05-01-2026, 12:36 AM
La atmósfera del bar se encuentra cargada de una tensión tal que pareciera poder cortar a cualquiera que no tenga la fuerza de voluntad necesaria para entrometerse en semejante conflicto. Kiyoshi, al margen, ya sitúa las manos sobre la masa. O sobre su arma, más bien. Toma aquel rifle que ya no oculta en su espalda como en tiempos pasados, sino lo que tiene a la vista de todo aquel que se presente en tu entorno. No necesita revisar la munición, pues siempre está cargado y listo para repartir proyectiles a cualquiera que quiera pasarse de listo con él. Es consiente de que ya no puede simplemente usar la herramienta de pólvora para la defensa propia, sino que debe tener la capacidad de ser proactivo e imponer sus reglas desde el comienzo.
— Hasta aquí llegaste viejo.
— ¡Ve a conocer a tus ancestros al infierno!
— ¡Prometemos que será rápido y sin dolor! ¡Es broma!
Justo cuando la matanza está a punto de esperar, un disparo al aire frena en seco las intenciones de todo el mundo. La bala escuchada chocó contra el techo del recinto y lo atravesó como si fuese hecho de plumavit. Los cinco tipos malolientes y mal aseados giraron el cuello hacia el artífice de tal distracción, centrando los diez ojos en un Kiyoshi que los mira con una cara tal como si tuviese frente a él las imágenes más desagradables creadas por Dios. Desprecio, asco, odio; esos son los sentimientos que transmiten esos ojos que destacan en ese rostro mayormente cubierta por la mascarilla médica.
— ¿Quién diablos eres tú, flacucho? No te metas en donde no te llaman.
— ¿No ves que estamos arreglando problemas de hombres? Los debiluchos como tú aquí no tienen cabida.
Sin duda, la forma de hablarle es realmente desagradable, y cualquiera que conoce a Kiyoshi debe saber que no es de los tipos que se quedan callados y solo se hacen a un lado. Se trata de un hombre que tiene la mala costumbre de siempre decir lo que piensa, aun cuando se aconseje lo opuesto. Es una característica que no ha cambiado jamás y quién sabe si algún día cambiará; es parte de su esencia.
— Son unos estúpidos tontos que no se saben ni bañar. No importa la isla en que estén, deberían conocer el agua. Realmente me da asco tener que encontrarme con ustedes. Ahora lárguense si no quieren que los llene de plomo, tontos. Imbéciles. Putos. — Y si tuviese todo el tiempo del mundo, diría todos los insultos que se le vienen a la cabeza. Pero por motivos de avance de la trama, lo mejor es que se detenga y continuar.
Claro está que a los malnacidos estos no les gusta para nada lo que acaban de oír, por lo que tras mostrar sus peores caras —sí, peores de las que tienen por defecto—, voltean sus cuerpos hacia el médico y también se disponen a alzar sus armas en su contra. Ni tonto ni perezoso, Kiyoshi también levanta su arma y apunta hacia ellos, convirtiéndose esto en un intercambio de disparos como si se tratase de una gran película de vaqueros.
Sin embargo, no es Kiyoshi el que estaba destinado a enfrentarse a ellos, sino al viejo sonriente que, ahora molesto por haber sido dejado de lado, desenfunda una de sus pistolas y derriba al instante a uno de los enemigos. El resto se calló y paralizó al unísino, incluido Kiyoshi. El tipo baleado está en el piso, sin moverse ni un centímetro, aunque aún es prematuro aventurarse a decir que está muerto.
Una gota de sudor cae por la frente de Kiyoshi, anonadado por la velocidad del viejo al momento de disparar. Los otros, sin una basta experiencia como tiradores, no son consientes de ello. Solo están molestos por lo que le acaba de pasar a su compañero, tomando como una provocación directa la ofensiva en su contra.
— ¡Ahora sí que vas a ver, viejo estúpido!
— Y espero que ni tengas familia, porque ellos serán los siguientes una vez estés muerto.
