02-01-2026, 10:05 PM
Han pasado muchas cosas en el último tiempo. De por sí, lanzarse al mar como todo un pirata es algo que sucedió demasiado rápido. En la Isla Karate se alinearon los astros para que varios individuos fanáticos de la libertad que entrega el mundo acuático le metieran ideas en la cabeza que, una vez tanteó solo un poco con su alma, ya no pudo soltarlos más.
En un principio, intentó mentirse a sí mismo, diciendo que solo estaba realizando un nuevo trabajo como médico, aunque esta vez para una tripulación pirata. Siempre dio atender a tipos complicados, pues detesta a aquellos que considera no se preocupan por cuidar su salud e intencionalmente se lanzan hacia las garras del peligro. Mantuvo este papel con la tripulación de Los Olvidados durante varias semanas, y si bien de a poco fue mostrándose algo más abierto hacia ellos en cuanto a temas de charlas o relacionarse en sí, seguía sintiéndose un poco incómodo, fuera de lugar. Como si él no perteneciera a ese sitio.
Lo acontecido en Los Cabos Gemelos fue un punto de inflexión bastante grande en su mentalidad, o al menos en lo que pueden ser los cimientos de la construcción del verdadero Kiyoshi de cara al futuro. Hasta ese momento, siempre estuvo acostumbrado a exigir protección del resto, pues fue criado de esta forma. Desde pequeño fue un ser humano sobreprotegido por los suyos, por lo que por mucho que llegó el momento de crecer y conocer el mundo por su propia cuenta, esa debilidad suya tanto física como mental seguía latente como siempre. Por mucho que quisiese deshacerse de ella, seguía siéndole una tarea titánica.
Ahí, al ver que no tenía a nadie más que a sí mismo para defenderse, entendió que no puede seguir con esta vida dependiendo siempre de otros. A pesar de que hubo más personas encerradas con él frente a ese gran monstruo, y aunque pudieron cooperar lo suficiente para todos salir vivos, en el fondo, cada uno estaba enfocado es proteger su propia vida. Al menos ese fue el pensamiento que tuvo Kiyoshi al respecto, entendiendo que, quizás, si le tocaba con otros individuos en una agrupación que fue totalmente azarosa decidida por el destino, pudieron simplemente venderlo y cada quien por su lado.
Fue ahí donde la figura de la mayoría de los presentes se convirtió en una fuente de admiración para él. Comprendió que debe ser fuerte, que no puede quedarse siempre en excusas o justificación. Si bien es positivo ser consiente de las debilidades que posee desde el principio de sus días, debe ser también capaz de potenciar sus propias fortalezas y usarlas apropiadamente con el propósito de imponerse sobre este mundo tan peligroso que se ha abierto ante sus ojos.
No, deberíamos decir que este mundo oscuro siempre estuvo presente ante su persona, solo que intentó fingir ceguera y sordera para no enfrentar lo que debe.
En su afán por dar un paso adelante como hombre, decidió seguir a uno de los tipos que más le sorprendió en aquella experiencia cercana a la muerte. Lo tachó como el individuo cuya espalda podía ser un buen objetivo seguir para recordar y no olvidar jamás lo vivido ahí. Porque sabe que, si quiere avanzar, debe entregar sangre, sudor y lágrimas, llevándolo al borde de la rendición en más de una ocasión, pero si es capaz de mantener en su memoria lo vivido y lo que sintió aquel día, podrá seguir adelante.
Esa es la decisión que ha tomado.
___________________________________________________________________________________________
Whisky Peaks es una isla totalmente distinta a todas las que visitó antes. Para variar, llegó en un barco diferente y con personas desconocidas a las que todavía no logra acostumbrarse del todo. Normal si los nuevos compañeros sienten lo mismo hacia él, pues es un tipo bastante complejo de tratar cuando recién lo conoces. Claro, siempre y cuando tú no seas alguien igual o más especial todavía. Al fin y al cabo, hay de todo en este mundo. Nunca sabes la sorpresa que puedes encontrarte en el camino.
Aun con esta incomodidad por ser el nuevo del grupo, en su papel de médico, de aceptar tajantemente que es un pirata y de querer ser útil como tal, ofreció a todos servicios médicos al momento de llegar al pueblo que hay en la zona. Tras rentar un sitio acorde para ello, atendió a todos uno a uno, tuvieran o no algo que necesitase ser revisado. Puede ser una herida, o llanamente algo que deban decir y no encuentren a la persona necesaria como receptora. Sea lo que sea, Kiyoshi se mostró muy dispuesto a ayudar.
