Un perfecto día para hacer... NADA :: Privado :: Pasado
#8
Vaya, vaya, así que la sensual chica de bikini era de esas amigas ultra protectoras que matarían con tal de cuidar a las descuidadas. Eso, en parte, le agradó, porque todos necesitan una mano que los quite de situaciones complicadas si no se sabe distinguir el peligro, las sonrisas a la peliverde pasaron a convertirse en algo más... cálido, como si le recordase a una parte de sí mismo, o ideales que no lo abandonarían por nada del mundo, ¿pues qué la diferencia de su propia labor? Una en donde juró proteger a aquellos que no pudiesen hacerlo por métodos propios.

Fue curioso escuchar las palabras de la mujer dominante en la escena, la mención a que es "buena reventando cráneos" le trajo pensamientos, predicciones e ideas poco agradables, no son demasiadas las personas capaces de realizar semejantes acciones sin destacar ya sea por el crimen o la justicia, y de ser este último el caso, entonces estaba claro que se encontraba frente a dos piratas. ¿Importaba? Creyó que no, al menos demasiado, si bien su fidelidad estaba ante el bien y contra la crueldad desmedida, alineando sus ideales a los de la marine, no entendía el peligro que estas dos muchachas podían representar.

Así como hay malos entre los buenos, existe la bondad entre los "malos".

De momento prefirió guardarse sus pensamientos. Hasegawa podía parecer tonto, lujurioso o demasiado egocéntrico, sin embargo, el mundo introspectivo que habita en esa cabeza lo volvía alguien lúcido, capaz de hacer conjeturas acertadas mientras daba la imagen de alguien despistado, manteniendo el dominio teatral de su sonrisa.

Por ello, no cayó en el truco de la peliverde, aunque no llegó a ver nada de su absurda velocidad en el truco que empleó. Shin no se creyó el cuento, asumiendo que buscaba conseguir algo con la repentina cercanía que generó, sendos labios casi rozándose, su respiración agradable y la calidez que desprendía desde su cuerpo. ¿Era tentadora? Claro, al menos lo sería si sus ojos no estuviesen posados sobre la loca sirena que tanta gracia le había hecho, aunque eso no quitaba que la más agresiva de las dos llamase su atención. Más allá de no creerle el cambio de actitud, considerando la agresividad inicial, se intuía algo de preocupación honesta y una moral bondadosa en sus acciones, eso mantuvo la guardia del marine baja.

—¿Ah? —ladeó la cabeza al ver algo muy familiar en manos de la chica con marcas, luego, la ladeó hacia el otro lado, como siguiéndola en el aire hasta reposar en las manos de su interés particular aquel día. —¿AAAAAH? —repitió, señalando su cartera, y contrario a lo que pudiera parecer, no era porque se la hayan robado, sino... —¿¡Dónde la encontraron!? ¡Creí que la había perdido! —se llevó las manos a la cabeza, completamente asombrado por los talentos de la peliverde en la búsqueda y recolección de objetos.

Eso no era actuado, olvidó que se la dejó en esos pantalones. Cosas que pasan.

Ahora había quedado en manos de la encantadora sirena, a quien le otorgaron la misión de rebuscar entre sus datos, y aquello le dio un pequeño mal presentimiento. Si la idea de antes era cierta, y las dos eran piratas, ¿cómo reaccionarían al desvelarse que es un marine? Cuanto menos intrigante, y le emocionaba lo que pudiese ocurrir incluso y si iba desarmado en ese momento. Claro que en mitad de todo se guardó el detalle de que a la peliazul el blanco le quedaría perfecto, jamás omitiría algo como aquello, mientras tanto, quedaba escuchar lo que tuviese para decir.

Cuando besó su identificación y comenzó a mezclar los nombres de ambos, conociendo finalmente que se llamaba María, sonrió. Gradualmente iban desapareciendo los rastros de atracción meramente físicos que lo llevaron a hablarle en primer lugar, porque Merlot tenía un encanto grácil natural, aura teatral e impredecible capaz de interesarlo incluso a pesar de ser tan narcisista, y un sentido del humor que le resultaba familiar, pues no eran tan diferentes en las ocurrencias que se le podían aparecer a ambos. Quería conocerla, sin más, entender la aventura que, al menos por los primeros compases de la interacción, asumió que sería María.

