05-01-2026, 08:07 PM
Moja había avanzado apenas unos pasos fuera del mercado cuando la sensación se hizo presente, primero como un cambio casi imperceptible en el aire y luego como una presión familiar en la nuca, esa intuición afilada que había desarrollado tras años de entrenamiento y vigilancia constante, la certeza silenciosa de que no estaba solo, de que cada uno de sus movimientos estaba siendo observado con una atención que no era casual ni accidental. No giró la cabeza de inmediato, ni aceleró el paso; continuó caminando con la misma cadencia medida, dejando que el sonido de sus botas sobre la piedra marcara el ritmo mientras sus oídos captaban pasos ligeros que no intentaban ocultarse del todo, pasos ágiles, seguros, con una confianza que no sonaba hostil, pero tampoco inocente.
Cuando una mano tocó su espalda, justo entre los omóplatos, Moja se detuvo en seco.
El contacto fue breve, casi juguetón, pero lo suficientemente firme como para atravesar la barrera de disciplina que siempre lo separaba del mundo. Giró sobre sí mismo con un movimiento fluido, preparado para cualquier reacción, y fue entonces cuando se encontró frente a ella.
Era una mink gato negro, de pelaje oscuro y brillante, con ojos vivaces que contrastaban con una sonrisa abierta y descarada, una sonrisa que no parecía conocer la palabra cautela. Su postura era relajada, casi teatral, como si el mundo entero fuera un escenario y ella supiera exactamente dónde colocarse para llamar la atención sin pedirla.
Moja no respondió de inmediato. Sus ojos dorados se fijaron en ella con una intensidad que no era desconfianza, sino análisis puro, recorriendo cada rasgo, cada gesto, cada matiz de su voz, mientras algo profundo comenzaba a agitarse en su memoria, una sensación incómoda y persistente, como una puerta vieja que se resiste a abrirse pero cruje al ser empujada.
Las palabras resonaron en él más de lo que deberían haberlo hecho.
Moja inhaló lentamente antes de responder, como si necesitara ese segundo extra para ordenar pensamientos que no esperaba recuperar.
-Estoy de paso- dijo finalmente, con su voz grave y contenida, sin dureza pero sin ligereza. -Mi barco necesitaba provisiones antes de continuar rumbo a la Isla del Karate. El uniforme no es una casualidad… es una elección.-
Sus ojos no se apartaron de los de ella mientras hablaba, y fue entonces cuando el recuerdo comenzó a tomar forma, primero difuso y luego cada vez más nítido, como una imagen emergiendo de aguas turbias: un muelle más pequeño, risas infantiles mezcladas con el sonido del mar, carreras torpes sobre tablas de madera caliente por el sol, y una gatita negra dos años menor que él, siempre demasiado confiada, siempre demasiado ruidosa, proclamándose reina de juegos imaginarios que solo existían en su cabeza.
La sonrisa de Luna, ahora frente a él, encajó de golpe con aquella imagen del pasado.
-…Luna- murmuró Moja, casi sin darse cuenta, pronunciando el nombre como si necesitara comprobar que era real. -La Queen.-
Sus orejas se movieron apenas, un gesto mínimo, pero cargado de reconocimiento.
-Solías decir que algún día todos tendríamos que inclinarnos ante ti- continuó, y por primera vez su tono perdió un poco de su rigidez habitual. -Corrías detrás de mí por el puerto… y te enfadabas cuando no te hacía caso.-
El recuerdo se asentó por completo.
No era una desconocida.
No era una coincidencia.
Era una amiga de la infancia, una sombra más pequeña que siempre caminaba detrás de él, dos años menor, pero con una personalidad lo suficientemente grande como para llenar cualquier espacio que pisara. El tiempo los había separado, los caminos habían tomado direcciones opuestas, pero en ese instante, en aquel puerto humilde del sur de Sorbet, el pasado se había atrevido a alcanzarlo.
