03-01-2026, 05:33 AM
-Uhm.- razone en silencio, pensando con cuidado que tal vez me había tropezado sin querer en un abismo de emociones e historias que regresaban de mi querida desconocida en experiencias que no resultan agradables, lamentablemente no había manera de preguntar directamente sobre su pasado no en ese momento pero claro resultaba imposible ignorar de su confesión y viejo dolor que se abre en recuerdos indeseados como la culpa, pero ella estaba equivocada sí pensaba que me llegue a sentir igual, por lo que escuchando pero ignorando su dolor por ser bella o tener pechos o repetir a distintas maneras qué a su gusto parecía, atractivo, galán o/y así.
Mi cuello debe haberse inclinado hacia adelante con rendición. La verdad ni siquiera logré percatarme en sus argumentos porque todavía me costaba pensar, que, en estos desvaríos, hubiera verdad, temores y recuerdos, pero comprendí en medio de la gran duda que únicamente puede permitirse quien no busca herir un corazón como cada refrán y cada disculpa era reflejo de sus heridas, por lo que aunque mantuve un rol de espectador, estudiando con precisión clínica su comportamiento casi de manera separada a la realidad, espere paciente en que terminara sus pesares rodeando mi atención ligeramente sobre mis manos, sus hombros y de sus gestos.
No sabía de ser plenamente honesto, sí nuestra dama hablaba de más porque había caído en arrepentimiento o porque estaba nerviosa, pero estaba seguro de que le mataba la vergüenza de haberse atrevido en acercárseme, seguro de que únicamente estaba burlándose de no ser así, pero en todo caso no era quien permitiera que una mujer sufriera por tomar el valor de acercarse a alguien y hacerle sufrir de forma innecesaria en sus pensares, razón por la que en vez de desperdiciar tiempo con palabras busque deslizar mi izquierda hasta su mano pero claro no para tocar su piel o cruzar nuestros dedos sino para disponer debajo de su palma la carta de mi padre.
No había más necesidad de pronunciar mi nombre porque este estaba escrito sobre la hoja junto con reclamos paternales que realzaban mi mal comportamiento en el entrenamiento, porque era difícil y bastante contestón. No obstante, leyendo la carta percibirías el apoyo de una figura paterna que se preocupa por la vida de su hijo recordando a esté de tareas básicas, rutinarias y de limpieza, todo escrito en una letra de muy buena caligrafía, aunque detrás de la carta también estaba algo escrito a medias, sin sentido, la mitad de un inicio o saludo que siquiera parecía expresar más que, un “¡hola viejo! todo bien”, pero no por pereza, teniendo un lápiz en manos.
-Es tan raro que me digas galán a todo momento ¿es una manera a la que sueles referirte a todos los hombres?- pregunte con curiosidad, buscando deshacerme de la idea innecesaria que había formado sobre la joven mujer mientras me tomaba un momento para abandonar el lápiz sobre la mesa, cruzando los dedos de ambas manos, estirando cada dedo hacia mi pecho, tronando levemente las articulaciones y estirando de estas como muestra practica de que tomaba un ligero descanso de la escritura, aunque no tuviera manos de escriba sino de soldado.
Mi cuello debe haberse inclinado hacia adelante con rendición. La verdad ni siquiera logré percatarme en sus argumentos porque todavía me costaba pensar, que, en estos desvaríos, hubiera verdad, temores y recuerdos, pero comprendí en medio de la gran duda que únicamente puede permitirse quien no busca herir un corazón como cada refrán y cada disculpa era reflejo de sus heridas, por lo que aunque mantuve un rol de espectador, estudiando con precisión clínica su comportamiento casi de manera separada a la realidad, espere paciente en que terminara sus pesares rodeando mi atención ligeramente sobre mis manos, sus hombros y de sus gestos.
No sabía de ser plenamente honesto, sí nuestra dama hablaba de más porque había caído en arrepentimiento o porque estaba nerviosa, pero estaba seguro de que le mataba la vergüenza de haberse atrevido en acercárseme, seguro de que únicamente estaba burlándose de no ser así, pero en todo caso no era quien permitiera que una mujer sufriera por tomar el valor de acercarse a alguien y hacerle sufrir de forma innecesaria en sus pensares, razón por la que en vez de desperdiciar tiempo con palabras busque deslizar mi izquierda hasta su mano pero claro no para tocar su piel o cruzar nuestros dedos sino para disponer debajo de su palma la carta de mi padre.
No había más necesidad de pronunciar mi nombre porque este estaba escrito sobre la hoja junto con reclamos paternales que realzaban mi mal comportamiento en el entrenamiento, porque era difícil y bastante contestón. No obstante, leyendo la carta percibirías el apoyo de una figura paterna que se preocupa por la vida de su hijo recordando a esté de tareas básicas, rutinarias y de limpieza, todo escrito en una letra de muy buena caligrafía, aunque detrás de la carta también estaba algo escrito a medias, sin sentido, la mitad de un inicio o saludo que siquiera parecía expresar más que, un “¡hola viejo! todo bien”, pero no por pereza, teniendo un lápiz en manos.
-Es tan raro que me digas galán a todo momento ¿es una manera a la que sueles referirte a todos los hombres?- pregunte con curiosidad, buscando deshacerme de la idea innecesaria que había formado sobre la joven mujer mientras me tomaba un momento para abandonar el lápiz sobre la mesa, cruzando los dedos de ambas manos, estirando cada dedo hacia mi pecho, tronando levemente las articulaciones y estirando de estas como muestra practica de que tomaba un ligero descanso de la escritura, aunque no tuviera manos de escriba sino de soldado.
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