01-01-2026, 09:26 PM
Narrador / María Merlot
…………………………….
¿Lo planeo?
No.
Solo se dio…
Y lo iba a disfrutar…
MUSIQUITA
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¿Lo planeo?
No.
Solo se dio…
Y lo iba a disfrutar…
¿Y saben qué? Por las expresiones del hombre morado, él también lo estaba disfrutando. La mirada matadora al ave, el sonrojo furioso de sus mejillas y la evidente erección, le demostraban que, o era muy sensible, o ella realmente no había perdido el toque de volver locos a los hombres. Claro, cuando se dio de lleno contra la superficie del rio, y escucho bajo el agua la burla, tuvo que darle la razón: Se cargo el momento con la caída; pero, como lo había decidido, no le importaba porque era más encantador ser genuinos y divertidos, que aburridos y frígidos, es más, sus amos serios y con aura de “tipos malos” siempre habían resultado ser los peores amantes, y con los pitos más pequeños; aunque, no era la herramienta, sino como la usaba.
La risa del hombre, cuando la vio colocarse su pantalón como corona, la hizo reír también… no sabía porque reía, solo se había contagiado con la buena aura del pervertido capitán uva. Como lo pensó antes, y como le dictó su corazón con cada interacción, había encontrado un alma como la suya, llena de irreverencia, locura y buenas vibras; un alma que no se regía por la seriedad de la sociedad, ni fingía ser lo que no era; un alma delirante, y las mejores personas eran delirantes con mucha muchosidad.
La risa del hombre, cuando la vio colocarse su pantalón como corona, la hizo reír también… no sabía porque reía, solo se había contagiado con la buena aura del pervertido capitán uva. Como lo pensó antes, y como le dictó su corazón con cada interacción, había encontrado un alma como la suya, llena de irreverencia, locura y buenas vibras; un alma que no se regía por la seriedad de la sociedad, ni fingía ser lo que no era; un alma delirante, y las mejores personas eran delirantes con mucha muchosidad.
“Muy gracioso princesita… Pero puedes mirar si quieres, ya sabía yo que querías ver a un tío bueno como yo en calzoncillos.”
Volvió a decirle “princesita”… no sabía si le gustaba o no el apodo, aunque al parecer todo lo que venía de ese sujeto… le fascinaba, casi a nivel hipnótico, así que por el momento disfrutaría del mote, y quizás si jugaba bien sus cartas, podría subir a Reina o Diosa. ¿Mirar? Claro que iba a mirar, y lo estaba haciendo entre sus dedos, después de todo... pudor y María no iban en la misma frase… nunca jamás. Como su treta fue descubierta bajo las manos y lo miro sin vergüenza alguna, no era guapo, pero si atractivo… su sex-appeal la comenzó a envolver desde el juego de la caña de azúcar, y ella se dejó arrastrar por la curiosidad que le generaba y también porque… sentía que estaba siendo libre, que por primera vez podía jugar por voluntad propia y no por miedo u obligación. Si era honesta, y siempre lo era, él no era el único excitado en ese claro selvático.
Hyakinthos tenía un hábito, morder sus labios cuando estaba nervioso o estresado… justo ahora, María estaba mordiendo su labio inferior, no con fuerza, sino como alguien que veía algo que le gustaba, y quería devorarlo. Y más aún, cuando la camisa de flamencos dejo de ser un impedimento para seguir con su escrutinio, definitivamente estaba bien formado, no grotesco o flácido, solo la justa medida.
Hyakinthos tenía un hábito, morder sus labios cuando estaba nervioso o estresado… justo ahora, María estaba mordiendo su labio inferior, no con fuerza, sino como alguien que veía algo que le gustaba, y quería devorarlo. Y más aún, cuando la camisa de flamencos dejo de ser un impedimento para seguir con su escrutinio, definitivamente estaba bien formado, no grotesco o flácido, solo la justa medida.
“¿Pero sabes qué? Te apuesto cien berries a que quieres ver más que eso pervertida.”