No la interrumpió, ¿cómo hacerlo? Si tan sólo escuchándola se la estaba pasando bien, además, tras la revelación de su trabajo, no sólo confesó que son su debilidad sino que también, le lanzó un beso. Gesto que siguió, simulando atraparlo y llevarlo a su corazón, acto que acompañó las propias exageraciones y locuras de Merlot en perfecta sintonía. Poco antes de que decidiese marcharse al mar, añadiría un pequeño comentario —Tienes un nombre muy bonito, María. —se acercó entonces a la peliverde, manteniendo un gesto sereno y una sonrisa tranquila, como si hubiese decidido ya lo que le interesaba hacer durante el resto del día.

Ahora, en ausencia de Merlot pero armonizados con su canto, sólo quedaba intentar negociar la recuperación de la cartera con la mujer de cicatrices. Tenía la esperanza de que se la devolvería, muy a pesar de su aparente agresividad, aunque tocaría ese tema sutilmente —Tu amiga es bastante especial, ¿eh? —la miraría de reojo, con sus ojos cerúleos buscando el contacto visual directo. Esas dinámicas, las risas y la expectativa a ver lo que haría cada persona le recordaban a su división, la que fue masacrada por piratas en una misión que salió fatal. Quizás por ello ciertas ideas se fueron apagando gradualmente, reemplazadas por la sensación de querer saber más de ambas, si es que al final quien tenía delante no se iba.

—Haces bien en cuidarla, no creo que haya maldad en una persona así. —resaltó, con una diferencia bastante puntual a sus palabras de antes. Parecía estar hablando en serio, fuera de actitudes sobreactuadas e incluso la máscara de carisma que se coloca casi siempre. —Admito que me interesaba conocerla, pero si crees que soy un peligro, me iré. Aunque no lo parezca, no soy esa clase de hombre. —resaltó entonces, en referencia a que no se aprovecharía de la inocencia de nadie, al margen de que sí tuvo intenciones , cambiando de idea sobre su cartera y dándole la espalda para retomar la atención hacia María —Pero dímelo después de chapotear un rato en el agua, ¿sí? Esto no me lo puedo perder. —la observó de perfil con una sonrisa de lo más amplia, y entonces se dispuso a quitarse la camiseta.

Lo hizo rápido, dejando al descubierto su bien formado torso, adornado por un collar bastante significativo que caía hacia la zona pectoral del hombre y dejando caer la prenda en la arena. Alzó la mano derecha y llamó a Merlot, intentando no interrumpir demasiado su melodía dulce —¡Oyeee! ¡Maríaaaaa! —recortó las distancias hasta que sus pies tocaron el agua —¡No empieces a divertirte sin nosotros, mala! —y al llegar, relativamente cerca de ella, se cruzó de brazos, inflando las mejillas.

—¡Y tampoco deberías andar hablando de apareamiento con cualquier persona que se cruce en tu camino! Yo soy un caballero para ese tipo de cosas... —se mofó de sí mismo, haciendo una pose coloquial con una sonrisa de la cual se escapaban brillitos. Imaginarios, por supuesto. —Quizás te equivocaste en algo, de todas formas... —se preparó, afinó la puntería, y entonces... —¡Yo también soy un tipo malo! —se inclinó lo suficiente para hundir las manos en el mar y comenzar a salpicarle agua, riéndose sonoramente y preparándose para huir de posibles represalias.

Intentaba olvidarse de las cosas, desde luego no esperaba encontrarse a una persona así. Tan esquiva, y al mismo tiempo con el suficiente deje seductor para entender las intenciones iniciales, esa mezcla era un cóctel de interés emocional que lo atrapó por completo, y claro, ¿cómo no arriesgarse a ser partido en dos por su amiga con semejante oportunidad delante? Sólo un loco la desperdiciaría.

Y aunque él también lo estaba, su locura no llegaba a esos niveles.
[Imagen: vEBNZb3.png]
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RE: Un perfecto día para hacer... NADA :: Privado :: Pasado - por Hasegawa Shin - 02-01-2026, 03:09 AM

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