Pero sabido es que esta primera detención en su llegada a la Gran Línea no es solo para ser un médico, sino que tiene el propósito de volverse más fuerte. Consiente de que cada viaje hará que todo se dificulte más y más, necesita crecer en todo sentido. Duda, pues las gotas de sudor siempre recorren todo su rostro cuando dedica más de unos segundos a pensar en lo que se viene, pero tras golpear sus muslos o dar cachetadas en su rostro, intenta avisparse y atreverse a dar el paso. Si se queda quieto, solo esperará a que el mundo pirata se lo coma vivo sin mostrar ni una pizca de piedad.
— No puedo ser un tonto inútil siempre. Si no miro hacia adelante y camino hacia mi objetivo, nunca podré vengar las muertes de mis padres. — Porque no ha habido día que olvide el principal impulso que lo llevó a tomar todas estas decisiones. Hay una verdad que debe encontrar y culpables a los cuales hacer pagar. Eso jamás cambiará de página.
Con el rifle en su espalda, abandonó la comodidad del alojamiento y se manda a conocer lo que de verdad puede enseñar esta isla a un pirata novato que busca crecer. Tras mucha lectura de estudio durante el viaje sobre el mar, llegó a la conclusión de que ingresar a una cantina es lo más provechoso. Odia el alcohol y todo lo que eso conlleva, pero decidió hacer sacrificios y salir de su zona de conforto, por lo que ahí estaba el primer paso.
Quién le diría que, al ingresar, de lleno se encontró lo que era la entrada al mundo de la violencia. Como si todo se hubiera montado intencionalmente, a un lado del local, en el costado de la barra de madera llena de jarras y ceniceros, se ubica un hombre de unos 40 años cuya principal distinción en la vestimenta es un negro sombrero de vaquero. Su rostro enseñaba una sonrisa picaresca, confiada, llena de valor. Los dedos de la mano diestra se mueven lenta y armoniosamente a un costado de la funda de pistola que porta en el costado correspondiente del pantalón.
Detrás suyo, oculto por la barra y los barriles de cerveza, se encuentra el bartender, totalmente asustado de lo que está por ocurrir en su sitio de trabajo. Si fuese por él, desearía que todo este pleito se resolviera en otro lado, pero sabido es que el alcohol consigue que la mente de los hombres involucione de una manera patética. Kiyoshi estaba siendo testigo de ello en ese momento.
Del otro lado, frente a una pila de mesas y sillas desparramadas por el piso, se encuentra un grupo de cinco tipos, todos ya con sus armas de fuego en mano. A más de alguno le falta la mitad de los dientes, uno en particular huele bastante mal, otro tiene una botella de vidrio rota en una de las manos, dispuesto a golpear al primero que se le cruce por el frente. En fin, todos unos buscapleitos de los que odia Kiyoshi. Para peor, todos sucios, demasiado, el médico solo los mira con cara de desagrado. Quién sabe qué pasó ahí, pero un cinco contra uno no es algo bastante justo. Bah, es algo horrible, aunque parece que en este tipo de lugares, el honor y el respeto son valores que no abundan.
— Te vamos a llenar de hoyos, maldito bastardo hijo de la mismísima perra. Nos robaste nuestro dinero y ahora te atreves a presentarte aquí como si te diera igual nuestra presencia.
— ¡Eso! Pensamos que ya habrías huido de la isla, pero menos mal que Dios te ha traído como regalo para vengarnos.
— Ni dudes en que le daremos tu cadáver a los animales para que se alimenten. No mereces un final distinto a ello.
Kiyoshi, apenas habiendo entrado al bar, se mantuvo de pie observando todo con una cara de poker bastante peculiar. Quiso venir a aprender cosas de este mundo, pero esto era algo… algo muy exagerado, la verdad. Pero bien dicen que las buenas historias son las que se alejan de lo lógico. Afortunadamente, todos lo ignoraban por centrarse en su propio asunto.
El tipo en desventaja, callado hasta ahora pero siempre sonriente, suelta una carcajada imposible de ignorar incluso para la gente que se encuentra fuera del local, algo alejada por miedo a verse involucrada en un asunto que no les compete.
— Lo siento, niños, realmente volví para ver si podían darme un poco más de berries para beber. Estoy sediento y ya me gasté todo lo que me regalaron la otra vez. — Realmente no le importaba nada, un verdadero maldito, un distinto de esos que solo nacen cada 20 años en el lejano oeste.