¿Le gustaban las apuestas? La semi sirena solo se rio, tan encantadoramente como siempre. El dedo del masculino señalándola, la distrajo de la respuesta que iba a darle… era laaaaaargo, acorde a su gran mano, que era proporcional a su altura, una que sobrepasaba, al ojo por ciento, los dos metros, y que la dejaban como una enana de un metro setenta. ¿Él sabría usar sus manos, y sobre todo sus dedos, con la misma habilidad que usaba su piquito de oro? Ese pensamiento, la hizo soltar un leve suspiro, ajena a la acusación del sujeto, ella… o más bien, su cuerpo estaba… siendo estimulado por las cavilaciones y expectativas; en ese punto, y luego de todo lo que le dejo hacerle, no podía no aceptarlo… él encendió una llamita en su… vientre, y ahora ella quería jugar con fuego… y quemarse con placer.
El hombre tenía una manía muy curiosa: lanzarle cosas, y esta vez no hubo excepción, porque su ropa interior fue disparada sin miramientos a su dirección, a lo que la chica con agilidad (y algo de reflejos) termino cachando, y cuando lo detallo, una carcajada… de deleite puro, salió de sus labios. La ropa interior estaba estampada, y curiosamente eran pequeñas sirenas… se trataba de un fan de su especie. Ella se quedó viendo el bóxer por un instante, procesando la casualidad y llegando a la conclusión de que nada en el mundo pasaba sin motivos, ese día que ya se había convertido en noche, ese encuentro con el hombre de cabellera morada, no había sido una casualidad, sino el destino que la había chocado de frente con… su media uva (naranja), y nada tenía que ver con el amor, era algo más fuerte, más potente, más psicodélico, más… carnal y sensorial, más… más… más… como una resonancia de sus propias esencias. Y ese entendimiento, la hizo… palpitar, y no solo fue en el corazón.
— …. parece que no solo a mi familia le gusta follarse peces. Que gran hipócrita, amo; pero le doy puntos por su buen gusto… — se burló con la tela en las manos, tenía que hacerlo, porque al parecer… su dinámica sería así, y la verdad lo disfrutaba, como una batalla sana de locuras e ingenios… en la que obviamente ella ganaría.
Luego lanzo el bóxer hacia un lado, mientras lo seguía con la mirada. Caminaba con esa seguridad que lo caracterizaba, y eso hacía que su desnudez fuera aún más… atrayente. Cuando salto y salió del agua… los orbes ámbar lo siguieron, y claro que se detuvo en aquella parte de su cuerpo que lo etiquetaba como hombre. Olviden sus dedos, o su lengua, definitivamente esa parte… se veía y sentiría mucho mejor; estaba bien dotado, y excitado, cual mástil pirata… ¿podría seguir creciendo? Ella… no lo iba a negar, quería descubrirlo como la cotilla que era.
La roca se sentía caliente, o era ella cuya temperatura corporal estaba subiendo poco a poco. Para distraerse de los pensamientos impuros, movió las piernas, lo que ocasiono que sus pies removieran la superficie del agua, mientras de reojo lo veía estirarse como si estuvieran en el medio del festival y no casi desnudos con una increíble tensión sexual en el ambiente. Después de sus movimientos, se agacho para quedar a su altura, a lo que ella… que deseaba seguir hilando ese juego, se giró para que su cuerpo quedara hacia su frente. Su mirada, violeta sobre la suya ámbar… había algo en sus ojos… que ella quería interpretar como: Vamos a hacer cosas de adultos desinhibidos y sucios, esclavos de sus deseos carnales…
El hombre tenía una manía muy curiosa: lanzarle cosas, y esta vez no hubo excepción, porque su ropa interior fue disparada sin miramientos a su dirección, a lo que la chica con agilidad (y algo de reflejos) termino cachando, y cuando lo detallo, una carcajada… de deleite puro, salió de sus labios. La ropa interior estaba estampada, y curiosamente eran pequeñas sirenas… se trataba de un fan de su especie. Ella se quedó viendo el bóxer por un instante, procesando la casualidad y llegando a la conclusión de que nada en el mundo pasaba sin motivos, ese día que ya se había convertido en noche, ese encuentro con el hombre de cabellera morada, no había sido una casualidad, sino el destino que la había chocado de frente con… su media uva (naranja), y nada tenía que ver con el amor, era algo más fuerte, más potente, más psicodélico, más… carnal y sensorial, más… más… más… como una resonancia de sus propias esencias. Y ese entendimiento, la hizo… palpitar, y no solo fue en el corazón.
