01-01-2026, 08:51 PM
Era desafortunado que me estuviese apuntando a mi, pero hubiese sido peor si se hubiese percatado de la presencia de Alana, ella no se curaba con tanta facilidad como yo, seguramente un escopetazo le daría jaqueca una semana, eso como mínimo claro. Así que, dentro de lo malo, que un tipo me apunte a mi, no era el peor escenario posible en esta situación. Miré fijamente al señor, claramente enfadado "Quizás Alana sea inteligente y se vaya escondida, puede que sea capaz de resolver esto yo solo" Qué mas hubiese querido, ya que, claramente, la tontatta no iba a irse y dejarme solo, algo muy noble por su parte, noble y estúpido claro. De un grito soltado a pleno pulmón, exigió al hombre que se detuviese, lo llamó villano, yo la miré sorprendido al escucharlo "Pero qué villano ni que ocho cuartos, si los ladrones somos nosotros" De nuevo el sudor frío recorría mi cuerpo, ahora no tenía que preocuparme de salir airoso, tenía que impedir que le dejasen como un colador a ella también.
Sin saber muy bien por qué, - en realidad no tenía ni idea de qué estaba haciendo.- Alana decidió hacerse pasar por una criatura mágica. Mi rostro cada vez se notaba mas contrariado. "De esta no salimos enteros ni con fe" Pensé mientras mi mirada cambiada entre ella y el señor cada vez que uno de ellos hablaba, yo me mantuve callado en mi posición, que si me hacía notar estaba mas que seguro que el primer disparo me lo iba a llevar yo. Le faltó tiempo a la pequeña para ponerse reivindicativa, explicando que era portavoz de los hambrientos y un hada, solo cabía esperar que ese tipo fuera fuertemente imbécil y se lo tragase, pero... ya habría que ser harto imbécil, sinceramente.
Desfachatez tras desfachatez, mi pequeña camarada parecía convencer al señor jornalero, pero eso solo fue al principio, en cuanto la mujer admitió el delito cerré los ojos y agaché la cabeza con un claro rostro de resignación. -Aaaiis...- Yo ya tenía claro que Alana no era el navío mas rápido de la tripulación, pero jamás pensé que pudiera auto inculparse sola de un delito intentando librarse de este, sencillamente absurdo. Como era de esperar el hombre entendió que nosotros fuimos los perpetradores del crimen, sin perder la ocasión de llamarme tonto junto con mi compañera, aunque... Pensándolo bien, que se pensase que era retrasado si quería, si eso hacía que pudiésemos irnos sin plomo en el cuerpo estaba mas que dispuesto ha ponerme un cono de tonto en la cabeza.
Finalmente el agricultor volvió a apuntarme, como no, y yo volví a rezar en silencio para librarme. Así nos mantuvimos unos segundos que a mi se me hicieron eternos, pasaron como minutos completos ante mi percepción, hasta que, por azares del destino, el viejo determinó que tirotear a un hombre indefenso podía verse como algo deshonroso, retándome entonces a un duelo con pistolas, eso por lo menos me daba una oportunidad de salir sin perforaciones, pero había ciertos problemas con esa idea. La primera es que la idea de disparar a alguien a sangre fría no era para nada de mi agrado, no era un asesino de esa calaña, yo si mataba era solo en casos de estricta necesidad imperiosa, la segunda, pero no menos importante por ello, era que yo, apenas si había tocado un arma.-Pero yo no tengo pistola, señor.- Dije con un tono bajo y tranquilo, lo último que necesitaba era poner mas nervioso al anciano desquiciado que tenía delante.