En cualquier momento el conflicto estallará y los disparos se escucharán por toda la isla. ¿Cómo procederá la historia?
En un principio, intentó mentirse a sí mismo, diciendo que solo estaba realizando un nuevo trabajo como médico, aunque esta vez para una tripulación pirata. Siempre dio atender a tipos complicados, pues detesta a aquellos que considera no se preocupan por cuidar su salud e intencionalmente se lanzan hacia las garras del peligro. Mantuvo este papel con la tripulación de Los Olvidados durante varias semanas, y si bien de a poco fue mostrándose algo más abierto hacia ellos en cuanto a temas de charlas o relacionarse en sí, seguía sintiéndose un poco incómodo, fuera de lugar. Como si él no perteneciera a ese sitio.
Lo acontecido en Los Cabos Gemelos fue un punto de inflexión bastante grande en su mentalidad, o al menos en lo que pueden ser los cimientos de la construcción del verdadero Kiyoshi de cara al futuro. Hasta ese momento, siempre estuvo acostumbrado a exigir protección del resto, pues fue criado de esta forma. Desde pequeño fue un ser humano sobreprotegido por los suyos, por lo que por mucho que llegó el momento de crecer y conocer el mundo por su propia cuenta, esa debilidad suya tanto física como mental seguía latente como siempre. Por mucho que quisiese deshacerse de ella, seguía siéndole una tarea titánica.
Ahí, al ver que no tenía a nadie más que a sí mismo para defenderse, entendió que no puede seguir con esta vida dependiendo siempre de otros. A pesar de que hubo más personas encerradas con él frente a ese gran monstruo, y aunque pudieron cooperar lo suficiente para todos salir vivos, en el fondo, cada uno estaba enfocado es proteger su propia vida. Al menos ese fue el pensamiento que tuvo Kiyoshi al respecto, entendiendo que, quizás, si le tocaba con otros individuos en una agrupación que fue totalmente azarosa decidida por el destino, pudieron simplemente venderlo y cada quien por su lado.
Fue ahí donde la figura de la mayoría de los presentes se convirtió en una fuente de admiración para él. Comprendió que debe ser fuerte, que no puede quedarse siempre en excusas o justificación. Si bien es positivo ser consiente de las debilidades que posee desde el principio de sus días, debe ser también capaz de potenciar sus propias fortalezas y usarlas apropiadamente con el propósito de imponerse sobre este mundo tan peligroso que se ha abierto ante sus ojos.
No, deberíamos decir que este mundo oscuro siempre estuvo presente ante su persona, solo que intentó fingir ceguera y sordera para no enfrentar lo que debe.
En su afán por dar un paso adelante como hombre, decidió seguir a uno de los tipos que más le sorprendió en aquella experiencia cercana a la muerte. Lo tachó como el individuo cuya espalda podía ser un buen objetivo seguir para recordar y no olvidar jamás lo vivido ahí. Porque sabe que, si quiere avanzar, debe entregar sangre, sudor y lágrimas, llevándolo al borde de la rendición en más de una ocasión, pero si es capaz de mantener en su memoria lo vivido y lo que sintió aquel día, podrá seguir adelante.
Esa es la decisión que ha tomado.
___________________________________________________________________________________________
35 de Otoño del 16
Whisky Peaks
Whisky Peaks
Whisky Peaks es una isla totalmente distinta a todas las que visitó antes. Para variar, llegó en un barco diferente y con personas desconocidas a las que todavía no logra acostumbrarse del todo. Normal si los nuevos compañeros sienten lo mismo hacia él, pues es un tipo bastante complejo de tratar cuando recién lo conoces. Claro, siempre y cuando tú no seas alguien igual o más especial todavía. Al fin y al cabo, hay de todo en este mundo. Nunca sabes la sorpresa que puedes encontrarte en el camino.
Aun con esta incomodidad por ser el nuevo del grupo, en su papel de médico, de aceptar tajantemente que es un pirata y de querer ser útil como tal, ofreció a todos servicios médicos al momento de llegar al pueblo que hay en la zona. Tras rentar un sitio acorde para ello, atendió a todos uno a uno, tuvieran o no algo que necesitase ser revisado. Puede ser una herida, o llanamente algo que deban decir y no encuentren a la persona necesaria como receptora. Sea lo que sea, Kiyoshi se mostró muy dispuesto a ayudar.