— …. parece que no solo a mi familia le gusta follarse peces. Que gran hipócrita, amo; pero le doy puntos por su buen gusto… — se burló con la tela en las manos, tenía que hacerlo, porque al parecer… su dinámica sería así, y la verdad lo disfrutaba, como una batalla sana de locuras e ingenios… en la que obviamente ella ganaría.
Luego lanzo el bóxer hacia un lado, mientras lo seguía con la mirada. Caminaba con esa seguridad que lo caracterizaba, y eso hacía que su desnudez fuera aún más… atrayente. Cuando salto y salió del agua… los orbes ámbar lo siguieron, y claro que se detuvo en aquella parte de su cuerpo que lo etiquetaba como hombre. Olviden sus dedos, o su lengua, definitivamente esa parte… se veía y sentiría mucho mejor; estaba bien dotado, y excitado, cual mástil pirata… ¿podría seguir creciendo? Ella… no lo iba a negar, quería descubrirlo como la cotilla que era.
La roca se sentía caliente, o era ella cuya temperatura corporal estaba subiendo poco a poco. Para distraerse de los pensamientos impuros, movió las piernas, lo que ocasiono que sus pies removieran la superficie del agua, mientras de reojo lo veía estirarse como si estuvieran en el medio del festival y no casi desnudos con una increíble tensión sexual en el ambiente. Después de sus movimientos, se agacho para quedar a su altura, a lo que ella… que deseaba seguir hilando ese juego, se giró para que su cuerpo quedara hacia su frente. Su mirada, violeta sobre la suya ámbar… había algo en sus ojos… que ella quería interpretar como: Vamos a hacer cosas de adultos desinhibidos y sucios, esclavos de sus deseos carnales…
“Y retomando la pregunta de antes…”
¿La pregunta? Casi siempre estaba perdida en su mente, ahora que su cuerpo latía con anticipación carnal, menos iba a estar recordando cosas… así que esperaba él fuera más explícito... para que sus neuronas hicieran sinapsis hacia la conversación y no hacia las sensaciones que iban creciendo dulcemente en partes… estratégicas de su cuerpo. Y tan sensibles como que… cuando él toco su mejilla, entrecerró por inercia los ojos, estaba mojado… y ella adoraba el agua… tal vez y solo tal vez, si se acercaba un poco más podría lamerlo, y saborear cada gota de agua de aquel desgarbado pero magnético macho.
Y sin previo aviso, su pulgar se metió a su boca, una invasión que en cualquier otro momento, y con cualquier otra persona, hubiera terminado en un mordisco… con mucha sangre, pero sentir aquel grueso dedo entre sus labios y reposar sobre su lengua, la hizo actuar por instinto… entrecerró su boca, sujetando el dedo con los dientes con suficiente fuerza para que dejara una marca pero no para dañarlo, y luego, considerando lo que había pensando antes de sus dedos largos y manos grandes, procedió a disfrutar del momento… o más bien, deleitarse con el sabor que su bronceada extremidad podía aportarle como preámbulo de algo más… duro.
La lengua de la chica lo rodeo, como si se tratase de una piruleta. Lamida y relamida, por un lado, y por el otro, y con su cuerpo reaccionando… positiva y fogosamente. En la acción, su boca salivo, dejando caer un hilo por el lado opuesto de la mejilla que acariciaba el hombre. Con un chupetón que termino con sus labios fruncidos y un sonoro MUUUUUUUUUAK, se inclino hacia atrás, dejando que el elemento extraño saliera de su boca, lo que hizo a continuación fue mirarlo a sus ojos violetas mientras se relamía los labios.
