Un viaje movido // Llegada a Little Garden // Presente absoluto
#60
Podía sentirlo, ni siquiera hacía falta verlo, cómo la muchacha, Gwendolyn, se alejaba de él. No era extraño después de todo había creado por su cuenta un conflicto. Ni siquiera fue necesario el manotazo, y aún así no se lo reprochó a Owen. Solo lo observó, impasible, alejando su mano y dando un paso atrás, calmado y tranquilo. Solo observó al pelirrojo, con la misma impasibilidad de siempre, natural en él.

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—No se preocupe, no planeo tocarla igualmente.

No ahora que le había hecho daño. No ahora que la recordaba de una forma distinta. Ni siquiera cuando vio en vivo y directo una nueva muerte se inmutó. Solo lo vio, aquel tigre que ni había prestado atención hasta ese momento y que claramente no parecía haberse movido en ningún momento. ¿Había estado escondido? No lo recordaba en lo absoluto ni le resultaba familiar. Fuera como fuere, era solo otro cuerpo más ahora, sin nada relevante. Sí era cierto que no esperó que los dos cuerpos fueran lanzados a sus pies. Los observó, como si solo se trataran de pequeños objetos, juguetes rotos quizás, y elevó la mirada con calma a Sohem. Una enorme sonrisa se dibujó en sus labios, de oreja a oreja, cargada de la confianza de la que siempre vivía.

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—No ponga en duda que lo haré, señor Sohem.

La experiencia en la limpieza de cadáveres ya era algo a lo que estaba habituado y, desde luego, no iba a permitir que nada se desaprovechara. —Como agradecimiento, déjeme ayudarlo. Escuché que necesita reparar su barco, y puedo hacerlo. — Porque, como bien había mencionado, él devolvía favores, y odiaba deberlos. Además, alguien tan poderoso y conocido no podía pasar por alto ante el yakuza. Su jefe estaría más que satisfecho. No prestó siquiera atención cuando aquella drogaditca tomó los cuerpos, no fue relevante. Pareció enterrarlo con todo y, realmente, no era algo que hubiera afectado negativamente. Por lo contrario, dejó demasiado claro dónde estaban. Era mejor así. También comprendió la indirecta de Owen. Eso sería algo que más adelante tendría en cuenta y, teniendo en cuenta el favor que parecía deberle, no podría pasarlo por alto. Un favor que devolvería más adelante, de un modo u otro, a él y a Gwendolyn… Si todo salía bien.

Escuchó los estúpidos e inútiles cánticos de aquella drogadicta que solo había retirado los cuerpos, como si solo con eso fuera a dejarlos a salvo. No se equivoquen, Jin respeta a los muertos, pero no a los que no se lo merecen, y dos cazadores que se habían hasta entonces ocultado, como bien claro había sido (ya que recordaba claramente que solo había dado la cara algún Marine), no era algo que sintiera honrado. Una trampa, o lo que fuera. Una lástima, no podría sacar de dónde habían conseguido la información bajo tortura.

Lo que sí hizo fue observar a Uker, quien incluso con su complicada relación había un favor que también le debía y, a diferencia de la drogadicta, sí usaba más la cabeza. Un interés nulo por esos cuerpos, no viéndose alterado. Ese muchacho tenía experiencia, una lástima que lo desperdiciara en personas que no podían aprovechar su potencial. —Uker. Ella sigue esperando verte. — Apenas lo murmuró, apartándose del grupo, volviendo al barco con calma. 

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—Te manda saludos. 

No dijo nada más. Sabía que lo comprendería, una muchacha de cabellera blanca y mechones negros. Solo entró al barco, recogiendo su baúl, donde había todavía espacio para cosas. El calor abrasador era insoportable, todavía cuberto por las heridas, pero esperó a que todo se vaciara. Más adelante se pondría en contacto como pudiera con Owen o con el propio Sohem. Ahora estaba solo y, previamente había hecho una llamada a su jefe desde su Den-Den Mushi. Era oscuro, sí, la noche se había alzado, pero las tumbas estaban perfectamente claras y visibles. El barco seguía atrás, pero el silencio era algo que al hombre se le daba especialmente bien.

