[Aventura T3 - P. Absoluto] - Bajo la Piedra de Sorbet
#10

Mejores reflejos, técnica o velocidad suelen llevar al espectador a pensar que un combate se desarrollará en términos ideales para cada pugilista. El outfighter demostrará su solvencia, mientras que el infighter intentará acortar la distancia para castigar el cuerpo. Es una expectativa común al presenciar una pelea o al adquirir una entrada para un evento. Sin embargo, en ocasiones el boxeador simplemente tiene un mal día, arrastra secuelas de un combate anterior o, por la razón que sea, existen enfrentamientos en los que no se manifiesta el potencial que uno espera ver.

El enfrentamiento que se desarrolló entre Ryota y Symic fue uno de esos casos. Por la razón que fuera, la mirada ambarina del castaño dejó de centrarse en esquivar los golpes de la retadora y, en consecuencia, se limitó a recibir y encajar. Un verdadero desperdicio de técnica, sacrificado en favor de acabar cuanto antes con su oponente.

Quizás el hecho de que sus compañeros ya hubieran concluido sus combates añadió un peso invisible a sus piernas y lo empujó a ansiar un final tan prometedor como el de los contrarios. No solía ser así; pese a su habitual despreocupación, solía pensar más de lo que aparentaba. Pero todos somos humanos, y a veces terminamos cediendo ante nuestras emociones.

Cuando los cuerpos de ambos comenzaron a evidenciar la fatiga acumulada, el combate pareció detenerse por un instante para dar paso a unas breves palabras entre los dos. Pese a lo ilógico que pudiera parecer, él no la odiaba; en realidad, la veía como una igual en medio del dolor. Era una luchadora que buscaba algo en ese lugar, y por ello despreciarla carecía de sentido, más aún después de haber recibido sus puños, que dolían de verdad y cargaban con todo el peso de su esfuerzo.

Nadie se caga a piñas por algo, sin una razón.

- Los hombres siempre terminan igual, Gyo… cansados, lentos. -

“Terminarían más rápido, si pusieras algo de empeño…” Bromeo. Había perdido su juicio, no su sentido del humor. 

Algunos golpes después de reanudar el combate, los puños de Symic dejaron de llegar. El abrupto alto también obligó a Ryota a detenerse; no iba a golpear a alguien desprotegido... no, sí, sí lo habría hecho, quizás solo sintió curiosidad por lo que la llevó a detenerse. 

¿El motivo?

Un hombre de traje negro, mirada siniestra y abdomen relleno, eso era lo que robaba la atención de la chica. “Pésimo gusto.” Expreso con desinterés, una emoción que duró poco plasmada en su rostro, ya que al instante el sonido de un disparo llenó la arena.

El cuerpo de Symic cayó contra la piedra lisa despidiendo de la herida de su cráneo un fino hilo carmesí que evidenciaba su final. Muchas cosas pasaron en ese momento por la cabeza de Ryota y quedarse callado, fue la última. Casi sintió como todo su cuerpo ardió en colera, deseando lanzarse sobre el maldito infeliz que termino con la vida de alguien que solo estaba allí tratando conseguir la victoria con sus puños.

Pero no hizo nada al respecto. Pudo haberse pasado todo el enfrentamiento recibiendo golpes que no le correspondían, pero no iba a perder el juicio en ese momento, al menos no siendo la persona que era y no sabiendo todo lo que sabía al haber visto de primera mano la cantidad de personal ubicado en la arena.
Su mandíbula y puños se tensaron aún más fuertes reabriendo las pequeñas heridas en su rostro.

- Aburrido. –

La sangre del rostro salpico, como si de un palpitar se tratase, reprimiendo aún más el deseo de explotar.

- Tu equipo ha ganado dos combates y con buen espectáculo. Considéralo un favor. –



“No me gusta deber favores, lo regresaré en cuanto pueda.”

Respondió con un tono serio, directo y sin dejar de ver los ojos de ese enano panzón.

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Eligiendo esta vez evitar el golpe, desvió la mirada en dirección a la Gyojin. Se acercó con delicadeza para incarse junto a ella y cerrar sus ojos con delicadeza. “Tenías unos lindos ojos, lástima que no pude decírtelo.” Esbozó una sonrisa cargada de ironía. “Aunque creo que no te habría gustado ese cumplido, viniendo de un hombre, Keke” Una pequeña carcajada escapó de su interior. Una emoción pesada recorrió su cuerpo y, tras ello, simplemente caminó por la arena en dirección a donde se encontraban sus compañeros.

Los títulos dados por el comentarista no lo molestaron, no podía molestarse más de lo que ya estaba. De hecho, le agrado el título que se ganó. “Ya quiero ver a alguno de ustedes recibiendo un golpe de esa chica, malditos cerdos.” Pensó en medio de suspiros hasta que llegó con Runin y Barald. Su semblante no podía ser peor, más lejos de buscar empatía, simplemente se paró frente a ellos.



“No pudo ser más fácil, otros 30 minutos y ganaba, bro.”

Mintió y también actuó con un entusiasmo falso. La lógica le dictaba que sus contrincantes eran enemigos, que se encontraban en una arena clandestina y que él no era ningún boy scout; no iba a fingir que no aceptaba esa realidad. Por eso, no cargaría  a sus compañeros con un deseo personal, no cuando todos estaban allí por la misma razón, hacer dinero.