Y sin previo aviso, su pulgar se metió a su boca, una invasión que en cualquier otro momento, y con cualquier otra persona, hubiera terminado en un mordisco… con mucha sangre, pero sentir aquel grueso dedo entre sus labios y reposar sobre su lengua, la hizo actuar por instinto… entrecerró su boca, sujetando el dedo con los dientes con suficiente fuerza para que dejara una marca pero no para dañarlo, y luego, considerando lo que había pensando antes de sus dedos largos y manos grandes, procedió a disfrutar del momento… o más bien, deleitarse con el sabor que su bronceada extremidad podía aportarle como preámbulo de algo más… duro.
La lengua de la chica lo rodeo, como si se tratase de una piruleta. Lamida y relamida, por un lado, y por el otro, y con su cuerpo reaccionando… positiva y fogosamente. En la acción, su boca salivo, dejando caer un hilo por el lado opuesto de la mejilla que acariciaba el hombre. Con un chupetón que termino con sus labios fruncidos y un sonoro MUUUUUUUUUAK, se inclino hacia atrás, dejando que el elemento extraño saliera de su boca, lo que hizo a continuación fue mirarlo a sus ojos violetas mientras se relamía los labios.
“Sí, me encanta la palabra follar, pero me gusta aún más si va seguida de contigo.”
La frase dicha en voz alta sonó tan ridícula que la mujer dejo caer su cabeza hacia atrás, exponiendo su níveo cuello a la vista del hombre, mientras soltaba una divertida y mordaz risa. ¿De verdad, alguien con su apariencia, acababa de soltar algo tan cliché? Tenía que burlarse en voz alta, pero se distrajo un momento por el toque del hombre sobre la piel desnuda de su torso, y más cuando la atrajo hacia a él, en una invitación “ruda” y consonante a lo que transmitía; ella se dejó arrastrar pero, y considerando su reciente adrenalina de libertad y poder, no quería dejarlo ser el guía, no al principio… quería saber que tanto podía ser la dueña, y participe voluntaria, del acto sexual… un acto que, en su corta vida, nunca hizo por voluntad propia.
Usando sus manos, las puso sobre el pecho del hombre, y lo empujo levemente hacia atrás, haciéndolo caer con sutileza de culo, para que quedara sentado sobre el suelo (y no inclinado/cuclillas como estuvo durante la intromisión del dedo pulgar), con esta acción también buscaba que él dejará de tocarla, porque el juego en su cabeza pasaba por torturarlo… con mucha sensualidad. María araño con, más presión de lo normal, los pectorales del pelimorado, moviendo sus manos unos centímetros hacia abajo, dejando el rastro de sus ocho dedos y uñas en un camino que se iba tornando rojo. Se detuvo antes de llegar a los pezones, fue entonces cuando dejo de ver el pecho y su travesura marcada; y levanto la mirada al sujeto… ¿qué vería él? Sus ojos ámbar llenos de diversión, picardía y excitación.
Apoyándose en su pecho, acorto la distancia aun más, él era más largo, así que ella tuvo que poner una rodilla en su muslo, al lado del amiguito que parecía endurecerse más y más; luego, sin llegar a rozar sus pieles, acerco su rostro al de él, saco la lengua y la paso por sus labios, una captación suave y pausada, como si estuviera disfrutando de… un dulce vino — …. He perdido 100 berrys, amo… — pronuncio, con su voz mezclada entre un toque encantador proveniente de su mitad sirena y el ardor que iba ganando territorio en su cuerpo.
Dejo los labios del hombre, y fue hasta su oreja, prácticamente estaba montada encima de él, pero teniendo cuidado de no tocarse demasiado, un paso en falso detonaría aquella pirotecnia de sexo desenfrenado… porque no tenía duda que sería crudo y lujurioso — …. tengo una mejor apuesta, amo… — le susurro dejando que su aliento cálido arropara el lóbulo de su oreja, la derecha por cierto — … duplico la apuesta, 200 berrys… a que no aguantas 2 minutos… sin tocarme… — le propuso con los labios ahora pegados al lóbulo, y como era dueña de sus sensaciones, hizo lo que quiso, y lo que quiso fue coger aquella parte de su oreja entre sus labios y succionarla con pasmoso erotismo, por un segundo se perdió en las sacudidas propias, y dejo escapar un pequeño gemido — … empieza a contar… amo — le ordeno con su voz cargada de… calor dejando un rastro de besos y lamidas por su cuello, y una chupada con lengüetazo en la pronunciada manzana de Adán.