El viejo se rio, parecía que había soltado el chiste mas gracioso del planeta sin saberlo. -Vaya desperdicio... En fin, no pasa nada, yo tengo un revolver de sobra.- No me había fijado, pero en cada una de sus cartucheras llevaba un revolver exactamente igual a los demás. Se acercó a mi y me dio una de las cartucheras, seguramente la de su mano no dominante para que el duelo no le resultase una desventaja para él. -Muy bien, te explico como va esto: Ahora nos ponemos espalda contra espalda, damos diez pasos en dirección contraria cada uno, nos damos la vuelta para estar de frente y en duelo habría empezado, el que mate al otro primero gana.- Las normas eran sencillas, básicamente alejarse los dos a la vez para no dispararnos a traición y luego un sálvese quien pueda. Ahora solo faltaba encontrar las ganas de hacer esto.
Sin saber muy bien por qué, - en realidad no tenía ni idea de qué estaba haciendo.- Alana decidió hacerse pasar por una criatura mágica. Mi rostro cada vez se notaba mas contrariado. "De esta no salimos enteros ni con fe" Pensé mientras mi mirada cambiada entre ella y el señor cada vez que uno de ellos hablaba, yo me mantuve callado en mi posición, que si me hacía notar estaba mas que seguro que el primer disparo me lo iba a llevar yo. Le faltó tiempo a la pequeña para ponerse reivindicativa, explicando que era portavoz de los hambrientos y un hada, solo cabía esperar que ese tipo fuera fuertemente imbécil y se lo tragase, pero... ya habría que ser harto imbécil, sinceramente.
Desfachatez tras desfachatez, mi pequeña camarada parecía convencer al señor jornalero, pero eso solo fue al principio, en cuanto la mujer admitió el delito cerré los ojos y agaché la cabeza con un claro rostro de resignación. -Aaaiis...- Yo ya tenía claro que Alana no era el navío mas rápido de la tripulación, pero jamás pensé que pudiera auto inculparse sola de un delito intentando librarse de este, sencillamente absurdo. Como era de esperar el hombre entendió que nosotros fuimos los perpetradores del crimen, sin perder la ocasión de llamarme tonto junto con mi compañera, aunque... Pensándolo bien, que se pensase que era retrasado si quería, si eso hacía que pudiésemos irnos sin plomo en el cuerpo estaba mas que dispuesto ha ponerme un cono de tonto en la cabeza.
Finalmente el agricultor volvió a apuntarme, como no, y yo volví a rezar en silencio para librarme. Así nos mantuvimos unos segundos que a mi se me hicieron eternos, pasaron como minutos completos ante mi percepción, hasta que, por azares del destino, el viejo determinó que tirotear a un hombre indefenso podía verse como algo deshonroso, retándome entonces a un duelo con pistolas, eso por lo menos me daba una oportunidad de salir sin perforaciones, pero había ciertos problemas con esa idea. La primera es que la idea de disparar a alguien a sangre fría no era para nada de mi agrado, no era un asesino de esa calaña, yo si mataba era solo en casos de estricta necesidad imperiosa, la segunda, pero no menos importante por ello, era que yo, apenas si había tocado un arma.-Pero yo no tengo pistola, señor.- Dije con un tono bajo y tranquilo, lo último que necesitaba era poner mas nervioso al anciano desquiciado que tenía delante.
El viejo se rio, parecía que había soltado el chiste mas gracioso del planeta sin saberlo. -Vaya desperdicio... En fin, no pasa nada, yo tengo un revolver de sobra.- No me había fijado, pero en cada una de sus cartucheras llevaba un revolver exactamente igual a los demás. Se acercó a mi y me dio una de las cartucheras, seguramente la de su mano no dominante para que el duelo no le resultase una desventaja para él. -Muy bien, te explico como va esto: Ahora nos ponemos espalda contra espalda, damos diez pasos en dirección contraria cada uno, nos damos la vuelta para estar de frente y en duelo habría empezado, el que mate al otro primero gana.- Las normas eran sencillas, básicamente alejarse los dos a la vez para no dispararnos a traición y luego un sálvese quien pueda. Ahora solo faltaba encontrar las ganas de hacer esto.
