[Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social
#12
Como suele ocurrir en la vida del joven Owen Yang, las cosas, en un abrir y cerrar de ojos, se torcieron. Bueno, ¿Era esperable, no?: Tres jóvenes en el medio de una selva virgen, rodeada de animales prehistóricos en búsqueda de "uno, y el mejor", sonaba demasiado bien para que no termine en escándalo...y bueno, así fue, en tan solo dos minutos de reloj.

Luego de la destrucción total de la parvada de gallinas prehistóricas que asecharon sobre la maleta, quedaba una sola cosa: Buscar a los dos niños pijos que, huyendo despavoridos, demostraron que su falso coraje era justamente eso, falso, pero sin querer queriendo y abandonada total de lo que estaba ocurriendo a su alrededor, la rubia de nariz parada había dejado un pequeño sendero de cabellos que se ubicaban en distintas direcciones y, con el parvicursor que aún gritaba en la mano de Owen, usaría al animalito de rastreador. ¿Llamaría a más de los de su especie? Probablemente, pero necesitaba matar dos pájaros de un tiro: Salvar a la chica privilegiada y, al mismo tiempo, encontrar a un animal lo suficientemente grande para que ellos dos puedan jactarse en la próxima cena familiar repleta de endogamia e inútiles sociales.

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¡IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIK! ¡IIIIIIIIIIIIIIIK!
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-¡QUIETO PUTO, NO ME ESTÉS PICOTEANDO!-

Porque evidentemente hablaba de picarlo hasta que desistiese, pero el animal, evidentemente, no atendía a razones. Su gemido desesperante se mantenía, incluso, si a veces cedía con el impulsivo aleteo o el intentar arañarle brazos y muñecas. Mientras el pelirrojo no dejaba de seguir con su camino, volvía a encontrar mechones rubios que eran exactamente iguales entre sí, lacios y un poco enredados debido a la brusquedad de su desesperado arrancamiento, hasta que encontró literalmente una coleta entera atada en una de las ramas -Coño.- le resultó inevitable no lanzar un insulto de la impresión, tirando de la rama que la sostenía para generar un efecto resorte que sacudió al árbol del que estaba sostenida. En su derecha el parvicursor gritón, en la izquierda, literalmente, un trozo de cabello que caía como cascada rubia hacia abajo -O es muy cagona, o algo grave está pasando.- porque el dolor de arrancarse semejante cantidad de pelo no sería poco, ni siquiera bajo la atenta amenaza de cientos de animalejos como lo eran las gallinas prehistóricas que le habían atacado hacía poco. El calor estaba empezando a ser feroz, atento, molesto.

El chico, intentando seguir el camino de migaj-de mechones rubios sentía cómo, durante horas, parecía estar vagando sin rumbo por un claro selvático que parecía no tener ningún fin -Mierda...- se detuvo un segundo, mientras le resultó completamente inevitable no relamerse los labios que yacían secos, luego de múltiples horas de no haber bebido absolutamente nada, jamás pensó que esta afronta podría prolongarse por un tiempo tan largo como incómodo -...por la izquierda o la derecha?- porque por mucho que los cabellos hayan sido una ayuda increíble para la búsqueda de la mujercita, ciertamente, la sed estaba pegando violentamente sobre el pelirrojo que no dudó en llevarse el dedo pulgar e índice para frotarse los ojos hacia adentro y hacia afuera -Joder...esto se está volviendo- y, prosiguiendo con un andar acelerado y relativamente torpe (Con pequeños destellos que impactaban contra su rostro producto del desgaste generado por la deshidratación), repentinamente y de forma tan estruendosa que le sacudió los sentidos, ¡BRUM! -¡!- y, debido al sonido, resultó inconfundible para el pelirrojo no girar su rostro en dirección hacia el origen del mismo y comenzar a aligerar el paso hasta volverse un correr algo torpe -¡AGH!- la sed, conjunto a la humedad y el sol, estaban empezando a generar ese característico dolor de cabeza tensional que obliga a uno llevar por acto reflejo la mano hacia la frente. Gracias a la inmensa voluntad del muchacho, solo tuvo que estar pendiente de una única cosa: Los repetidos y espasmódicos disparos que, muy estruendosos, funcionaban casi como un radar para ubicar a la muchacha.

Owen siguió sin soltar al parvicursor que parecía agotado de tanto patalear y gritar. El chico ya no lo sujetaba con fuerzas desde su cuello debido a que había cedido con la resistencia, como si estuviese doblegado o semi-consciente producto del estar siendo zamarreado una y otra vez, pero los disparos, repentinamente, comenzaron a volverse palabras mezcladas -¡Es ella!- el muchacho, cerrando y abriendo los ojos con fuerza, provocaba un intenso ¡FIS! ¡FIS! de las selváticas e inmensas hojas de plantas que se deslizaban hacia un lado y hacia otro con mucha intensidad. Algunas eran pisadas, su posición era fácilmente detectable por cualquiera ya que, producto de la deshidratación, no estaba siendo capaz de poder utilizar esos espectaculares dotes de sigilo que tanto le caracterizaban...además de que el tiempo apremia, claro está.