María, ella no sabia nada del hombre, como él no sabia absolutamente nada de ella. Sin embargo, y si nada sucedida, la celeste iba a devorarlo en el medio de la selva, por una sencilla razón… por fin entendía que era dueña y señora de su cuerpo, y ahora su cuerpo le estaba pidiendo liberación…, y que mejor que con un tipo, que, aunque no fuera hermoso si era muy jodidamente seductor e irresistiblemente atractivo. ¿Y saben? Sin importar qué, ella iba a disfrutarlo como nunca… pero primero, tenia una apuesta que ganar, o como mínimo intentar empatar… no se confiaba de sus deseos.
— … espero que este símbolo no sea de precocidad… — musito entre risitas de broma, separándose un poco del masculino para pasar su dedo índice por la forma del rayo que tenía pintado en el pecho luego se acercó y con su lengua fue recorriendo el mismo, ella no se apresuraba, se tomaba su tiempo para disfrutarlo, aunque el reloj estuviera en su contra. Entre lamida y lamida iban escapándose gemidos, y eso sin contar como se sentía… mojada en cierta parte de su cuerpo, y más cuando en su deslizamiento hacia la parte inferior del hombre, de cuando en cuando la punta de su duro y fogoso pene acariciaba su piel. Mentiría si dijera que no lo había visto, y menos que no lo había sentido en todo ese toqueteo, pero ya llegaría a él… y lo apreciaría como se lo merecía.
Luego de recorrer el rayo, subió al pezón izquierdo, lamiéndolo y tirando de este con sus dientes, y no, no con delicadeza, con ese hombre no quería nada dócil, y esperaba que cuando fuera su turno, la hiciera gritar de placer; si la trataba como una princesita se sentiría defraudaba, y su libido quizás decayera; quería sexo duro e impersonal, eso es lo que pedía a gritos su cuerpo, por lo menos para ese primer round. Sin olvidarse del pezón derecho, con su mano libre lo pellizco… ¿si se dejaba llevar, saldría a flote su fuerza descomunal? Esperaba que ese hombre fuera resistente… en todos los sentidos, por si acaso; por supuesto, algo le decía, que, si él moría por snu snu, sería el más dichoso de los mares.
Después de jugar siguió bajando, gateando hacia atrás; y dejando besos repartidos en su abdomen bien definido, y una lamida circular alrededor de su ombligo; hubiera profanado el orificio, pero… tenía un mejor sitio al cual atormentar. Cuando llego al inicio de su vientre, la expectación aumento… y su excitación propia también, pero no fue su boca la que se hizo presente, sino su diestra que con una suave caricia fue subiendo por el pene erecto, al tiempo que ella, miraba con atención al miembro masculino y como se veía tan firme como un tronco. Él era mas grande que María, y definitivamente, en su órgano masculino… se reflejaba esa diferencia. Por un momento tuvo el tonto pensamiento de que era muy grande para ella, pero eso solo lo pensaría una estúpida virgen, él podría entrar… él iba a entrar, costaría, seguro, pero sería… delicioso y deleitable.
