03-01-2026, 09:22 PM
Al pequeño pueblo en problemas del Reino Samba llegó una mujer peculiar atraída por varios motivos al lugar, pero era fácil de identificar pues resaltaba un poco entre la multitud, una mujer de metro setenta, con orejas de conejo se acercaba a los puestos y preguntaba por lo visto, por los incidentes, en que horarios habían ocurrido y especialmente si había quedado alguna zanahoria en el mercado para comprar pues le sería de utilidad para atraer o confrontar a quien estuviera detrás de aquellos incidentes.
La mujer cubierta por un poncho que cubría hasta sus rodillas y ocultaba su figura incluso estuvo dispuesta a preguntar al niño con fama de mentiroso por más detalles pagándole 20 berries por el chismerio y otros 30 para que le guiase a la parte sur donde decía haber visto esas figuras oscuras marcharse.
El reino Samba era sin lugar a dudas uno de los lugares que Hiiragí más había aprendido a querer en sus recientes años de libertad, el clima tropical era encantador y mejor que el frio, no era poca la gente que disfrutaba de vestirse de formas escandalosas como la propia para ocasiones como bailes, fiestas o simplemente entretenimiento nocturno. La rica cultura local provista por el centro de baila y los propios habitantes que habitaban cada uno de los pueblos de Samba en torno al gran rio que separaba la isla eran también joyas ocultas de cultura y encanto, gente buena en abundancia y no tan buena si la sabias buscar, pero nada que fuera a espantar a la Humink por lo que había experimentado en todo el último tiempo que había pasado allí.
Pero el aprecio de Hiiragi por la gente de samba estaba principalmente enfocado en la gente de pueblos, la que trabajaba los campos y cuidaba a los animales más que con las altas clases que podían comprar y vender por mejores precios y con quienes no necesitaba regatear tanto.
Así pues era inevitable que si a sus largas orejas llegaban noticias de que había alguna clase de inconveniente para un humilde pueblo de Samba, ella al menos iría a investigar que pasaba, ya de paso tal vez vería de sacar algún fruto especial por su labor, pero no era la prioridad principal de aquella pequeña aventura en la que la peliblanca se embarcaba.
No fue poco el tiempo que la oji-rubí dedicaría a simplemente investigar de forma profunda los lugares de interés que podía encontrar, el detalle del pelaje en un pasillo por donde ella misma no podría pasar la obligó a dar un rodeo en torno no solo a la calle principal del mercado sino también a pasar por las calles paralelas para verificar en búsqueda de caminos formados por el uso frecuente o huellas que no fueran humanas en algún lugar donde la tierra húmeda le dejase notar algo.
Al momento de recabar la información suponía que las opciones debían ser el sur o dentro de la zona de las casas, con atención la joven decidió intentar subir a los techos ya que incluso si lo que decía el niño era cierto, las pistas parecían indicar que los callejones eran más importantes como guía, quizás combinando una vista de altura y los caminos desde las callejuelas que fueran al sur podrían permitirle detectar un lugar donde se juntasen tantas criaturas y posiblemente una pila gigante de Zanahorias o botín.
La joven se paró en lo alto de una de las pocas casas de madera que tenía la osadía de tener más de una planta para ser habitada -Se de ladrones que usan mascotas emplumadas para que vigilen en el cielo o roben por ellos cuando la gente se distrae... Esto puede ser algo similar, si nadie lo escucha o ve deben ser cosas pequeñas, pero si están robando tanto objetos de valor como lo que ellos realmente quieren, entonces seguramente estén regresando al dominio de quien les amaestro para entregar las baratijas y posesiones que como animales no aprecian a cambio de la recompensa que su entrenador seguramente les esté proveyendo.- desde las alturas observaba y comenzó a buscar siguiendo los callejones angostos algún patrón que la guiase al nido de las criaturas o la guarida de su entrenador, pues la Humink dudaba mucho que fuera a ser simplemente una coincidencia o un animal salvaje haciendo travesuras.
Una vez que recorrió suficientes veces los techos y bajo tantas veces a los callejones para confirmar más rastros de pelaje que le ayudaran a triangular el destino que buscaba, se preparó para lo peor y ajustó bien las punteras en sus patas para luchar en caso de que fuera necesario -Ojalá esto se pueda resolver simplemente negociando u ofreciendo algo de dinero o ayuda para resolver la situación que este forzando estos robos.- agregó una vez más para sí misma incapaz de quedarse callada ni siquiera cuando debía pensar.
Con el equipamiento listo, mentalmente preparada y encaminada a lo que ella creía que sería la guarida de "los bandidos" y la "mente maestra" de los crímenes cometidos, la joven intentó mantenerse en altura para vigilar si era necesario por un par de horas escondida por la ventaja de que la gente no suele mirar para arriba sin necesidad, afinando sus oídos, apuntando y moviéndolos en diferentes direcciones para intentar detectar ruidos no tanto de animales pero si de quien fuera que los organizaba en caso de que no pudiera verlos directamente desde donde estaba.
