[Aventura T3 - P. Absoluto] - Bajo la Piedra de Sorbet
#12


Inconsciencia.
Fallecimiento.
Persistencia.

El fragor de la lid resuena en el campo de batalla: la agitación de respiraciones descoordinadas, las frentes perladas fruto del devenir del embate y la armonía de los raudos golpes que componen una melodía visceral al resonar sobre piel y huesos. Todo ello conforma una sinfonía orquestada por quienes avanzan guiados por el pundonor, la avaricia o el desenfreno. ¿Acaso los motivos resultan significativos cuando las acciones resuenan más alto que cualquier vocablo?

¿Quién terminará recostado sobre la estela de piedra? ¿Acaso alguno se desvanecerá vencido por el dolor y la debilidad, o culminará convertido en el segundo recordatorio de la inclemencia que impregnada en ese ambiente carente de piedad y saturado de codicia? Barald hace acto de presencia en una fonía inflexible que recorre la mente de la fémina. ¿Cómo juzgar la teñida espada de alguien cuando su flecha anheló asestar en el corazón de las entidades de su pasado? Tal vez aún continúa deseándolo, solo que esta vez empuña armas diferentes y se empapa de una noción de la vida que a veces se disuelve, carente de forma.

—No lo pongo en duda, cariño. Ryota ganará. —El fulgor de los guantes se han desvanecido y los brazos permanecen cruzados, la mirada chocolate absorta en cada acometida, en los labios que emiten palabras que no llegan a sus oídos, en heridas que deberán limpiar para que no se vuelvan permanentes, en cuestiones que arrebatan sonrisas cómplices.



—¿Interesado en mi soltería, cariño? Prefiero las preguntas y propuestas más osadas, fufufu.

Eleva los hombros mientras una leve se desliza por su garganta. De reojo nota algunas cosas que antes no ha notado, como el hecho de parecer medir lo mismo; la forma en la que desvía el tabaco para no irrumpir en su entorno vital; la imperturbabilidad de su voz. La sangre que corre figurativamente por las manos del azabache se vuelve inocua por un par de segundos.

—Los conceptos mundanos no aplican entre Ryota y yo, va más allá de eso. —Pronuncia con inesperada calma mas el entorno entre ellos parece íntimo, como si estuviera intentando mantener un secreto aún a la luz de todos. A pesar de ello no existe rastro de vacilación o timidez, no aparenta nerviosismo o vergüenza, ni siquiera burla o mentira.



—Somos todo lo que queremos ser.

Signifique lo que signifique ello.



¿Cuánto falta para que Ryota dé el golpe de gracia? ¿Para que su sonrisa triunfe en el centro de la arena? ¿Para que el marcador se vuelva un 3 a 0? Las respuestas se derrumban acalladas ante sinuosos pasos de charol que resuenan en interminables ecos. La parsimonia del premeditado andar capaz de interrumpir combates y mermar voluntades roba la atención de cada combatiente y espectador.

¿La mujer que segundos antes actuaba aguerrida, soberbia y salvaje, de repente se torna mustia al disculparte y… La barbarie del sonido seco cambia la totalidad del panorama, del pensamiento, incluso de sus expresiones. La oscura mirada pasa del castaño al fresco cadáver de quien había sido su contrincante y, después, se detiene en el personaje que ha decidido inmiscuirse.

Cada semblante y enunciado emitido por el hombre hacen hervir la sangre de la fémina. Las uñas resbalan por la piel de los brazos en un intento de evitar mostrar el alcance de su cólera. El silencio se transformó en murmullos y los murmullos en debates, aplausos, ruidos y apuestas.

Amazona Carmesí

¿Están conscientes de lo que puede llegar a significar ese título? ¿De lo que puede provocar? ¿De lo que infiere? La espalda se endereza, los brazos caen sueltos a sus costados, el mentón se eleva y los pasos siguen indicaciones de los miembros del staff a quienes observa con repulsión y arrebato. Si los espectadores desean ver correr sangre, Runin no tiene problemas en dar un verdadero espectáculo, en buscar un nuevo objetivo al que llamen “Saco de Boxeo”. Han encendido a quien no debe mantener su pecha prendida, porque odia quedarse sentada sin hacer nada, no, es hora de ponerse en movimiento.

