[Aventura T3 - P. Absoluto] - Bajo la Piedra de Sorbet
#9
La arena tardó apenas un segundo en asimilar lo ocurrido.
El cuerpo del mink cayó al suelo con un sonido húmedo y definitivo. La hoja había atravesado sin margen a la duda, y la sangre comenzó a extenderse sobre la piedra pulida, rompiendo la estética relativamente limpia del recinto. Sus manos, que segundos antes habían suplicado, quedaron abiertas y rígidas, los dedos aún tensos en una postura inútil.
No hubo gritos desde los palcos. No hubo interrupciones.
Algunos espectadores apartaron la mirada. Otros no lo hicieron en absoluto. Un par de cientos cambiaron de mano con un tintineo aislado, casi fuera de lugar. La seguridad permaneció inmóvil. Los organizadores tomaron nota en silencio, sin comentarios, sin gestos de desaprobación o sorpresa.
Bant había dejado de ser un aspirante.
Había dejado de importar.
Uno de los asistentes se acercó lo justo para comprobar el pulso. Dos dedos en el cuello, un gesto mecánico, profesional. Luego negó con la cabeza y se retiró sin cubrir el cuerpo, sin ceremonia alguna. El cadáver quedó allí, visible, como una advertencia silenciosa para cualquiera que pensara que aún podía echarse atrás.

La arena absorbió su muerte con la misma indiferencia con la que había absorbido tantas otras antes.
A unos metros de distancia, Ryota y Symic seguían en pie.
El combate entre ambos se volvió tosco, prolongado, carente de cualquier intención de esquiva o repliegue. Puño contra puño. Golpes que entraban limpios, que arrancaban sangre y aire, sin que ninguno de los dos pareciera dispuesto a retroceder más de lo estrictamente necesario. El sonido de los impactos se repetía una y otra vez, seco, constante, hasta volverse monótono.
Symic escupió al suelo, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano.
- Gyogyogyo…
Su risa era áspera, cargada de desprecio.
- ¿Eso es todo? -gruñó- Los hombres siempre terminan igual, Gyo… cansados, lentos.
Avanzó de nuevo, descargando golpes amplios, pesados, sin técnica alguna, confiando en su cuerpo y su fuerza bruta. Cada paso suyo hacía vibrar la piedra, cada impacto buscaba imponer presencia más que precisión.
Ryota respondía golpe por golpe. Narices sangrantes, nudillos enrojecidos, respiraciones cada vez más pesadas. No era un combate elegante ni rápido. Era un intercambio crudo, insistente, que empezaba a perder el interés de quienes observaban desde arriba. El aire entre ambos se volvió pesado. Cada golpe levantaba pequeñas motas de polvo que se mezclaban con el olor metálico de la sangre y el sudor. Los brazos empezaban a pesar más de lo que ninguno admitiría, y cada respiración se volvía más ruidosa que la anterior.
Desde los palcos, el murmullo regresó.
No de emoción.
De hastío.
Uno de los organizadores descendió al borde de la arena con pasos tranquilos. Vestía como los demás: traje oscuro, postura relajada, expresión neutra. Se acercó lentamente hacia el centro, donde seguían peleando. Symic lo vio acercarse y detuvo sus ataques, ya que el organizador empezó a aplaudir. No levantó la voz. No hizo ningún gesto para reclamar atención más que felicitar a los dos contendientes. Aun así, el combate se detuvo. En aquella arena, cuando un organizador bajaba al foso, significaba que alguien había cruzado una línea invisible.
- Dos combates resueltos. El espectáculo ha sido aceptable.
- Sr.Alexander, discúlpeme, un par de golpes más y lo te- Un sonido fuerte cortó en seco las palabras de Symic, un sonido que provenía del propio organizador, el cual sostenía con su mano una pistola humeante, siendo ese el rastro de un disparo reciente. 
La bala había impactado de lleno en la cabeza de Symic. Su cuerpo se desplomó al instante, como si le hubieran arrancado el sostén que la mantenía en pie. No hubo grito, ni última carcajada. Solo el golpe sordo de su cuerpo contra la piedra y el silencio inmediato que se extendió por el recinto.
El organizador observó el cadáver un segundo, lo justo para confirmar que no habría movimiento alguno.
- Aburrido. -dijo, sin elevar la voz.
Entonces giró la cabeza hacia Ryota.
- Tu equipo ha ganado dos combates y con buen espectáculo.-continuó, guardando el arma con calma- Considéralo un favor.
Su mirada fue fría, calculadora.
El Sr. Alexander era un hombre bajito, de pelo negro y barba. Mostraba un claro interés en el espectáculo, pues esa noche era su noche, le había tocado ser el anfitrión, y no podía permitirse que sus "invitados" se aburriesen con combates como el que estaba sucediendo. 
Desde los palcos, algunas fichas se retiraron. Otras comenzaron a moverse con renovado interés. La arena volvió poco a poco a su estado habitual, como si nada extraordinario hubiera ocurrido.
Tres aspirantes habían entrado.
Dos combates habían terminado.
Uno de ellos… no por decisión propia.
El circuito había hablado.
Y había dejado claro que allí no bastaba con sobrevivir.
Había que entretener.

