02-01-2026, 06:58 PM
(Última modificación: 02-01-2026, 07:01 PM por Zalik Blutrichter.)
A veces, por mucho que se intente dominar la lógica, esta no siempre encuentra acomodo en los casos que se habitan. Lo racional y lo pensable, la justificación y la medida de la argumentación, son elementos que sostienen el ritmo de la madre natura o, al menos, de la sociedad que jerárquicamente se ha construido y que, pese a su manifiesta falta de ética, halla en sí misma una lógica interna. Porque la lógica no equivale a la verdad absoluta, sino a una explicación que, dentro de su propio hermetismo, se apoya en una base numérica y en las palabras justas y necesarias para sostenerse. Zalik comprendía que su lógica no había sido bien recibida; el desdén y la afirmación de preguntas que cualquier otro ser pensante habría negado por respeto habían sido, sin embargo, confrontados sin miramiento alguno.
Ahora bien, el desdén. Cualidad que, sin duda, dentro del estoicismo resulta admirable, pero que en su práctica habitual se convierte en la condena del hombre que cree ser libre sin serlo. Es, en tal caso, la imaginación de algo tal que el ánimo se ve afectado por ello menos de lo justo. Quien muestra apatía frente a lo que desprecia no conoce verdaderamente aquello que desdeña; pues, si lo conociera con propiedad, o bien hallaría en ello alguna causa de estima, o bien comprendería que no merece atención alguna, sin necesidad de afectarse por ello. El desdén, por tanto, no nace del entendimiento, sino de una afección confusa; no es un juicio verdadero, sino una pasión que brota de la comparación imaginaria y de la falsa medida del propio poder. Así, los hombres se desprecian mutuamente no porque se comprendan, sino porque se comparan; y al compararse, buscan afirmarse disminuyendo al otro. De ahí que el desdén sea siempre signo de impotencia del ánimo; pues quien se rige por la razón no necesita despreciar nada, ya que entiende que todas las cosas obran por necesidad de su propia naturaleza.
¿Aquel hombre que había otorgado la confusión, el tono que debía ser variable, un objeto en su entrega y la ofensa de ser corregido, era libre? No. Y Zalik sintió pena. El mundo necesitaba más pensamiento y menos músculo; verdadera fuerza cognitiva. Se sintió como alguien distante que, lejos de creerse superior, experimentó la pena de la vergüenza. Acogió la donación que se le entregaba sin apenas inmutarse en lo emocional, pues Zalik mantenía una postura casi estatuaria; respira lento, en calma, casi como si un manto reposara sobre su rostro y apaciguara sus facciones.
⸻Sois… extraño⸻sonríe, con aquella donación entre los dedos, jugueteando. Eran monedas desgastadas; vaya, no parecía ser el único de escasa fuente económica. La sonrisa era tenue, quizá entristecida. A decir verdad, y si alguien era sincero, las expresiones de la piel más blanca y bella resultaban tan sutiles que solo los microgestos delataban variación alguna. Nunca resultaba amenazante, aunque sí podía percibirse un respeto de connotación casi religiosa.
⸻Apostaría, aun si fuera lo mínimo, que haceros cambiar sería mucho más difícil de lo pensable que aceptar… Feich, ¿os movéis por una fuerza superior a Dios? ¿Vuestra mujer os espera?⸻aprovecha ese cambio de perspectiva temática y, buscando un cierre más amable, le ofrece, a su modo, uno de sus chicles⸻Tome, no soy vuestro enemigo. No os toméis tan a lo personal las reglas; existen para que haya calma y consenso.
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