Dia 7 Primavera, Año 16.
¿Cómo iba a saber Kazan que aquella mesa se iba a partir cuando se sentó encima? Bueno, realmente era algo fácil de prever, debido a sus quince toneladas de peso ejerciendo presión en un único punto de apoyo. O quizá debería haberlo anticipado por el crujir de la madera nada más posar las manos sobre ella. Sin embargo, ya estaba cansado de andar con delicadeza si solo quería un sitio donde descansar y, con suerte, comer algo.
Es por ello que se ahorró todas las delicadezas que normalmente practicaba y se sentó en aquella mesa, que tardó poco ,apenas unos segundos, en caer al suelo, destrozando todo lo que había a su alrededor. El primero en gritar fue el camarero, que alzó la bandeja al aire junto con las manos y vociferó a Kazan, pidiéndole explicaciones cuyo resultado todos conocían.
-¡¿Pero qué narices haces?! -decía el camarero.
-Solamente buscaba un sitio donde sentarme y poder comer algo - respondió Kazan mientras se acariciaba los cuernos, buscando alguna excusa que pudiera salvarlo de aquel lío. Se llevó la mano al bolsillo y comprobó que no tenía mucho con lo que pagar aquel tropiezo, por lo que miró alrededor para ver si entre todos los curiosos que observaban la escena había alguna alma caritativa que pudiera hacerse cargo del precio de la mesa. Pero al parecer estaban demasiado absortos mirando y riéndose de la escena como para ayudar al wotan azul.
-Soy carpintero, déjame arreglarla -fue lo único que pudo decir Kazan, y pareció surtir efecto, calmando al camarero. Acto seguido recogió las tablas y, aplicando un poco de fuerza con las manos, logró encajar de nuevo los tablones. Después se levantó y se marchó de aquel lugar, sin intención de causar más problemas.
Sin embargo, aquella pregunta inicial seguía rondándole la cabeza: ¿dónde podría descansar un poco y comer algo, además, claro está, de beber algo que estuviera realmente rico?
Es por ello que se ahorró todas las delicadezas que normalmente practicaba y se sentó en aquella mesa, que tardó poco ,apenas unos segundos, en caer al suelo, destrozando todo lo que había a su alrededor. El primero en gritar fue el camarero, que alzó la bandeja al aire junto con las manos y vociferó a Kazan, pidiéndole explicaciones cuyo resultado todos conocían.
-¡¿Pero qué narices haces?! -decía el camarero.
-Solamente buscaba un sitio donde sentarme y poder comer algo - respondió Kazan mientras se acariciaba los cuernos, buscando alguna excusa que pudiera salvarlo de aquel lío. Se llevó la mano al bolsillo y comprobó que no tenía mucho con lo que pagar aquel tropiezo, por lo que miró alrededor para ver si entre todos los curiosos que observaban la escena había alguna alma caritativa que pudiera hacerse cargo del precio de la mesa. Pero al parecer estaban demasiado absortos mirando y riéndose de la escena como para ayudar al wotan azul.
-Soy carpintero, déjame arreglarla -fue lo único que pudo decir Kazan, y pareció surtir efecto, calmando al camarero. Acto seguido recogió las tablas y, aplicando un poco de fuerza con las manos, logró encajar de nuevo los tablones. Después se levantó y se marchó de aquel lugar, sin intención de causar más problemas.
Sin embargo, aquella pregunta inicial seguía rondándole la cabeza: ¿dónde podría descansar un poco y comer algo, además, claro está, de beber algo que estuviera realmente rico?
