[Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social
#13
Cassidy permanece en el suelo por varios segundos, su respiración entrecortada mezclándose con sollozos ahogados. Su uniforme blanco está irreconocible, manchado con barro marrón oscuro y rasgado en los codos y rodillas. El cabello que una vez cayó hasta casi sus piernas ahora termina irregularmente a la altura de sus hombros, mechones faltantes dejando parches visibles de cuero cabelludo enrojecido. Sus manos tiemblan mientras alcanza algo en su cinturón, una cantimplora pequeña de metal que de alguna forma sobrevivió su huida. Desenrosca la tapa con dedos temblorosos. El agua brilla bajo la luz filtrada mientras la lleva a sus labios. Bebe. Owen la observa, su propia garganta ardiendo, sus labios agrietados, la lengua pegada al paladar. Finalmente, después de vaciar casi la mitad de la cantimplora, se detiene con un suspiro tembloroso. Mira a Owen. Sus ojos se encuentran por medio segundo. La cantimplora está a medio camino de ser ofrecida cuando Cassidy la baja, enroscando la tapa firmemente y guardándola de vuelta en su cinturón. No dice nada. No necesita decirlo. La cantimplora desaparece bajo los pliegues de su uniforme destrozado.
 
“Estoy bien” – Cassidy finalmente habla, su voz ronca pero recuperando ese tono de comando que probablemente usó toda su vida – “G… gra… cias” – La palabra sale forzada, como si le costara físicamente pronunciarla. Se pone de pie torpemente, limpiándose las manos en su uniforme en un gesto inútil considerando que todo está igualmente sucio. Owen se agacha, colocando sus manos detrás de su espalda en la posición clara de caballito. Espera. Cassidy lo mira, luego mira la jungla alrededor, luego de vuelta a Owen. Su expresión pasa por varias emociones: orgullo, disgusto, necesidad, resignación – “Apestas” – dice finalmente, acercándose – “Hueles a sudor, sangre y... Dios, ¿qué es ese olor?” – se sube de todas formas. Sus piernas rodean la cintura de Owen, sus brazos envolviendo su cuello con más fuerza de la necesaria, probablemente por miedo a caerse – “Cuidado transporte” – Cassidy dice, su voz directamente en su oído – “si me dejas caer, no hay pago.” – Transporte. No guía. No salvador. Transporte. Owen comienza a caminar.
 
Las dos horas siguientes son un infierno de calor, sed y navegación incompetente. El sol está directamente arriba ahora, penetrando a través del dosel en rayos verticales que eliminan cualquier sombra útil. El calor del mediodía en Little Garden es diferente al de la mañana, más opresivo, más húmedo, haciendo que cada respiración se sienta como inhalar vapor caliente. Cassidy pesa más con cada paso. O tal vez Owen simplemente se está debilitando más rápido. Es difícil distinguir. Se tropiezan sobre raíces. Caminan en círculos. Pasan por el mismo árbol con forma extraña dos veces en treinta minutos. El dolor de cabeza de Owen ha evolucionado de tensional a pulsante. Cada latido de su corazón se siente en sus sienes, un recordatorio constante de que su cuerpo está deshidratándose sistemáticamente. Los arañazos de los Parvicursores arden más ahora, el sudor mezclándose con las heridas en un cóctel de incomodidad constante. Encuentran huellas. Grandes, de tres dedos, frescas en el barro cerca de un riachuelo seco. Owen las estudia por medio segundo antes de seguir adelante. No son de Butch. Eso es todo lo que importa. El tiempo se vuelve difuso. Podría haber pasado una hora. Podrían haber pasado tres. El sol se mueve lentamente hacia el oeste, la luz cambiando de vertical a ligeramente angular. Dos de la tarde, probablemente. Tal vez un poco más tarde. Las seis u ocho horas prometidas a James están casi agotadas. Entonces escuchan los disparos. No muchos. Tres, rápidos, desde algún lugar adelante y a la derecha. Luego silencio. Luego dos más.
 
“¡Es Butch!” – Cassidy grita directamente en el oído de Owen incomodando al pelirrojo. Owen se mueve más rápido. Bueno, intenta. Lo que realmente hace es un trote tambaleante. Cassidy rebota en su espalda mientras protesta por la incomodidad del traslado. El terreno comienza a volverse familiar. La vegetación aplastada en un patrón que Owen reconoce porque él mismo la creó horas atrás. Han estado caminando en círculos tan grandes que terminaron exactamente donde comenzó todo el desastre. Emergen en el claro y la escena es simultáneamente familiar y completamente nueva. La maleta destrozada todavía está ahí, aplastada contra el árbol donde Owen la lanzó, su interior completamente saqueado y vacío. Papel encerado rasgado está esparcido por todas partes, algunos pedazos enganchados en ramas bajas donde el viento los llevó. Frascos de cristal rotos brillan bajo la luz de la tarde, sus contenidos de frutas preservadas hace tiempo devorados o absorbidos por la tierra. Charcos de vino mezclado con agua y sangre seca de Parvicursor crean manchas oscuras en el suelo. Y ahí, de pie en medio de todo ese caos, está Butch. Su uniforme blanco está en peores condiciones que el de Cassidy. Su cabello verde está completamente descontrolado, parado en ángulos imposibles por sudor seco. Sostiene su rifle con ambas manos, el cañón apuntando hacia adelante, pero sus brazos tiemblan tan violentamente que es obvio que cualquier disparo sería pura suerte. Frente a él, a unos ocho metros de distancia, olisqueando entre los restos esparcidos de la maleta, se encuentra un Deinonychus.
 