El adolorido rostro de Ryota al fin hace acto de presencia ante ellos. Runin se detiene lo suficiente como para no perder detalle de él, de sus palabras, de su risa y la ironía de Barald. ¿Intenta mentirle? ¿A ella? La diestra de la fémina asciende, parece estar a punto de dar una vigorosa cachetada; al final la mejilla del castaño siente una palmada sin fuerza impregnada. —¿Qué te dije sobre proteger tu rostro, cariño? —Emite, como acto reflejo sostiene la mejilla en un jalón.



—A ti te hubiera dado un golpe aún más fuerte, fufufu, así que creiste bien.

Si él podía evadir, ella también lo haría, aunque cada intento por controlarse se note en su encendida mirada y en cada poro del cuerpo de la amazona que emite coraje.

Las piernas se cruzan al sentarse sobre una butaca a la espera de reponer fuerzas y vigilar el proceso de sanación de su compañero. Barald parece más fresco que una lechuga, imperturbable, influenciable, aún cuando la presencia del “Sr. Alexander” los iluminase con su absoluta presencia.

La figura de la fémina se remueve tan solo para enderezar su postura, demostrando prestar atención, observando con fijeza a aquel que mueve los hilos. Ligera es la sonrisa que enmarca la expresión de quien no pierde detalle, de quien presiona los labios entre sí antes de separarlos y humedecerlos con la punta de su lengua. Han pasado la primera barrera haciéndose con el derecho de apostar sobre su cabeza o la de otros.



—No te preocupes, cariño, no será la última vez que me veas.

Pronuncia en un tono casi meloso al verlo retirarse; la sonrisa ladeada rápidamente se torna en una expresión de fastidio que no demora en esconder tras una fachada de rosas rojas y acostumbrada coquetería. Al menos hasta ponerse de pie y caminar en la dirección opuesta. Mascullando inentendiblemente, como si rumiara o mascara algo invisible, siendo acallada por la manera en la que muerde su labio inferior o por los sonoros pasos.



—Estúpido patitas de moncajete… —Busca con la mirada algún organizador. —Inspector de zócalos. —Se ha alejado de sus compañeros momentáneamente. —Albañil de hormigueros… —Es ahora cuando comienza el verdadero juego.

Menea el rostro, arregla las oscuras hebras azabaches ante el fluctuante movimiento. La expresión y vocablos cambian abruptamente. La postura olvida toda alegoría a la batalla, la mirada brilla y los labios se remojan con saliva. El organizador más lejano le observa fijamente y ella hace lo propio, acercándose del todo.



—Cariño. ¿Me ayudas con una hoja para mis apuestas?

Recompuesta observa de arriba hacia abajo al hombre. —Por favor. —Suena amena, dulce, y obtiene un esfero para empezar a escribir. —Creo que así está bien. —Menciona al entregar 130.000 berries junto a la pequeña hoja, se inclina más de lo debido.

—Mantén a salvo mi dinero, cariño —Pide mostrando una ligera sonrisa personal. —Creo que hoy iremos por apuestas seguras. Sabes cuál, ¿No? —Meneando su cabello se aleja del hombre. —Espero que todos ustedes tengan los ojos sobre mi, cariño, acaban de encontrarse con una campeona.

Contenido Oculto


Contorneando su cadera se acerca a sus compañeros. Ajusta los guantes, golpea el dorso entre sí formando una “x” cuando la incandescencia de la luz vuelve a emitirse frente a ellos. —Espero hayan apostado bien esta noche, guapos. —La expresión gustosa de antes cambia a una más encendida, casi brutal.



—Porque voy con todo.

OFF ROL
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1557 + 0 = 1557
Energia: 1280 + 96 = 1376
Espiritu: 228 + 0 = 228


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RE: [Aventura T3 - P. Absoluto] - Bajo la Piedra de Sorbet - por Runin D. Kitay - 06-01-2026, 11:29 AM

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