Kiyoshi, bastante astuto, a decir verdad, opta por dar dos pasos hacia atrás. No quiere verse envuelto en el fuego cruzado; además, de esta forma, con un paso más en retaguardia podrá salir del bar y escapar hacia alguna dirección en caso de necesitarlo. A eso le sumamos que, desde esta posición, puede dispararle a cualquiera. Realmente, podemos decir que Maeda ha ganado la ventaja de posicionamiento. ¿Será eso suficiente?
El conflicto estalla y las balas no dejan de sonar. Lo que ven los ojos del médico es increíble, quedando maravillado por la escena que tiene al fortuna de presenciar. Todos los malditos disparan al unísono, pero, a pesar de la edad, el viejo esquiva como si fueran bebés lanzando bolas de nieve. Ninguna bala puede tocarla, y eso no es todo, sino que mientras se mueve, dispara sin cesar con ambas manos, posee dos pistolas. En cuestión de un instante, la aplastante victoria ya se ha decidido y solo un hombre se mantiene en pie. Para tanto que hablaron, los sucios no fueron rivales dignos.
— Mierda, ¿seré capaz de asestarle un disparo? Es demasiado rápido… — Es imposible que no dude, pues la preocupación ha invadido todo su cuerpo. Lo que en un principio fue solo una gota de sudor, ahora la misma se expande por gran parte de su cuerpo. — No, no, debo confiar en mi capacidad de tirador. Es mi fortaleza, debo apoyarme en ella. — Muchas ideas pasan por su cabeza al creer que, por involucrarse, ahora también forma parte de esta mini guerra. Pero, para su sorpresa, el viejo enfunda sus armas y, mostrando su clásica sonrisa, avanza tranquilito hacia la posición de Kiyoshi. Este hace el amague de huir, retrocediendo la pierna derecha un paso, pero un gesto del de más edad le hace detenerse.
— Tranquilo, tranquilo, no te preocupes. En ningún momento te he considerado un enemigo. Sé que no viniste aquí a cazarme como esos niñatos. — Y razón no le falta.
— Eres realmente hábil para tu edad, tonto. Si bien te vi siempre con la confianza de que tenías la situación bajo control, un cinco contra uno nunca es algo a subestimar.
— JAJAJA, ¿crees que esos niñitos me preocuparon en un momento? Solo eran mi vía fácil para conseguir dinero. Creí que tenían un mínimo de inteligencia como para saber que no les convenía enfrentarse a mí, pero subestimaron mi apariencia.
— ¿Así que solo eres un viejo ladrón que abusa de los débiles? Eso me desagrada.
— Veo que no tienes miedo de decir lo que piensas. Eres el tipo de hombre que me cae bien, pero también el tipo de persona que muere joven. Ten cuidado con eso, muchachito.
— Yo… no moriré. Debo hacer muchas cosas aún. Soy débil, pero no moriré. No, soy fuerte, y lo seré más.
— Te veo dubitativo. ¿Qué haces aquí en un sitio tan peligroso? Sin la fuerza física y mental, un día de estos el mundo te comerá vivo.
— Soy un pirata, uno novato… Pero quiero ser fuerte, alguien capaz de defenderse a sí mismo y ayudar al resto. No quiero ser una carga.
— Pues el primer paso es enfrentar tus miedos y dar un paso adelante. Tal como te gusta hablar, debes actuar. El mundo pirata siempre te obliga a ser libre en cuerpo y mente. No olvides lo que te acabo de decir, no todos los días un viejo sabio te dedica unas palabras.
El viejo pasa por un costado de Kiyoshi y abandona la taberna, caminando siempre a paso tranquilo como si nada hubiera pasado. Quizás, un tiroteo para él es similar al pan de cada día. En cuanto al médico, se queda unos segundos de pie, meditando en la información y los consejos que acaban de ingresar por sus oídos. ¿Qué es lo que innatamente desea hacer en este momento? Lo que el viejo dijo es que debe atreverse, no pensar tanto en la posibilidad de fallar, sino simplemente hacerlo.
Se apura y corre, aun cuando odia hacerlo. No tarda en encontrar la dirección que tomó aquel hombre para retirarse, siguiéndolo como si no hubiera un mañana. No puede dejar que se le pierda, quizás no se le presente otra oportunidad como esta. Está decidido, y eso es bueno; un cambio en su actitud, un avance.
