12-08-2023, 09:58 PM
Noté como el joven Marine torció un poco el gesto ante mi respuesta y tras serenarse de rabia durante unos segundos y signo de desagrado, comenzó a soltar una retahíla de sus demandas.
- "Vale... Primero de todo, esta conversación y futuras conversaciones privadas, quedan entre nosotros, te lo aseguro. A ninguno le conviene revelar nuestros encuentros. Segundo, tengo un trabajo para alguien como tú. La marina es fuerte, pero es lenta y tiene muchos recursos invertidos en la lucha de alta mar. Tengo la intención de "civilizar" diferentes regiones no habitables. Y esa es la parte que te interesa. A cambio de progresar juntos en este proyecto, las ciudades necesitarán algún representante a la altura, con cerebro y picardía. Detalles más adelante, y tercero y último, soy un soldado raso por el momento. Pero tengo mis trucos y estrategias. La manera en la que pude hacerme con tu nombre y dar contigo son cosa mía. Pero quiero dejarte clara una cosa. La Marina está llena de vagos, pero hay otros que están dispuestos a dar la vida por lo creen. No pienses por un segundo que soy de los primeros."
Me tomé unos largos segundos para pensar en la propuesta, pues el chaval, que apenas tendría unos años menos que yo, se había trabajado bastante el valor para espetármelo así a la cara.
Una persona interesante, sin duda, pero aún no me había demostrado nada más que unos valores férreos, y un sentido del honor muy en armonía con el de la mayoría de marineritos.
Me recosté ligeramente en la silla, y di un sorbo largo al té, le miré a la cara tras ello, y luego comencé a hablar.
- “¿Qué es peor, un pirata o un revolucionario?"- contesté desinteresadamente jugueteando a hacer equilibrio con el vaso de té medio vacío que tenía entre manos.
Comencé a ver una mirada impaciente, donde el anaranjado compañero se encontraba con los codos sobre la mesa, cruzado de manos.
- “¿Sabes que esa postura tuya denota impaciencia y disconformidad? Es junto con la postura de guardia de espada, o cruzarse de brazos una de las mayores muestras de ir a la defensiva” – continué muy pacientemente, con toda la calma del mundo y tasando cada expresión que se formulaba sobre su rostro al tiempo que el día pasaba para dar paso a una noche dada vez más marcada - "Nunca hagas eso en una negociación, pues mostrarás debilidad y falta de experiencia y sinceramente, poca gente quiere trabajar con débiles y novatos".
Di otro sorbo al pequeño vaso con té.
-“Espero que entiendas que no me vale una absoluta mierda una promesa intangible cuando no puedes darme nada más que futuribles que dependen en gran medida de lo que yo haga con tu solicitud, y pese a tu tentativa de ‘civilizar’, aún no me has contado absolutamente nada de que necesitas” – finalicé, arqueando una ceja y con un gesto dónde ya no se encontraba ninguna sonrisa, y dejando caer mi cabeza hacia el lado derecho sobre mi mano cerrada y a su vez apoyada con el codo en la mesa en vertical. Mi tono era claro y frío.
- “Seguro que esta vez puedes hacerlo mejor. Cuéntame el plan que tienes en tu mente, a qué lugar te refieres, y todos los demás entresijos que maneja la idiosincrasia de lo que comentas… ¿O es que tienes miedo de mover un poco de más el avispero del Gobierno Mundial?” – expliqué sin vacilación.
Dicho esto, oteé el horizonte un poco más buscando algún tipo de potencial problema, pero no lo encontré. Todo estaba despejado y tranquilo y los niños comenzaban a abandonar el emplazamiento.
Mejor, nunca he soportado a los críos.
Ajusté mi chaleco un poco, y golpeé ligeramente la solapa derecha con el dorso de la mano izquierda, como si me quitara el polvo de ella, y volví a mirar al muchacho, esperando una respuesta, que si no obtenía, sería todo el tiempo que perdería en aquella nefasta empresa.
La noche finalmente eclipsó al sol, dejando ver un firmamento apenas estrellado y con alguna nubosidad viajando por el cielo. Iba a ser una noche tranquila, puede que algo fresca, pero no tendríamos precipitaciones, aunque tampoco ninguna constelación que pudiéramos observar. Esto era lo malo de las grandes urbes, la ausencia total de estrellas debido a la contaminación de los barcos.
