o por el contrario un humilde agricultor? Recé para que fuese la primera opción. Tal vez así no me sentiría tan mal. Pero por su reacción tan desmedida y a la defensiva, tan protectora con el huerto, parecía que sería la segunda opción.

Por alguna razón decidió desquitar toda su ira contra Han. Intuí, probablemente esta vez más acertada, que no se había percatado de mi presencia. El estruendo me había hecho pegar un salto digno de una tragedia griega en miniatura, pero una vez pasado el susto inicial… Entendí lo que había que hacer. La situación era la siguiente: escopeta, anciano, huerto, Han a punto de convertirse en queso emmental. Clásico.

Me asomé apenas un poco más, entre las hojas, lo justo para confirmar lo evidente: no me había visto. Ni rastro. Yo no existía en su mundo. Solo había un pobre desgraciado alto, con pinta de no haber robado ni una manzana en su vida pero que ahora la pobreza le obligaba a llegar a estos extremos, siendo apuntado como si fuese el mismísimo demonio horticultor. Suspiré, llevándome una mano al pecho con dramatismo. Podía escuchar desde la cabeza de Han un sonoro “te lo dije”, ¿o tan solo era mi mente ansiosa adelantándose a los acontecimientos?

Entonces, decidí hacer lo único razonable. Salí de entre las hojas. Pero no salí. Aparecí. Salté sobre la valla y aterricé en lo alto de un nabo con una pose exagerada, brazos abiertos, cola erguida, sacando pecho como si estuviera a punto de cantar un aria—. ¡ALTO AHÍ, VILLANO! —proclamé con voz clara, firme y absurdamente solemne para alguien de mi tamaño. ¿Quién era el villano? Ni yo lo tenía claro, por el momento.

El señor dio un respingo tan violento que el cañón de la escopeta se le fue hacia un lado, lo cual me asustó bastante; tuve que controlar una expresión de sorpresa—. ¡¿QUÉ COÑO—?!

— ¡NO DISPARE! —añadí enseguida, levantando una mano diminuta pero autoritaria, exagerada más bien—. ¡Soy una criatura mágica, no un pato! —¿un pato? ¿Por qué un pato? El hombre parpadeó incrédulo. Una vez. Dos. Bajó lentamente el arma… solo un poco.

— ¿...qué demonios es eso…?

— Eso —dije, llevándome una mano al pecho con falsa dignidad herida, aunque en el fondo sí había ofendido un poco— es Alana, representante oficial de la clase trabajadora hambrienta, portavoz de los oprimidos sin despensa y, ocasionalmente, hada del bosque cuando conviene.

Silencio. Podía ver cómo su cerebro hacía esfuerzo mental, ¡incluso físico si me apuras!—. ¿...un… muñeco?

— ¡MUÑECO NO! —grité, ofendidísima, mentira, no estaba ofendida, pero había que actuar como si lo estuviera. La escena desde fuera tenía que verse sobreactuada, al menos para aquel que me conociera—. ¡Soy una persona muy pequeña! ¡Y con derechos! Pocos, pero intensos.

— ¿Y qué hacías tú… ahí?

El cañón bajó un poco más. No del todo. Pero progreso es progreso. Me giré despacio, señalando el huerto con un gesto amplio, casi teatral, desmedido.

— Contemplando una acumulación obscena de medios de producción agrícolas, señor. Y considerando una redistribución simbólica en forma de cena.

El viejo frunció el ceño, escupió otra vez al suelo y volvió a mirarme. Alzó la escopeta. Mierda. Todo mi trabajo y esfuerzo se fue a tomar por cleta—. ¿Así que eras tú la ladrona…?

— Expropiadora —corregí—. Es un matiz importante —y entonces el objetivo de su cañón cambió: apuntaba a una servidora. ¡Joder! Me armé de valor y di unos pasos sobre la tierra, dejando huellas diminutas mientras hablaba con pasión, vamos, improvisé—. Mire a ese hombre —dije, señalando a Han sin mirarlo siquiera—. ¿Le parece un criminal peligroso? ¿Un azote del campo? ¿Un terror del nabo?

El hombre gruñó. Después, escupió. Que arte para producir tanta saliva—. Tiene pinta de tonto —que difícil hacía lo de no reírme. Cuanta sinceridad tenía el caballero. Era digno de admirar.

— Exacto —asentí con fuerza—. Inofensivo. Y hambriento. Como yo. Como todos. La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases… y ahora mismo vamos perdiendo por inanición.

El silencio volvió a caer, roto solo por algún insecto y el leve temblor del arma del anciano. El hombre resopló. Mi actuación estaba haciendo efecto, o más bien se estaba cansando y hartando de mis mierdas. ¿Cuál sería la respuesta correcta?—. Estáis como cabras…

— Como cabras con principios —añadí rápidamente. Supervivencia. Esto, en igualdad de condiciones, no lo toleraría.

Di media vuelta y miré a Han, quise hablar pero en el momento en que me di la vuelta, el anciano aprovechó para recargar el arma y disparar en mi dirección. El disparo pasó silbando por encima de mí y fue a estrellarse contra la valla del huerto, arrancando astillas que cayeron como lluvia a mi alrededor. No me moví. Ni un paso atrás. Ni un parpadeo. Dejé de mirar a Han y alcé lentamente la mirada hacia el anciano.

— Me estoy cansando de tus tonterías.

El hombre volvió a apoyar la culata de la escopeta contra su hombro, mascullando algo entre dientes. Se desplazó. Un paso. Dos. El cañón se alzó… y pasó de largo. Apuntaba ahora a Han—. Tú —escupió—. El grandote. Si has tenido los huevos de venir a meter las manos en mi tierra —continuó, con voz grave, cargada de años y de orgullo—, los tendrás también para responder como un hombre.

Bajó la escopeta apenas unos centímetros, lo justo para que no pareciera una ejecución… sino una invitación.

— Un duelo. Limpio. A disparos. Como Dios manda. Si ganas, os lleváis lo que queráis. Y os marcháis. Si pierdes… el huerto se cobra la deuda.
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RE: [Social/Pasado] Zafarrancho en el huerto - por Alana Sahiba - 01-01-2026, 12:00 PM

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