Y con ese pensamiento, su mano llego casi a la corona, ahí lo dejo de tocar, y se apartó de él quedando arrodillada entre sus piernas abiertas, con el mástil erecto como escenario. ¿Por qué lo hizo? Para que tuviera toda la visión de la hermosa semi sirena, en ropa interior, y claramente excitada. Así llevo su propia mano, con la palma abierta, a su boca, y empezó a lamerla con los ojos entrecerrados... la estaba llenado de saliva… por una buena razón, mientras con la otra recorría su esternón y bajaba a la parte de sus senos que sobresalían del sostén, hizo ademan de bajárselo para mostrarle sus tetas, pero… ¿no seria más divertido que él desenvolviera el regalo? Así que continúo bajando hasta llegar a su panty y meter la mano dentro, su lengua ahora entraba y salía por entre sus propios dedos. Estaba mojada, lo cual no le sorprendió… sin embargo, no hizo nada más… que frotarse, una leve masturbación, lo que la llevo a soltar unos gemidos sensuales mientras se medio daba placer propio… — … amo… ¿qué te gusta más? — le pregunto sobreentendiendo que se refería a la mano con saliva o a la mano entre su panty. No esperaba una respuesta, porque las humedeció para jugar bonito, y sin importar su opinión, usaría ambas sobre su pene, así que sin dilatarlo rodeo el pene con ambas manos. Y esta vez, fue subiendo con mas de rapidez. Al llegar a la punta, con la mano de la saliva lo agarro y con la mano de su ropa interior, teniendo la palma abierta, lo cubrió haciendo círculos en ambos sentidos para estimularlo… estaba duro, estaba caliente, era grande, y esa perspectiva, la provoco aún más…
Cuando dejo de estimularlo, se inclinó, pasando su lengua por la hendidura que se encontraba por debajo de la corona hasta subir y rodearlo con su lengua para rematar la acción con un beso. Luego con sus labios fue bajando por el pene erecto, beso y beso, lengua y lengua, mientras con su mano diestra facilitaba la comida y con la otra se apoyaba en el muslo de él, cuando llego al final, bajo a sus bolas, esa parte, como había aprendido hacía mucho tiempo, debía tratarse con suavidad, así que con su lengua atrajo el bulto a su boca y lo chupo con delicadeza. Su propia entrepierna latía, y sus pechos estaban tensos, momento de dejar de jugar, así que hizo el camino de la felación de regreso, llegando de nuevo a la punta del pene, y esta vez si lo llevo a su boca. Al principio la punta fue aplastada contra su lengua, que volvió a estimular la ranura del órgano, y que luego empezó a lamerlo como si se trataba de una piruleta que no iba a soltar, y con cada lamida lo metía más y más en su cavidad, usando una de sus manos para sostenerlo y acariciarlo y la otra para jugar con la bolsa de sus pelotas — … amo… lo sabía… eres… de-li-cio-so — se despego para respirar, su voz era un reflejo de su interior, estaba caliente… sin más, volvió a metérselo en la boca, esta vez llego más hondo con su lengua saboreándolo y con su diestra estimulándolo en el tronco… no sabía como se estaba sintiendo él, pero ella tuvo que retirar la mano que jugaba con las bolas y usarla para frotarse sobre su ropa interior, otra vez estimulandose sola, estaba febril, su cuerpo… quería liberarse. En ese punto se arrepintió de ponerle el reto de no tocarla… ojalá cediera y la manoseara como estuvo haciendo todo ese tiempo, o se acabara el tiempo rápido… y fuera su turno de vengarse, de hacerla delirar y gritar. ¿Él continuaba contando o ella perdió la noción del tiempo y el espacio? Ah, y sin contar, que todo lo hizo con su corona, el short de él en la cabeza.
Usando sus manos, las puso sobre el pecho del hombre, y lo empujo levemente hacia atrás, haciéndolo caer con sutileza de culo, para que quedara sentado sobre el suelo (y no inclinado/cuclillas como estuvo durante la intromisión del dedo pulgar), con esta acción también buscaba que él dejará de tocarla, porque el juego en su cabeza pasaba por torturarlo… con mucha sensualidad. María araño con, más presión de lo normal, los pectorales del pelimorado, moviendo sus manos unos centímetros hacia abajo, dejando el rastro de sus ocho dedos y uñas en un camino que se iba tornando rojo. Se detuvo antes de llegar a los pezones, fue entonces cuando dejo de ver el pecho y su travesura marcada; y levanto la mirada al sujeto… ¿qué vería él? Sus ojos ámbar llenos de diversión, picardía y excitación.
