[Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social
#16
El cansancio de Owen era tremendamente perceptible, más, aún, con esa expresividad tan gigantesca que le caracterizaba en demasía; Esos ojos vivaces, esa sonrisa peleona y esa actitud prepotente. Todo eso, ahora, estaba sumido en capas y capas de cansancio en el que su cuerpo se mantenía totalmente sometido y subyugado, sintiendo un ardor en la parte posterior de su cabeza que, debido a la adrenalina y urgencia de la fatiga, le hacían ver sumamente débil y frágil. En su brazo derecho yacía, aún, la pierna que sostuvo desde siempre a caballito de la rubia maltrecha y que sin siquiera darse demasiada cuenta, parecía desplazarse hacia un lado, como si estuviese cayéndose. No era la amenaza principal ni mucho menos, sino, el tremendo lagarto emplumado que yacía justo frente a él, a esos tiernos ocho metros que, erráticos, iban y venían, producto de las diferentes cajas de alimentos que el animalejo, a punta de instinto, había divisado.

La mano buena de Owen (Su izquierda) buscaba intentar calmar a aquella bestia mientras que la derecha, aún, sostenía la pierna de la rubia. Como si quisiese aumentar su tamaño con ese brazo extendido y palma abierta, el chico proseguía con su idea -Shhh...tranquiiilo...- su respiración era agitada, acomplejada. Su sudor se intensificó debido a que su cuerpo, desgraciadamente, estaba siendo incapaz de, siquiera, poder regular correctamente su temperatura corporal debido a la falta de líquido en él. El calor se estaba volviendo más atronador, sus ojos empezaban a divisar destellos de diversos tonos, esos que indican que, en cualquier momento, el cuerpo iba a decidir desconectarse para pasar a un probable estado de inconsciencia temporal -...tranquiilo...cabrón...hijo de puta...- como siempre, utilizando ese léxico de altísima categoría que lo caracteriza, el ceño fruncido y balbuceo del pelirrojo se hacían presentes mientras ese movimiento espasmódico, propio de los pájaros, hacía acto de presencia una y otra vez. No era el que haría un reptil, de esos que son estáticos y repentinos; Hablamos de esos analíticos, repentinos, multidireccionales pero en movimientos bruscos y fijos, tal cual lo haría un ave, una gallina o un avestruz.

Pero...nada de eso fue suficiente.

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-¡! ¡JODER!-

Owen siempre tuvo un instinto excelente. Sus ojos, desde hace rato, estaban completamente enfocados en el accionar reactivo del bicho prehistórico a pocos metros de ellos y, cuando quiso percatarse, este se abalanzó directamente hacia ellos y, más precisamente, parecía, ahora, tener cierta manía hacia el peliverde que estaba justo a sus espaldas, mirando a su compañera/hermana derrumbada como un trapo y únicamente sostenida desde una pierna por el brazo derecho del pelirrojo. No hay que ser un experto para detectar una postura acechante, más cuando somos capaces de reconocerlas desde hace millones de años por nuestros antepasados que, también, tuvieron que aprender (a las malas) cuándo un animal se muestra evidentemente listo para atacar. Su cuerpo reaccionó, interfiriendo en el ataque hacia el niño pijo de arma temblorosa -¡AGH!- y, con el cuerpo del animal abalanzado sobre el de él, recibió de lleno aquel fuertísimo arañazo que le generó un corte en su pecho de manera transversal. Con un fuerte quejido de dolor y sin retroceder un solo centímetro, la adrenalina invadió con tanta potencia su cuerpo que hasta cambió su propia expresividad; De una mirada perdida, adormecida y completamente atontada a una violenta y fuera de control. Frunció los labios mientras aparecían esos colmillos extensos que le caracterizaban, mantuvo su ceño completamente clavado hacia abajo y, con sus ojos celeste brillante tan encendidos como brillantes, no modificó su posición ni el más mínimo milímetro.

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-MI TURNO.-

La escena podía apreciarse tan surrealista como extraña: El gran lagarto emplumado que no reaccionó para nada bien ante los intentos de paz del pelirrojo, ahora, aprovechando su impulso, buscaba darle un mordisco directamente sobre esa cabeza roja y encendida de un chico tan maltrecho como destruido. Él, completamente explotado a hormonas, con el corazón que latía con tantísima intensidad que había hasta anulado parcialmente el pulsar latente de la jaqueca, aprovechó su mano izquierda y, cerrando el puño con fuerzas, arqueó su cuerpo para quedarse ligeramente agazapado y ganar un fuerte deje de impulso hacia adelante en los centímetros que le dividían del lagarto gigante. Así, lanzó un puñetazo directamente sobre el vientre del prehistórico mientras un pequeño deje de sangre comenzó a brotar de la herida del pecho del pelirrojo, un corte diagonal que no parecía excesivamente profundo, más sí era evidentemente visible.

El cuerpo de la muchacha, que aún seguía firme sobre él, evidentemente, saldría volando en direcciones aleatorias como si de un harapo se tratase al no haberla soltado en todo momento. Justo detrás de él yacería el peliverde, el cual parecía haberse calmado con esos disparos tan erráticos como inútiles. El pelirrojo, jadeante y sumamente inquieto, volvía a realizar ese acto reflejo en el que el cuerpo pide, ruega, implora por una gota de un agua que rezaba por que cayese de donde sea; Del cielo, de un frasco, de una cantimplora voladora que casualmente saliese despedida producto de los importantes sacudones que la rubia realizaba, ¿Todo era posible, no?

No sabía si el puñetazo tendría la fuerza suficiente para que ganase un mínimo de tiempo o espacio. Lo que sí sabía era que el cansancio estaba empezando a jugar una pasada horrenda, provocando que su pierna derecha intentase mantenerle un equilibrio que le hizo casi trastabillar -¡NGH!- y, apretando los dientes con fuerzas, alzar la mirada con violencia hasta volver a hacer contacto visual con el animal prehistórico -¡ATRÁS, COÑO!- volvió a gritar, con, nuevamente, el brazo izquierdo alzado con la palma abierta, repitiendo la maniobra que anteriormente NO le había funcionado. Esta vez, no venía con la búsqueda de detenerle como antes, sino, de provocarle; Si había atacado con anterioridad en aquella posición quería, nuevamente, que volviese a acercarse para, así, rematarle. Las hormonas estaban invadiendo al cuerpo del pelirrojo de tal manera que sus niveles de cortisol, disparadísimos, solo le clamaban por dejar a aquel bichejo en el suelo.

Desactiva la bomba
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2074 - 350 = 1724
Energia: 338 + 13 = 351
Espiritu: 654 + 0 = 654


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RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - por Owen Yang - 06-01-2026, 01:47 AM

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