05-01-2026, 06:28 PM
La patada de Owen conecta con el hocico del Utahraptor con un impacto que resuena como un trueno seco en el claro. El dinosaurio, sorprendido más que herido por el ataque repentino, retrocede varios pasos, su cabeza sacudiéndose violentamente de lado a lado. No es el daño lo que lo detiene, es la audacia pura. Algo tan pequeño, tan insignificante, acaba de golpearlo directamente en la cara. El Utahraptor gruñe, un sonido profundo y confundido, y luego, como si decidiera que esta presa no vale el esfuerzo comparado con opciones más fáciles en la jungla, se voltea y desaparece entre los helechos gigantes con una velocidad sorprendente para algo de su tamaño. Pero el movimiento, ese salto de dos metros y la patada giratoria, tiene consecuencias. Cassidy, agarrada desesperadamente a la espalda de Owen durante todo el movimiento, no está preparada para la velocidad o la violencia del giro. Su cabeza se balancea hacia adelante en el momento exacto en que Owen aterriza y su cuerpo se sacude por el impacto. ¡CLONK! El sonido de cráneo contra cráneo es desagradable, la parte posterior de la cabeza de Owen golpeando directamente contra la frente de Cassidy. Sus brazos, que habían estado apretando el cuello de Owen como un torniquete, se aflojan inmediatamente. Su cuerpo se vuelve peso muerto. Se desliza de su espalda como un saco de arena, cayendo al suelo en un montón desordenado de extremidades y uniforme blanco destrozado. No se mueve. Está completamente inconsciente, su respiración superficial pero constante, una marca roja comenzando a formarse en su frente donde impactó contra Owen.
Owen apenas lo registra. Su atención está completamente en el Deinonychus. El Deinonychus ladea su cabeza, sus ojos amarillos moviéndose entre Owen, Butch detrás de él, y los paquetes de comida obento todavía visibles bajo los escombros. No entiende las palabras. No le importan las súplicas. Solo entiende que hay dos humanos entre él y comida que huele perfectamente comestible, y que uno de esos humanos acaba de demostrar ser peligroso al ahuyentar a algo mucho más grande. Las plumas a lo largo de su espalda se erizan, haciéndolo parecer más grande. Su cola se balancea detrás, preparándose para dar equilibrio. Las garras en forma de hoz en sus pies se levantan ligeramente del suelo. Y entonces ataca. El Deinonychus se lanza hacia adelante, cubriendo los ocho metros en línea recta, sus patas traseras impulsándolo con potencia muscular perfectamente diseñada para la caza. Su objetivo es claro: Butch, el que ha estado disparando, el que representa la mayor amenaza con ese palo de trueno en sus manos. Owen se mueve más rápido que el dinosaurio. Su cuerpo simplemente reacciona, lanzándose hacia un lado para posicionarse directamente entre el Deinonychus y Butch. El mundo se ralentiza en esa forma extraña que sucede cuando el cerebro sabe que algo muy malo está a punto de pasar. El Deinonychus no puede detener su impulso. Ya está comprometido, su cuerpo en pleno vuelo, sus garras extendidas hacia adelante. Owen está ahí, directamente en su trayectoria, sin tiempo para esquivar completamente, sin energía para hacer otra patada acrobática. Las garras en forma de hoz brillan bajo la luz de la tarde mientras descienden atacan a Owen quien mantiene su brazo izquierdo al frente en aquella señal suplicando a un dinosaurio detenerse, algo tan inaudito como imposible.
Luego del primer ataque el Deinonychus aprovecha el impulso para seguir atacando al pelirrojo, esta vez con sus colmillos, buscando pegarle un mordisco a aquella cabeza de fuego que carga con orgullo Owen.
Owen apenas lo registra. Su atención está completamente en el Deinonychus. El Deinonychus ladea su cabeza, sus ojos amarillos moviéndose entre Owen, Butch detrás de él, y los paquetes de comida obento todavía visibles bajo los escombros. No entiende las palabras. No le importan las súplicas. Solo entiende que hay dos humanos entre él y comida que huele perfectamente comestible, y que uno de esos humanos acaba de demostrar ser peligroso al ahuyentar a algo mucho más grande. Las plumas a lo largo de su espalda se erizan, haciéndolo parecer más grande. Su cola se balancea detrás, preparándose para dar equilibrio. Las garras en forma de hoz en sus pies se levantan ligeramente del suelo. Y entonces ataca. El Deinonychus se lanza hacia adelante, cubriendo los ocho metros en línea recta, sus patas traseras impulsándolo con potencia muscular perfectamente diseñada para la caza. Su objetivo es claro: Butch, el que ha estado disparando, el que representa la mayor amenaza con ese palo de trueno en sus manos. Owen se mueve más rápido que el dinosaurio. Su cuerpo simplemente reacciona, lanzándose hacia un lado para posicionarse directamente entre el Deinonychus y Butch. El mundo se ralentiza en esa forma extraña que sucede cuando el cerebro sabe que algo muy malo está a punto de pasar. El Deinonychus no puede detener su impulso. Ya está comprometido, su cuerpo en pleno vuelo, sus garras extendidas hacia adelante. Owen está ahí, directamente en su trayectoria, sin tiempo para esquivar completamente, sin energía para hacer otra patada acrobática. Las garras en forma de hoz brillan bajo la luz de la tarde mientras descienden atacan a Owen quien mantiene su brazo izquierdo al frente en aquella señal suplicando a un dinosaurio detenerse, algo tan inaudito como imposible.
Luego del primer ataque el Deinonychus aprovecha el impulso para seguir atacando al pelirrojo, esta vez con sus colmillos, buscando pegarle un mordisco a aquella cabeza de fuego que carga con orgullo Owen.
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