Apoyándose en su pecho, acorto la distancia aun más, él era más largo, así que ella tuvo que poner una rodilla en su muslo, al lado del amiguito que parecía endurecerse más y más; luego, sin llegar a rozar sus pieles, acerco su rostro al de él, saco la lengua y la paso por sus labios, una captación suave y pausada, como si estuviera disfrutando de… un dulce vino — …. He perdido 100 berrys, amo… — pronuncio, con su voz mezclada entre un toque encantador proveniente de su mitad sirena y el ardor que iba ganando territorio en su cuerpo.
Dejo los labios del hombre, y fue hasta su oreja, prácticamente estaba montada encima de él, pero teniendo cuidado de no tocarse demasiado, un paso en falso detonaría aquella pirotecnia de sexo desenfrenado… porque no tenía duda que sería crudo y lujurioso — …. tengo una mejor apuesta, amo… — le susurro dejando que su aliento cálido arropara el lóbulo de su oreja, la derecha por cierto — … duplico la apuesta, 200 berrys… a que no aguantas 2 minutos… sin tocarme… — le propuso con los labios ahora pegados al lóbulo, y como era dueña de sus sensaciones, hizo lo que quiso, y lo que quiso fue coger aquella parte de su oreja entre sus labios y succionarla con pasmoso erotismo, por un segundo se perdió en las sacudidas propias, y dejo escapar un pequeño gemido — … empieza a contar… amo — le ordeno con su voz cargada de… calor dejando un rastro de besos y lamidas por su cuello, y una chupada con lengüetazo en la pronunciada manzana de Adán.
María, ella no sabia nada del hombre, como él no sabia absolutamente nada de ella. Sin embargo, y si nada sucedida, la celeste iba a devorarlo en el medio de la selva, por una sencilla razón… por fin entendía que era dueña y señora de su cuerpo, y ahora su cuerpo le estaba pidiendo liberación…, y que mejor que con un tipo, que, aunque no fuera hermoso si era muy jodidamente seductor e irresistiblemente atractivo. ¿Y saben? Sin importar qué, ella iba a disfrutarlo como nunca… pero primero, tenia una apuesta que ganar, o como mínimo intentar empatar… no se confiaba de sus deseos.
— … espero que este símbolo no sea de precocidad… — musito entre risitas de broma, separándose un poco del masculino para pasar su dedo índice por la forma del rayo que tenía pintado en el pecho luego se acercó y con su lengua fue recorriendo el mismo, ella no se apresuraba, se tomaba su tiempo para disfrutarlo, aunque el reloj estuviera en su contra. Entre lamida y lamida iban escapándose gemidos, y eso sin contar como se sentía… mojada en cierta parte de su cuerpo, y más cuando en su deslizamiento hacia la parte inferior del hombre, de cuando en cuando la punta de su duro y fogoso pene acariciaba su piel. Mentiría si dijera que no lo había visto, y menos que no lo había sentido en todo ese toqueteo, pero ya llegaría a él… y lo apreciaría como se lo merecía.
Luego de recorrer el rayo, subió al pezón izquierdo, lamiéndolo y tirando de este con sus dientes, y no, no con delicadeza, con ese hombre no quería nada dócil, y esperaba que cuando fuera su turno, la hiciera gritar de placer; si la trataba como una princesita se sentiría defraudaba, y su libido quizás decayera; quería sexo duro e impersonal, eso es lo que pedía a gritos su cuerpo, por lo menos para ese primer round. Sin olvidarse del pezón derecho, con su mano libre lo pellizco… ¿si se dejaba llevar, saldría a flote su fuerza descomunal? Esperaba que ese hombre fuera resistente… en todos los sentidos, por si acaso; por supuesto, algo le decía, que, si él moría por snu snu, sería el más dichoso de los mares.
Después de jugar siguió bajando, gateando hacia atrás; y dejando besos repartidos en su abdomen bien definido, y una lamida circular alrededor de su ombligo; hubiera profanado el orificio, pero… tenía un mejor sitio al cual atormentar. Cuando llego al inicio de su vientre, la expectación aumento… y su excitación propia también, pero no fue su boca la que se hizo presente, sino su diestra que con una suave caricia fue subiendo por el pene erecto, al tiempo que ella, miraba con atención al miembro masculino y como se veía tan firme como un tronco. Él era mas grande que María, y definitivamente, en su órgano masculino… se reflejaba esa diferencia. Por un momento tuvo el tonto pensamiento de que era muy grande para ella, pero eso solo lo pensaría una estúpida virgen, él podría entrar… él iba a entrar, costaría, seguro, pero sería… delicioso y deleitable.