“Qué miedo diste ahí atrás, Runin, incluso creí que habrías querido darme ese putazo a mi Kekeke” Era muy bueno mintiendo, por eso mantuvo esa actitud, aunque sabía perfectamente que ella podía ver a través de sus mentiras. Maldita habilidad extraña la de la morena.

No pasó mucho tiempo antes de que los tres fueran llevados hacia uno de los laterales de la arena. Allí, en la gran sala con lámparas bajas, comenzaron a atender las heridas en el rostro del castaño sobre una de las tantas camillas del lugar.

Una hermosa mujer, de caderas prominentes y atributos abultados, lo atendió con seriedad. Ryota, sin embargo, guardó silencio; juntó las manos y esperó sentado, con paciencia a que el tratamiento llegara a su fin. En ese momento, pese a lo antinatural que pudiera parecer que no intentara nada con la profesional de la salud, su mente solo se ocupaba de replantear el plan que tenía en mente, uno que exigía ciertas modificaciones tras aquella primera ronda y el surgimiento de nuevas ambiciones personales.

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La mirada ahora desinflamada de Ryota se levantó junto con la llegada del mismo enano panzón que ya había visto antes. No cabía duda de que se trataba del pez gordo del lugar, la cabeza de la serpiente, o al menos eso quedaba claro a juzgar por sus actos recientes.

Tras sus disculpas, la amenaza cruzó el aire sin afectar en lo más mínimo al castaño.



“Claro.”

Quizás un poco sí que le afectaba su presencia. No es que no pudiera mentirle, es que no quería mostrar ninguna simpatía a ese hombre.

Las buenas noticias no tardaron en llegar; aun así, no abandonó su expresión de enfado ante su presencia. Algo que le venía como anillo al dedo, pues no mostró ninguna otra emoción cuando los desdentados ojos de aquel sujeto se posaron sobre él, anunciando que ya era momento de apostar.

Como si la última vela del pastel fuera puesta, una idea atravesó su mente en cuanto el hombre les dio la espalda. Una media sonrisa apareció en sus labios anunciando que poseía una forma brillante para llevar su plan a cabo.

No obstante, antes de poder interiorizarlo, un lejano susurro llegó a sus oídos. La voz, era la misma que recientemente les había hablando.

“Estúpidos, muertos, llama a esos dos.”

Solo Dios sabría por qué aquellas palabras debían significar algo importante. El castaño únicamente pudo asociarlas con la forma en que ese hombre se refería a ellos, a los peleadores que trataba como simples objetos, y con la última mención, solo pudo deducir que se refería a dos individuos con cierto grado de importancia. ¿Acaso rivales de peso? Bueno, eso no cambiaba nada, para todos sería obvio que no era la clase de sujeto que los dejaría llevarse el dinero como si nada.

En realidad, parecía ser la clase de sujeto que les permitía apostar, no solo para entretener a los espectadores; sino también para quedarse con su dinero cuando le viniera en gana con su pistola. De hecho, nada les aseguraba salir de allí con vida… o con dinero por lo que le hizo a la mujer pez.

Tenía que pensar en algo, una segunda opción o una forma de usar el sistema a su favor.

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Finalizado su análisis interno, el castaño se puso de pie y, pasando ambas manos por su cabello para peinarlo hacia atrás, recorrió el entorno con una mirada cargada de malicia y confianza. Seguido a ello se encaminó hasta el organizador, casilla o persona que tuviera como trabajo recibir las apuestas y marcaría la hoja de sus apuestas, desembolsando 100 mil berries de su dinero.

Se detuvo un momento. “Oh espera, escribí mal mi nombre, dame otra hoja de apuestas porfa.” Pidió, guardando la primera en su mano, para volver a anotar otra y entregar la nueva junto con su dinero. “Guarda mi dinero, vendré por el pronto.” No era la apuesta más descabellada de esa noche, solo un poco más del mínimo, así que no lo vio mal, ¿sus apuestas? Esas cosas no se sabían hasta que se debieran saber.

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Una vez terminó con eso y aprovechando que estaba en la sala de recuperación, sintió ganas de orinar. Nada daba más ganas que te agarraran a putazos. Así que aprovechando el tiempo se dirigió hasta donde creyó que estaba el baño, pasando junto incluso a la galería de los peleadores. “Eh, amigo, ¿quieres ganar dinero?” Exclamo llamando a uno de los allí presentes. “Mira apuesta por esto y pasa la voz, te aseguro que ganarás buena pasta.” Sonrió otorgándole la hoja de apuestas al desconocido y acercándose con cautela para no ser escuchado. “Solo recuerda no decirle a ninguno de los organizadores, de lo contrario seguro no ganarás nada como la chica pez de antes.” El miedo era la mejor medicina para las bocas sueltas, sin mencionar que el castaño poseía un poder de convencimiento impresionante desde su nacimiento.

¿Quién no quería apuestas amañadas y dinero gratis?

Al final, pudo ir al baño y regresar justo a tiempo, para que los tres volvieran a ir a la arena. Pasando junto a la galería previa de los luchadores, levantándoles el pulgar en alto con ánimo.

El plan iba a iniciar.

INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1352 + 100 = 1452
Energia: 1350 + 0 = 1350
Espiritu: 285 + 0 = 285


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RE: [Aventura T3 - P. Absoluto] - Bajo la Piedra de Sorbet - por Ryota Miyamoto - 05-01-2026, 04:54 AM

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