Mide aproximadamente un metro de altura hasta la cadera, tres metros de largo desde el hocico hasta la punta de su cola rígida. Su cuerpo está cubierto de plumas que van de marrón oscuro a negro. La cabeza es angular, reptiliana, con ojos amarillos brillantes que alternan entre observar a Butch y olisquear los restos de comida. Las mandíbulas están ligeramente abiertas, mostrando hileras de dientes curvos diseñados para desgarrar carne. Pero son las garras lo que realmente importan. En cada pie, levantada del suelo para preservar su filo, hay una garra en forma de hoz del largo de un cuchillo de cocina. El Deinonychus la usa ocasionalmente para voltear pedazos de papel encerado, buscando restos de comida que los Parvicursores pudieron haber dejado. Está buscando algo. Y debajo de todo el caos, parcialmente enterrados bajo papel rasgado y fragmentos de cristal, Owen puede ver el borde de varios paquetes intactos. Cajas pequeñas, del tipo usado para comida estilo obento, sus sellos todavía intactos porque los Parvicursores nunca pudieron abrirlos con sus pequeñas garras y picos. Comida real. Escondidos bajo los restos del festín anterior. Son 5 obentos en total.
 
El Deinonychus sisea, un sonido agudo y amenazante que corta el aire. Su cabeza se voltea completamente hacia ellos, los ojos amarillos fijándose en Owen y Cassidy. Da un paso lateral, posicionándose entre los paquetes de comida escondidos y los recién llegados. No está atacando. Está defendiendo lo que considera su hallazgo. Butch dispara. El rifle crack resuena en el claro, haciendo que pájaros distantes salgan volando de los árboles. La bala impacta el suelo a medio metro del Deinonychus, levantando tierra y papel encerado en una nube pequeña. El dinosaurio retrocede dos pasos, sisea de nuevo, pero sus ojos nunca dejan de evaluar la situación.
 
Y entonces Owen lo escucha. Detrás de ellos. El crujir de vegetación siendo aplastada bajo algo pesado. No el sonido de muchas cosas pequeñas como los Parvicursores. No el sonido de algo mediano como el Deinonychus. El sonido de una cosa grande, masiva, moviéndose con el tipo de confianza que solo viene de estar en la cima absoluta de la cadena alimenticia. Un Utahraptor emerge de entre los helechos gigantes como si la jungla misma hubiera cobrado vida y decidido matarlos. Es absolutamente masivo. Dos metros de altura en la cadera, su cabeza alcanzando fácilmente los dos metros y medio cuando se endereza completamente. Cinco, tal vez seis metros de largo desde el hocico hasta la cola. Tiene que pesar tanto como un oso polar adulto, su cuerpo musculoso cubierto de plumas que van de gris oscuro a negro. La cabeza es del tamaño del torso de Owen, con mandíbulas que podrían triturar huesos humanos como si fueran ramitas secas. Los ojos son diferentes a los del Deinonychus, más grandes, más expresivos, llenos de una inteligencia que es genuinamente aterradora. Un asesino perfeccionado por millones de años de evolución. Y los ha estado siguiendo. Las garras en forma de hoz en cada pie son obscenas en su letalidad. Del tamaño de machetes curvos, se elevan del suelo mientras el Utahraptor camina, manteniéndolas afiladas y listas. Cada paso hace temblar el suelo ligeramente, hojas secas crujiendo bajo su peso considerable. Su cola se balancea detrás, rígida y perfectamente equilibrada. Y se está acercando con esa marcha lenta y deliberada de algo que sabe que su objetivo no tiene escapatoria.
 
Cassidy hace un sonido estrangulado en la garganta de Owen, sus brazos apretando su cuello casi hasta el punto de asfixia. Su cuerpo entero tiembla contra su espalda, su respiración saliendo en jadeos cortos y rápidos que hacen cosquillas en el oído de Owen. Owen está atrapado en el centro de un claro que de repente parece demasiado pequeño. La maleta destrozada está a su izquierda, los paquetes de comida obento escondidos debajo de los restos como un premio que podría salvarlos o condenarlos. Butch está adelante, con el Deinonychus entre él y la comida. El Utahraptor está detrás, con Cassidy completamente indefensa en la espalda de Owen. El Deinonychus sisea de nuevo, sus ojos moviéndose entre Butch, Owen, y el Utahraptor. El Utahraptor gruñe, un sonido bajo y resonante. Es el tipo de sonido que antaño los habitantes de esta isla – si alguna vez los hubieron – probablemente escucharon antes de ser devorados.
 

 
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RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - por Fuguwu - 04-01-2026, 06:50 PM

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