Y con ese pensamiento, su mano llego casi a la corona, ahí lo dejo de tocar, y se apartó de él quedando arrodillada entre sus piernas abiertas, con el mástil erecto como escenario. ¿Por qué lo hizo? Para que tuviera toda la visión de la hermosa semi sirena, en ropa interior, y claramente excitada. Así llevo su propia mano, con la palma abierta, a su boca, y empezó a lamerla con los ojos entrecerrados... la estaba llenado de saliva… por una buena razón, mientras con la otra recorría su esternón y bajaba a la parte de sus senos que sobresalían del sostén, hizo ademan de bajárselo para mostrarle sus tetas, pero… ¿no seria más divertido que él desenvolviera el regalo? Así que continúo bajando hasta llegar a su panty y meter la mano dentro, su lengua ahora entraba y salía por entre sus propios dedos. Estaba mojada, lo cual no le sorprendió… sin embargo, no hizo nada más… que frotarse, una leve masturbación, lo que la llevo a soltar unos gemidos sensuales mientras se medio daba placer propio… — … amo… ¿qué te gusta más? — le pregunto sobreentendiendo que se refería a la mano con saliva o a la mano entre su panty. No esperaba una respuesta, porque las humedeció para jugar bonito, y sin importar su opinión, usaría ambas sobre su pene, así que sin dilatarlo rodeo el pene con ambas manos. Y esta vez, fue subiendo con mas de rapidez. Al llegar a la punta, con la mano de la saliva lo agarro y con la mano de su ropa interior, teniendo la palma abierta, lo cubrió haciendo círculos en ambos sentidos para estimularlo… estaba duro, estaba caliente, era grande, y esa perspectiva, la provoco aún más…
Cuando dejo de estimularlo, se inclinó, pasando su lengua por la hendidura que se encontraba por debajo de la corona hasta subir y rodearlo con su lengua para rematar la acción con un beso. Luego con sus labios fue bajando por el pene erecto, beso y beso, lengua y lengua, mientras con su mano diestra facilitaba la comida y con la otra se apoyaba en el muslo de él, cuando llego al final, bajo a sus bolas, esa parte, como había aprendido hacía mucho tiempo, debía tratarse con suavidad, así que con su lengua atrajo el bulto a su boca y lo chupo con delicadeza. Su propia entrepierna latía, y sus pechos estaban tensos, momento de dejar de jugar, así que hizo el camino de la felación de regreso, llegando de nuevo a la punta del pene, y esta vez si lo llevo a su boca. Al principio la punta fue aplastada contra su lengua, que volvió a estimular la ranura del órgano, y que luego empezó a lamerlo como si se trataba de una piruleta que no iba a soltar, y con cada lamida lo metía más y más en su cavidad, usando una de sus manos para sostenerlo y acariciarlo y la otra para jugar con la bolsa de sus pelotas — … amo… lo sabía… eres… de-li-cio-so — se despego para respirar, su voz era un reflejo de su interior, estaba caliente… sin más, volvió a metérselo en la boca, esta vez llego más hondo con su lengua saboreándolo y con su diestra estimulándolo en el tronco… no sabía como se estaba sintiendo él, pero ella tuvo que retirar la mano que jugaba con las bolas y usarla para frotarse sobre su ropa interior, otra vez estimulandose sola, estaba febril, su cuerpo… quería liberarse. En ese punto se arrepintió de ponerle el reto de no tocarla… ojalá cediera y la manoseara como estuvo haciendo todo ese tiempo, o se acabara el tiempo rápido… y fuera su turno de vengarse, de hacerla delirar y gritar. ¿Él continuaba contando o ella perdió la noción del tiempo y el espacio? Ah, y sin contar, que todo lo hizo con su corona, el short de él en la cabeza.
README
Karma Fanático: Hyakinthos.
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