-"Y no, no te preocupes. Los consejos de antes son gratuitos, ¡Fuahahaha!"- comenté para descolocar aún más el porte del cliente.
- "Vale... Primero de todo, esta conversación y futuras conversaciones privadas, quedan entre nosotros, te lo aseguro. A ninguno le conviene revelar nuestros encuentros. Segundo, tengo un trabajo para alguien como tú. La marina es fuerte, pero es lenta y tiene muchos recursos invertidos en la lucha de alta mar. Tengo la intención de "civilizar" diferentes regiones no habitables. Y esa es la parte que te interesa. A cambio de progresar juntos en este proyecto, las ciudades necesitarán algún representante a la altura, con cerebro y picardía. Detalles más adelante, y tercero y último, soy un soldado raso por el momento. Pero tengo mis trucos y estrategias. La manera en la que pude hacerme con tu nombre y dar contigo son cosa mía. Pero quiero dejarte clara una cosa. La Marina está llena de vagos, pero hay otros que están dispuestos a dar la vida por lo creen. No pienses por un segundo que soy de los primeros."
Me tomé unos largos segundos para pensar en la propuesta, pues el chaval, que apenas tendría unos años menos que yo, se había trabajado bastante el valor para espetármelo así a la cara.
Una persona interesante, sin duda, pero aún no me había demostrado nada más que unos valores férreos, y un sentido del honor muy en armonía con el de la mayoría de marineritos.
Me recosté ligeramente en la silla, y di un sorbo largo al té, le miré a la cara tras ello, y luego comencé a hablar.
- “¿Qué es peor, un pirata o un revolucionario?"- contesté desinteresadamente jugueteando a hacer equilibrio con el vaso de té medio vacío que tenía entre manos.
Comencé a ver una mirada impaciente, donde el anaranjado compañero se encontraba con los codos sobre la mesa, cruzado de manos.
- “¿Sabes que esa postura tuya denota impaciencia y disconformidad? Es junto con la postura de guardia de espada, o cruzarse de brazos una de las mayores muestras de ir a la defensiva” – continué muy pacientemente, con toda la calma del mundo y tasando cada expresión que se formulaba sobre su rostro al tiempo que el día pasaba para dar paso a una noche dada vez más marcada - "Nunca hagas eso en una negociación, pues mostrarás debilidad y falta de experiencia y sinceramente, poca gente quiere trabajar con débiles y novatos".
Di otro sorbo al pequeño vaso con té.
-“Espero que entiendas que no me vale una absoluta mierda una promesa intangible cuando no puedes darme nada más que futuribles que dependen en gran medida de lo que yo haga con tu solicitud, y pese a tu tentativa de ‘civilizar’, aún no me has contado absolutamente nada de que necesitas” – finalicé, arqueando una ceja y con un gesto dónde ya no se encontraba ninguna sonrisa, y dejando caer mi cabeza hacia el lado derecho sobre mi mano cerrada y a su vez apoyada con el codo en la mesa en vertical. Mi tono era claro y frío.
- “Seguro que esta vez puedes hacerlo mejor. Cuéntame el plan que tienes en tu mente, a qué lugar te refieres, y todos los demás entresijos que maneja la idiosincrasia de lo que comentas… ¿O es que tienes miedo de mover un poco de más el avispero del Gobierno Mundial?” – expliqué sin vacilación.
Dicho esto, oteé el horizonte un poco más buscando algún tipo de potencial problema, pero no lo encontré. Todo estaba despejado y tranquilo y los niños comenzaban a abandonar el emplazamiento.
Mejor, nunca he soportado a los críos.
Ajusté mi chaleco un poco, y golpeé ligeramente la solapa derecha con el dorso de la mano izquierda, como si me quitara el polvo de ella, y volví a mirar al muchacho, esperando una respuesta, que si no obtenía, sería todo el tiempo que perdería en aquella nefasta empresa.
La noche finalmente eclipsó al sol, dejando ver un firmamento apenas estrellado y con alguna nubosidad viajando por el cielo. Iba a ser una noche tranquila, puede que algo fresca, pero no tendríamos precipitaciones, aunque tampoco ninguna constelación que pudiéramos observar. Esto era lo malo de las grandes urbes, la ausencia total de estrellas debido a la contaminación de los barcos.
-"Y no, no te preocupes. Los consejos de antes son gratuitos, ¡Fuahahaha!"- comenté para descolocar aún más el porte del cliente.