La mujer cubierta por un poncho que cubría hasta sus rodillas y ocultaba su figura incluso estuvo dispuesta a preguntar al niño con fama de mentiroso por más detalles pagándole 20 berries por el chismerio y otros 30 para que le guiase a la parte sur donde decía haber visto esas figuras oscuras marcharse.
El reino Samba era sin lugar a dudas uno de los lugares que Hiiragí más había aprendido a querer en sus recientes años de libertad, el clima tropical era encantador y mejor que el frio, no era poca la gente que disfrutaba de vestirse de formas escandalosas como la propia para ocasiones como bailes, fiestas o simplemente entretenimiento nocturno. La rica cultura local provista por el centro de baila y los propios habitantes que habitaban cada uno de los pueblos de Samba en torno al gran rio que separaba la isla eran también joyas ocultas de cultura y encanto, gente buena en abundancia y no tan buena si la sabias buscar, pero nada que fuera a espantar a la Humink por lo que había experimentado en todo el último tiempo que había pasado allí.
Pero el aprecio de Hiiragi por la gente de samba estaba principalmente enfocado en la gente de pueblos, la que trabajaba los campos y cuidaba a los animales más que con las altas clases que podían comprar y vender por mejores precios y con quienes no necesitaba regatear tanto.
Así pues era inevitable que si a sus largas orejas llegaban noticias de que había alguna clase de inconveniente para un humilde pueblo de Samba, ella al menos iría a investigar que pasaba, ya de paso tal vez vería de sacar algún fruto especial por su labor, pero no era la prioridad principal de aquella pequeña aventura en la que la peliblanca se embarcaba.
No fue poco el tiempo que la oji-rubí dedicaría a simplemente investigar de forma profunda los lugares de interés que podía encontrar, el detalle del pelaje en un pasillo por donde ella misma no podría pasar la obligó a dar un rodeo en torno no solo a la calle principal del mercado sino también a pasar por las calles paralelas para verificar en búsqueda de caminos formados por el uso frecuente o huellas que no fueran humanas en algún lugar donde la tierra húmeda le dejase notar algo.
Al momento de recabar la información suponía que las opciones debían ser el sur o dentro de la zona de las casas, con atención la joven decidió intentar subir a los techos ya que incluso si lo que decía el niño era cierto, las pistas parecían indicar que los callejones eran más importantes como guía, quizás combinando una vista de altura y los caminos desde las callejuelas que fueran al sur podrían permitirle detectar un lugar donde se juntasen tantas criaturas y posiblemente una pila gigante de Zanahorias o botín.
La joven se paró en lo alto de una de las pocas casas de madera que tenía la osadía de tener más de una planta para ser habitada -Se de ladrones que usan mascotas emplumadas para que vigilen en el cielo o roben por ellos cuando la gente se distrae... Esto puede ser algo similar, si nadie lo escucha o ve deben ser cosas pequeñas, pero si están robando tanto objetos de valor como lo que ellos realmente quieren, entonces seguramente estén regresando al dominio de quien les amaestro para entregar las baratijas y posesiones que como animales no aprecian a cambio de la recompensa que su entrenador seguramente les esté proveyendo.- desde las alturas observaba y comenzó a buscar siguiendo los callejones angostos algún patrón que la guiase al nido de las criaturas o la guarida de su entrenador, pues la Humink dudaba mucho que fuera a ser simplemente una coincidencia o un animal salvaje haciendo travesuras.
Una vez que recorrió suficientes veces los techos y bajo tantas veces a los callejones para confirmar más rastros de pelaje que le ayudaran a triangular el destino que buscaba, se preparó para lo peor y ajustó bien las punteras en sus patas para luchar en caso de que fuera necesario -Ojalá esto se pueda resolver simplemente negociando u ofreciendo algo de dinero o ayuda para resolver la situación que este forzando estos robos.- agregó una vez más para sí misma incapaz de quedarse callada ni siquiera cuando debía pensar.
Con el equipamiento listo, mentalmente preparada y encaminada a lo que ella creía que sería la guarida de "los bandidos" y la "mente maestra" de los crímenes cometidos, la joven intentó mantenerse en altura para vigilar si era necesario por un par de horas escondida por la ventaja de que la gente no suele mirar para arriba sin necesidad, afinando sus oídos, apuntando y moviéndolos en diferentes direcciones para intentar detectar ruidos no tanto de animales pero si de quien fuera que los organizaba en caso de que no pudiera verlos directamente desde donde estaba.
Karmas que podrían llegar a ser relevantes
Equipamento/Pasivas
Código:
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