05-01-2026, 11:08 PM
Si que hacía calor, el ambiente era pesado, el sudor en mi frente era el fiel testigo. La humedad en mi cuerpo culpa del sudor, agradecía el soplo suave de la brisa aunque no fuera la gran cosa. Usualmente preferiría no inmiscuirme en este tipo de situaciones tan molestas, pero, no podía negar que la recompensa prometía ser más que el proceso y valdría totalmente la pena. Mi alma curiosa y llena de intriga no podría jamás dejar pasar la oportunidad de encontrar y descubrir que escondía la gran caña madre, y como buen amante del dulce no iba a descansar hasta haber probado si la fama que le precedía a aquella azúcar hacía justicia a su sabor, o solo agigantaba un mito.
A decir verdad, al llegar a la zona creí que habría mucha más gente, pero al parecer no era así… Las razones podrían ser divididas, al menos a mi parecer, algunos por escepticismo y otros quizás por sopesar que no valía la pena tanto considerando el coste-ganancia de tal travesía por un terreno para nada afable bajo el rayo del sol… ¿En mis libros? Gente sin ilusión, aburridos, carentes de emoción, gente conformista que nunca descubrirán lo grande del mundo más allá de sus narices. Solo pensar aquello, me hacía sonreír ante la idea de que mucha de la gente que nos rodea siempre está dormida.
En el momento que vi al tipo rubio me volvió el alma al cuerpo… Vergüenza nunca tuve, y que haya tenido agua para convidar era una bendición, realmente tenía sed. Se veía amistoso. Correspondió mi saludo, me arrojó agua, la cual atrapé habilmente con la diestra —¡La tengo!—, antes de responder, o continuar acercándome, o algo, simplemente me dedique a saciar mi sed mientras con mi otra mano le levantéel pulgar, un simple gesto, pero poderoso. Procuré no abusar de la confianza del sujeto, fue un buen trago, el suficiente para revitalizar la sequía que sentía por dentro y luego de cerrar bien el recipiente, me acerqué a él con tranquilidad cambiando la botella a la zurda y extendiendo mi diestra para darle un apretón de manos.
—Te agradezco, realmente tenía sed eh… Realmente que hace calor acá fuera…— le dije amablemente sonriendo mientras ofrecía mi mano en saludo. —En realidad no traje agua siquiera— solté entre carcajadas realizando lo impulsivo y poco planificado que había sido, casi inconsciente, movido por la mera curiosidad y capricho. —Llevo un buen rato dando vueltas por aquí, la historia que contó un viejo en la plaza simplemente no la pude ignorar, realmente una historia muy curiosa— le comenté graciosamente con complicidad como quien tiene una primicia mientras buscaba un cigarro y lo encendía. —¿Tú quéandas haciendo por estos lugares? No creo que estés buscando tomar sol eh— cuestioné con intriga… No descartaba la posibilidad de que ambos estuvieramos tras el mismo botín…
Quizás por apurado y sediento o quizás por curiosidad e intriga, mi atención estaba totalmente sobre el rubio y nunca noté que habíamos topado con la gran caña…
A decir verdad, al llegar a la zona creí que habría mucha más gente, pero al parecer no era así… Las razones podrían ser divididas, al menos a mi parecer, algunos por escepticismo y otros quizás por sopesar que no valía la pena tanto considerando el coste-ganancia de tal travesía por un terreno para nada afable bajo el rayo del sol… ¿En mis libros? Gente sin ilusión, aburridos, carentes de emoción, gente conformista que nunca descubrirán lo grande del mundo más allá de sus narices. Solo pensar aquello, me hacía sonreír ante la idea de que mucha de la gente que nos rodea siempre está dormida.
En el momento que vi al tipo rubio me volvió el alma al cuerpo… Vergüenza nunca tuve, y que haya tenido agua para convidar era una bendición, realmente tenía sed. Se veía amistoso. Correspondió mi saludo, me arrojó agua, la cual atrapé habilmente con la diestra —¡La tengo!—, antes de responder, o continuar acercándome, o algo, simplemente me dedique a saciar mi sed mientras con mi otra mano le levantéel pulgar, un simple gesto, pero poderoso. Procuré no abusar de la confianza del sujeto, fue un buen trago, el suficiente para revitalizar la sequía que sentía por dentro y luego de cerrar bien el recipiente, me acerqué a él con tranquilidad cambiando la botella a la zurda y extendiendo mi diestra para darle un apretón de manos.
—Te agradezco, realmente tenía sed eh… Realmente que hace calor acá fuera…— le dije amablemente sonriendo mientras ofrecía mi mano en saludo. —En realidad no traje agua siquiera— solté entre carcajadas realizando lo impulsivo y poco planificado que había sido, casi inconsciente, movido por la mera curiosidad y capricho. —Llevo un buen rato dando vueltas por aquí, la historia que contó un viejo en la plaza simplemente no la pude ignorar, realmente una historia muy curiosa— le comenté graciosamente con complicidad como quien tiene una primicia mientras buscaba un cigarro y lo encendía. —¿Tú quéandas haciendo por estos lugares? No creo que estés buscando tomar sol eh— cuestioné con intriga… No descartaba la posibilidad de que ambos estuvieramos tras el mismo botín…
Quizás por apurado y sediento o quizás por curiosidad e intriga, mi atención estaba totalmente sobre el rubio y nunca noté que habíamos topado con la gran caña…