Moja bajó ligeramente la guardia, no en su postura, sino en la mirada.
-Ha pasado mucho tiempo- dijo finalmente. -No esperaba encontrarte aquí.-
Y aunque su expresión seguía siendo seria, había algo distinto en su voz, algo que no solía permitirle a nadie más: el eco silencioso de un recuerdo que aún no se había borrado.
Cuando una mano tocó su espalda, justo entre los omóplatos, Moja se detuvo en seco.
El contacto fue breve, casi juguetón, pero lo suficientemente firme como para atravesar la barrera de disciplina que siempre lo separaba del mundo. Giró sobre sí mismo con un movimiento fluido, preparado para cualquier reacción, y fue entonces cuando se encontró frente a ella.
Era una mink gato negro, de pelaje oscuro y brillante, con ojos vivaces que contrastaban con una sonrisa abierta y descarada, una sonrisa que no parecía conocer la palabra cautela. Su postura era relajada, casi teatral, como si el mundo entero fuera un escenario y ella supiera exactamente dónde colocarse para llamar la atención sin pedirla.
Moja no respondió de inmediato. Sus ojos dorados se fijaron en ella con una intensidad que no era desconfianza, sino análisis puro, recorriendo cada rasgo, cada gesto, cada matiz de su voz, mientras algo profundo comenzaba a agitarse en su memoria, una sensación incómoda y persistente, como una puerta vieja que se resiste a abrirse pero cruje al ser empujada.
Las palabras resonaron en él más de lo que deberían haberlo hecho.
Moja inhaló lentamente antes de responder, como si necesitara ese segundo extra para ordenar pensamientos que no esperaba recuperar.
-Estoy de paso- dijo finalmente, con su voz grave y contenida, sin dureza pero sin ligereza. -Mi barco necesitaba provisiones antes de continuar rumbo a la Isla del Karate. El uniforme no es una casualidad… es una elección.-
Sus ojos no se apartaron de los de ella mientras hablaba, y fue entonces cuando el recuerdo comenzó a tomar forma, primero difuso y luego cada vez más nítido, como una imagen emergiendo de aguas turbias: un muelle más pequeño, risas infantiles mezcladas con el sonido del mar, carreras torpes sobre tablas de madera caliente por el sol, y una gatita negra dos años menor que él, siempre demasiado confiada, siempre demasiado ruidosa, proclamándose reina de juegos imaginarios que solo existían en su cabeza.
La sonrisa de Luna, ahora frente a él, encajó de golpe con aquella imagen del pasado.
-…Luna- murmuró Moja, casi sin darse cuenta, pronunciando el nombre como si necesitara comprobar que era real. -La Queen.-
Sus orejas se movieron apenas, un gesto mínimo, pero cargado de reconocimiento.
-Solías decir que algún día todos tendríamos que inclinarnos ante ti- continuó, y por primera vez su tono perdió un poco de su rigidez habitual. -Corrías detrás de mí por el puerto… y te enfadabas cuando no te hacía caso.-
El recuerdo se asentó por completo.
No era una desconocida.
No era una coincidencia.
Era una amiga de la infancia, una sombra más pequeña que siempre caminaba detrás de él, dos años menor, pero con una personalidad lo suficientemente grande como para llenar cualquier espacio que pisara. El tiempo los había separado, los caminos habían tomado direcciones opuestas, pero en ese instante, en aquel puerto humilde del sur de Sorbet, el pasado se había atrevido a alcanzarlo.
Moja bajó ligeramente la guardia, no en su postura, sino en la mirada.
-Ha pasado mucho tiempo- dijo finalmente. -No esperaba encontrarte aquí.-
Y aunque su expresión seguía siendo seria, había algo distinto en su voz, algo que no solía permitirle a nadie más: el eco silencioso de un recuerdo que aún no se había borrado.
*Pienso* -Hablo- Narro
![[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]](https://i.imgur.com/5IZMHzN.jpeg)