— ¡Ey, tonto! ¡Detente!
El viejo frena sus pasos y gira medianamente su cuerpo para ver a Kiyoshi que está cada vez a menos metros de su decisión.
— Hay algo que quiero decirte, no te vayas.
— Hasta aquí llegaste viejo.
— ¡Ve a conocer a tus ancestros al infierno!
— ¡Prometemos que será rápido y sin dolor! ¡Es broma!
Justo cuando la matanza está a punto de esperar, un disparo al aire frena en seco las intenciones de todo el mundo. La bala escuchada chocó contra el techo del recinto y lo atravesó como si fuese hecho de plumavit. Los cinco tipos malolientes y mal aseados giraron el cuello hacia el artífice de tal distracción, centrando los diez ojos en un Kiyoshi que los mira con una cara tal como si tuviese frente a él las imágenes más desagradables creadas por Dios. Desprecio, asco, odio; esos son los sentimientos que transmiten esos ojos que destacan en ese rostro mayormente cubierta por la mascarilla médica.
— ¿Quién diablos eres tú, flacucho? No te metas en donde no te llaman.
— ¿No ves que estamos arreglando problemas de hombres? Los debiluchos como tú aquí no tienen cabida.
Sin duda, la forma de hablarle es realmente desagradable, y cualquiera que conoce a Kiyoshi debe saber que no es de los tipos que se quedan callados y solo se hacen a un lado. Se trata de un hombre que tiene la mala costumbre de siempre decir lo que piensa, aun cuando se aconseje lo opuesto. Es una característica que no ha cambiado jamás y quién sabe si algún día cambiará; es parte de su esencia.
— Son unos estúpidos tontos que no se saben ni bañar. No importa la isla en que estén, deberían conocer el agua. Realmente me da asco tener que encontrarme con ustedes. Ahora lárguense si no quieren que los llene de plomo, tontos. Imbéciles. Putos. — Y si tuviese todo el tiempo del mundo, diría todos los insultos que se le vienen a la cabeza. Pero por motivos de avance de la trama, lo mejor es que se detenga y continuar.
Claro está que a los malnacidos estos no les gusta para nada lo que acaban de oír, por lo que tras mostrar sus peores caras —sí, peores de las que tienen por defecto—, voltean sus cuerpos hacia el médico y también se disponen a alzar sus armas en su contra. Ni tonto ni perezoso, Kiyoshi también levanta su arma y apunta hacia ellos, convirtiéndose esto en un intercambio de disparos como si se tratase de una gran película de vaqueros.
Sin embargo, no es Kiyoshi el que estaba destinado a enfrentarse a ellos, sino al viejo sonriente que, ahora molesto por haber sido dejado de lado, desenfunda una de sus pistolas y derriba al instante a uno de los enemigos. El resto se calló y paralizó al unísino, incluido Kiyoshi. El tipo baleado está en el piso, sin moverse ni un centímetro, aunque aún es prematuro aventurarse a decir que está muerto.
Una gota de sudor cae por la frente de Kiyoshi, anonadado por la velocidad del viejo al momento de disparar. Los otros, sin una basta experiencia como tiradores, no son consientes de ello. Solo están molestos por lo que le acaba de pasar a su compañero, tomando como una provocación directa la ofensiva en su contra.
— ¡Ahora sí que vas a ver, viejo estúpido!
— Y espero que ni tengas familia, porque ellos serán los siguientes una vez estés muerto.
Kiyoshi, bastante astuto, a decir verdad, opta por dar dos pasos hacia atrás. No quiere verse envuelto en el fuego cruzado; además, de esta forma, con un paso más en retaguardia podrá salir del bar y escapar hacia alguna dirección en caso de necesitarlo. A eso le sumamos que, desde esta posición, puede dispararle a cualquiera. Realmente, podemos decir que Maeda ha ganado la ventaja de posicionamiento. ¿Será eso suficiente?