Dos hombres aparecieron a la lejanía en el lugar que él mismo había mencionado a su jefe. Sabía que habían cosas de interés, y esos cuerpos los lanzaría luego al mar. No quería dejar rastros innecesarios. A diferencia de Maki, quien le tomó dos horas, ellos solo tomaron veinte minutos. Lo único que iluminaba con más firmeza era el cigarro entre sus labios a la vez que los hombres ahora, sudorosos, tomaban sus descansos. Revisó los cuerpos. Unos guantes en forma de garras captaron su atención. No era un tasador, pero como hombre de negocios dentro de una yakuza, sabía de sobra que eso podía ser valioso, más todavía en el mercado negro. Desde luego, Sohem sabía bien qué hacía, y a quién se lo entregaba. Dudaba que aquello solo fuera casualidad. No solo encontró eso (ya que era lo primero que llamaba la atención por el tigre y el tamaño del mismo), sino también más cosas. Berries, una cantidad que no se esperaba, además de botiquines de primeros auxilios, armas, entre otras muchas cosas.

—¿Qué quiere que hagamos con todo esto, señor Onizuka? — El yakuza observó a los dos hombres, quienes hablaron en voz baja para evitar sonidos innecesarios. Dio una nueva calada al cigarrillo, guardando unos segundos de silencio. Por fortuna aquellos hombres eran de fiar, luego les pagaría su jefe, o acordó hacerlo. Además, no parecían percatarse de la valía de las cosas exceptuando los berries. 

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—Excepto por dos botiquines, dejadlo todo en el baúl y nos vamos.

—Sí señor. — Él mismo también trabajó, tomando los guantes, el rifle, la brújula… Hasta había un aperitivo en buen estado. Todo lo que hubo lo guardó en su baúl, ya decidiría más tarde qué haría con él. —¿Y los cuerpos? — El hombre miró a los dos acompañantes, con el baúl sobre su hombro y los miró. —Sacadlos, dejadlo todo como estaba, yo los lanzaré al mar. — Tomó primero uno, ya que el baúl le impedía hacer el trabajo, lo dejó perderse en el mar y, luego, al otro, ambos cuerpos perdiéndose en lo más profundo, donde nunca nadie los encontraría, donde no existirían los rastros de ninguno de ellos excepto dos tumbas vacías que, a menos que excavaran, nadie se iba a percatar. Todo se puso perfectamente igual que Maki lo hizo. Los hombres se retiraron antes que él ya que, antes de salir de allí, tenía algo más importante que hacer. Tomó dos de los tres Botiquínes Grandes y un papel. Siempre estaba preparado, pero aún así, subió al barco, con el máximo sigilo posible y tomó una pluma del interior de la misma. Escribió una nota.

“Con esto saldo mi deuda y el favor que te debo, joven Rackham.
                                                                                     Jin.”

Lo dejó sobre los botiquines, entrando en silencio en los horarios nocturnos de aquella noche, para dejarlo en el interior de su dormitorio, donde posiblemente estuviera descansando, de modo que solo él pudiera verlo. A continuación, retomó su baúl y se fue. Con eso, no iba a deber nada a ese cocinero. Era lo mínimo. Si se reencontraban quizás lo recompensaría de una mejor forma, pero el tiempo no estaba a su favor. Se aseguró de que las dos tumbas estaban tal y como pidió, sin rastros extraños y, tras el visto bueno, los dos hombres y él partieron de la playa, desvaneciéndose de allí. Más adelante llamaría a Hyákinthos por sus negocios.


OFF
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RE: Un viaje movido // Llegada a Little Garden // Presente absoluto - por Onizuka Jin - 03-01-2026, 07:44 AM

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