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-...mierda...son...demasiados.-

Cuando el muchacho quiso darse cuenta, en aquella selvática zona y arrinconada y gracias que él había ganado cierta altura, pudo divisar la cabellera raída y dañada de la mujercita rubia que, desesperada, se abrazaba a su arma mientras pedía clemencia de unos bichejos que parecían no conocer la palabra perdón. El parvicursor de su mano parecía muchísimo más calmado, pero con esos ojos vivaces, propios de las aves que mantienen su instinto de supervivencia hasta las últimas consecuencias. ¡BUM! otro disparo, ¡BUM!, otro, los intentos de la chica eran desesperados y, luego de lavantar una mota de tierra que sería la equivalente terrestre a una ola rompiendo sobre las rocas, el sonido característico del "Click" de un arma vacía y un gatillo que no responde se volvió protagonista. Los animalejos, agazapados, se aproximaban sin cesar y teniendo esos característicos y erráticos movimientos gallinezcos espasmódicos que oscilan entre lo curioso y depredador, muy propio de un dinosaurio -¡HE-¡COF-COF-COF!!- la garganta ardía HORRORES por la sed, tanto, que cuando quiso llamarles la atención, le resultó imposible no llevarse la mano izquierda a la garganta. Ante la distracción, la gallina prehistórica que yacía en su mano pareció dar un revoloteo muy propio de buscar aprovechar la situación y, dándole un picotazo en la mano -¡AGH!- finalmente se soltó.

La frustración del chico empezó a elevarse críticamente: Primero, supo lo que era trabajar de verdad (horroroso, imperdonable), segundo, le robaron su pan artesanal (pecado absoluto) y, ahora, el bichito que había atrapado para poder progresar con su objetivo de forma rápida y ágil había decidido salir por patas, haciendo que todo esto fuese aún más complicado de lo que ya lo era -Me estoy cabreando.- balbuceó el chico mientras que, a su lado, yacía un enorme árbol selvático de tronco ancho y peso considerable. El muchacho, harto, frunció el ceño hacia el mismo y, utilizando la punta de sus dedos, ¡PLAF!, golpeó justo un poco más arriba del comienzo de sus raíces. El golpe fue lo suficientemente intenso como para escucharse un ¡CRASH! que sacó al mismo de su arraigamiento al suelo y, atrapándolo con ambas manos, Owen mostró el pináculo de su hartazgo -¡TENGO SED!- exclamó sin venir a cuento de ninguna manera mientras que, atrapando el gigantesco árbol desde dos ramas como si se tratase de un ariete, se abalanzó hacia el núcleo de aquella afronta para, de un salto de cinco metros para reducir la distancia a cero entre los animalejos, la rubia a cuatro y él, a uno de los bichitos. Ahora, ambos estaban rodeados por las lagartijas de movimiento curioso de cuello, pero entre las manos del chico había un enorme tronco selvático de tres metros de largo que quedaba exactamente a uno de la rubia, permitiendo que, casi exactamente igual que como lo había hecho con la maleta -¡GROAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGH!- tiró hacia adelante de él para tomarlo del extremo con raíces y tierra, sosteniéndolo con mucha fuerza. Luego de un grito de guerra totalmente roto producto de una garganta atrofiada y seca, procuró que el agitar de aquel tronco gigante que estaba haciendo un escándalo atronador en la selva no diese bajo ningún concepto en la rubia que yacía a cuatro metros de su posición inicial, evitando darle a toda costa.

¡PLAS! ¡PLUM! ¡PLISH!, a veces, incluso, el tronco daba mazazos al suelo, buscando aplastar a algunos de los compsognatus que, atentados a su seguridad personal, empezaban a huir despavoridos debido a la inmensa amenaza que era el chico semi-desnudo, con arañazos en el cuerpo, totalmente maltrecho y con un aspecto muchísimo más selvático que el que había tenido en un primer lugar. Algunos "compis" quedaron entre las ramas, otros salieron volando en direcciones aleatorias pero, cuando el movimiento verdoso se detuvo para dar nuevamente origen a la calma, quietud y ambiente tropical que siempre parecía haber en Little Garden, solo podían escucharse jadeos que, a cada inhalación, generaban picor en la garganta y un acto reflejo de humedecer los labios...sin ningún tipo de caso, debido a la inmensa sed -Agh...joder...mierda...- ¡PLUSFH! El fuertísimo tronido del tronco, conjunto al siseo de las hojas que caían y se aplastaban por el suelo fértil y verde oscuro, se hicieron protagonistas durante un ápice de segundo. Los jadeos del muchacho eran intensos, muy. El día estaba siendo excesivamente agotador, pero no podía detenerse -¿Puedes...andar?- preguntó, dándole la espalda a la rubia mientras que ambas manos le temblaban por la locura que había hecho con el tronco -Necesitamos...buscar- sus ojos viraban en direcciones aleatorias, izquierda y derecha, buscando algún tipo de indicio para poder encontrar a la otra mitad de semejante conflicto -al otro, pronto.- y lo decía no porque se acercarse la hora de la finalización del trabajo, sino...porque el agotamiento y deshidratación, de verdad, estaban empezando a pasar factura en el pelirrojo que, sudoroso, volteó para ver de lado a la muchacha -Debemos seguir. Venga. Ponte encima mío.- porque si ella no era capaz, Owen la cargaría hasta poder encontrar al otro sujeto. Su posición fue clara: Semi-agachado, encorvado y colocando ambas manos en la espalda, típica posición para que se suba "a caballito".

Desactiva la bomba
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2574 - 250 = 2324
Energia: 2041 - 1216 = 825
Espiritu: 654 + 0 = 654


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RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - por Owen Yang - 02-01-2026, 12:15 AM

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