El conflicto estalla y las balas no dejan de sonar. Lo que ven los ojos del médico es increíble, quedando maravillado por la escena que tiene al fortuna de presenciar. Todos los malditos disparan al unísono, pero, a pesar de la edad, el viejo esquiva como si fueran bebés lanzando bolas de nieve. Ninguna bala puede tocarla, y eso no es todo, sino que mientras se mueve, dispara sin cesar con ambas manos, posee dos pistolas. En cuestión de un instante, la aplastante victoria ya se ha decidido y solo un hombre se mantiene en pie. Para tanto que hablaron, los sucios no fueron rivales dignos.
— Mierda, ¿seré capaz de asestarle un disparo? Es demasiado rápido… — Es imposible que no dude, pues la preocupación ha invadido todo su cuerpo. Lo que en un principio fue solo una gota de sudor, ahora la misma se expande por gran parte de su cuerpo. — No, no, debo confiar en mi capacidad de tirador. Es mi fortaleza, debo apoyarme en ella. — Muchas ideas pasan por su cabeza al creer que, por involucrarse, ahora también forma parte de esta mini guerra. Pero, para su sorpresa, el viejo enfunda sus armas y, mostrando su clásica sonrisa, avanza tranquilito hacia la posición de Kiyoshi. Este hace el amague de huir, retrocediendo la pierna derecha un paso, pero un gesto del de más edad le hace detenerse.
— Tranquilo, tranquilo, no te preocupes. En ningún momento te he considerado un enemigo. Sé que no viniste aquí a cazarme como esos niñatos. — Y razón no le falta.
— Eres realmente hábil para tu edad, tonto. Si bien te vi siempre con la confianza de que tenías la situación bajo control, un cinco contra uno nunca es algo a subestimar.
— JAJAJA, ¿crees que esos niñitos me preocuparon en un momento? Solo eran mi vía fácil para conseguir dinero. Creí que tenían un mínimo de inteligencia como para saber que no les convenía enfrentarse a mí, pero subestimaron mi apariencia.
— ¿Así que solo eres un viejo ladrón que abusa de los débiles? Eso me desagrada.
— Veo que no tienes miedo de decir lo que piensas. Eres el tipo de hombre que me cae bien, pero también el tipo de persona que muere joven. Ten cuidado con eso, muchachito.
— Yo… no moriré. Debo hacer muchas cosas aún. Soy débil, pero no moriré. No, soy fuerte, y lo seré más.
— Te veo dubitativo. ¿Qué haces aquí en un sitio tan peligroso? Sin la fuerza física y mental, un día de estos el mundo te comerá vivo.
— Soy un pirata, uno novato… Pero quiero ser fuerte, alguien capaz de defenderse a sí mismo y ayudar al resto. No quiero ser una carga.
— Pues el primer paso es enfrentar tus miedos y dar un paso adelante. Tal como te gusta hablar, debes actuar. El mundo pirata siempre te obliga a ser libre en cuerpo y mente. No olvides lo que te acabo de decir, no todos los días un viejo sabio te dedica unas palabras.
El viejo pasa por un costado de Kiyoshi y abandona la taberna, caminando siempre a paso tranquilo como si nada hubiera pasado. Quizás, un tiroteo para él es similar al pan de cada día. En cuanto al médico, se queda unos segundos de pie, meditando en la información y los consejos que acaban de ingresar por sus oídos. ¿Qué es lo que innatamente desea hacer en este momento? Lo que el viejo dijo es que debe atreverse, no pensar tanto en la posibilidad de fallar, sino simplemente hacerlo.
Se apura y corre, aun cuando odia hacerlo. No tarda en encontrar la dirección que tomó aquel hombre para retirarse, siguiéndolo como si no hubiera un mañana. No puede dejar que se le pierda, quizás no se le presente otra oportunidad como esta. Está decidido, y eso es bueno; un cambio en su actitud, un avance.
— ¡Ey, tonto! ¡Detente!
El viejo frena sus pasos y gira medianamente su cuerpo para ver a Kiyoshi que está cada vez a menos metros de su decisión.
— Hay algo que quiero decirte, no te vayas.
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
Hablo | Pienso