El narrador del evento anunció los ganadores. El ambiente se había animado; el primer combate solía ser más denso, más de tanteo, pero el público había aceptado de buena gana el resultado de aquel enfrentamiento inicial. Se notaba en el murmullo constante, en las conversaciones cruzadas, incluso en el propio tono del comentarista, que ahora sonaba más suelto, más implicado.
- La primera sorpresa de la noche ha sido ¡La Amazona Carmesí! -proclamó- ¡Tomen nota para sus apuestas!
Algunos aplausos se alzaron desde los palcos.
- Filo Negro no se ha quedado atrás con su frialdad… una ejecución limpia, directa, sin margen para la duda.
El murmullo se volvió más espeso, expectante.
El comentarista hizo una breve pausa, claramente intencionada.
-Y finalmente… -continuó el comentarista- no olviden apostar sus berries por Ryota Miyamoto.
Un murmullo expectante recorrió los palcos.
- Desde esta noche, el circuito lo conocerá como Saco de Boxeo.
Las risas no fueron unánimes, pero sí suficientes. Algún aplauso irónico, algún comentario burlón, varias miradas que ya no evaluaban fuerza, sino resistencia.
- Ha demostrado que sabe aguantar golpes -añadió la voz- Ahora tendrá que demostrar que sabe devolverlos.
La expectación no disminuyó. Cambió de forma.La noche continuaba.
Y Ryota acababa de ganar algo más que una victoria: una deuda con su propio nombre.



Sin palabras de más, varios miembros del staff descendieron al foso y guiaron a los tres aspirantes hacia uno de los laterales de la arena, lejos de las miradas directas del público. Allí, en una zona delimitada por biombos oscuros y lámparas bajas, comenzaron a atenderlos con eficacia sorprendente. Paños húmedos, ungüentos que olían fuerte, y vendas ajustadas con rapidez. No había preguntas sobre el dolor ni gestos de preocupación; solo manos expertas haciendo lo justo para que los cuerpos siguieran siendo funcionales.
La sangre fue limpiada, las marcas más evidentes, cubiertas.
El combate había terminado. El negocio continuaba.
No tardó en aparecer el Sr. Alexander.
Avanzó hacia ellos con las manos a la espalda, pasos cortos y tranquilos, el traje impecable pese a la cercanía del foso, deteniéndose lo justo en cada rostro como quien evalúa mercancía tras una primera prueba.
- Os pido que disculpéis mi comportamiento anterior, era la 3a oportunidad de esa Gyojin -comentó finalmente, con un tono ligero que contrastaba con lo ocurrido minutos antes- Tú llevas una chaval, así que ya sabes lo que NO tienes que hacer.
Hizo un gesto vago con la mano.
- En Sorbet no nos gustan las medias tintas, así que vamos a ir al grano.
Se inclinó ligeramente hacia delante, apoyando una mano en el respaldo de una silla cercana.
- A partir de ahora, se os permite apostar.
La palabra quedó suspendida en el aire, mientras miraba fijamente a Runin y Ryota.
- Treinta mil berries por cabeza -añadió- Es el mínimo. Aquí nadie juega a ser prudente.
Su mirada se desvió un instante hacia Barald, sin decir nada explícito. Era evidente que sabía que algunos ya se habían movido entre el público antes incluso de pisar la arena. Alexander no distinguía entre veteranos y recién llegados; hablaba para todos por igual.
- Podéis apostar por vosotros mismos, de hecho, es lo que esperamos.
Se incorporó de nuevo, ajustándose el traje con calma.
- Disfrutad de la noche -dijo con una sonrisa ladeada- Con un poco de suerte, no será la última vez que nos veamos. 
La sorna no necesitaba ser explicada.
Tras esas palabras, el anfitrión se dio media vuelta y se alejó sin despedidas formales, perdiéndose entre el personal del circuito. Se paró a hablar primero con uno de sus empleados, quizá alguien con las habilidades adecuadas podría escuchar algo de esa conversación. 
Por otro lado, a lo lejos, el murmullo del público volvía a crecer, impaciente por el siguiente enfrentamiento.
La arena aún no había terminado con ellos.

La campana de el siguiente combate sonó, llamando a los protgaonistas de nuevo a la arena. 

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RE: [Aventura T3 - P. Absoluto] - Bajo la Piedra de Sorbet - por Ubbe - 04-01-2026, 02:34 PM

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