Pero sabido es que esta primera detención en su llegada a la Gran Línea no es solo para ser un médico, sino que tiene el propósito de volverse más fuerte. Consiente de que cada viaje hará que todo se dificulte más y más, necesita crecer en todo sentido. Duda, pues las gotas de sudor siempre recorren todo su rostro cuando dedica más de unos segundos a pensar en lo que se viene, pero tras golpear sus muslos o dar cachetadas en su rostro, intenta avisparse y atreverse a dar el paso. Si se queda quieto, solo esperará a que el mundo pirata se lo coma vivo sin mostrar ni una pizca de piedad.
— No puedo ser un tonto inútil siempre. Si no miro hacia adelante y camino hacia mi objetivo, nunca podré vengar las muertes de mis padres. — Porque no ha habido día que olvide el principal impulso que lo llevó a tomar todas estas decisiones. Hay una verdad que debe encontrar y culpables a los cuales hacer pagar. Eso jamás cambiará de página.
Con el rifle en su espalda, abandonó la comodidad del alojamiento y se manda a conocer lo que de verdad puede enseñar esta isla a un pirata novato que busca crecer. Tras mucha lectura de estudio durante el viaje sobre el mar, llegó a la conclusión de que ingresar a una cantina es lo más provechoso. Odia el alcohol y todo lo que eso conlleva, pero decidió hacer sacrificios y salir de su zona de conforto, por lo que ahí estaba el primer paso.
Quién le diría que, al ingresar, de lleno se encontró lo que era la entrada al mundo de la violencia. Como si todo se hubiera montado intencionalmente, a un lado del local, en el costado de la barra de madera llena de jarras y ceniceros, se ubica un hombre de unos 40 años cuya principal distinción en la vestimenta es un negro sombrero de vaquero. Su rostro enseñaba una sonrisa picaresca, confiada, llena de valor. Los dedos de la mano diestra se mueven lenta y armoniosamente a un costado de la funda de pistola que porta en el costado correspondiente del pantalón.
Detrás suyo, oculto por la barra y los barriles de cerveza, se encuentra el bartender, totalmente asustado de lo que está por ocurrir en su sitio de trabajo. Si fuese por él, desearía que todo este pleito se resolviera en otro lado, pero sabido es que el alcohol consigue que la mente de los hombres involucione de una manera patética. Kiyoshi estaba siendo testigo de ello en ese momento.
Del otro lado, frente a una pila de mesas y sillas desparramadas por el piso, se encuentra un grupo de cinco tipos, todos ya con sus armas de fuego en mano. A más de alguno le falta la mitad de los dientes, uno en particular huele bastante mal, otro tiene una botella de vidrio rota en una de las manos, dispuesto a golpear al primero que se le cruce por el frente. En fin, todos unos buscapleitos de los que odia Kiyoshi. Para peor, todos sucios, demasiado, el médico solo los mira con cara de desagrado. Quién sabe qué pasó ahí, pero un cinco contra uno no es algo bastante justo. Bah, es algo horrible, aunque parece que en este tipo de lugares, el honor y el respeto son valores que no abundan.
— Te vamos a llenar de hoyos, maldito bastardo hijo de la mismísima perra. Nos robaste nuestro dinero y ahora te atreves a presentarte aquí como si te diera igual nuestra presencia.
— ¡Eso! Pensamos que ya habrías huido de la isla, pero menos mal que Dios te ha traído como regalo para vengarnos.
— Ni dudes en que le daremos tu cadáver a los animales para que se alimenten. No mereces un final distinto a ello.
Kiyoshi, apenas habiendo entrado al bar, se mantuvo de pie observando todo con una cara de poker bastante peculiar. Quiso venir a aprender cosas de este mundo, pero esto era algo… algo muy exagerado, la verdad. Pero bien dicen que las buenas historias son las que se alejan de lo lógico. Afortunadamente, todos lo ignoraban por centrarse en su propio asunto.
El tipo en desventaja, callado hasta ahora pero siempre sonriente, suelta una carcajada imposible de ignorar incluso para la gente que se encuentra fuera del local, algo alejada por miedo a verse involucrada en un asunto que no les compete.
— Lo siento, niños, realmente volví para ver si podían darme un poco más de berries para beber. Estoy sediento y ya me gasté todo lo que me regalaron la otra vez. — Realmente no le importaba nada, un verdadero maldito, un distinto de esos que solo nacen cada 20 años en el lejano oeste.
En cualquier momento el conflicto estallará y los disparos se escucharán por toda la isla. ¿Cómo procederá la historia?
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
Hablo | Pienso
